lunes, 15 de octubre de 2012

Un 73% menos

Recorte en Cooperación Internacional.
Es un 73%.

Pienso dos cosas. No hay más que dos opciones: O no les importaba nada o lo que les importaba era de postín, para tirarse el rollo, de maquillaje, para hacerse la foto.
Son proyectos en marcha que se paran. Se paran.
Lo más difícil, todo es difícil, pero lo que más debe costar es insuflarle algo de esperanza, a alguien que ha sufrido una desgracia, un terremoto o cualquier otra injusticia inesperada por culpa de la naturaleza, de una guerra o de lo que sea. Darle esa pequeña porción de ilusión y al año siguiente, quitársela. No hay dinero, menuda explicación. Hablamos de tres tercios. ¡Tres tercios! Son muchos proyectos a medias y muchas esperanzas que se difuminan, que se pierden. ¿Qué haces si no puedes cosechar este año porque no hay para semillas? No hay cosecha. Has preparado un campo, has preparado a la población y ahora, no hay nada. Es terrible. Y se entiende. Se entiende que no haya dinero. Pero... A veces los presupuestos deberían desglosarse entre lo imprescindible y lo accesorio, o lo menos necesario o lo complementario. No es lo mismo. Seguro que los sueldos se pueden congelar, el dinero de dietas, los billetes de avión, lo que sea. Pero no las semillas. ¡Las semillas, no!


Mi teoría por supuesto es que les importa un pimiento.
El estado del Bienestar parece que traía apareado el preocuparse por las injusticias del mundo.
Ahora que volvemos a estar jodidos, ya que las injusticias nos tocan más de cerca, pues no hay dinero para paliar desigualdades fuera de nuestras fronteras. Vaya bien con lo que tenemos en casa. Es un argumento que no se sostiene. Es populista. Está vacío. Antes, para los de aquí. Esa forma de pensar, ombliguista y nacional, nubla los ojos de los verdaderos motivos. La cooperación internacional es un formidable eufemismo. Cooperación, ¿de qué? ¿Para qué? Me parece que está mal el punto de partida. Tengo la misma opinión que con la solidaridad o la tolerancia. En contra de la solidaridad, siempre. Negando la tolerancia, por principio. Es un discurso de preponderancia. Me parece que es obvio. Que es situarse por encima del otro. Y me parece que hay mucho de eso en el fondo. En la superficie, todo encomiable. La gente que se dedica a eso lo hace, sin duda, por vocación. Es algo parecido a la medicación de un párroco, comparado con la presencia y el poder del Vaticano, pues más o menos lo mismo. Las asociaciones o las ongs no tienen la menor culpa, se dejan la piel, viven en el terreno, se juegan el pellejo, está todo muy claro. Se les ve la dermis, su intención, su ayuda, su apoyo, ¿quién les puede enmendar una coma? Eso está claro. Les importa un pimiento. La persona que está al fondo de todo, la cara que se esconde detrás de ese presupuesto. De ese número. El alma de la cifra. No digo que no haya que recortar, seguro que sé. Fundaciones de partidos políticos, lo primero. Proyectos de campo, lo último. Proyectos de siembra, de rehabilitación de terrenos, de autoconsumo, de autosuficiencia, ¡por Dios! ¡Lo ultimísimo! ¿Quién sobrevive con un recorte del 73% del presupuesto? ¿No se debe hacer un plan para atraer patrocinio privado con exención fiscal o lo que sea? Hay que hacerlo ya. Es tarde. Es inmoral. Es vergonzoso. Y es un claro paso atrás en el sustrato de esa Marca España con la que se le llena la boca a tantos políticos. He dicho.

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