domingo, 30 de julio de 2023

Un silencio activo

 Hoy me he terminado un libro pendiente. Aún me quedan unas páginas. Pero pocas. El último capítulo. Han caído doscientas el domingo de un golpe. Si lo dejaba, no iba a acabarlo. Me ha sentado bien la determinación.  Volver a leer sienta bien. Casi siempre. Depende del autor y el libro pero funciona por el acto en si. Ejercitar la paciencia para llegar al final de la historia. La que sea. Las historias.  Un verano que no se haya hecho largo no lo recuerdo. El sol me agota. La playa me cansa. No siempre apetece viajar. Desolador. Desalentador. Una ola de calor detrás de otra y un desierto por dentro y por fuera, sin ánimo de ponerse trágico pero sin ganas de nada.  Era peor o igual de adolescente.  Ganas de que acabe. Era interminable. Aún parece no haberse acabado. Una adolescencia eterna pronunciada como una vengaza proferida. Un verano de crímenes. Agosto de misterios. Leer en verano. Buen plan. Plan de fuga . En invierno, también. Plan de contingencia. No parar. No rendirse. No claudicar. Son sólo palabras pero la palabra rendición es odiosa. Y es mejor un léxico que ayude. Que protege. Frases como escudos. Párrafos como batallones. Palabras bonitas como esperanza o primavera. Irá en gustos pero hay cosas bonitas que lo son para todo el mundo. Unánime. Lo bonito. Lo objetivo. Lo eterno. Lo sencillo. Volver a lo esencial. Paseos. Flores. Canciones que te encandilan. Libros con los que llorar.  Lágrimas de emoción. Sollozos pero no de pena. Cosas bonitas. Una búsqueda permanente.  Un sentido de la estética.  Un buen momento.  Un buen día. Una buena frase. Una buena fase. Una buena dieta. Un buen final. Llegará.

Seguir leyendo el mismo libro. Empezar uno nuevo. No tengo decidido el siguiente.  Me gustaría empezar hoy mismo. Saltar de tren. Cambiar el tono con el que me hablo. Buscar un nuevo camino. Una voz nueva. Otro narrador. Un nuevo libro. La misma canción.  Un nuevo estribillo.  Las mismas notas. Una frase con gancho. Y volver a escribir. En cualquier momento. Como por sorpresa. Algo que merezca la pena. Una pena nueva. Una pena activa. Que haga cosas. La pena que sea. Mañana lunes. Tengo trabajo pendiente. Volver a hacer lo de siempre. Trazar planes nuevos. Liquidar el cajon de las ideas. Dejar a cero el marcador . Volver a escribir correos electrónicos. A dar las gracias. Contestar. Volver a la rueda de hacer cosas más que pensarlas o imaginarlo. Errores nuevos. Más pasos en el camino equivocado. Más medias vueltas. Es siempre el mismo proceso o me quiero convencer de ello. Que son los mismos pasos. Que los das sin darte cuenta. Y avanza. Mal a veces. Pero es siempre lo mismo. Olvidar el plan original. No era tan bueno de todos modos. Ser el saco de boxeo. Ser la jacaranda que se seca y no florece. Ser un galan de noche sin agua. Un cauce seco. Una causa olvidada. Una idea buena mal ejecutada.  Un favor pendiente.  Un día malo. Otro. Una lavadora sin poner. Un nuevo reto. Una nueva desilusión.  Una fantástica sorpresa. Un camino lleno de baches. Un calor que asfixia. Una sed que ciega. Los ojos secos. La cara pálida.  Es la vieja historia. El golpe en el estómago. La paliza de los años. El escupitajo del espejo. La sorpresa del viejo que viene q vernos al mirarnos. A buscar el camino. El rastro. La alegría. Los buenos recuerdos cada vez más lejanos. Es un ciclo. Se revierte. Son muchos tropiezos. Sin red. Sin ayuda.  Sin desahogarme.  Sin perspectiva de mejora o de cambio.  Te vienes abajo. Te hundes. Te metes en bucles. Te haces daño. Te rascas hasta hacerte sangre. Te sacas el veneno. Te sacas la herida entera. Te podrías sacar el brazo. Y vuelves. A otro lugar que parece el mismo. Y te vuelves a mirar en algún reflejo o en un libro. Una canción salvadora. Un buen pensamiento. Un silencio activo.  Las mimbres de la ilusión . En un te mando besos. En un buenas noches. En un adiós.  Un adiós corto.  Un adiós cercano. Una despedida a mano. Como dejar las gafas en la mesita. Como guardar el corazón en el primer ca. En una búsqueda permanente de la felicidad.


La vida está a la vuelta de la esquina. Va a ser como quiero que sea. Seguir. Sólo seguir. Pensar en frío. No caer. No bajar los brazos.  No darle demasiadas vueltas. No buscar demasiado. Confiar en ello. No sé en qué.  Pero creer firmemente y si no hoy, es mañana. O será. Quizá más tarde. Más tiempo para leer. Para escribir. Para volver a escribir un nuevo borrador. Un mejor borrador. Que sea emocionante. Que sea A secas. Está a la vuelta de la esquina. Lo tengo todo en mente. Queda un último empujón. Me quedan menos de diez páginas para acabar el libro. Cada día, un afán. Hoy, dos.  No hay que buscar más. Es suficiente a veces. Está bien como está.  Echo de menos grabar con auriculares. Salir con ellos. Caminar a empellones y transportado por la música. Llevar las orejas a salvo del ruido mundano. Libre de tubos de escape. Mi propia fuga. Echo de menos unos buenos auriculares.  Escuchar el mundo al detalle. Mis pasos. Los golpes a la guitarra. A los tambores. Todo el proceso. Lo echo de menos. El verano pasado no hice otra cosa. Y me gustó mucho. Leer igual es más calmado. Es otra forma de silencio. Un silencio activo. Un silencio con orejas que leen. Tengo sed. De victoria y de agua fresca. Leer mucho, beber mucha agua. Dormir a pierna suelta. Abrazarse a la pequeña respuesta de cada día. Conformarse con una nube menos. Abrir el cielo cada día. Tenerlo claro desde por la mañana. Que se encaje el día en si mismo. En calma. En silencio. Que funcione y no hacerse muchas preguntas. No más de las necesarias. Tener una rutina de ausencias. Un plan de pasos perdidos. Lanzar muchas fotos de cada momento y esperar un flash justo. Un párrafo que acierta como una bala perdida. Como una oración perdida. Como una canción que aún no tiene letra pero se adivina la melodía. Hay un apunte. Hay un aleteo. Un esbozo de vuelo. Pocas cosas se concretan. Pasa mucho que no esperar. Volar es a veces la única forma de tener los pies en el suelo porque aterrizas. Volar es aterrizar. Leer es leer la palabra FIN. Escribir es elegir cuando usarla. Y donde. Un silencio final. Un nuevo libro. Otro domingo vivo. 


viernes, 14 de julio de 2023

El perro perdido de hoy

Acabo de ver a un perro perdido. Hace unos minutos. Se les nota. Van rápido. Nerviosos. Miran a todas partes. Se ha ido detrás de una señora que iba antes que yo en la caja. Le ha olido el culo y ha seguido su ruta en dirección contraria. Se ha topado conmigo. A la puerta del supermercado. Se ha parado dos segundos y me ha mirado como si me conociera. La ternura de la pérdida. Unos ojos dulces y asustados. Luego ha dado un rodeo, ha hecho un segundo intento. Ha vuelto. Acercamiento. Tímido. Temeroso. Y sin llegar a mi posición, siguió calle abajo y apretó la marcha. Pobre perrito perdido, pensé.  Tampoco estoy yo para tirar cohetes, ha sido el pensamiento siguiente.  Veo muchos perros perdidos. Se van de una urbanización a otra y pierden el rumbo. Van rápido. Perdido y rápido. Me suena. Tiene eso. Efecto de trepidar. Miran esquivo. Buscan unos ojos que le reconozcan pero no paran el trote. Cruzan por mitad de la calle. Los ojos los llevan perdidos también. La mirada es primero en perderse. Se ve a muchas personas con ese mismo enfoque borroso y solitario. Personas que son mascotas de otras a las que no encuentran. A mi me parece muy triste pero aun peor es tener esperanza de encontrarae, porque lo último que se pierde es la esperanza. Los perros perdidos llevan la esperanza en la cola. No paran. No se acercan. Otean y siguen. Ni se acercan a oler. Van rápido.  Esperanzas pero miedo. Cobardía. Es lógico. Cuando te pierdes y aprietas el paso. Por si acaso. 

Es vocacional. La querencia por lo perdido. He pensado muchas veces en ser detective de mascotas. Vocación por la pérdida y en plan de negocio, por las pérdidas. Joselito detective de mascotas. Me veo. Ideas felices que vienen a la cabeza tan alegremente como se van. Hay nicho. Hay mercado. Veo muchos. Todos los días se pierde un perro. Todos los días se pierde algo. Los perros perdidos ya los tengo. Habría que implementar un método. Una forma de proceder. Profesionalizar el asunto. Devolver una mascota que se ha escapado o extraviado a su dueño debe ser de las mejores cosas de la vida. No hay duda. Me los tendría que llevar a algún sitio. Una perrera profesional.  En ese paso, me pierdo yo. Ya tengo la casa hecha una leonera como para hacerla perrera también. No es facil. No es práctico. Seguro que hay buenas recompensas. O donativos. Es vocación de todos modos. Gusto por la perdición,  en general.  Habría que ver si tienen chip. En el peor de los casos puede tratarse de abandonos. Es más bien, detective de dueños de perro sin perro. Buscar a los dueños. Dar con ellos. Es lo difícil. Me da mucha pena. Lo de andar rápido cuando te pierdes y correr. Y alejarte. Perderte más.  Huir hacia adelante. Perderte para siempre. Y alejarte del punto inicial. Sin más remedio. Sin vuelta atrás. Era un pastor belga. Negro y blanco. Con expresión amable. Algo espeluchao. Pero con collar. Collar rojo de cuero. Se ha bajado la calle antes de que entrase en la furgoneta con las cosas del supermercado. Perderse rápido. Perderte para siempre. Encontrarse nunca. Es una pena muy genuina. Me da en el hueso.

La rapidez no es mala en todos los casos. Me gustaría leer más rápido. Más libros.  Mejores. Lecturas y días. Encontrar libros perdidos y adoptarlos. Ser dueño de una biblioteca fiel. Una rapidez buena. También para descartar lo que no te convence o no te llega. Mejores momentos. Seleccionar. Una elección mejor. Menos móvil y más pasar páginas. Lo intento.  No lo consigo del todo.  Voy con prisa. Soy un perro perdido. A veces salto líneas de párrafo como el que baja escalones de dos en dos. En caída libre de palabras. Con el peso del aburrimiento. La gravedad. El tiempo. Como esquiando en escaleras. A golpes de vista. Leer a brincos. Achicando capítulos. Como un perro perdido. Como un dueño sin perro. Como una frase sin verbo. Como si todo fuera una poesía interminable.  Leer el Todo. Como si fuera rezar. Como medida de emergencia. Leer como último recurso. Como huyendo de edificios en llamas. Y obviar descripciones o circunloquios. Saltarse los diálogos. Esquivar lo sesudo. Buscar la frase que me haga parar un segundo. Volver a ella. Y me siento bien o lo más parecido a bien cuando llego a la palabra FIN.

Tengo ilusión por cosas estúpidas y me limito a no hacer nada. Me tumbo. Leo. Escribo. Nada. Voy lento. Muchas veces ni voy.  Me gustaría leer más libros a la vez. No estancarse en uno. No desfondar cuando la historia pierde fuelle. Me pasa con mi propia vida Como para no verlo en la ficción. No perder las ganas. Tener varias historias abiertas a la vez, como pasa ahora en casi todo. Polilector. Polilusión. Polihistorias. Varios títulos. Distintas épocas y puntos de vista. Alternar argumentos y narradores. Cuestiones de estilo. El estilo lo es todo. Y se le da poca importancia a ser estiloso. Y menos al estilo propio. Me gusta leer a alguien con su estilo. Con un tono.  Con un buen punto de vista. Leer me va mejor que escribir. Me ayuda a ordenar pensamientos y cuando me pongo a parrafear, lo contrario. Cuando escribo  lo desordeno. Soy yo el perro perdido. Acabáramos. El mejor acabado. Un buen lejos. Un cautiverio que compensa. Ganado. Un corral de pensamientos desordenados e idiotas. Egoistas. Y la cocina como un campo de batalla. La cocina es otro perro perdido. Somos una manada. Pienso poco porque hago trabajo físico y acabo muy cansado. Las ganas de continuar sin el entusiasmo inicial se diluyen. Todos los veranos se me atragantan. Se hacen interminables. Hoy puse una lavadora y limpie la freidora. Trato de poner de mi parte. De tender y doblar mi parte. Me sale regular. Se cayó el tendedero. Se llenó de arena. La vida. La pérdida. Las patatas fritas, muy buenas. Eso sí. El perro perdido de hoy.  La misma pena de siempre. Mañana más y mejor.