lunes, 26 de abril de 2021

La bonicura es el fin último

 Ayer estuvimos grabando baterías. Para las canciones nuevas de Enrique Octavo. Me encargo de poner los micros y los cascos y todo. Hicimos cuatro. Tenemos diez o doce más o menos preparadas. Hoy me levanto con el cerebro seco. Antes de volver a escuchar lo de ayer, he pensado en escribir esto. Creo que va a quedar bonito. Lo nuevo. Sea lo que sea. Y sobre todo, cuando sea.


Ayer me puse con las maderas. Quité un montón gordo. Les saco los clavos y las pongo en fila. Son para forrar el sótano. Aún tengo dos o tres montones. Mi bisabuelo era carpintero. Tengo muebles que hizo el en casa. Cuando pillo el martillo, noto un júbilo en mis genes. Se me da bien y no lo había hecho en mi vida. Voy lento, eso sí. Creo que va a quedar bonito.


Bonito tengo el fregadero. La cocina, en general. Anteayer puse dos lavadoras. Llevar para delante las cosas del hogar es lo que más me cuesta. Para el ensayo semanal, suelo pegar cuatro fregonazos antes de que vengan y más o menos lo llevo bien. Más o menos. La ropa no me sale limpia. No sé por qué. Me gustaría quejarme como las amas de casa en los anuncios: la ropa no me sale limpia. Pero bueno luego tiendo y suele caer una tormenta, el otro día volvió a pasar y las manchas pasan a ser menos molestas que la lluvia. Puse el tendedero bajo techo porque si pongo lavadora, llueve. No hay fallo. Luego me pongo cualquier trapo y me queda bonico. No es por presumir pero hasta el olor a lluvia lo neutraliza con mi fina estampa, nena. La que es guapa, aunque le llueva. Pues eso. La que es bonica, lo mismo. Perdura lo bonito más que la belleza, tomen buena nota. La bonicura es el fin último


Tenía en mente comentar algo más interesante que estás menudencias domésticas pero no me viene a la cabeza. Estoy descalzo. De repente, entra un frío afilado invernal que corta. Salgo fuera descalzo y me clavo las piedras. Voy a bajar al sótano. Seguiré con maderas. Y pico pala sacando arena. Tengo herramientas de hace un siglo. Mazo, martillo, pala. Tengo dos palas. Dos rastrillos. Son de hierro. No se si de mi abuelo o de mi padre. Una azada que compré en el bazar chino por 17 euros y que se está desintegrando lentamente. Una escardilla antigua que aguanta y es de hierro también. Son mis armas. Con eso voy haciendo. Fantaseo con un mínimo de maquinaria. Es mi coartada para ir tan lento. Hago lo que puedo, chiquis. Creo que va a quedar bonito.


A todo le busco la vuelta karmica pero a veces es solo que tienes que quitar el polvo. No hay metáfora o no es muy buena. Veo el dar cera, pulir cera y pienso, esto de sacar los clavos debe significar algo. Y me tiene que enseñar algo. Tiene más detrás. Una enseñanza. Lo único que he aprendido es a ir con cuidado para no clavarme una puntilla oxidada. Hay mil. Un colega me decía, dale martillazo y aplastas el clavo. Si alguno se resiste a salir, hago eso. Como último recurso. Y no se si es por perfeccionista o por tonto, o es mania. O solo que es una cagada que esté todo lleno de clavos oxidados. O que no hay una opción mejor que otra. Que lo que importa es lo que uno cree y lo que le hace sentir bien. O mal. En mi caso, los clavos oxidados me joden la vida y si los aplasto, siguen ahí. Y me jode. Es una tontería, pues puede ser pero es lo que hay y no se si era esto de lo que quería escribir. Grabar batería me deja tonto. Más de lo habitual. Nunca he querido ser técnico de sonido. Es una movida súper ingrata pero me ha tocado. Eso y la carpintería. 


La bonicura es el fin último. Da igual por donde llegues y da igual cuando. La bonicura que cura. Hala, sigo con mi odisea. Pasadlo bien, zangolotinos.



sábado, 24 de abril de 2021

La cuestión del sentir en la que no hay aprendizaje

 Llevo dos meses sin contaros mis aventuras. Lo siento. Es arduo el camino y no da para pararse mucho. Si pienso en qué he hecho... O en qué contar... Me deprime porque todo me parece un rollo. La primavera se escapa como una florida mariposa, imposible de fotografiar. Parpadeas y es junio. En semana Santa me propuse grabar una canción y mandársela a mi amigo Dani de Alemania para que la mezclase. Lo hice. Sobre todo bonito, se titulaba. Cambie la afinación. D A F# D A D. 

Muy divertido de tocar.

Tiene que ser sobre todo bonito. Tiene que ser como me lo imagino. Y se repite mil veces las dos frases. Y a veces meto sencillo. Tiene que ser sobre todo sencillo. Y así. En buclecito.

Y luego.... Tiene que ser como nunca ha sido Tiene que tener su propio piso. A poder ser que no tenga hijos. A poder ser con el pelo liso. Tiene que ser sobre todo, divertido.

Esa es la letra. Estribillo largo 

Me pareció muy bien esa letra. Ole yo, pensé. Pero no fue muy bien recibida por los pocos o pocas que la escucharon. Es un problema habitual. Que me pasa. Es letra crítica. En primera persona y claro, parece que es eso lo que piensas o dices. Tu alegato. Cuando es justo al revés. Una crítica. Que parece obvio que todos entienden pero que, de facto, es molesta. Molestoso. Es mi rollo de siempre y por eso, me dijo Ole yo pero igual no le gusta a nadie más. No es problema mientras le guste a mi amigo Dani y me la mezcle. No alegue objeción de conciencia a la letra.

Hizo lo que pudo pero había poca materia prima. Todo a claca. Y más o menos bien de tiempo. Que ya es.

El caso es que a mí me parece ridículo pedir en el amor. Y en todo. Decir: Quiero que sea así. O que sea asa.... Guay que quieras que sea, pero al final, es lo que es. En este particular, es una mierda el tema. Porque se va la batería. Que la grabo yo y se me da mal. Y el teclado que también tropieza bastante. Es lo que es. Dani hizo lo que pudo. Habría que empezar de nuevo y grabarlo todo otra vez. Es frustrante. Pasa exactamente igual en el amor. Empezar de nuevo y sentirlo todo otra vez. La cuestión del sentir donde no hay aprendizaje.


El puto metrónomo. Me suena en la cabeza en medio del silencio de mi casa. No sé ni si será bueno para la salud. Pero lo llevo. Con la guitarra. Y voz. Con batería y teclado, regular. Creo que el miércoles Santo tuve duda de qué narices estaba haciendo. Era imposible mantener tres minutos el mísmo ritmo. El puto ritmo.


Primero te haces al pi pi pi. Una vez que el cerebro no lo oye, vuelves a tocarlo con el gusto original. Con su swing. Con su aire primigenio. De eso va. Volver a sentirlo como la primera vez pero en su tiempo. Como el amor. Como volver a sentirlo.  O volver a tener ilusión y que se encaje bien en el tiempo. Que vayan los te quieros en su sitio. El sentir es puro ensayo error. A veces es ensayo y ensayo y ensayo. Ni llega el error. Se le echa de menos. Otras, es error, error y error. Se pone la cabeza bombo. Se me ha abierto la muñeca izquierda de la guitarra. Si duele, es que avanza. Como las heridas. Si pica la costra, es que cura. Aún no tengo ni costra. Y más que por dedicación, me duele la mano de la mala postura. De malas posturas, hablo otro día que aún no he almorzado. Qué poca gana de cocinar. Cuando echan pulso la pereza y el hambre, suele caer otra cafetera.

Las canciones esas nuevas en las que estoy grabando todo son como para un proyecto en solitario. No con mi propio nombre que lo veo aún lejano. Joselitito. Había pensado. Doble diminutivo. O lo que sea. El nombre es lo de menos. Es lo que he grabado en los confinamientos. Sobre todo el tercero. Mucho material. Mucha soledad. Casi todo una mierda. Pero en abundancia. Y baterías mal casi siempre. En fin, un drama. Drama King. Sería otro nombre, mira. Peor que Enrique Octavo, imposible. Para Enrique Octavo tengo ya una docena de canciones que preparé en el primer confinamiento y que teníamos ya empezadas unos meses antes de la pandemia. Nos pilló en ese punto y con media docena de conciertos. En fin, llevo esas dos variantes, por así decir. Las canciones en solitario son más lentas. Es la diferencia. Y pretendía que fueran bonitas. No tristes. Lo he intentado con Enrique Octavo pero siempre salen rabiosas. Y si esquivo la tristeza, aparece el existencialismo. O la filosofía barata de autoayuda. Por decir algo. Pero vaya... Que en esas ando. Más tropiezo que ando, pero ahí estoy. Espero ser capaz de terminar algo. Un ep por cada lado. Cuatro y cuatro.


En estos dos meses, he tenido un trabajo y han prescindido de mi. He plantado muchas flores en el jardín. He roto y repuesto un martillo neumático. He vaciado una piscina estancada. Y me pongo a pensar y no he hecho casi nada más. Cancioncillas pues ocho o diez. He pintado más cuadros de ml Canelita y regalado algunos. He puesto plantas en todas las ventanas. Y me he sentido bien muchas veces, a ver si aprendo de una vez el mecanismo y puedo estar así siempre. Y contarlo aquí. Con gracejo y a su ritmo a poder ser.