jueves, 29 de octubre de 2020

Prohibir la noche

Estoy sin wifi. Diez días llevo. Justo a mitad del cierre perimetral. Estoy sin wifi. Mercurio retrógrado, pienso. Tengo miedo a toparme con más averias. Se ha fundido el router o eso parece. Me ha pillado el cierre sin wifi. No negaré que me ha jodido . No se ha roto nada más. Tengo el salón lleno de cables. Explotaron dos bombillas pero eso no cuenta. A veces parece que los aparatos fallan en cadena. Se pasa la avería de uno a otro y va dejando su huella de fatalidad. La cafetera funciona regular. Es la nueva. Regalo de mi hermana. No es culpa de ningún astro. La proporción de agua. Todo son proporciones como en el universo y pillarle el punto . En esas estamos  



Siempre se me ocurren dos o tres temas serios para comentar en el blog, más allá de conjunción astrologíca y mi condición logística. Mañana me traen router nuevo. Ha venido dos veces el mensajero o eso dice. Domicilio ausente. La madre que lo parió. A efectos prácticos estoy confinado. Al cerrar la ciudad, se cortan las visitas. Estoy solo a siete km de la ciudad pero son un mundo. Al final del anterior encierro de marzo, los bajé corriendo. Una locura. Lo he hecho más veces. Y subir. Al trote o paso ligero. Hay un buen camino y también un buen trecho. Pues eso. Que no salgo a nada y el mensajero dice que domicilio ausente. Mercurio retrógrado, diría o mensajero retrógrado, por qué no. Dificultades en las comunicaciones. Es el puto cosmos. No voy a culpar al mensajero pero que podía usar el claxon. Domicilio dormido. Más que domicilio ausente pero bueno. A ver si llega el puto router y que no sea nada más. Tengo la convicción íntima de que habrá otro fallo. Pero bueno. Tampoco tengo teléfono. No hay línea 



Por lo del cierre, no podemos ensayar. Los del grupo viven en la ciudad. Y no quedo habitualmente con nadie del pueblo. Tampoco está la cosa para hacer gentes. Pero que mi cierre en las afueras se hace un poco más jodido. Lo de ir a un bar mismo o echar un café. Es confinamiento de pueblo que tiene sus ventajas. Poca gente. Mucho campo. Mucho camino de huertas. El campo todavía puede andarse. No le han puesto puertas. Por ahora. Dentro del horario, claro.

Estamos en récord o sea que es lo que hay que hacer pero lo del toque de queda es siniestro. De otra época. Y hoy pensaba en lo jodido que es que nos prohiba la noche a los que somos nocturnos. Que es minoría y una minoría desvelada e insomne y también es la marabunta del coperio y la jarana que es minoría igual pero venida arriba con rones y Coca colas pues hacen bulto, provocan molestia, alteran el vecindario... Hay muchas noches, claro. Yo hablo de la mía. Que más bien es la solitaria y calmada . La noche lenta. Que las he tenido de todos los colores. Noches de sed imparable y dar por culo a los vecinos con la música muchas. Sigo molestando de día, creo pero no es plan fiesta.

Los chavales sin miedo a nada y con ganas de todo son imparables y brindo y brindaré por ello. Chin chin. Los idiotas lo son a cualquier edad pero en sus inicios se agudizan los efectos. Chin pum. Veo noticias y por un lado, me escandaliza y me jode que se salten las normas con fiestas de varias decenas de personas y por otro, me congratula sus ganas de vivir o de vivir contagiados o de morir o yo que se, sus ganas en general. Ando con poca ganas pero no niego que me da envidia todo menos la multa que espero que se lleven y se merecen. Es la consecuencia de prohibir la noche. La noche oficial. La noche con papeles. Los que pagan licencia de noche entera.  La noche rápida. No como mis noches lentas de viejo con libro y manta. En los garitos, su lista. Su documento. Su aforo. Control de todos los que entran. Una noche más numerada. Lo otro es sin control y la norma pues se incumple porque es poco justa. A mi me corta de ir al horno de pan a por napolitanas o las barras recién hechas que era un paseíto que me gustaba. Me gusta vagabundear solitario en la noche. No veo el riesgo a eso. No es una queja  prohibir la queja. He hecho una canción nueva. De lo de ahora y tal. Se llama Prohibido bailar.

Porque está prohibido. Es lo más cerca que vamos a estar nunca del que nos quiten lo bailado. A punto. No me quejo. Eh. Que yo bien. Con el síndrome este de las afueras y que me pasó las noches despierto. Y me duermo a las siete o a las ocho. Engancho las primeras noticias. Me trago toda la teletienda pero vaya que bien. Mañana espero tener wifi. Hala. Esto lo escribo con el móvil y te cansa tanto deditos ya, venga. Mucho ánimo. Ya queda menos .

miércoles, 28 de octubre de 2020

Siempre he querido arreglarlo


miércoles, 14 de octubre de 2020

Lo que hago y lo que no

 Una P. Mayúscula. Retintada. Borde gordo. Curva pronunciada. Barriga alta. Remate orgulloso. Una P bien grande . Una P de pie. Una P que parece que espera a alguien en una esquina. Una P perpetua. En cada página. Muchas p. Escribo o dibujo una p que es pendiente. Lo que tengo pendiente. P. Y la meto en un círculo. O un cuadrado. Si llevo tiempo con eso, le hago más bordes. El tamaño depende de la implantación de lo que he ido aplazando. P de plazo. P de procrastinación. P de podría ser. P de pictograma. P de pollada. P de playa. P de pérdida de tiempo. P de pintar. P de poesía. P de pendiente es lo que es y a veces es de lo que menos pendiente estoy. Por eso lo anoto en la agenda.


Después de la p mayúscula siempre vienen las mismas palabras. Cocina. Baño. Salón. De cocina salen circulitos y flechas que apuntan a otros redondeles con palabras dentro como hornilla, fregadero, suelo, pollete o frigorífico. Pollete es una palabra que me gusta. P de pollete. Del baño o salón no suele haber divisiones. Barro y friego. Poco más.  Lo suelo posponer durante la semana. Cae el domingo y se me juntan a veces varias semanas. Hasta que no quedan platos. O hasta que no quedan camisas. O vasos. O calzoncillos. Es un poco todo lo mismo. Otros círculos con palabras que retinto y retinto suelen ser: lavadora, ropa, armario... Segunda planta. Es otro redondel recurrente al que apuntan las flechas de la p mayúscula. Sótano. Jardín. Entrada de casa. Vivo en un sitio enorme que es un caos aún más grande. Lo bueno es que ensayamos aquí. Una vez a la semana. Se puede hacer ruido. Por ahora los vecinos no dicen lo contrario. Cruzo los  dedos. Eso me obliga. Lo de la limpieza, no el jaleo y tocamos en el salón. A lo bruto y sin insonorización ni nada. Vamos a mejorar eso. Estoy en ello. He perdido el hilo. Por eso tengo agenda. Para guardar hilos y para escribir p mayúscula y muchas flechas y círculos. Para dibujar básicamente. 


P. Cocina. Flecha. Círculo. Fregadero. Flecha. Círculo. Hornilla. Pollete y basura. Baño. Salón. Barrer. Fregar. Polvo. Tengo una aspiradora pero no la uso desde hace seis meses lo menos. La P también sirve para llamadas pendientes o gestiones o citas o fechas o lo que sea. Tampoco es el grueso... La uso para el listado de lo que no hago y plantar dibujos encima. Garabatos retintados. Negro o azul. Gasto serio de bolígrafo. Alivio de superponer muchas líneas. De abrir surco. Y cuando cumplo con algo pues pongo ok y si no lo hago pues escribo no. Ok. No. Muchos OKs. Mucho no. Muchos nos. Muchos noes. Las p y las o mayúsculas terminan por ser ojos. Ojos y más ojos. La P a veces sirve de ojo y tabique nasal. La K es una nariz puntiaguda. La N es una nariz bocabajo. Ojos y más ojos. Un ok que me mira. Un no que lleva parpadeo. Dibujo caras en lugar de fregar los platos que es siempre o casi el punto uno uno y dónde iré en cuanto acabe con estos párrafos reiterativos. Ya he hablado de esto muchas veces y no es que lo aconseje como método. Ok es guay. Los no al lado o encima de la p mayúscula me deprimen. Pero es lo que hay. No es no. La inacción me come y hay días en los que no como pero siempre hago la lista de lo que tengo que hacer porque igual me sirve de alivio. Me desatora. Aunque no lo lleve a cabo. Poco a poco, me digo. Ánimo y tal porque siempre ando desalentado sea con los dibujitos o la p mayúscula o simplemente leyendo o escribiendo. No es no. Lo que no hago. No lo hago. Ya está. Prefiero no hacerlo. No olvidarme de ello. Retintados. Gastar bolígrafo. Sacar una flecha que apunta a mañana. Al lunes. A otra vida. 


Quiero dibujar de verdad. En una habitación. Pensé en hacer la misma agenda. Lunes martes miércoles etc. En un cuadro grande. Alargado. Anotar lo mismo. Lo de la compra del supermercado. Tengo que comprar bombillas por cierto. Ese tipo de cosas que si no la apuntas, se olvida. Bombilla. Y luego ok. Luego la o es un ojo y así, lunes... Martes.... Voy tachando pero con el pincel. Tenia un estuche de óleos. Es un poco rollo montar la habitación de la pintura pero luego va a estar guay pasar tardes allí. Acrílico es otra opción. No estoy muy puesto en el tema materiales. Me gustaría montar yo mismo el lienzo. Investigué alguna vez. No debe ser tan difícil. Y tener la agenda sin garabatos. Toda una habitación para los garabatos.

Me asusta pensar que cuando lo tenga todo listo, no se me ocurrirá nada. Me pasa con el blog. Ponerme a escribir antes de saber cómo. O sobre qué. Simplemente hacer. Por no quedarme en blanco. Es siempre lo mismo. La misma sensación. De urgencia y absurdo. No tengo leche. Café solo. Urgente y absurdo. Hace meses que no le pongo azúcar. Me sienta mejor. He dejado la refinada. Una época, al menos. Me aburro de hacer planes que nunca se cumplen. La tele puesta me molesta a veces. La arreglé hace tres meses. Es todo morralla pero me engancha. Mucho mejor con música. Sobre todo para hacer tareas. Hoy me pongo con la p hasta que sea minúscula. Tengo ganas de poner una chimenea. Aun no hace bastante frío aunque el invierno asoma. Va a ser duro. Le tengo pocas ganas. Y poca leña. O ninguna. Me gusta pasear por el monte y pillar ramas secas. Y piñas. Son pequeños montones. Iba a veces con el carro de la compra de mi abuela y lo llenaba de palos. El fuego los fulminaba en menos de una hora pero me servía para hacer útil el paseo y para el primer fogonazo de calor al llegar a casa con el ocaso a cuestas. Era un plan melancólico pero sostenible. Hoy podría hacerlo. No hace tanto frío pero me apetece bosque. Es repoblado y básicamente un barranco pero me gusta pasear por el bosque que tengo aquí al lado y me saco a pasearme a mi mismo. Como si fuera mi propia mascota. Siempre lo he hecho en las épocas del ánimo más bajo. Lo veo en perspectiva y aún me da más vértigo. Como se jode todo siempre. Es desalentador y tedioso. Tedioso me parece todo ahora. Estoy súper harto y con cabreo. Es mi.movida. me lo como yo solo y no lo suelto con nadie y ahí lo llevo. Lo llevo mal pero lo voy llevando. Que ya es. Igual es el motivo de la terca verborrea. 

Otro anagrama que utilizaba con frecuencia era un dibujo de un tallo pequeño con dos hojas. Dentro de un cuadrado. Parecía una mosca. Mal dibujada. O un corazón peor dibujado. Significado era otro. Un cotiledon. Un nacimiento. Un nuevo tallo. De eso iba. Planta algo nuevo. Planta algo cada día. Planta un tallo. Sácale un hijo con raíz y ponlo en una nueva maceta. Un nuevo punto de arriate. Una nueva esquina. Planta algo nuevo cada día. Hay tallos que se caen. Que no agarran. Es importante que sea a diario. Por eso el anagrama. El tallo y las dos hojas. Cada día. Y así crece el jardín y veo crecer esquinas. Es una actitud ante la vida. He encontrado macetas en la basura que han tenido una nueva vida en casa. Me siento bien con eso. Suele ser un Ok con letra gorda. Los ratos al jardín o las macetas siempre se me hacen cortos. Van agarrando y otras, se secan. Es una actitud ante la vida. Tomar eso como enseñanza o como método para la constancia. Eso va en agenda también. No son sólo tachones.  No sólo garabatos.


Me impongo tareas diarias para dejar por escrito, o por dibujado siendo más fieles a la realidad, lo que no hago. Tareas pendientes. Tareas diarias. Plantar algo cada día. La P mayúscula y sus flechas y círculos.  Y luego la rutina: leer, escribir, tocar... Practicar. Probar nuevos acordes. Nuevas afinaciones. Práctica. Cantar. Cantar en el micrófono. Escuchar. Dedicado a escuchar con los cinco sentidos. Un juego continuo de sinestesia alterada. Y desafine. Mucha lucha contra la nota falsa. La nota impostora. La nota impostada. La nota mal dada. La nota mal avenida. Es un proceso natural o en mi caso lo es y se ve afectado por factores que siempre se me han escapado. Factores que corren rápido. Factores escurridizos. Factores muy cabrones. Y yo también que no tengo ni idea, vamos. Que me pongo y es ensayo y error pero sobre todo, error. Un error bonito a veces. Un error ornamentado. Un error que da el pego pero que no arrebata. Es un terreno incierto. Trato de ganar confianza practicando. Es más parecido a pescar que al karate. Le dedicó horas

 Me cansa. Me deja vacío. Lo grabo todo. Estaría bien sacar algo aparte del grupo. Algo distinto que no encaje en lo mismo. Si no has escuchado los discos. Están todos ahí. A tu derecha. Y lo que tienen en común es la rabia cierto tipo de ira De encorajinamiento. Resquemor en el amor. Reproche en el aire. Que eso no es mucho decir. Pero hay poco canto a la vida desde la esperanza. Desde el amor desinteresado . Desde el corazón. Lo bonito. No lo regurgitado. La arcada. Siempre desde el hígado. Siempre la bilis. La mala digestión. El vómito. El rollo ese como de vomitar las canciones. Es trazo grueso lo que digo pero es lo que veo. El nexo. Molaría cambio de punto de vista. Un nuevo punto. Otro estilo. Otra forma de enfocarse. Luego sale lo que sale y el desafine no gana la guerra pero se lleva mucha batalla. No le doy tregua. Lo intento. Que no es poco. Lo sigo intentando. 

En la agenda pongo grabar. Significa que grabo. Y me hago un dibujillo con los auriculares y una guitarra colgada y al monigote le pongo barbas y soy yo. Tengo veinte o treinta temas y diez o doce buenas que ya están más de la mitad ensayadas y casi listas para grabar. Un disco nuevo en toda regla. Y un buen montón de descartes. Que ya es. En una situación normal a todos los niveles, estaría buscando fechas para grabar y dando las últimas pinceladas. Pero no es normal. No hay fondos . No hay conciertos. Ni hay futuro. Pero sobre todo no hay dinero. Estamos grabando aquí y no suena tan mal. Autoedición y autoprotección van de la mano. Se la estrechan. Le tengo cangelo al invierno aquí con la chimenea y grabando lo nuevo. Pero me motiva. Este año quizá me atreva por fin con la mesa camilla. Grabar en la mesa camilla. Punto a favor. Estar al loro que no se achicharre ningún cable pero ojo, calentito. O con el culo frío frente al fuego. Eso es lo bueno. En eso estamos. Lo mejor es el trayecto. Tampoco nadie nos pidió nada.  El culo frío ya lo traíamos. En esas estoy. Lo que hago y lo que no. Lo que hago sin querer y lo que, por más que quiera, no hay manera de hacer. En esas no estamos. En otras, nos ponemos. En los rodeos. En los dibujitos. En la tontería. O eso siento a veces. Otras, no. Lo veo todo bien en general. Bien jodido. 


Algo es algo 

He encendido la chimenea. Voy a hacer una foto y la pongo.  He hecho tres 






domingo, 11 de octubre de 2020

Una lavadora sucia por dentro

Volver a escribir casi a diario es raro. Es como retomar la bicicleta . Como estrenar una o que te la presten. Sentir el aire a ritmo de pedaleo. Volver a tocar. Volver a leer. Sentir la brisa de las páginas al pasar. Y barrer en las esquinas de la imaginación donde se acumula el polvo y la desgana. Limpiar la mente con libros buenos o discos genuinos. Poner un disco que de verdad te gusta. Poner el volumen a tope. Ir a otra habitación y escucharlo bien. Disfrutar con lo sencillo. Lo pensé el otro día. No dejamos de escuchar novedades o música que se comparte en redes sociales y todo son estrenos y lanzamiento y lo nuevo y lo más nuevo de lo nuevo y qué hay de los discos que siempre te han gustado. Pues uno de esos. Lo pones y dices: ah claro. Es como probar un sabor nuevo o pedirte el bocadillo que sabes que es el bueno en el bar del pueblo.  Hay gente que solo escucha eso. Que no sale de los discos que le gustan. Es decir que no oyen absolutamente nada nuevo. Nada. Mucha gente. Mucha mucha más de la que crees. Para eso no vale lo de antes. Nada de nada. 

 Volver a tus discos. Volver a escribir. Volver a estar solo. Volver a dormir en el sofá. Hay migas en la colcha. Ya he cenado . Estoy cansado. Un sencillo cansancio. Voy a tirones. Hoy estrené lavadora. Estaba sucia por dentro. Vaya paradoja . Me quedé pensando en ello. Es una lavadora nueva. Por fuera se ve bien.  Le tengo cariño a la vieja lavadora. Se me caído en el pie al sacarla. Nada grave pero me hizo sangre. Tendré que llevarla al punto limpio. Los puntos limpios deberían llamarse puntos sucios en realidad. Estaba sucia por dentro. La lavadora nueva. Ha sido un estreno amargo por qué no decirlo. He puesto un programa sin ropa y con detergente pero no hay mejora. No sirvió de mucho. Escribo tumbado. Con el móvil en ristre y el teclado predictivo. Hoy he bajado toda la madera al sótano. Me quedé con las tablas y dos puertas del portal de mis padres. Lo han reformado. Este verano. Mármol y las puertas de seguridad. La madera la cargué en la furgo. Una de las puertas tiene un cristal. Las dos tienen llave. Hoy bajé todo al sótano ...

Voy a terminar en estas semanas con la sala. Quiero que sea la sala principal de grabación. No sé cómo va a sonar y cómo de insonorizado va a quedar. Tengo que buscar otra puerta. Y dos cristales.  He hecho fotos del proceso. Ver hoy toda la madera dentro me ha dado una alegría especial. Me queda un mundo por hacer. Pero poniéndome puede estar listo en dos días. Tengo la sospecha que tendrá su complicación.  Ver la madera junta me ha animado pero si pienso en todo lo que queda, me agobio rápido. No tengo prisa. Me da miedo el tema de la lluvia. La posibilidad de que se inunde. Con tormentas fuertes. Voy a hacerlo a mi manera y es mi idea . Eso también me tensa un poco. Estoy en tensión y sin hacer nada la mayor parte del tiempo. Otra paradoja. 


Es una mierda cambiar de electrodomésticos si realmente siguen funcionando. La vieja lavadora iba bien. Pero con las manchas era benigna como un  profesor mayor a punto de jubilarse que da aprobado general. La ropa quedaba regular. Esta un poco oxidado la entrada del tambor. Y hay restos de color naranja en el cajetín y por donde cae el agua. El aspecto es regular. Más de veinte años la contemplan. Puede que treinta. Sin duda está en el segmento de clásico en el apartado lavadoras. Le tengo cariño. Que estupidez no? El afecto a un electrodoméstico y además viejo y herrumbroso. Es tonto. Lo admito. Debo serlo un poco. Los afectos a objetos inertes son un poco tontos o tontos del todo. Me pasa con una licuadora de los setenta de mis padres y una máquina de hacer palomitas de los ochenta. Me pasa mucho. Debe ser un lastre mental. Otro más. 

Hoy es domingo. Los domingos escribo con menos exigencias. Tampoco es que el resto de la semana le pida mucho a estas líneas. Ellas a mi tampoco. Estamos con la balanza bien nivelada. Poco a poco las cosas se hacen. Como si vinieran dadas. Como si fuera la culpa de otro. Como si ese otro no somos nunca nosotros. Siempre pasa algo que no esperas. Eso es el material. De esto. Del lento diario. La desesperanza en general. Lo desesperado en particular. Lo inesperable casi siempre.  Al  descubrir que la lavadora nueva olía raro, el duelo por la vieja ha ido en aumento y claro. No me lo esperaba. Me ha dado una pena rara. Una pena por lo inerte que hemos quedado que es una cosa tonta. Mis domingos están llenos de este tipo de cosas .

Y he tenido dudas. Cambiar o no. La lavadora vieja estaba herida en sus sentimientos. Y su venganza: caerme en el pie derecho. Aun me duele. Me jode tirar cosas que funcionan. Aunque no las use nunca. Caso de la licuadora. Que roja por cierto. Roja y con franja blanca como el coche de Starky y Huch. Muy bonita. Muy auténtica. Poco práctica.  Está en una caja. O eso creo. No se dónde. Ni falta que hace.


He movido las maderas como tres veces en seis meses. Me pasa mucho. Que cambio de sitio las cosas. No tienen sitio fijo o necesariamente las suelto donde sea y luego, estorban y así. En círculos. Me ha pasado más veces en la casa. Con las cajas de mi abuela. Con muchos muebles. Nómadas de habitación en habitación buscando la pared definitiva en la que dejar su silueta blanquecina para siempre. Muchas cosas. Siempre hubo muchos trastos aquí. Yo el primero. Voy poco a poco. Hago lo que puedo. Podría hacer más. Eso seguro. En el rato de divagar ahora podía estar cortando madera. Me pase el confinamiento cortando madera. Es de lo mejor que hacer para pasar el tiempo. Cortar madera a mano. Con la sierra, en mi caso. Fantaseo mucho con una máquina que simplifique el proceso. Sería otra cosa. Con la sierra era muy manual y estaba bien. Para aliviar tensiones. Escribir en el blog y cortar madera viene a ser lo mismo. Me siento orgulloso de reciclar el portal del edificio y las maderas de por ahí, juntarlo todo y que quede bien. Que merezca la pena. Espero que sí. No estoy seguro y tampoco convencido. Pero para hacer algo, a veces es inevitable equivocarse. Una vez al menos. Me gustaría que quedase perfecto a la primera pero tengo mis dudas y mis reservas. Es mi primera vez en la movida de las reformas. Me molan mucho. No tengo ni idea. Ni de eso ni de nada. Lo pienso a menudo. Me vengo abajo con cualquier contratiempo tonto . Es un fastidio ser así. Trato de cambiar eso. Me temo que aparecerá y siempre va a aparecerá un pero, una pega, un problema, un imprevisto, un imponderable, un imposible o un impensable pero el caso es encajar con sonrisa y que nada te turbe. Pero de verdad. Del todo. Cero turbación. No dejarse impregnar de melancolía. Luego no se dónde están las cosas porque no dejo de moverlas. Se me ha perdido el cincel por cierto. Quería escribir sobre ello. Perdí el cincel. Da para entrada nueva. Es todo un tema. Tengo sed y sueño. Me gustaría un postre de chocolate pero no tengo. La semana pasada fui a las 4 de la mañana a por unos dulces al horno. Porque están recién hechos y se deshacen como hojas secas al pisarlas. Unas napolitanas de chocolate que me gustan. Un hojaldre bueno. La panadería del pueblo. Ir de madrugada. Esas cosas me gustan. Pan o dulces recién hechos. Recién salidos del horno. Y el silencio. Las calles dormidas. Ningún coche. Ningún ruido . No es para todos los días pero me gusta hacerlo de vez en cuando. La cuota de chocolate semanal. 


Y que he perdido el cincel. Que es un tema capital. En el que entraré con más detalle en venideras entregas de mis nulas aventuras en casa. 

Seguiremos con ello. 

viernes, 9 de octubre de 2020

Mosca invisible en la garganta

 Hoy me he levantado pensando que me había tragado una mosca. No era un sueño, era real. Un bicho me alegraba entre los ojos desde la nueve


Sensación desagradable que te despierte una mosca pero mucho peor pensar que tienes a su amiga alojada en la garganta. Hasta el café pensé que era producto de mi imaginación. La duermevela interrumpida de golpe y que es jodido que te vuelen en el ojo. Sentir ala y párpado. El caso es que al tragar, se iría solo, me dije. Pero no. En el segundo cafe tampoco pero no le di importancia


Intente olvidarme de ello que lo mismo tenía una mosca entre la nuez y el esófago pero conforme venía el pensamiento, lo descartaba de inmediato. La molestia permanecía. Trate de tragar. Trate de escupir. Trate de hacer gárgaras pero seguía notando las alas de la mosca atrapada. Es una mierda porque estaría también nerviosa la criatura

Hora de comer. Todo igual. Ensalada y nada. Lo comento en la mesa y mis padres no dicen nada. No me figuro que habrán pensado. Que se me va la olla. Supongo. No les falta razón.  Notaba lo mismo tras medio bollo de pan y el segundo plato. Son las once de la noche y sigo notando eso ahí. Que no será una mosca. Quizá una palomita. Una polilla. Algo parecido deben sentir los gatos cuando se ahogan con su pelo.


Y no he cenado. Voy a cenar. Una nota de polvo. Hebras de tabaco. Quizá un cigarrillo apagado. No lo sé. Aquí hay muchas arañas. Pelo de Canelita. Que lo tengo encima ahora mismo mientras escribo esto. Me clava las uñas suave para que me ponga con la mamduca y le caiga un rebote. Se me sube cuando duermo. Es fácil. Que se pose en mi garganta cualquier objeto extraño mientras estoy en fase rem roncando con la boca en o mayúscula y esté todo el día ahí haciendo notar su presencia. Canelita se me duerme. También ronca.


Lo más probable es que no sea nada. El mal rato se me queda. La vida es así en general. Moscas invisibles en vuelo interior. Que no son nada. Que no obtienen ni réplica en la mesa. Que no merece comentario ni observación. Cuántas moscas invisibles de las que no hablamos llevamos atrapadas en nuestro pensamiento en el cotidiano discurrir de nuestros días. Que pensamos que pasara con el desayuno. Que piensas en general y no pasa cómo piensas o no es nada. Nada. Lo que sentimos es nada para los demás. Nada y no pasa nada. Es una obviedad. Ellos no se han tragado la mosca y no la sienten darse cabezazos ahí dentro. Pero que no sería eso.


Es prudente pensar que nos equivocamos siempre o con frecuencia. Que casi siempre es un error. Con mucha frecuencia. Que no existe. Que es un miedo. Que es algo raro. Espero no haberme contagiado que igual la mosca invisible es un síntoma. Menos mal que casi siempre me equivoco. Me ha dado un respingo de repente. Será algo chungo. Da susto. La mosca al final no es tan mala. Se dará por vencida en algún momento. Claudicara. Tomará tierra. Tomará tráquea y luego haré la digestión de todo esto. Será nada. Eso espero. Que no sea que está alojándose en mi cuerpo el bicho y ha pasado ahí la primera noche pero tiene reserva de una semana en mis pulmones. Da susto. Está la cosa para no asustarse.  Las moscas solo molestan. Que no es poco pero que no da miedo. En la garganta molestan mucho. Cuando despiertas, más. Cuando ellas te despiertan se vuelve personal. Es algo personal lo que tengo con los bichos de todo tipo en la casa. Con los mosquitos en verano es serio. Son un poco invisibles también porque son de los que te pican solo de noche y por la mañana no tienes nada. Eso jode mogollón. La verdad es que este diario es un poco absurdo pero hoy me desperté con.... Bueno. Eso. Lo he alargado un poco, igual.


La sensación persiste. Veremos si mañana no es un avispero. Una familia de moscas. O me levanto para acostarme. Que me pasa a veces. Me pasa mucho que luego es nada. Como esto. Como todo esto. Puede que cuando me duerma simplemente se vaya y si he estado en tu garganta, no me acuerdo. Tragada una mosca, tragadas todas. La vida es eso. Tragar saliva. 

jueves, 8 de octubre de 2020

Nos consumimos como a las series

 Nos consumimos como series. Vamos ofreciendo un piloto que arrebata. Y que engancha. Todos tenemos el personaje muy bien dibujado. Muy bien trazado. Un perfil.  Asentado. Y claro. Nos entrelazamos y no siempre surte efecto. No nos engancha. Se queda en capítulo suelto. A veces nos hacemos un primera temporada con personas o personajes con los que apenas surge un diálogo genuino. En el guión se van intercambiando los roles. Se reutilizan las frases. Es el proceso. No es un calco. Pero seguimos unos patrones similares. Necesitamos ese giro. Esa emoción. Ese enganche. Que viene de lo mismo de antaño. Se incuba en incertidumbre. En cambios de opinión. En persecución. En búsqueda. Lo que ocurre en las series. Lo que nos hace ver el siguiente. Lo que nos tiene en vilo. Lo que nos deja con el misterio.

Previamente en tu vida. Y enumeras relaciones de los últimos años como un trailer de presentación. Previamente en tu corazón. Y en el breve resumen evitamos dar protagonismo a nadie del pasado aunque lo tuviera para que no vuelva al elenco. Aunque solo sea el imaginario reparto y como personaje invisible pero personaje al fin y al cabo. Hay lecturas de guión inconscientes en los primeros cafés. Las primeras citas. El párrafo de sinopsis. Las bases de lo que esperas. El nivel de debe y haber. Lo que se pide y se da. Esa negociación va fluida en los primeros capítulos. Y corre libre mientras se desvelan incógnitas. Mientras se aportan datos de cada uno. Gancho para mañana. Previamente en nuestra relación. Y en unos meses estáis de novios sin darte ni cuenta. Es todo fácil. En las horas libres. Sin darte cuenta. Un fin de semana si sí y otro no. Lo típico. Le pillas cariño al personaje. Te sientes identificado.


Conocer a familiares es pasar a la segunda temporada. Relaciones de meses en las que no se llega ni al círculo de amistades es mucho más habitual de lo que parece. Un eterno capítulo piloto que no arranca. Que no despega. Que no apunta. Aunque tengas tus curiosidades.  Dura poco. Es difícil 6 fácil a la vez. Enganche tonto. Sin interés real. Querer saber cómo acaba. Cómo termina. Cómo se desarrolla. Hay más interés en llegar al final que en saber qué está pasando realmente. Le das una oportunidad a sabiendas que no llegarás a verlo entero  

Se pierde. El interés y el hilo. Se va bien y de un día para otro, no hay trama. Las tramas se suceden pero todos los argumentos se parecen. Pocas historias llegan a segunda temporada. A tercera. A  consolidar. A crecer del todo. Con algunas personas o relaciones hay un deja vu. La sensación de haberla visto. De haberla vivido. Y luego se repiten escenarios. El viaje de fin de semana. Hotel. Casa rural. Apartamento de la playa. Se repite argumento con otras frases pero el mismo tono. Los mismos giros. Asusta que sea todo tan parecido.

Lo bueno es el descubrimiento. El enganche genuino. Cuando nos atrapa algo sencillo. Ni es compromiso ni dura. Pero es un trepidar que nos mete de lleno en la historia de ese momento. Ese guión corto y ya visto. Ya leído. Ya vivido. Ya amado. Ya sentido. O algo que se parece mucho. Y tuyo. Eso sí. Esa sensación de que todo es nuevo y propio. Y se vive por primera vez

Nos pasa a todos que somos presa del entusiasmo y devoramos pasajes de tres en tres o cuatro en cuatro. Horas seguidas. Darnos el lote. Igual que los fines de semana libres. El puente. Las vacaciones. Los días como episodios seguidos. Que se suceden. Y luego volvemos a nuestro otro ritmo.  Amor a plazos. Amor en horas extras. Amor a ratos. Amor a distancia. Enganches a los que llamar amor porque no hay otra palabra que se me ocurra. Previamente en nuestra noción de amor. Y así vamos.  Entramos y salimos de personas y de la vida de personas que se vuelven protagonistas o secundarios o secundarias de lujo o no pasan de cameos que no cuajan. En general es como un bufet de emociones en los que llevamos dos pinzas y una venda en los ojos. Y poca paciencia y mucha hambre. Y en el fondo pienso que es todo aburrimiento o constumbre y más vacío que nunca. Más súbito. Más tramposo. Peor escrito. Los guiones de nuestros amores se han vuelto pulp. Serie b. Bajo presupuesto. Un spin off constante del que fue el primer amor. Una mierda. En general. Una serie mala que engancha. Así lo veo. Espero estar más animado mañana. No lo creo pero no pierdo la esperanza.


En general me aburren las series porque en general están hechas para eso. Para llegar a aburrir. Como el amor. Eso creo yo. Un poco deprimente pero así es. 

Batería baja en general

Va a rachas. Como todo. Voy. Poco más. Voy yendo. Lo hago. Es duro estar siempre a medias. Hasta los más afanosos en enjaular el azar en sus rutinas firmes y constantes, se chocan con lo inesperado. Se sorprende el que nunca cambia nada. Salta. Se agolpa. Se lía. Se nubla. Se complica. El verbo va en impersonal. Como su destino. Sin sujeto. Sin explicación. Es un hecho que tiene vida propia. Que cambia. Que se tuerce. Que va por inercia. Podemos tratar de intuir la trayectoria en la deriva de los acontecimientos y contar con ello. Lo intento. Batería baja. Está bien  que algo te obligue. Ir al grano. Buscarlo. Obligarse en férreas repeticiones. En pasos medidos. Practicar. Contar los minutos. Como una coreografía. El baile de las horas. El giro del mediodía. Con todo previsto. Obligarse a dar margen y a pararse a respirar. Tomar aire. Divagar sin rumbo. Suspiro grande. Está bien obligarse a cosas. Menos a amar o a querer. Obligarse a ser optimista frente al caos. A ser el propio caos si es necesario. A no rendirse que se dice pronto cuando te ves vencido a diario. Es solo hacer y seguir. Pensar en lo que toca. Olvidar lo que no. Lo prioritario. Verlo. Saberlo. Buscarlo. Dejar que nos encuentren las palabras. Volver a buscar en el diario. Lo que vimos. Lo que pasó. Donde fuimos. Saber los pasos. Contarlos. Como un baile. Como una vida en la que te sacan a bailar.  Como seguir una claqueta. Como elegir el tempo de tu existencia. Y no perderse. Que es lo normal. Perderse es lo normal. Estar perdido es el estado natural. Encontrar algo es la excepción. Llegar a entenderlo. Obligarse a entender. Obligarse a leer.

Ayer volví a abrir un libro. Es bueno obligarse. Retomar buenos hábitos. Es lo suyo. Estuve leyendo. Poco a poco. De Pasolini. Una vida violenta. Estoy con ello. Lo intento. A veces es lo único con lo que quedarse, Los intentos. Volver a probar. Cada día un reto nuevo. O el mismo, de nuevo  y mantener el pulso o el ánimo o la ilusión. Mantener algo. Lo que sea. Volver a vibrar. Altas frecuencias. Esto es duro de leer. Y da la impresión que es por pereza. Por no pulir. Por no parar. Es como es y ya está. Todos los días intento racionalizar y mejorar. No estoy tan mal. Me voy a proponer en serio volver a leer.  Varios libros a la semana. Cosas variadas. Actuales.  Ponerme al día. Cultivar el entusiasmo. Creo que se puede. Predisponerse. Querer querer. Estar listo para el amor. Estar listo para las novedades editoriales.


La prosa poética me mata. Hoy ha sido un largo dia. Una puta mierda. Llevo una semana horrible. Un mes tedioso. El verano ha sido muy feo. Estoy harto de todo y de casi todos y todas. Me he cansado de mi bucle. Este blog es para poder quejarme si quiero y quiero. Quiero salir de bucles y entregarme a la queja más chillona y frenética. Queja de todo. Querer quejarme. De lo largo que es todo. De los tropiezos. De los malentendidos. De lo mal que escribo. De lo mal que vivo. De lo mal que rimo. De cómo le come la moral la frase a la idea y se ponen a pelear. Y acaba en nada. Un largo dia. Muchos rodeos. Muchas vueltas. He vaciado una habitación. Lo contrario de la inspiración, eso tengo. Un derrotismo que me quita las ganas. Pero pasa. Y lo cuento y parece que pasa menos. O me alivia o eso pretendo. Probar. Escribir bien. Vivir bien. Entender lo que pasa a mi alrededor. De lo que formo parte y de lo que no. Lo que me necesita y lo que no. Muchas vueltas. Batería baja. Cinco restante. Son las dos. Me cuesta dormir. Esto es narcótico o es lo que pretendo. Una charla a la que abrazar como una almohada. Unas ganas de estrujar palabras. De encontrar ritmo a una nana. Un cuento que te vuelque los párpados. Me pongo podcast. Historia. El universo. Voces de doblaje que son familiares. Huyo del silencio. Las noches vienen dobles. Largas de más. Llevas noche acumulada. Te pesa. Me agobia. Hay cosas sin resolver. No tienen importancia y tampoco  tienen soluciones. No hay remedio. Solo seguir. Solo remar. Solo tomar. Solo reír. Solo esperar. Solo escribir y rimar. Solo esperar que fuera la poesía la respuesta. Lo era. Después de todo. Solo éramos poemas. Éter. Aleteos líricos de escasa altura. Intentos de mérito pero de poco vuelo. Aterrizajes súbitos. Malos despertares. 


Descanso mal. Estoy al principio de algo nuevo. Nueva etapa. Nuevo camino. El mismo paso temeroso. Volver a escribir a diario. Buscar acordes nuevos. Cantar en el micrófono. Escucharme mejor. Escuchar a secas. Prácticas. Lo intento. Con ganas. Es un nuevo punto de partida. Hay épocas. Va por rachas. No puede ser de otra forma. Si es algo artístico no es una ruta prefijada ni con indicaciones. Vamos a tientas. Palpando. Como en una cueva. Me siento bien. No siempre pero casi todo el tiempo. Me cuesta conciliar el sueño . Dormir es importante. Para despertar de buen grado. Con buen tono. Preparado. Si vas mal al abrir los ojos, será malo todo lo que veas. Ayer me puse videos sobre el subconsciente. Hay material extenso en Youtube. Una mezcla. Charlatanes. Neurología. Magia. O algo parecido. Muchos conferenciantes con sus crecepelos emocionales. Con un libro con su método. Con sus consejos. Poder mental. Proceso cerebral. Herencia genética. Constelaciones familiares. Son vídeos relacionados. Hay material para dos universos. Efectos de la luna. Planetas en danza o en movimiento retrógrado. Un rastreo de influencia.  Pensamiento mágico. Búsquedas. Batería baja. Se va a apagar. Así debe ser morir. Dos de batería. Dos y trece. Antes de las cuatro y media no me duermo nunca. Mañana ya va torcido. Unas veces siento haberlo dicho todo mil veces y otras, que no digo nada. Las dos y cuarto. Mañana será otro día y volveré a ser el mismo. Trastabillado. No es nada importante pero lo digo . Lo siento. Estaría bien que .... Uno de batería. Publicado. Adiós