sábado, 22 de febrero de 2020

Me dicen: Piensas demasiado

Me dicen: Piensas demasiado. No les digo: Pensáis poco. Me lo repiten. Piensas mucho. Y tú qué. Lo pienso pero me callo. Tú, cuánto. A ver. Cuánto le das a la almendra, me dijo yo. Piensas mucho, me dicen. Muchas veces. Muchas gente. Gente distinta. Mujeres, casi siempre. Muchos hombres también. A veces lo acepto. Digo: Es verdad. Siempre me callo. Intento dejar de pensar por cortesia. Pero no. Me cuesta dejarlo. Y cuánto es mucho, a ver. En qué medimos eso. No lo veo así. No creo que sea mucho. Poco tampoco, claro. Es lo que tiene que ser, ¿no? No lo es. Para ellos, y ellas, no. Se dejan llevar, me responden. Y luego lo sueltan como si fuera un mantra: Hay que dejarse llevar. Dejarse llevar, dicen. A dónde, pienso yo. Ellos piensan poco, lo creo firmemente. Piensas menos, pues ok. Pero lo me lo reproches encima. Que cada uno haga lo que quiera, ¿no? Hay una parte de mí que escucha: Ey, tio, no te sigo el ritmo. Hay gente sincera que lo dice: Ey, no te sigo. No me entero, me dicen a veces. Lo veo lo honesto. O que voy rápido, porque salto de una cosa a otra. Son buena gente, los que lo reconocen. Que no se coscan. Que no se pispan. Que no se enteran. Que es como reconocer que piensan más lento. No pasa nada. Se adapta el paso. Que piensan menos es peor, o que piensan peor que es ya lo peor y lo más difícil de confesar. Pensamientos de mala calidad. Pensamientos que no están homologados por la comunidad económica europea. Pensamientos que no dan la talla mínima permitida. Pensamientos que son papel de estraza. Peor que peor, pensamientos que son bicéfalos y contradictorios. Pensamientos que se pelean entre ellos, y te meten en su discusión. Piensas mucho, me dicen. Me cago en tu puta madre, me gustaría responder a veces. Pero no lo hago, claro. Que no se resienta mi escasa vida social. De pensadores escasos y reprochones, cabe añadir. Pero algo es algo. Piensas demasiado, y qué. Y qué. Eso es lo que suelo contestar. Qué. Dime. Piensas mucho. Y qué. Qué quieres. Pienso menos para ponerme a tu altura. O qué. Qué malo tiene pensar, es el argumento que verbalizo. Solo cuando lo situación lo requiere. Otras, me callo y ya. Pero son las menos. Pienso y lo suelto. Y a veces me encuentro esa frase, que nunca atiende a la conversación que se esté desarrollando. Es como salirse del plano. Del encuadre, sabes. Es lo que me jode. Eso de salirse de la movida, diciendo, ey, es mucho. Ey, es demasiado. Me jode. Es recurrente en múltiples situaciones con chicas, por ejemplo. En situaciones íntimas a veces. Pero no voy a daros carnaza, que ya estais salivando. Es verdad. Pensar, pienso. Soy un ser racional. Pienso. Luego me lo dicen. Existe, eso seguro. Casi siempre ellas. Ocurre con preocupante frecuencia. Más de lo que se quedaría en anécdota. Es una constante. Es la x. Me dicen: Piensas mucho. Lo tomo en serio. Antes no. Antes solo pensaba: Joder, todo el puto mundo es idiota. Lo sigo pensando. A ver cuándo me atrevo a soltarlo. Luego, soy prudente en sociedad. Y es verdad, salvo algún patinazo. O un par de ellos. Pienso y eso suele servir para no pegárselas de golpe, pero bueno nadie está a salvo de un resbalón. Pienso y hablo. Que no es que me lo guarde para mí. Lo mismo es por eso. El reproche, de mucho pensar. Es de pensar, eso decíamos de algunas películas. O de algunos libros. Pues yo soy de eso. De acción, también. Ojo, que me puede el héroe que llevo dentro. De terror a veces. Casi siempre de intriga. Mucho de risa, también. Mucha risa. O por días. Pero eso, con días de mucho descojone que oye, es con lo que me quedo. Qué le hacemos. Pero soy de pensar. Soy de hablar. Soy y ya. Y tampoco es por elección. Pienso lo que pienso. Qué le hacemos. Lo que pasa es que si tanta peña coincide, lo mismo es que sí. Que es verdad. Que es mucho, vaya. Les digo: Cuánto es mucho. Por saber. No hay unidad de medida de los pensamientos. Creo. Tampoco hay unidad de medida de las gilipolleces. Me lo podrían decir de otro modo. eres un teórico. Pero ciertamente, no lo soy. Ando a la practica, a la primera de cambio. Son muchas veces. Piensas de más, sueltan a veces. Estás en tu cabeza, me soltaron también en alguna ocasión. No solo son chicas. Personas distintas, mayoría de chicas y de chicas desnudas o que lo dicen con poca ropa, cuando estamos en la cama o en situaciones íntimas. No dejo de pensar cuando follamos. Pero me dicen: No pienses tanto. No les digo: Tanto comparado con qué. Son magnitudes que se entienden por comparación. Al igual que los y las amantes. Nunca me dicen: Amas demasiado. Me dicen: Vamos demasiado rápido. Es habitual. No les digo: Comparado con qué. Qué es ir lento, me gustaría preguntar pero no lo hago. Todo es con qué lo ponderes. Se supone que hay una media, pero no la hay. La hubo, quizá. Pero hoy en día, no. No hay tiempos correctos. No hay pautas fijadas. No hay manuales de isntrucciones. No hay que ir topando con las cosas. No hay que negarse a aprender. No hay que negarse a pensar. No hay que ser víctima de los propios pensamientos. Esto es importante. Le da miedo pensar porque le acaba dominando un pensamiento, pues ojo, así no. Cambia eso. No dejes de pensar. NO quieras dejar la mente en blanco. No quieras abstraerte de ello. No pienso mucho. No pienso muchas veces, hago el gilipollas como todo el mundo. Pienso lo justo. Pienso en lo que es justo. Pienso en ella mucho. Pienso en lo que realmente quiero. Pienso en no joder a nadie. Pienso en cómo hacerlo bien y sobrevivir. Pienso en que no se puto pillen. Pienso en no pillarme. Nada. Ni los dedos, ni la mano, ni la polla. Pienso en dónde estará de aquí a un año. Pienso en dónde estaba hace un año. Y hace dos... Intento aprender. Pienso en que me importe una mierda lo que digan. Pienso en lo que me dicen y en lo importante que es que no me importe. Me cuesta. Da igual lo que te digan. No te enroques. Piensas mucho. Pues sí. Pero en tus labios. Del coño. Suelta eso, seguro que se rien y ya está. Es mejor ser un payaso que un filósofo. O medir bien. Y estar en el punto medio. No te rayes. Da igual lo que digan. No te rayes. No piensas tanto. Los demás son tontos. No te cierres. NO te pongas borde. Piensas mucho, me dicen. Suelo decir: Lo mismo que me decía mi ex. Suele sentar mal.

domingo, 16 de febrero de 2020

el rosal murió matando

El rosal murió matando. Lo admiro por ello. Hoy es un día especial. Todos lo son. Hoy para mi lo es. Hace sol. Son las seis menos veinte. Aun queda un rato antes de que anochezca. Hoy madrugué. No suelo hacerlo. Últimamente me levanto a las ocho sin reloj. Sin alarma, quiero decir. Estoy sintiendo cosas chulas de las que me encantaría saber escribir pero ni idea. Sin ideas, es verdad pero con la batalla vencida. Las batallas o se vencen o se recuerdan para siempre. Voy a olvidarme de esto, por fin. Por fin. Ha sido duro, amigos.

He sacado el rosal del agujero. Se me ha clavado de mala manera. En la mano izquierda. Al soltarse la última raíz como de un latigazo. Como una cuerda de la que se deshace el nudo. Y se me ha venido encima. Con todo el peso. Son más de dos metros de rosal. Son treinta o cuarenta años de rosal. No lo tengo claro. Se me ha clavado una rama seca. Pensé: Es su venganza. De acuerdo, recibí el estocazo con estoicidad... Si se me permite... Porque me duele. Así que permitidme todo. Y ha sido como si se rindiera del todo pero quisiera que me acordase un poco. Me ha pillado de imprevisto.

El rosal ha salido por fin. Es que no me lo creía. Después de mes y medio sacando el puto rosal del agujero, no veía el momento de acabar. Obvia decir que nadie entendía ni entiende lo que estoy haciendo. Al principio me daba igual. Luego, sobre todo, cuando te cansas y acabas el día destrozado, cuesta más cargar con la incomprensión. Es que si no lo ves... NO te haces a la idea... Digo dos metros pero tiene como veinte ramas, algunas secas pero con los pinchos de punta. Era una tarea ardúa. Qué puta locura. He visto mi vida pasar. Me he metido en el agujero. Me he mareado al salir. El agujero no ha parado de crecer. No he parado de crecer yo. Ha sido un proceso del karma. Ha sido una cosa especial. No tenía herramientas. Acaso las he tenido alguna vez. Ha sido duro. Me daba en los nudillos. Me hacía heridas en las falanges. Pensaba: todo lo que de verdad importa, tiene que tener una herida. Es obligatorio: Herirse.

El rosal dejó herida. Es mi mano y es suya. Le he dejado mis manos mes y medio. He sido suyo. La herida es lo que importa. Espina dentro. Me duele todavía. Es que es literal lo que de que murió matando. Lo admiro por ello. Morir del todo creo que no. Espero que siga en otro punto del jardín. Ha sido un digno rival. Por momento pensé que me vencía. No se rindió ni un momento, no me dejaba. Si no te digo que he sacado doscientas piedras de ahí abajo, no he sacado ninguna. La tierra es de otro color. Color ladrillo. Aún más cálido. Aún más claro. Quizá amarillo. No me viene el color pero tengo claro cúal es. Oh la incomprensión. Oh, no tener el nombre cierto y claro de las cosas. Cómo me ha costado que me entendieran cuando lo explicaba. Y solo lo explicaba cuando me preguntaban. Excepto aquí, que no me pregunta nadie y me explayo sí o sí.

El rosal era un símbolo. Todo lo es. Lo somos. Lo sois. Este párrafo. El otro. El ritual de lectura. La escritura, desde luego. Un símbolo todo, de algo superior, o más complejo, más hondo. Lo somos. El rosal lo era. Qúe gusto da hablar en pasado. En pasado. Lo fuimos. U n el agujero de rosal ha aparecido de todo: un botellín, dos yogures y sus etiquetas, un paquete de ducados, y una tubería que creo que sigue operativa pero no tengo nada claro qué conduce o a dónde. Está por ver.

Os pondré fotos de todo.
Y espero que el rosal a pesar de morir matando, siga vivo en otro rincón.
Veremos. Es lo que más está por ver.