viernes, 12 de octubre de 2012

De etiqueta

Estoy valorando usar etiquetas en el blog. Siempre he estado en contra de las etiquetas en los blogs. ¿Por qué? Pues no lo sé pero lo he estado. Generalmente sirven poco. Esa era mi impresión. Confunden. Al que busca otra cosa y le apareces tú divagando sobre un tema solo porque le has puesto la etiqueta que él ha introducido en Google. Mal. Desde mi punto de vista. ¿Qué necesidad tengo yo de que me encuentren en Google? De hecho, ¿por qué iba a querer que me encontrasen en general? Es cierto que al final si tienes un blog, miras las estadisticas. No tienen mucho sentido pero ahí están y la curiosidad, incluso el ego más mínimo, pues eso. Y te condiciona supongo. A mí me pasa. Pero también tengo un canal en Youtube anónimo donde subo vídeos solo porque me gusta a mí verlos y son más bien cutres o si acaso personales, no lo sé. Tiene de 0 a 1 o 2 visitas. Por supuesto no uso etiquetas ni falta que me hace usarlas. En el blog era distinto. Por otro lado, agrupas las idas de olla. O por ejemplo, los discos. Suelo hablar de discos que me gustan. Pues los subo todos, los agrupo a través de una etiqueta. No me convence, sinceramente. Reconozco que creo que sería útil, pero por otro lado me gusta conservar un cierto tipo de licencia que tiene el que no se expone. Es decir, si no estás publicando tus vídeos o tus fotos en todos sitios pues no atraerás mucho la atención de la gente o simplemente no te encontrarán pero por también es cierto que el que te encuentre pues habrá llegado aquí por sus propios medios. La teoría de la no publicidad. Las etiquetas estarían bien también para agrupar la moralla: televisión, anuncios, política... Incluso me podía motivar. Subir cuentos. ¿Poesías? Bueno, no creo que me motivase tanto. A veces se me ha pasado por la cabeza subir poesías. Es una línea que cruzas. Todos escribimos poesías, ¿no? O deberíamos. O lo hacemos sin darnos cuenta. El caso es mostrarlo. Que tiene que ver con lo del blog. Que tiene que ver con lo de las etiquetas. Pensar en lo que muestras o no muestras de tí a través de un blog pero en general a través de cualquier dospositivo de comunicación social es un tema. Un tema que me apetece cero pero es un tema. Por más que sea un blog personal, la persona está muy al fondo. Casi ni se la ve. Y me parece bien. A veces me he sentido con la fuerza de escribir aquí y ser capaz de cambiar algo. Es estar muy flipado, lo sé. Pero es como una falsa ilusión de que abres una ventana al mundo que puede llegar a un montón de gente o exactamente a nadie. Pero lanzas tu idea. Inspiras o lo intentas a alguien que es una pretensión bien alta pero te metes en ese punto, te pones en ese plan. Lo intentas. Un blog para mí y el mío en concreto básicamente es una reunión líneal de intentos. Cuentas lo que ves. Noticias. Lo peor es la política. Hablar de política debería estar prohibido, al menos en el blog. Pero todo es político incluso los blogs. Cada vez me doy más cuenta. El caso es cambiar las cosas, poco a poco pero mucho. A lo largo del tiempo, mucho. Que no es fácil y también tiene un potente motor pretencioso, vale. Estamos de acuerdo. Pero, ¿en eso consiste, no? ¿Quién necesita etiquetas para eso? ¿Quién quiere que le encuentren si realmente no le buscan a él y quién va a buscarte? En el fondo de todo la intención final es ser útil, o la vanidad final. Al que lo lee y si además no se ve del todo bien con el fondo, pues tiene miga. Hay interés, el que sea. A saber. Lo lee. O no. Da igual. No es una actitud muy social, no tiene lógica. O sí, la contraria. En definitiva puede ser aburrido, que es como lo que peor se puede ser en el mundo moderno y no creo que eso se arregle con etiquetas, vamos creo yo.

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