martes, 1 de enero de 2013

Inventar un arma

Inventar un arma.
Es triste pero creo que es una interesante área de negocio.
El que inventó el spray de pimienta. Me refiero más a eso que a rediseñar una metralleta.
Pensar en algo que sea un poco buenrollista aún siendo un instrumento de ataque o defensa.
Que no agujeree o desgarre o inutilice o en fin, que sea un simple elemento de distracción para facilitar la huida.
Pero con un elemento sorpresa. El spray de pimienta no puede ser más sencillo en su concepción.
Y podríamos tener armas del tamaño de un mechero. Como quien dice reconvirtiendolo en lanzallamas.
La idea de idear armas como negocio evidencia lo jodido que está el mundo.
aunque si invertimos un poco de seso en idear que sea ingenioso y paralizante y riginal y autofabricable, como una vuelta de tuerca del tirachinas pero con menos pegada y más ceremonia. Es darle vueltas. Siempre será mejor que una bala. Un dardo tranquilizante es mejor que una bala. Una cerbatana es mejor que un revolver. A nivel de consecuencias. Tienes que ser muy bueno con la cerbatana para hacer una masacre en un instituto, que no digo que no se pueda pero tienes que ser muy bueno.
En resumen, idear armas con idea de reducir el daño y darle un punto colorista al asunto y menos dañino.

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