lunes, 20 de enero de 2014

Mi gozo en un Mendez Pozo

No quiero extenderme, al grano.
¿Cuántos Méndez Pozos controlan medios y provincias?
¿Cuántos Méndez Pozos y promociones de Méndez Pozos llenaban de publicidad las páginas de los periódicos hace cinco años, diez?
¿Cuántos Méndez Pozos y afines influyen en los medios, en el panorama de medios, y en lo que se publica?
¿Cuántos Méndez Pozos acaparan con UTEs o como sea el presupuesto de obra publica en determinada área geográfica de influencia?
¿Cuántos Méndez Pozos nos gobiernan desde sus reinos de taifas levantados a golpe de recalificación y especulación con suelo público?
¿Cuántos Méndez Pozos hundirán en el pozo a los posteriores generaciones por alterar el desarrollo natural en la forma de hacer negocio en el ámbito provincial?

Todas las posibles respuestas retóricas se atisban a lo lejos como una gran nube negra.
Es un modelo.
No es el señor de Burgos en cuestión, no es un señor.
Es un modelo.
No es una empresa inmobiliaria, no es una constructora.
Es un modelo.
No es el sobrecoste de una obra municipal, no es la deuda de Madrid o de cualquier otra comunidad o ciudad, no.
Es un modelo.
Que no estoy diciendo nada nuevo pero mientras no cambie, el modelo, pues seguiremos abocados a esa injusticia perpetua.
No sé dónde leí que el ochenta o el setenta por ciento de los constructores, de los empresarios del ladrillo, no tenía estudios superiores.
Para qué.
Una vez que sabes cómo funciona el modelo, que eres un actor destacado en el sistema, para qué vas a aprender inglés...
Que aprendan ellos como se amasan fortunas, sin haber hecho ni la revalida. Que aprendan ellos. Apunto a que hay hasta una cierta superioridad, un dejar claro que mira como me he hecho a mí mismo, a base de dar palitos o de hacerme con los contratos públicos con pliego de condiciones que me van a medida. Mira cómo lo hago. Mira que modelo me he inventado.
No tenemos un Scorsese, ni un Di Caprio para dar vida a la historia de un concejal díscolo.
De Benicarló.
De Elche.
De cualquier pueblo de Castellón...
O de UGT aunque a un análogo de Di Caprio me cuesta más visualizarlo de sindicalista pero vale, al ejemplo le vale lo mismo el trincón de aquí que el de más allá. Porque en el fondo, son lo mismo. Orgullosos de su trampa. Del director sí que no se me ocurre ninguno. Un Urbizu. Pues quizá. Pero tiene que tener el toque de  comedia. El ritmo. Porque es de comedia. Lo de los ayuntamientos y las comisiones es comedia, o tragicomedia.
Carmen Lobo. Ejemplo.
La concejala de Camas, en Sevilla.
La historia contraria. Sí, hombre, la que salió en Salvados, lo de Jordi Évole, el Follonero. El de La Sexta. Que se la metió a los conspiradores en una recalificación del ayuntamiento, en un pueblo de Sevilla. Seguro que te acuerdas. Es o ¿no? Bueno, a ver, venga, te refresco la memoria:


Pues lo mismo pero la historia al revés.
Que coge el fajo.
Que se lía o algo.
Coge el fajo y vota lo contrario.
Ahí hay un thriller. Un chorro de thillers. No sé. Vuelta de tuerca. En fin. Buscarle los giros, tú sabes. Pero da. Lo de Chirbes de Crematorio era más el Padrino. Esto es más Toma el dinero y corre. El concejal de turno es más personaje de Woody Allen que se ve envuelto en una movida que no sabes por dónde cogerla. Lo del Méndez Pozo de turno es más gordo. Es más Godfellas.
No hay un Scorsese.
Me pega un Rodrigo Cortés, dándole ritmo. Imprimiéndole carácter a esa multiplicación de panes y peces en chalettes y más chalettes en la costa, un mar de unifamiliares a la orilla del mar. Casas, casas y más casas. Pasta, pasta y más pasta. Un concejal bajito. Con cara de buen español. Un Alfredo Landa. Un Nuevas Generaciones que lo haya mamado desde chiquitito. No sé. Me cuesta ponerle cara. La verdad es que la cara de concejal que ni pincha ni corta es un poco lo opuesto a la cara de actor que aspira a ser pujante. Ningún actor que se precie y que quiera comer tres veces al día, tendría la cara o un look de un concejal que se lo lleva por debajo. Que busca discreción, claro. Lo normal. Lo que buscaría cualquier concejal que hace manitas bajo la mesa.
Ponte en un Dani Rovira. Pero no.
Lo mismo un Cobeaga te lo borda. Con el Otxoa. El Otxoa tiene cara de concejal que se lo lleva crudo. Mira, es perfecto. Da para Pagafantas y para Cobrapagas. Lo veo. El humor de Cobeaga, no sé. Pero algún guionista debería dejar ahora mismo lo que esté haciendo, y ponerse desde hoy mismo con el largo del concejal díscolo: un thiller. Con comedia, pero suspense. Pinceladas. Y suspense. Porque si no. Es Berlanga. El caso es que tiemblen todos un poquito... Como con Bárcenas. Será lo que sea, pero cuando se abrió el melón, el amigo Mariano y la amiga María Dolores tuvieron que tener un importante rebote y algo de congoja.
Digo yo.
En fin. Que he visto la de Scorsese y me ha gustado, sí. En el blog iba a escribir sobre si a este tipo de personajes, los lobos de Wall Street, el cine los retrata como héroes o villanos, y por extensión, si en la sociedad se les otorga una cierta categoría de exentos de ataduras morales por aquello de burlar el sistema, por la pillería, por la listeza, si se les disculpa la trampa porque es buena y funciona, porque se creen el truco y la cuelan y son modelos, que vale que si hacer ningún spoiler, pues en fin... Que vale que no es una oda. Que hay reverso tenebroso. Que vale que hay cuento moral. Que vale que la moraleja no deja lugar a dudas. Vale.
Pero... Al final, no he escrito de eso.
A mí me ha gustado la película, y no me la esperaba. El tono de comedia y alguna secuencia, verdaderamente descerebrada. Y muy políticamente incorrecta. Mucho.
Y también tengo ganas de escribir sobre cómo Di Caprio ha vencido al efecto carita de Mickey Ronnie. Que me parece un hito.
Un logro personal.
Produce la peli.
Pero bueno, otro día.
Méndez Pozo, ¡telefilme ya!
Como mínimo, telefilme de dos episodios.
Lo veo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario