domingo, 3 de mayo de 2015

Que no, coño, que no me pongo el wassap



Querida amiga, cuando usas mensajeria instantánea pierdes las réplicas de tu intercomunicador, el sonido de su respiración, los ruidos de ambiente, la risa, el tono y si en lugar de usar como canal un teléfono es el aire el que sostiene vuestras emisiones de contenido, le ves los ojos al receptor y ya pues casi que lo sabes todo antes de que empiece a hablar... cuando (me) dices: ya, pero no te llamo porque el (famoso servicio gratuito de mensajeria instantánea) es gratis... Pues son muchos los costes asociados que se pierden en el proceso comunicativo, al que ni siquiera llamaría proceso porque es unidireccional. lo que lo determina como un acto de descarga, de desahogo, de individualidad, de confesión (sobre todo con los audios que se graban), de despacharse, de onanismo comunicativo en el que nunca partiparé, he participado ni participo y estoy orgulloso de gastar una monedillas de cobre en llamar a alguien al que quiero escuchar respirar, reir e interrumpirme, sobre todo, interrumpirme porque puede que el famoso servicio de mensajería instantánea sea gratis, querida amiga, pero yo no.

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