viernes, 6 de julio de 2012

Canción de la semana: "Only Stones remain" The Soft Boys

Only Stones Remains. Suena a rayos y centellas. En Leeds. 1980. Suena mal de verdad. Pero es un directo. La canción de la semana ha sido la versión del disco. Que suena cañón. Ultimamente pienso mucho en la gente, los fans, que oyen sobre todo el sonido cuando escuchan música. Que oyen los que oyen. Yo nunca he sido así, he sido de oidos sordos, por llamarlo de alguna manera. A mí el sonido no ha sido algo que me importe. Desde mi primer walkman que sonaba a psicofonía. Hace muchos años me llamó la atención que el padre de un amigo compraba discos raros de la discográfica 4AD y era porque era aficionado a la alta fidelidad. Le gustaban los super equipos de música. Hi-Fi. Para encontrar el matiz de los bajos, buscaba discos concretos de grupos indie. Además de la música clásica suya de siempre, que era el género suyo de cabecera. Pero también cataba algo de jazz, de música étnica... Era un fino catador. Comprador de discos interesantes con edad entre 50 o 60 años. No le interesaban los grupos, pensé yo. Le interesa el sonido. A mí el sonido siempre me ha dado igual. Ahora estoy buscándome un tocadiscos para la casa. Empieza a preocuparme el sonido. Me planteo altavoces. Como. Donde. Cuantos. Y pienso en el sonido. El otro día vi un vídeo de Dinarama. Lo enlazo abajo. En Tocata, 1983. El sonido. Pensé de nuevo en él. A mí nunca me ha importado con mi grupo. Eso es para tenerlo en cuenta. No es que Dinarama toquen mal, es que está como mal ecualizado. Con mi grupo yo toco mal. Culpa mía directa, los otros del grupo suenan. El sonido es un tema realmente preocupante. Si tienes un grupo más todavía. Es curioso que a mí me daba igual desde que las cintas de audio me crujían las orejas. No es lo mismo, ya puestos, sonido grabado. Al aire. Auriculares. Sonido directo. Sonido local. Concierto y sin tu técnico que te entiende. Sonido laberíntico. En fin, si te paras en detalles nunca acabas. Sonido. Pero. A quien le importa. Parafraseando a los propios Dinarama.

jueves, 5 de julio de 2012

A través del cristal de la cocina

 










 Está sucio el cristal.












Vasijas para otros

Hoy me he acordado de un amigo que me enseñó un relato y le di un consejo. Eran dos relatos, en realidad. Uno de ellos, más experimental, escrito con doble o triple interlineado, sin mayúsculas ni puntos. En personales espacios. Aunque no me pidió explicitamente consejo, sí que me preguntó por mi opinión sobre lo que me había enseñado, en especial, el otro, el relato bueno: trescientas palabras, un folio mecanográfiado normal, con puntos y comas, también mayúsculas y tachaduras, corregido en primera instancia y mucho más legible. Me sorprendió que llevara los dos borradores en el abrigo, bolsillo interior, doblados en cuatro partes. Estábamos fumando a la puerta de un bar, sentados en un bordillo. Debían ser las cuatro y media de la madrugada. Viernes o sábado. Creo que viernes. Leerlo aquí no es buena idea, dije. Antes de terminar la frase estaban desplegadas las dos hojas delante mía.


Dar consejos es de idiotas. Lo digo ahora que el idiota soy yo. Con cierta ventaja. Pedir opiniones es reiterativo, todos suelen darla sin necesidad de requerimientos. Basta mantenerse medio minuto en silencio y la opinión aparece como si nada, se vuelve corpórea tras ser enunciada, como una invocación insconciente de una entidad mágica. Las opiniones funcionan igual que los fantasmas, igual que las apariciones concretamente. Por eso asustan, claro. Se aparecen de pronto. Pienso ahora, con el tiempo, que la mayoría al pedir una opinión con palabras o con la mirada, queremos ratificarnos en que lo que creemos que el otro piensa, comprobar si nuestra percepción es la correcta. Tener la certeza de saber si lo que piensa es lo que nosotros creemos que es. Por eso decimos: Dame tu opinión. Para comprobarlo. Lo que nos trasmite su gesto. Es aprobación lo que se busca. Aprobación por no decir amor, palabra maldita. Eso creo ahora que me voy haciendo más viejo. Siempre he sido un poco viejo desde pequeño. Es todo un juego de aprobación, en términos generales. En un par de palabras. Lo apruebo. Algo efectivo, corto y directo. Está bien. Me gusta. Suena fino. Tiene gancho. Buen trabajo. Mola taco. Dar un consejo que no te piden, cuando alguien espera exactamente ese sencillo par de palabras con gesto de visto bueno, es una idiotez. Una de mis últimos idioteces y la más involutaria o equivocada de las que recuerdo.



Nadie quiere consejos igual que nadie quiere entradas de blog, por el mismo motivo que no quieren más canciones de amor o cantantes que le canten al amor por exceso o por defecto. La palabra maldita vuelve a aparecer. Amor por defecto. Será lo mismo que desamor. Palabras malditas. Nadie quiere nada. Ni falta que hace. Esa falso paradigma de la creación bajo demanda es muy dañino. No hay tener en cuenta la demanda. Como si fuera amor. Otra vez, lo siento. Es solo oferta. Se oferta amor. Como se ofertan relatos, como se ofertan blogs, canciones de amor o de lo contrario, poemas, claro, los poemas... Amor en todas sus formas. Solo oferta. Es lo curioso. Después de soltar mi consejo, mi amigo me dijo: ¿Sabes por qué hago esto? -refiriéndose a escribir relatos supongo- Lo hago para que me quieran. Por amor. Para que me amen, añadió. Amor otra vez. Maldita palabra. No sé si después de oír eso le di un abrazo o solo lo pensé. Eran las cuatro o las cinco de la mañana, como dije antes, hora idonea para exaltar la amistad. Aquella claridad en su exposición, lo hago para que me amen, me pareció sublime. Una buena explicación. Concisa y convincente. Un rato antes me había dicho que hacía mucho tiempo que no escribía. Unos meses antes nos habíamos visto y tenía una novela en ciernes. Ahora me dijo que prefería cuentos. Cuentos cortos. Nada que le convenciera, en realidad. Tenía varios cuentos escritos hace poco y que no fuera muy duro, que estaba sensible. Algo así me dijo. Eso fue tras oír mi opinión, creo. Reculé un poco. Le dije: No sé si me has entendido bien. Eso fue antes del consejo. La opinión salió sola tras treinta segundos de silencio después de despedir a la amiga que me presentó y ante que la doblé son soltura los dos folios en cuatro partes iguales. La opinión siempre sale. La resumiré. Le dije que el relato estaba mal explicado. Buenas explicacíones o mala explicaciones, todo se reduce a eso. Y a lo que no está explicado, claro. Tres categorías en la que quizá quepa una cuarta, lo que no se puede explicar. Cuatro categorías, mejor.


Hablar sobre las lecturas recientes antes de entrar en el capítulo de los últimos escritos me parece un consejo sensato. Lo hice. Pregunté. Antes confesé que llevaba meses sin encontrar nada que me gustase. Él me dijo que estaba leyendo cuentos de Juan Rulfo. Le dije que lo intenté hace años con Pedro Páramo pero no lo terminé. Le interesa ese estilo, me dice. Escueto. Con metáforas potentes pero escueto. La palabra potente no fue la que utilizó, la pongo yo pero quiso decir algo parecido. Por otro lado, apuntó, que fuera sencillo. Creo que le entendí cuando dijo eso de sencillo, a pesar de no haberme terminado Pedro Paramo. La conversación se va rápidamente por otros derroteros, menos de estanteria. Pasamos de lecturas a la escritura y del estilo, a la confianza en uno mismo o los báremos para autoevaluarse y revisar o corregir lo que uno va haciendo. Mediocre, dice él. ¿Cómo saber que no es mediocre? No tengo respuesta para eso. La palabra mediocre la repite al menos cinco o seis veces. Como si fuera el estribillo de una canción pero sin ritmo ni música. Una de las veces la acentúa con un golpe de cejas. Durante ese transcurso de la conversación nos pedimos un ron cola para él y un refresco energético para mí. Estábamos de pie apoyados al final de la barra, la esquina estratégica del camino a los servicios. Esa noche me había propuesto no beber alcohol porque tenía que coger el coche de vuelta. Aún no estaba del todo lleno el bar. Entonces, con las nuevas bebidas casi enteras me sugirió: Salimos a fumar un cigarro.


Me sorprendió ver desplegados los folios blancos tan rápido al salir a la puerta. Me ofreció un cigarrillo. No tenía yo la menor disposición para leer y menos aún para emitir un juicio sobre lo leído, y de algún modo se lo hice saber, con sutiles maneras supongo pero nos sentamos en un bordillo próximo a la entrada, y eso nos dio otra intimidad. Había media docena de personas fumando en la puerta del local. No pude negarme. Tenía los párrafos en las rodillas antes de darme cuenta y el cigarro recién encendido. me dio fuego él. Empecé a leer. Eran dos folios. Uno con el tipo de letra más grande del habitual. Una redacción más creativa. Más deslabazado. Como prosa poética. Sin puntos ni mayúsculas. No suena mal. Se entiende poco. Es muy corto. Hay más de un doble espacio entre las líneas. Antes de terminarlo, me dice que el que está bien es el otro. Tiene correcciones en color rojo. Parece más trabajado y al primer visto resulta mucho más legible. No hay una gran iluminación en el bordillo para leer a esas horas. Allá voy.

Ni siquiera llevaría medio cigarro fumado. Bocanada y segundo relato. Empieza bien. Cuesta entender alguna parte pero bien. En el tercer párrafo hay sexo. Bien. Nada explicito. Bien escrito. Me esforcé por centrarme en cada palabra y no buscar atajos en vertical para leer rápido. Me mantengo concentrado. Estaban en la cama. Costaba no saltar detalles. La gente que iba llegando al bar nos pasaba cerca, hacían ruido y yo levantaba la cabeza de las líneas al oir tacones básicamente. En el relato seguían en la cama. No estaba para leer, lo dije antes, leer a esa hora y menos sobre personajes encamados. Lo terminé y no supe qué decir. Tiré el cigarrillo en dirección a una alcantarilla que estaba a un metro.

En ese momento antes de que el silencio durase medio minuto e hiciera brotar una inevitable opinión, llegó una conocida de mi amigo y él se levantó a saludarla. No llevaba tacones, así que no la oí llegar. Mientras él hacía el ademán de presentármela, me aupé desde el bordillo con cierta maña para doblar el papel del relato a la vez sin resultar llamativo. La chica estuvo un rato hablando de algo, no recuerdo qué. Era una chica habladora, Los viejos tiempos. La ruta. Los bares a los que habían ido esa noche. Los recuerdos de los viejos tiempos en unos bares y otros. Eso aplazó mi juicio sobre el relato. Era inminente. Se le acababan los temas a la chica. Los viejos tiempos. Los bares de siempre. La ruta. Los dos folios seguían en mi mano.


Nos conocemos desde hará más de diez años. Quizá menos pero da vértigo pensarlo. Nos vuelve demasiado viejos a los dos. Me siento identificado con él. Con mi vocación. Con sus inquietudes, las tuvo siempre. Inquietud es una forma de llamarlo, al escribir relatos, al leer. Hablo de mi amigo. Se llama... Bueno, qué más da el nombre. Llamémosle él. Cuando no me refiera a él, seré yo. Él o yo. No tiene mucha pérdida. No hacen falta los nombres. El destino está en los nombres he escrito en alguna poesía. Nos conocimos hace más o menos diez años, quizá más quizá menos, en un curso para actores en la Universidad por el que daban créditos de libre configuración, creo que tres. Ninguno de los dos hemos sido actores después. O eso creo. Quizá alguna obra de teatro aficionado, pero creo que no. Sobre todo recuerdo el curso por haberle conocido a él. No fue gran cosa el temario. Técnicas de respiración. Improvisación. Sobre colchonetas. Chandal. Descalzos. Con ejercicios aeróbicos que no parecían muy ortododoxos. A los pocos meses, yo iba a hacer el curso de acceso a la Escuela de Arte dramatico. A mediados de septiembre. El curso fue en junio. Esperaba algo mejor. Peor fue cuando me tocó presentarme a la prueba de selección de la Escuela. Suspendí el teórico. Comentario de texto, me quedé a las puertas del examen práctico. Ni siquiera tuve que hacerlo. Quedé en el primer corte. No fui actor, pero lo intenté. Lo intenté hasta el teórico, corto intento pero es algo. Y bueno, en un par de obras igual sí en estos años, creo haber participado. Me gusta el teatro aficionado. Y escribir, lo sigo haciendo como siempre. Sin querer. Pienso que a mi amigo, a él, le pasa lo mismo. Escribe sin querer. Hemos coincidido en los bares con los años y al reconocernos las caras, lo más prudente siempre era saludarnos. Hola, qué tal. Pasa a menudo con los conocidos, o con personas con las que has compartido un curso de un par de días o que has conocido a través de otra persona una noche y te las presentaron solo una vez o hablastéis poco, que al volverlos a ver, no sabes si saludar o no, por si se acordará de ti o no te ubicará. Pasa con frecuencia. Opción no saludar o todo lo contrario. En nuestro caso, todo lo contrario. Hola, qué tal. Sobre literatura no sé cuando empezamos a hablar. En algún momento. Hasta este día nunca había leído nada suya, a pesar de tener noticia de algún libro de poemas o algún cuento que tenía. Lo mismo al revés, él sabía de mi intentos de novelas, los fallidos y los incompletos, y de algunas poesías más o cuentos. Es parecido, por eso. Me identifico, por esa forma inconstante de escribir que a la vez no termina nunca. Un impulso muy concreto que está y ha estado siempre pero nunca del todo. Por el motivo que sea. Esa forma de escribir. Ese estado de querer escribir. Me siento plenamente identificado. No sé cuando empezamos a hablar de literatura, ni a cuento de qué o quien. Tampoco sé cuando salió el tema de nuestros propios proyectos de autoría pero con el tiempo y los encontronazos, ya que pocas veces quedábamos, tomamos la constumbre de preguntar: Y, ¿qué? ¿Qué estás escribiendo ahora?

Escribir. La fábula de la vasija. La cuento. Estaban unos discipulos ante su Maestro y le enseñó una vasija grande poniendola ante ellos, sentados en círculo.  Después cogió del suelo piedras de diverso tamaño y les preguntó: ¿Cuántas piedras pensáis que caben en la vasija? Los alumnos dijeron un número. El Maestro comenzó a introducir el número de piedras que ellos dijeron hasta que llenó la vasija. Preguntó: ¿Está llena? Los alumnos asintieron, pero ante su sorpresa el Maestro sacó otra vasija con piedrecitas de gravilla, introdujo esta gravilla en la vasija grande . El Maestro con una sonrisa irónica repitió: ¿Está llena? Los alumnos dudaron. El Maestro dijo, tal vez no, y a continuación cogió otra vasija con arena y la volcó en la vasija grande, la arena se filtró por los más pequeños recovecos. ¿Está llena? Preguntó de nuevo. Los jóvenes dijeron que no. ¡Muy bien! Entonces el Maestro sacó una vasija con agua y comenzó a verterla en la vasija grande llenándola aún más. Al llegar el agua hasta los topes, el Maestro miró a sus discípulos y dijo: Ahora está la vasija llena, recordadlo. ¿Cuál es la enseñanza de esta historia? Escribir es llenar vasijas. ¿Qué vasija estás llenando ahora mismo? Es el mismo proceso. Siempre hay y habrá espacios de la vasija que ni siquiera sabíamos que existían. Espacios a llenar no previstos. Estábamos a otra cosa. Como los discípulos. Concentrados en ajustar las piedras, primero en encontrarlas del suelo y después, muy concentrados en juntarlas bien, lo que sería exactamente igual con las palabras, pendientes de su forma y de que fueran cupiendo sin chocarse en cada hueco con armonía.  Cargar con piedras, me gusta esa imagen a la hora de pensar en la elección de las palabras cuando estás escribiendo. Cargar piedras. Una piedra. Otra piedra. Como haciendo un camino. Poniéndolas en fila. Le puse un ejemplo a mi amigo después de que se fuera la chica que había saludado.Un ejemplo que tenía que ver con la construcción del relato. Es decir, habilidades constructivas. Como el que levanta un tabique. Sirve lo de las piedras, como el que que monta con cada palabra, un muro. Un muro de palabras. De algún modo lo identificas. Entiendes a los muros. La colocación de las ventanas. El lenguaje de las piuertas. Los muros deben entenderse con facilidad. Su relato era como una choza. Quizá dije eso, con esas mismas palabras. Su relato era una choza. Había juntado las ramas. Como se construyen los nidos, ramas y raíces. No había un plano. Se notaba que no tenía un plano. Le faltaba el trabajo del arquitecto. Pero tenía vida. También usé esas palabras exactas. Tiene vida. Creo que mi amigo no me entendió del todo.


Hay cosas que no se pueden explicar. Nunca las tenemos en cuenta. Es como los problemas sin solución. Existen los problemas sin solución en matemáticas. No los tenemos en cuenta. Es como los huecos de la vasija. Nos damos cuenta de que existen después de creer que la tenemos llena. Todo es dar explicaciones, al fin y al cabo. Hay cuatro formas de hacerlo. Hay cuatro categorías: explicarlo bien, explicarlo mal, no explicarlo y no poder hacerlo. Son cuatro. Se nota rápido cuando algo está mal explicado. Mi amigo me preguntó al poco rato: Pero, ¿se entiende? Claro. Lo entiendo. Pero no entiendo lo que hay que entender. No lo entiendo, por lo tanto. Entiendo lo que está bien explicado, entiendo incluso lo que está mal explicado, no entiendo lo que no está explicado y me interesa lo que no se puede explicar. Siempre tenderá a interesarnos lo inexplicable, es mi teoría. La clave para llegar al agua que llena del todo la vasija es controlar lo que no se explica. Esto se lo conté a mi amigo, en otros términos pero también es que eran casi las cinco de la mañana. Las cinco menos poco. El relato debe terminar con una frase que se escriba después de la última realmente escrita y que se lea solo en la mente del lector. El relato lo termina el que lo lea. Algo así dije. No podría asegurar si nos encendimos un segundo cigarrillo pero es muy probable que sí.


El lector resuelve antes el misterio. Lo que no se explica también puede ir en esa última frase invisible y no escrita. Es una apelación a la sagacidad ajena, como si fuera un  mantra que no concluye pero no dejándolo inconcluso a posta. En ningun momento he mencionado nada del argumento del relato de mi amigo. Conforme nos hacemos mayores parecen converger todos los argumentos. Había sexo. Lo dije. Pues bien. Era una pareja en la cama. Pasa algo. Él, el personaje del cuento, se da cuenta de algo y siguen en la cama. No se específica si la cópula estaba iniciada. Quizá se intuya que sí hacia el segundo o tercer párrafo, pero desde luego no se indica el final o si hay final. Tiene un breve diálogo y termina. Final abierto. Es un folio. Trescientas palabras. Es, en resumen, un pensamiento del personaje principal mientras está en la cama con la chica haciendo algo que no se sabe. Siempre hay una chica. ¿Qué me explica? Su pensamiento y la posterior asunción de la conclusión. El pensamiento del personaje en ese momento. ¿Qué no me explica? Muchas cosas: cómo se conocieron, son pareja habitual, es la primera vez que se acuestan, llevan mucho tiempo acostándose juntos, realmente están haciendo algo, tampoco necesito detalles pero... ¿es la casa de ella? ¿vive con alguien más? ¿pueden hacer ruido? ¿la quiere? ¿ella le quiere? ¿qué es lo que más le gusta del otro? ¿se conocen desde hace mucho? ¿hacen buena pareja a ojos de las amistades de uno y otra? ¿empezaron saliendo en plan cita o directamente en la cama desde el primer día? ¿Es una cama de matrimonio o de noventa? Muchas preguntas. Todo el plan de cimentación para tener licencia de edificabilidad, una casa homologada con nuestra choza, el hogar inicial. Todo lo no explicado. La choza es una porción de nuestro propio corazón, puro amor. Usando otra vez palabras que deberían prohibirse. Una biopsia con tejado a dos aguas. Tiene vida. Yo se lo dije: Tiene vida. No me escuchó. Quizá no me expliqué bien. La choza es lo que importa. Eso se lo repetí a mi amigo pero creo que él se sintió defraudado de que mi respuesta no fuese más escueta y directa. Me gusta. Está de puta madre. La palabra choza no le gustó. Mi idea era como algo que construyes con tus propias manos. Como las casas de barro. A él lo de que su relato fuera como una casa de barro no debió parecerle algo bueno. Le dije tiene vida. Pero la vida muchas veces tampoco parece algo tan bueno, ¿no es cierto? Dio igual.

Mi consejo. Escríbelo en tercera persona. Le dije que tenía que salirse del relato. Que así podría contar mejor la revelación del personaje, explicarla mejor. Y situarlo en un tiempo. ¿cuánto dura un pensamiento? Dificil de precisar. Pero dime todo, donde fueron antes: a cenar, al cine... No irían a la cama directamente. El tiempo del relato. Que cada párrafo remita a una unidad de tiempo. ¿Cuánto dura un cigarro en la puerta de un bar? Esto es demasiado. ¿Dos cigarros en la puerta de un bar? No dan para tanto, ni leyendo ni aunque te encuentres a gente a la que saludar. En este caso, fue un rato largo pero tampoco me explico del todo bien. Por otro lado, hay momentos más importantes y otros menos. Momentos inevitables que hay que contar de todas todas. Tengo la teoría de que a todo el mundo le interesa el momento de conocerse, el momento en que se conocen. Siempre hay una chica. ¿Cuándo la conoció y cómo? El acoso de las cotidianas soledades genera esa curiosidad. Es lo difícil, conocer gente y es lo que puede tener historía, una anécdota detrás. Conocer a alguien de una forma especial es un buen comienzo de una historia. Es contarla. He contado cómo conocí a mi amigo. Bien explicado espero. Debe ser así. Como lo contarías en la barra. En una tranquila o en una más transitada. En el sitio estratégico junto a los servicios, contarlo como lo contarías ahí. Con cierto bullicio. O en el mismo bordillo de la puerta. Con un cigarro. Contarla, bien explicada. Más allá de un pensamiento. Si me cuentas una visión que tuviste mientras estabas en la cama con tu novia, vas a tener que elegir bien las palabras para que te entienda del todo y no sea en algun momento incomodo para uno de los dos. Ahí entra en juego: lo que no se puede explicar. Cuatro categorías: bien, mal, lo que no y lo que no se puede. En los imposibles está el motor del mundo, hay que ser ciego para no darse cuenta. Puede que en los imposible esté también el motor de las historias. Está, en esta historia, un imposible bastante curioso. Yo me quedé con ganas de preguntarle: Pero a ver, ¿eso con la chica te pasó a tí? Y por los datos que daba, era posible que fuera una chica que yo conocí unos cuantos años atrás. No le pregunté directamente, claro. Tampoco eran datos concluyentes, una suma de varias casualidades curiosas en el relato. Enumerarlas supondría destripar del todo el argumento de lo que me enseñó mi amigo. Pero había coincidencias. Podía ser. Nos movemos por los mismos bares, ya dije. Era casi obvio que el relato estaba basado en hechos reales y lo sorprendente es que quizá eran también chicas reales o chica real, más bien. Siempre hay una chica, con una es suficiente la mayor parte de las veces. En lo que él había escrito, la chica tenía un nombre pero me dijo en algún momento que era un nombre inventado. Que no se llamaba así. Era una forma de reconocer la existencia de la chica. Si no es un nombre real, es porque existo otro nombre que es real, luego la chica es real. No me contestó si la experiencia le había pasado a él o no. Antes de entrar en este tramo de la conversación, ya habíamos vuelto al bar él con su ron cola y yo con lo que me quedaba de mi bebida energética. No dijo si el personaje principal era él mismo, así que no tuve valor para preguntarle por ella.


Mi abuela decía muchos refranes. A cada momento soltaba un refrán. Muchas veces me arrepiento de no haberlos anotado. Consejos vendo que para mí no tengo. No los tengo, esa es la verdad. Escribirlo en tercera persona, claro. Como si no hubiera tenido que cargar con cada palabra hasta encontrarle el sitio preciso, y quieres cambiar ahora las piedras de sitio o por lo menos mover el cemento que las une. Vaya consejo. Terceras personas a buenas horas. Cuando tienes el muro recién hecho en el bolsillo interior de la chaqueta una noche de viernes deseoso de enseñarlo. Hacer un plan. Un consejo. Planos, hacer unos planos de una casa... Explicar. Para qué. Se entiende. Pues entonces. No hay nada que explicar. Ellos están juntos y él lo piensa. Lo piensa y eso es lo que cuenta el relato. No hay más porque no quiero que lo haya. Qué más da. La vasija ya está llena. Hay una piedra más importante que el resto. Piedras pulidas. Me gusta una frase. La pensé mucho. Todas las frases estan bastante pulidas aunque pueda no parecerlo. Menciona un libro. Opiniones de un payaso. Hay una cita. Aparentemente está todo. Me cuesta llamar a algo hogar. Es dificil sentirse en casa. Ese folio es mi casa. Mi hogar. Solo lo abro para que me quieran. Para que me amen. Por amor.Tengo la hospitalidad de acogerte en mi relato, debes ser amable, tampoco te vas a quedar a vivir en él. Ni que tú fueras el Maestro. Ni siquiera eres tu abuela. Dar consejos que no tienes. Creer no solo que me ha pasado a mí la historia y que la camuflo con cierta ficción sino ir aún más allá pensando que te pasó a tí y que la conoces a ella. A la chica. Egoismo puro. Como si todas las historias fueran tuyas. Como si debieran serlo. Como si yo le hubiera escrito un cuento a una chica que me gustó y sea un relato del que me siento mínimamente orgulloso y un viernes que nos encontramos en un bar mientras fumamos un cigarrillo en la puerta te lo dejo leer y en lo que estás pensando es en si te has acostado tú con ella antes, por algo que has leído, un par de coincidencias o un par de casualidades.


Sí. Lo siento. Sé que parece dificil de explicar pero es eso exactamente lo que pasó. Y sinceramente, lo siento. Dar consejos que no tienes. Ese era el título. Que no tienes. El mundo está lleno de agoreros y cercenadores de ilusión que ponen pegas o peros a todo o roban el entusiasmo de los demás simplemente para asegurarse ellos que la apatía y la desgana andan mejor repartidas. Lo siento de veras. Tiene vida. Lo decía en serio. Es una choza digna. Lo importante es sentir tu hogar. Tenerlo. Querer que te quieran ya es mucho, de verdad. Lo siento. Es solo oferta. Consiste en eso, me he dado cuenta unos días después, Es amor. Es solo oferta. Se siente. Es ese el nivel de alcance. Tiendo a pensar que todo tiene una explicación, que debe buscarse, que las casualidades tienen significado. Que pasa lo imprevisto. Que ocurre lo imposible. Que era ella. Que la conocía. Que yo mismo había pensado lo del personaje. Egoismo puro. Me leo a mí. Quiero leer lo que dicen los manuales. Dar los consejos que no tienes. Tercera persona. Salirse fuera, cuando tú lo que haces es lo contrario, entrar. Los planos de una casa, un trabajo de arquitectura, de construcción... Y es más sencillo, solo una oferta. Ofertas de amor. Estamos rodeados de ellas. Y de imposibles. También la conjunción de ambas: amores imposibles. La maldita palabra de nuevo, inexplicable la mayor atracción por ellos, los amores imposibles.


No tomé nada de licor ese día. Bebida energética, mala idea. Pedí varias además. Quizá con un par de copas te hubiera dicho otra cosa. O la hubiera dicho más lento y vocalizando menos. Me costó dormir. Volvi solo a casa. Sin alcohol. Tenía que conducir. No había opción. Lo pensé hoy. Han pasado semanas desde entonces. Lo siento. No soy nadie ni siquiera para opinar. Imagínatelo de otra forma. Dale la vuelta a tu forma de verlo. No depende de nadie. Somos vasijas inocentes. El agua, la gravilla, las piedras... El tiempo, las palabras, la historia, la anécdota... Las explicaciones, buenas o malas. Eso somos. Todo junto, todo lo que entre. Lo que quepa. Ahora tengo yo la revelación. Había algo detrás de los párrafos. Pesan las piedras,  tantas palabras. Creo que lo entiendo. Creo haber llegado. Vasijas, claro que sí. Hemos ido tanto a la fuente. Sabemos el camino. Hemos estado enteros y rotos. Rotos de memoria. Con la prudencia de guardar los trozos siempre. De reutilizarlos. De hacer algo con ellos. Ya has unido pedazos otras veces. Lo sabes. Nos hemos cruzado muchas veces en el camino. Los mismos bares. De acuerdo, son los que hay. La ruta. Los viejos tiempos. Los bares de siempre, vale. Pero no puede ser todo por una casualidad. Lo siento, no acepto más casualidades. El relato. Importa lo que eres. Lo que somos. De lo que nos acordamos. Lo que nos dan. Los relatos. Importan los relatos. No eres el Maestro ni los discípulos, tú eres la vasija y tienes que dejar que sean los demás los que lo hagan.

Máquina de escribir

Bus

miércoles, 4 de julio de 2012

Periódicos caducados

Tengo un acuerdo con el camarero de la cafetería en la que ocasionalmente desayuno. Le regalan el ABC porque está suscrito a Ideal, Vocento power, y me los guarda. No voy a diario porque el café y la entera de tomate supondría un excesivo gasto, incluso la media de tomate a diario sería mucho poner pero cuando me lo permito, de dos en tres días pues me llevo el taco de periódicos caducados a casa. El ABC, encima de todo. Puedo leer las columnas y los reportajes, escasos pero interesantes. Las noticias pierden ese fulgor del día y la redacción apresurada por la vivacidaz se lee con el retraso menos necesaria. El enfoque permanece después de irse la actualidad, eso sí. Me gustaría encontrar otra cafetería con El País. O El Mundo. Para hacer algo parecido. Desayunar de vez en cuando o con cafés esporádicos y de camino, llevarme periódicos caducados a casa. Hay una canción de los Rolling Stones que se llama "Yesterday papers" que podría sonar como cierre a esta entrada.

Private life of Henry VIII (1933) Dir: A. Korda

La luna de ayer









Idea para recaudar: la tasa de opinión

Una idea para cobrar impuestos. Tasa de opinión. Si un medio de comunicación opina; lo paga. Cantidades simbólicas, en función de los medios y el alcance. En televisión si uno participa en una tertulia, se paga un canon. A cifra por silla. Ya será ver más adelante si lo paga la productora o el propio opinador, pormenores a resolver sobre la marcha pero el que opina, paga.

No es en ningún caso una tasa o un cargo contra la libertad de expresión, como podría achacársele. Todo lo contrario, eleva la opinión de todos a bien material, cuantificándola en euros y cobrándola en consonancia como momentáneo alquiler del espacio colectivo de ideas en el imaginario colectivo a través de los medios de comunicación de masas. Y así, veríamos. Es como si fuera un símbolo palpable del beneficio que supone opinar para todos.

¿Ventajas a corto plazo? Por lo pronto, menos tertulias. Menos opinadores por tertulias, menos sillas, menos horas y horas y horas de gente opinando, en una pantalla o en una antena. O en las páginas de un periódico: menos artículos de opinión, menos columnas, menos editoriales, menos artículos de fondo. Así en todo: menos debates por la radio, menos sondeos callejeros, menos noticias en las que se pregunta a los vecinos del barrio o a los bañistas de una playa. En general, menos opinión. Si quieren opinar, el medio se hace cargo de pagar el canon.

Y se acaban en dos días las horas y horas en televisión de gente opinando. Se acaban o se paga por ellas. En concepto de apropiación momentánea del espacio opinativo público. Así de claro. Tasa de opinión. Y en internet que cada uno diga lo que quiera. Que se abra un blog. Todo el que quiera opinar que tenga donde hacerlo. Pero en los medios, se paga. Canon. La opinión se paga o se acaba. Porque es muy barato sentar en torno a una mesa a cinco o seis personas y ponerlas a discutir sus opiniones al hilo de las noticias del día. Y tira millas. Es demasiado barato opinar.

¿Ventajas a largo plazo? Se revalorizaría la información. Las noticias. Lo que hay que contar sin dar tu opinión al respecto sino aportando una novedad, un dato o un contexto nuevo a un hecho ya de por si noticioso. La información es más cara de hacer. En términos generales pocas cosas, géneros o formatos hay más baratos que el de la opinión. Informar cuesta dinero. Opinar es (casi) gratis.

Pensando en términos futuros, podría ser una forma de acabar de una vez por todas con la clásica charlatanería nacional. Como concepto. En los medios de comunicación al principio pero quién sabe, si para las generaciones venideras, también seria un cambio en la forma de entender el mundo y lo que nos rodea o lo que les rodeará a ellos, nuestros bisnietos. Limitados a hablar de lo que saben, a trasmitir la información que conocen, a dar sus propias noticias pero no a opinar sobre ellas. A informar.

Yo creo que le dices a un par de columnistas naciones que tienen que informar en su folio diario o pagan canon de opinión y se caerían de espaldas. Pagan si citan a un autor de entre sus predilectos, repasan lo que hicieron la tarde anterior y hablan de la próxima ópera que van a ir a ver. Tasa de opinión. Un canon, señor columnista, por contarnos su vida. Y así sucesivamente. Quizá sea impopular, pero bueno, la sanidad y la educación también lo son, así que adelante, gravemos el hablar por hablar. Cierto es que tampoco está el sector de los medios como para tirarles pellizcos, pero es más el valor simbólico, el efecto tasa, además de que como medida sería altamente productiva en una primer alivio inmediato para el conjunto de la población: Ponernos menos las cabezas como bombos. Bombos. Bombos.

martes, 3 de julio de 2012

El atardecer de hoy




























































                                                                                                                                                      

































































































































































































































































domingo, 1 de julio de 2012

Tresmileuristas

Los diputados cobran más de tres mil euros sin contar dietas al mes. Alarmado me quedo. Lo he leído por ahí. Tresmileuristas y el pico. No me cabe en la cabeza que pidan que nos apretemos el cinturón con la talla que gastan, si tienen tres veces lo que un mileurista que es a hoy la super aspiración de los que malviven en trabajos precarios mal remunerados o encadenando campañas o temporadas, entiendo que no entiendan nada.

¿Qué supondría un ahorro de la mitad? Mil quini. Seguro que se disparaba el gasto en dietas, pero se notaría mucho en el monto total, ¿o no? Quizá la representatividad no es tanta. Hay tres mil políticos, grosso modo, en el país a tres mil del ala, pues 9 millones al mes. Ponle 10 millones. Ni para Jordi Alba daba. Habrá quien diga que con las cifras macro que manejamos de diario, 10 millones son moneda de cobre.

Sería interesante comparar los sueldos de la recta final de la década pasada, de 2005 para adelante, a ver cómo ha ido la evolución. Y en dietas. Una gráfica. ¿Cobran lo mismo? Hay que sumar para el redondeo del todo, las retribuciones de otra clase; cargos de partido, consejos de administración, fundaciones, consorcios, sociedades privadas... Es evidente que un recorte del 50% del sueldo, le viene mal a cualquiera. Más en verano. Pero pensemos en ello como un alivio momentáneo, un tiempecito. Hasta navidades.

Que habrá quien diga o piense, pues más se buscarán por otros sitios el fajo. Con lo que eso conlleva. Hambre de dólares. Alerta de corruptela. Que mejor será que se sientan bien pagados, proseguirá en su discurrir el que así opine, y que con los tres mil, no accedan a mayores tentaciones. Pues, no. Creo que el que trapichea siendo rico, haría lo mismo si tuviera un Miró en el baño. Trapi for life. Es mi teoría personal, va en la forja del carácter, picaresca genética y la oportuna conjunción de casualidades para que te pongan delante el botín y digas: "Esto, para mí".

Tresmileuristas no pueden gobernarnos nunca bien porque no se enteran de lo que realmente está ocurriendo. La frontera del mileurista ha muerto. Ya no existen. Bajan los salarios porque es o eso o nada, cuando no hablemos de ERE y paro, subsidio, miseria, etcétera o si se respetan, puesto y cantidad, existen aquellos sueldos pero con un 30% o 40% de salario mordido por hipotecas de turno, gastos de alquiler o simplemente el precio de la vida, que centellea. La franja media de trabajadores se extingue lentamente mientras sube la luz, sube el butano y sube el aire de tensión y desconfianza. Una medida populista: bajense el sueldo.

Es una cifra inspiradora. Se cargarán de razones. Mil quini. Dan impresión de achuchados. Remiten al que fue mileurista. Un paseito por las apreturas del ciudadano medio. Esos  recortes les bajarían a la realidad viviendo por un tiempo esa situación límite al verte de 50% menos. Si lo hacen seis meses, 60 millones. Del tirón. Un año, 120. Ya va sonando más fuerte el bolsillo con la calderilla. Si lo marcan para todo el resto de la legislatura, pues casi llegan a los 400 millones que han quitado de financión de medicamentos. Mis matemáticas tienen más demagogía que cálculo mental. Pero es un decir. Aunque igual tres años a medio gas les puede parecer una barbaridad, tanto tiempo a ralentí. Tampoco hay que empezar por el final. Unos meses, probamos a ver qué tal y ya vemos. Como cuando cambiaron la velocidad a 110 km hora en las autovías, unos meses. De prueba. Se bajan ustedes la velocidad de la nómina y se aparcan por un tiempo en el descampado de la recesión cotidiana.

Hablarían post bajada, señores políticos de todos los partidos españoles, de recortes con mucha más autoridad, en todos los sentidos, si empiezan por recortarse ustedes el sueldo. ¿Cómo es que nadie se lo había sugerido antes? Es una obviedad pero para eso tengo el blog. Obviedades y fotos de gatitos. Tengo varias que quiero subir de mi pareja de gatitos blancos. Pero al tema, remarquemos lo obvio. Tres mil euros al mes es un pastón. A mí me lo parece.

 ¿Quién está ahora viviendo por encima de las posibilidades del país? Quería cobrarme la venganza de rebotaros la dichosa frase. Allá voy otra vez: ¿Amigos tresmileuristas de la política, quién vive por encima de las posibilidades de este país cobrando del maltrecho bote común la citada cantidad? ¡Tresmileuristas, cinco salarios mínimos sacamos chispa más o menos de lo vuestro! ¡Habría que mirárselo! Un ajuste. Por simbólico que sea. Un plan. Una comisión. Un algo. Porque tampoco ustedes se ve que se lo ganen bien ganado, ¿saben? No es por desmerecer el trabajo de los tresmileuristas políticos que siempre está feo desmerecer y de todo habrá pero lo que hacen, es que no lo vale. Ir de un lado a otro, a inaugurar, a soltar consignas, a hacerse la foto. Vale que es tedioso pero no tiene mérito. No es para cobrar tres mil pavos. Y, en general, el trabajo que hacen tiene una impronta muy poco profesional, más "low-cost", muy básica. Tanto en el plano representativo, como en oratoria, que se ve floja en casi todos los delegados, secretarios o consejeros y de ahí para arriba. Política de bajo presupuesto, barata en puesta en escena, coreografía ideológica y con la iluminación escasa y justa para hacer sombras chinescas y que cundan las líneas fuertes, en modo on discurso de partido. Hacen ustedes, si me permiten que lo diga desde la humildad de mi blog que tampoco es que sea gran cosa, una política barata. Política baratuna. Y la cobran a tarifa de primera clase. Y eso, no puede ser  No puede ser. Y mientras sea, pues estarán ustedes instalados en sus torres de marfil y nosotros al quite de que no vaya a caernos una de ellas encima. Con ustedes dentro, dicho sea de paso.





viernes, 15 de junio de 2012

Una canción que grabé al final de una tarde de miércoles

Se me ocurren las canciones últimamente tarareando en el coche. A partir de una frase, o una idea. Igual ha sido siempre así. Desde que me saqué el carnet. Llamarlo canciones quizá sea demasiado. Son frases, entre cinco o seis como mucho, en un par de estrofas que pillan su propio ritmo. La, la lala, conduciendo. De noche. Ventana bajada, Autovía, a pulmón. Y si llego a diez frases, que no suelo, lo mismo se me aparece un estribillo que tampoco suele. Pero a veces la canción tiene una frase repetitiva que lo hace todo más fácil, lo que me ocurre a menudo. Y por lo que dejan de gustarme. La canto en el momento de la ocurrencia en plan tenor, protegido por los ruidos de los motores en el coche. En calles pequeñas, o si hay peatones cerca, pongo la radio.

Se llama "No trabajar nunca" esta. Está inspirada en una pintada del Mayo del 68. Lo leí en una revista bien tocha sobre contracultura de la que no recuerdo el título pero creo que pertenecía una librería alternativa que hay junto a a la plaza de Derecho. En un bar la leí. Le hice foto a la foto del reportaje de la revista en cuestión. En frances. No sé mucho más de ello. Investigué un poco pero me da pereza venirme con las remontaciones filosóficas o autoriles. El caso es el origen. Poco más.



























No trabajar como postura política. Y buscar en resquicios. Inventar resquicios. Resquiciar como actitud vital. Que espero que se entienda así, no como una oda a la vagueza. La oda a la vagueza la tengo por hacer, y podría ser una canción larga y frondosa, pero aún no está hecha. Va por otro lado. También puede haber algo de ironía, claro. O visto como una aspiración real. Y muy corriente, creo yo. Lo de encontrar el modo de no trabajar nunca y vivir. Un negocio o un equis. Todo eso junto y en el coche, se me ocurrieron más de diez frases y siempre con la base repetitiva. Hecho. Tardé un rato en encontrar cuatro acordes, que más o menos parecían ser ellos los indicados y a entonar a una. Y me grabé un video con la cámara del móvil apoyada sobre el estuche de la guitarra y apuntando a la pared blanca del salón, gotelé sobrexpuesto a las últimas luces del atardecer y poco más. Lo subi a Youtube, Ya no me gusta tanto  Me pasa siempre. A los dos días me parece horrible. A veces al día siguiente. Es posible que le falte ruido, con batería ganaría un poco. O con todo nuevo de fondo, y una bateria repetitivamente insistente como yo con el concepto, pues sería otra cosa. Por ahora, solo es esto. Una tarde de miércoles. Los miércoles son los nuevos miércoles. Escribir canciones con intenciones políticas me parece el fin del amor, me gustaría añadir eso también. El fin.



lunes, 11 de junio de 2012

Un ministro de Competitividad que no habla inglés

Reunión por videoconferencia de los miembros del Eurogrupo. Sábado. Susto o muerte. Cualquiera dice: ahí le has dado, nos intervienen en cero coma. Ayer empezó la Eurocopa y hoy nos echan de Europa, antes de que debute la selección de fútbol. Que puse yo en twitter, y ¿no podían todas las reuniones por messenger? Que se ahorraría un buen dinero en dietas y mamoneos. Con otras palabras, pero puse eso. Videoconferencias entresemana, no solo los sábados. Chateo entre tecnócratas a diario.

El caso. Que a mediodía la cosa pintaba terrible. Y en esas, sin tiempo casi para hacer la digestión, anuncian comparecencia del ministro De Guindos. Chungo. De primeras, dices chungo. Y a las siete de la tarde. Un sábado. Más muerte que susto. Reconozcámoslo. Total, que se van calentando motores con las previas en los periódicos, los agoreros en twitter, los que están de fin de semana y no se enteran de nada y los que estaban viendo Cine de Barrio, a Carmen Sevilla en una película porque ahora lo presenta Concha Velasco, y que le cortan la película para dar en directo la rueda de prensa del ministro. Miedo a raudales. Hasta la propia Concha Velasco debió de asustarse. Bueno quizá no, porque será grabado pero si estaba en su casa o donde estuviera lo mismo le llego la onda expansiva del mal pálpito. Y en esto que sale Luis, a tope. Como es él. Con esos cabeceos y golpes de cejas que parecen tics y con los que refuerza cada argumento. A tope. Suelta su rollaco. Leído. Que me parece de pena, pena, penita, pena que tenga que lee un papel. Vale que no le van a poner un cue pero oye, apréndetelo un poco y dale a la oratoria. Que es lo que se te presupone, como el valor al soldado. La oratoria te tiene que venir de serie. Aunque esto daría para otra entrada de blog. La escribiré algún día. Con un título engañoso. Los políticos que leen. Parecerá que va a ser una selección de recomendaciones literarios y será un ataque encarnizado hacia los gerifaltes que ante la prensa no levantan la cabeza del papel. Oiga, dirigente, que esto es como un examen oral. Se lo trae aprendido de casa. No lo lea. Pero bueno.

Lee el mensaje. Redactado de pena. Dicho sea de paso. Pero bueno. Ya se sabía que iba a haber turno de preguntas, así que le dejan que suelte rollazos de subordinadas una encima de otras con lenguaje de alumno de segundo de Derecho y como bloques de mampostería, placa, placa, y pum. Se acabó. Y la primera, Luis, en la frente. O en la calva, si me permiten la bajeza de resaltar esa alopecia de la que parece que presume el ministro de los tics. Le pregunta un corresponsal de nosequé preriódico en inglés. Sopla. Luis De Guindos casi se cae de su propio apellido. Menudo susto. Y éste de donde ha salido. Y, ¿la de EFE? ¿Europa Press? Pues no, un guiri es el primero en abrir fuego con las preguntas después del mazacote de comunicado, o nota de prensa, o manifiesto o llámenlo como quieran. En inglés. Y Luis de Guindos le contesta: "Me va a perdonar usted pero por respeto a sus compañeros, le contestaré en castellano". ¡Chúpate esa, forastero!

¿Qué respeto, ni respeto? Todos los que estuvieran en esa sala de prensa, me juego una mano, no, me juego las dos manos. que en sus curriculum vitae han puesto inglés medio como mínimo. Oigan, si cubren esas ruedas de prensa y trabajan en grandes medios, lo mismo tienen los compañeros hasta másteres en universidades allende nuestras fronteras. ¿Qué respeto, ni qué niño muerto? ¡Conteste en inglés, De Guindos! Minister Of Guindows, please, in english. Que aquí todos tenemos inglés nivel medio. O si no, vale. Lo acepto. Le doy la razón, no era para extenderse. Claro que no. De acuerdo que no es plan, ni es lo suyo ponerse a parlotear de seguido en inglés, pero oiga, señor Ministro de los tics, lo mismo que le dijo, pues en inglés. I would like to apologise, and wanna say sorry `cos I gonna answering in spanish and if you dont mind at the end, we could open a turn for questions of foreign media.
Toma ya, ni me lo he preparado ni nada. Y yo de verdad que tengo inglés medio. Pero de verdad. Esto siempre me ha jodido. Que mi inglés es medio de verdad y lo pongo en el curriculum como todo el mundo, pero es evidente que el mío es verdad. Y no lo digo porque no cometa errores, que seguro que mil o dos mil, pero me suelto. Desde siempre. Si me preguntan en inglés, contesto en inglés, con una gramática más o menos pulcra pero siempre me hago entender. No me creo que el Ministro De Guindos, que ha trabajado para una multi yanqui, no maneje la lengua de Shakespeare. No me lo creo. Vamos, que peor que yo, no habla. O desde luego, no debería. Acepto que le pudo pillar con la guardia baja, al ser la primera pregunta. Con lo que habría que culpar a los que daban turno, y a su equipo o los que la organizaran la conferencia de prensa. Pero vaya. Que si de repente suelta cualquier frase en inglés, Luis deja a todos los periodistas españoles con el culo torcido. Y esa chulería tan natural, de los cabeceos, de las cejas y de toda su puesta en escena, en realidad, pues se ve reforzada por un argumento de peso. Una cosa seria.

Porque, a ver, un ministro de Economía, vale, pero también de Competitividad, que no hable inglés, es inviable. No me lo puedo creer. Aunque sea un inglés para salir del paso. Seguro que sí, me juego las dos manos de nuevo. Un inglés fluido. Las videoconferencias en que serán si no, ¿en esperanto? O sea, que lo achacamos a tema de reflejos y listo. Pero el solo hecho de pensar en un Ministro monoidiomático me da el telele y lo mismo otros, la ínclita Bañez o el vetusto Margallo, pues vale que no, pero Luis, seguro que english spoken. Porque si no, ni competitividad ni leches. Y me juego las dos manos, pero mejor me apuesto solo una, para no quedarme manco del todo y poder seguir escribiendo en este blog aunque solo sea con cinco dedos.
See you soon, my friends and kind readers of this little space of thoughts in my own way.

"No sé si podré decir esto..."

La comparecencia de Mariano Rajoy en horario de misa de doce el pasado domingo 10 de junio ha traído cola. Por lo pronto, portada de Financial Times. Cinco columnas. Carita y destacado. Toma lunes, Mariano. On fire. El titular, poco favorable. Por lo demás, gloria. No creo que ningún presidente del gobierno español pueda apuntarse ese hito. Aunque hablen mal, no dejan de ser cinco columnas. Aquí, en el ruedo ibérico, pues hay de todo. Cornadas y pañuelos pidiendo las dos orejas.

Yo quiero solo destacar una cosita. Una frase que al bueno de Mariano se le escapó como en un resuello de absurda confianza. Le habían preguntado los periodistas sobre la presión del Eurogrupo a la hora de tomar la medida. Que si le habían presionado, más o menos, por ahí iban los tiros. y soltó el señor presidente: "Pues... No sé si podré decir esto... Pero el que ha presionado he sido yo".

Tómate un algo. Presiona él para que sus socios europeos le presten al país que gobierna 100 mil millones. En plan chulito. He presionado yo. Dame los 100 mil millones o la tenemos. Así se las gastan los de Pontevedra, amigos. No van con chiquitas. Pero solo le pongo un pero. En la escenificación. En el aura que salía del ventanal de detrás de Rajoy y su atril. Un look totally american, por cierto. Pero no nos quedemos en la forma, vayamos al fondo. La frasecita de marras.

"No sé si podré decirlo..." O sea, tú eres el presionador, pero no sabes si puedes decirlo. Es una presión pobretona si acarrea tal mordaza, ¿no? Te tienen que dar permiso para decirlo. Poca cosa de presión, Rajoy. Una presión de pataditas por debajo de la mesa. Oye, que no te quito razón, que lo mismo es verdad. Quién soy yo para poner o quitar kilojulios de presión a todo un presidente de un país al borde de una quiebra. Pero Mariano, a boca llena. Si vas de Chuck Norris, no pidas permiso para soltar patadas voladoras. No cuadra. Con la mano abierta. Dale con el alma. No dudes, dilo claro. Los he puesto firmes. Es como que rechina si dudas y pones carita de niño travieso que va a soltar un secretillo que le han confiado, ¿me entiendes? Y se dan cuenta hasta los del Financial Times. Y te hacen un silueteado en portada y en el titular dicen: Mariano vende la moto. En inglés, claro. Con otras palabras. Pero, la moto petardera que sabemos que tienes en el garaje y que necesita cien mil millones para arrancar de nuevo. Y como eso, pues todo.

domingo, 10 de junio de 2012

Los peligros del forofismo

Miren ustedes, a mí casi todo me da lo mismo, pero de vez en cuando, tiendo a preocuparme en exceso por cuestiones que en apariencia y probablemente en esencia, son bastante estúpidas. Me preocupa la información, en general. Porque me dedico o me dedicaba a ella y porque creo que es el principal signo de humanidad que nos hace menos monos, lo de dar noticias de modo sistemático y ser capaces de archivarlas o comentarlas o recordarlas o envolver los churros con ellas.
El caso es que la información es todo.
Desde la genética a la rosa, hay información para todo tipo de monos y menos monos.
Entre los más próximos a los homínidos están los que devoran la información deportiva con voracidad. Y ya he hablado con frecuencia en el blog de información deportiva, yo que no me pongo un chándal desde hace más de veinte años. Pero me interesa porque hay libertad, bastante libertad, en los actuales cánones que la rigen y además de espúreos intereses que la dominan, también hay creatividad y pasión y desmanes y locura y un poco de todo. El todo es lo que más me pone.


Ahora bien, de un tiempo a esta parte, percibo que el forofismo crece sin límites y campa a sus anchas en todos los medios de comunicación en torno al tema éste del deporte. Alguien tenía que decirlo y aquí estoy yo. En particular, el forofismo en el fútbol que es lo que más páginas roba en los periódicos y minutos en prensa o radio al resto de disciplinas en las que también se suda. Acabo de pensar en si es posible que existan forofos, por ejemplo, en el atletismo. Defensores a ultranza de los saltadores de pértiga y que se batan el cobre con los defensores de los lanzadores de martillo, o las agrias polémicas entre saltadores de altura o longitud. Aunque no es el caso que nos ocupa. El forofismo necesita de equipos. El atletismo se define sobre todo por ser un esfuerzo individual, lo respeto por eso principalmente y en sus múltiples especialidades no existen colores. Los colores son los que lo emborronan todo, curiosamente. Volvemos al todo, aunque lo que interesa realmente es la parte. Concretamente ser parte. Arte y parte, aunque el arte tiene poca cabida en todo lo relacionado con el deporte, por más que muchos plumillas se excesan en su uso de los adjetivos.


Vayamos al asunto. A mí que Tomás Roncero participe en un programa de televisión, concretamente Punto Pelota, con una bufanda del Real Madrid C. F. al cuello me parece que es como para preocuparse aunque es mucho más preocupante que escriba sus columnas o sus reportajes con esa misma bufanda puesta, sea visible o invisible si me permiten la licencia poética. Diría aún más, que es todavía peor que tener la bufanda rodeándole el cuello, que la lleve alrededor del cerebro o, si me permiten más poesía, anundándole el corazón. Y valga lo dicho para cualquier otro periodista de cualquier otro equipo. Si las bicicletas son para el verano, las bufandas son para el invierno. El asunto es, si te atreves a salir en pantalla con la bufanda puesta, qué no harás en la intimidad de tu escritorio en la redacción mientras pergeñas tus columnas. Y, ¿qué? Se preguntará el lector descreído y poco audaz. ¿Qué más da? Todos los periodistas tienen equipo. Todos los periodistas tienen sus colores. Vale, de acuerdo. Es verdad. Es lógico, incluso es mérito reconocerlo pero deberían pensar desde el trasparente a la hora de escribir sus informaciónes, color neutro o color carne. Porque sino lo que nos sacan es los colores a nosotros, los lectores, pero de pura vergüenza ajena.

Me he cambiado la bio

Me he cambiado la bio de twitter y quería compartirlo con vosotros, amigos lectores de mi blog.
La anterior era escueta. Cuatro palabras.
"Soy periodista y virgo"
Siempre me había gustado como expresión mínima de mí mismo pero claro, siendo sinceros, periodista ya hace un tiempecito que no soy y virgo, pues... En fin. Estuvo bien mientras duró. El caso es que también creo que el simple hecho de poner virgo, puede que hiciera pensar a alguien que creo en el horóscopo. O que le doy importancia. Y ni lo uno ni lo otro. Había pensado en darle una vuelta. Soy periodista y virgo, no creo en el horóscopo y en el periodismo, casi que tampoco. Pero ya eran dieciseis palabras y me parecían muchas.

Hay que ser escueto en la bio. Sobre todo si tu bio no es demasiado extensa, ni hay mucho que reseñar, como es el caso. También he pensado a menudo en añadir algo más: Tengo un grupo que se llama Enrique Octavo. Pero ahora tampoco es que el grupo esté muy activo y no aporta demasiado a la bio en sí misma, así que descartado también. Hay que ir al grano. Para que hablar del grupo si no pongo ningún enlace en el que se pueda oír la música, ni nada de nada. Pues eso.

El caso es que estoy orgulloso de mi nueva bio. Ese orgullo absurdo es el motivo de esta entrada del blog. Me he superado a mí mismo. La cosa se reduce aún más. Tres palabras: Soy yo, abre.

Son las palabras mágicas que abren cualquier puerta.

Soy yo, abre.

Sobre todo las puertas que tienen portero electrónico. Y realmente eso era lo que más falta me hacía. una bio escueta y que me abra puertas. Y eso es todo. Saludos.

lunes, 28 de mayo de 2012

El IBI de Dios

La primera razón por la que la Iglesia católica española debería pagar el IBI es porque justifican no hacerlo con su tarea humanitaria y asistencial vía Cáritas.
Eso no tiene perdón de Dios.
El señor Juan Manuel de Prada escribió en el periódico ABC del sábado 26 de mayo una soflama bien reaccionaria alrededor de este tema con un alto grado de empanada mental. La cebolla de esta rica empanada era el valor espiritual de esta organización exenta de tributos.
Hoy, lunes 28, en el programa Dando caña de Intereconomía televisión, varios rostros de la cadena han insistido en el argumento de base: La Iglesia no debe pagar porque es buena, por lo que hace con Cáritas. El conductor de Dando Caña, Javier Algarra, ha apuntado directamente al PSOE: "Y, ¿por qué no paga el IBI el PSOE?", dejando de lado la cuestión del alma que tanto esgrimía De Prada y bajando a estratos más espúreos, la siempre caliente arena del ruedo político.
El cardenal Rouco Varela, hace una semana, el 21 de mayo en una acto en Canarias, tuvo la desafortunada idea de relacionar el pago del IBI con un "resentimiento" en las actividades solidarias de Cáritas. Vaya por Dios, prelado. Aquí el enlace de El País con la noticia.

Estos son los hechos, ahora vayamos a mi opinión al respecto. El que no quiero seguir leyendo más allá de este punto, tiene justificación. Ya no se va a informar más, si es que el párrafo de antes eran informaciones y no opiniones individuales de personas más o menos reputadas. Al lío, a mí el IBI me da igual. Creo que es muy español, muy Marca España, el intentar pagar lo mínimo posible al erario público. Ser el más listo a la hora de esquivar tributos y buscar la coartada más propicia, sea la que sea. Cierto es que las entidades sin ánimo de lucro están exentas. Todas. El PSOE también, amigo Algarra, el PSOE también, pero centrémonos en los asociaciones religiosas. Eso lo decía claro el señor De Prada en ABC hablando de los evangélicos y muchos otros especialistas en la nutrición del alma. La cuestión del lucro es también abordable. ¿La Iglesia no se lucra? Uff, demasiado para mí. No sabría decirles, queridos lectores de mi blog, es demasiado auditar a los representantes de Dios en la tierra. Ahora bien, yo creo que Jesucristo apoquinaría. Un verbo que me gusta, apoquinar. Y creo que su padre, Dios, también sacaría la billetera y pondría lo que toca. Porque una cosa es el alma y la otra es el templo y si paga todo el mundo, pues paga hasta el Espíritu santo. También el PSOE y también los evangélicos, los judíos o los de la Iglesia de la Cienciología, tanto me da.

Aquí no paga ni Dios, es el caso. El problema de fondo es el escaqueo cotidiano y no apunto a la Iglesia sino al común de los mortales, empresas de todos los palos y desde la más diminuta pyme a la ciclopeíca multinacional. En este blog he hablado a menudo de esa carrera de librarse de contribuir a la sociedad con lo que toca y a mí me parece muy español. Muy de pícaros, muy de listos, muy histórico lo de escurrir el bulto y que sea otro el que se haga cargo. No hay conciencia nacional, y fíjate, que para otras muchas cosas, sí que hay hasta una exaltación de los simbolos, ya sean himnos o banderas o lo que sea, también me valen deportistas,  o profesionales de éxito del ámbito que sea. Nos falta tiempo, a nosotros, a sus compatriotas, para echarnos a la chepa sus triunfos, pero cuando toca construir una nación a base de tributos, aquí nadie conoce a nadie. No vamos a pedirle a la Iglesia, que tenga una conciencia diferente del impuesto, del que sea. Dicho queda que lo mismo vale lo dicho para iglesias, como para sinagogas, mezquitas o el inmueble que sea consagrado al culto.

A ver, que a mí me da lo mismo. Que no es para mí, ¿sabes?
Pero...
Dar trigo.
Que hay que dar trigo.
Y predicar, pero sobre todo, dar trigo. Lo que toca. Ni más ni menos.

lunes, 14 de mayo de 2012

La posibilidad de vivir en un mundo sin electricidad

Supongo que eso debería contemplarlo alguien. Incluso puede ser un nicho de mercado en futuros escenarios apocalípticos. Si no funciona nada que tenga enchufe, ¿qué puede pasar? No habló del ámbito doméstico o de que no puedas encender el ordenador portátil o cargar su batería para actualizar o leer tu blog, me refiero a los centros de información de los semáforos, las depuradoras, yo que sé... He leído un artículo en ABC sobre una inminente tormenta solar, que da miedo. Y con enlaces a informes de la NASA y de todo. A mí, pues como que se me remueve algo por dentro. Me dan ganas de escribir literatura prospectiva de catástrofes. Hace poco fui a unos jornadas sobre ataques en internet y ciberguerra, una conferencia en realidad que fue un peñasco, para qué engañarnos, pero en la que me sorprendió la gran cantidad de referentes literarios que tienen todas las catástrofes y que es algo, que formmulado en otros términos, siempre he creído que es modo en el que avanza el mundo, es decir, primero se lo imagina Julio Verne y unos señores ingenieros llegan décadas más tarde con la libreta de las cuentas y lo sacan, despejan la incógnita y se puede construir de verdad. Alguien tuvo que imaginarlo, primero. Era como una forma de dignificar la imaginación porque siempre que te di cen, tú tienes mucha imaginación, es como, viene a ser algo malo y en esos momentos, cuando a mí en particular me lo han dicho, siempre he tenido ganas de responder, pues es la imaginación lo que mueve el mudno y ya luego, vienen los que no son Julio Verne pero bueno, no es interesante, ni es eso lo que quiero decir. Imaginarse escenarios posibles de catastrofe a corto plazo es deprimente, no hay duda de eso pero debería concernir a la ONU o nosé a la Unión Europea, o a no sé quien, pero debería haber un plan B por si todo se apaga, ¿qué hacemos? ¿Sacamos las velas? ¿Cuánto aguanta el mundo sin electricidad? ¿En qué medida dependemos de los enchufes para nuestra más inmediata cotidianeidad? Eso mismo. Estoy seguro de que hay una profusa documentación sobre el apocalipsis de los apagones, y apostaría a que mucha se escribió hace veinte años, antes de la fascinación digital y la irrupción de los ordenadores malévolos. Pensar en la ciberguerra de los ordenadores lleva a citar "Juegos de Guerra" (1983) que se citó en esa conferencia a la que fui pero que pasa con la ciberelectricidaddesconectada, todo lo ciber es eléctrico, ¿no? Estaríamos hablando en cualquier caso de un cambio de paradigma a nivel mundial que es parecido al miedo o congoja internacional cuando nos imaginábamos nubes radioactivas salidas de Fukushima hacia vete a saber dónde. Era un riesgo no previsto o no valorado de forma conjunta, terremoto y tsunami a la vez. El reactor temblando, la vasija a pique de un repique. En fin, tormentas solares. Pues imagínate. A lo Julio Verne. Es imposible que no te alcance un eco de fin del mundo, un mundo derretido y vuelta a las cavernas, a lo oscuro, a protegerse del astro rey que será el que nos permita ver cuando se haga de noche, o con velas, el fuego. Es como muy atávico todo. Una vuelta a las cavernas o a los candiles, que eran una evolución quieras que no. ¿Cómo nos informamos sin electricidad? Ahí quería yo llegar y he tenido que sortear varios escenarios apocalípticos para dar con esa pregunta que era la original intención de esta entrada: ¿volveremos a las señales de humo? ¿Al telégrafo? ¿Todo se soluciona con generadores?

sábado, 5 de mayo de 2012

Se llevó tuppers de La Moncloa

La Razón me deja siempre desazonado.
No es por su perspectiva radical de la realidad o por su posicionamiento ideológico informativo que es claro y evidente. Es por su vehemencia. Por la totalidad con la que se revuelcan en sus convicciones y después miran como un niño que se ha ensuciado de pies a cabeza y busca la mirada paterna de aprobación.
Comentar portadas de La Razón es un hilo habitual de este blog.
Comentar portadas es un ejercicio poco durarero.
Es la foto del día. El titular del día. Es el ambiente del momento.
Hablar de ello, o leer, o escribir, a toro pasado, con la incandenscencia del debate convertida en cenizas o ni eso, pues es como ponerse a describir las rachas de viento del jueves veintitantos de marzo de nosecuando.

Pero es que, cómo es posible quedarse callado ante pepinazos como el de hoy.
En portada, Rajoy y Elvira en primerísimo primer plano.
Con un desenfoque en el que hay intención artística, de dudoso acierto o discutible al menos, pero ahí está: hay mensaje. El titular, ni lo comento.
El adjetivo familiar, lo uses como lo uses, llama a conflicto. Cuando una persona dice: Soy muy familiar, yo escucho: Me gusta comer paella los domingos en casa de mi madre.
Pero La Razón no llama familiar a Rajoy, no. Es el más. Y no se corresponde, en este caso, con mi analogía de comer paella. Ellos mismos, los de La Razón, lo dejan claro en portada. Rajoy se llevó sus tuppers a nosedonde que fue. Finde rural. Puente rural.

Suena a turismo rural, pero en realidad y lo deja claro el titular, no es ni eso. Es turismo familiar. Y de tupppers. No han ido ni a la casa rural de turno, o igual sí, no lo sé. Pero pinta un poco o un mucho cómo es el país. Señores con sus señoras y los padres de uno u otra o ambos, con comida preparada y ya está echado el puente. Señores registradores de la propiedad que se van a casa rural con toda la prole y los tuppers. Me niego a ponerle comillas a tuppers.
Personalmente odio la palabra tuppers.
Me parece un contrasentido total en castellano, en el tozudo castellano que tanto cuesta de pillar la fonética en inglés y que tuppers cuele, cambiando la u por una a, pues me da mucha rabia. Y también el hecho de que sea una marca comercial. no me gustar llamar Casio a los Casios, ni Danone a los Danones o Pulevitas a las Pulevitas. Me revienta la antonomasia.
La RAE recomienda fiambrera o tartera, amigos de La Razón. Pero bueno, el puntito popular de tuppers y esas comillas, pues divinamente. Ya han cundido en twitter las bromas, no es para menos. Si no fuera porque el tema de fondo es serio. Ser el más familiar, es serio. La propaganda populista es seria. Y bueno, alcanza a una esfera del periodismo que me interesa, que es la de no noticia.
No es noticia, o no debería erlo lo que haga en su tiempo libre un presidente de gobierno o de lo que sea, que se lo pase bien, que disfrute, pero a mí qué me cuentan. Allá él. Quiero decir, no es relevante dónde pase el puente el señor Rajoy. Ni lo que coma allí. Quizá para una nota de Sociedad, breve nota. Pero en portada. Como si fuera la gran exclusiva. Como si fuera importante. Vale, que está reportajeado, ya, claro. Es en plan reportaje del sábado, pero es que... Ni por esas. No se venden periódicos, se quejan los compañeros. No me extraña. El oficio se va a pique, de cabeza. Con portadas así, no me extraña. Y con el detalle tuppers. Porque el que escribe eso, lo sabe o lo debería saber. Que es meter una cuña de choteo, de un lado o de otro, que es demasiado.
Es sacarse una portada de lo que debería ser una nota breve de Sociedad y acaso ni eso. O sea que, es lo que hay. Información en plan tupper. Noticias para llevar de casa. Periodismo tupper. Periodismo tartera, como dice la RAE. 

Logo inexpropiable de YPF

Habría mucho que decir sobre el rediseño del logotipo de YPF. Consecuencias fatales, en mi opinión. De estos lodos, nuevos logos. Y la debacle. Lo mismo, no nos veíamos en estas si se hubiera hecho un logotipo digno para YPF, después de hacerse con ella Repsol.Ojo, que no es poca cosa.
Ahora que Cristina lo ha hecho efectivo, el proceso de expropiación, sería un buen ejemplo de cómo no se debe rediseñar la imagen corporativa de una compañía que se compra.
El logo todo setentero inunda las imágenes de las celebraciones en la calle, en estos días. Ese circulo con líneas azules y las letras, la Y, la P y la F espigadas. Un logo muy duro. En las noticias, la gente lo celebra como si fuera un Mundial de fútbol. El logo es como el escudo de un club de fútbol. Es añejo. Como antiguo. Como retro y muy rotundo. Como si fuera una pegatina.
Es difícil competir con esa pegatina.
Pero si Repsol, en lugar de hacer cada vez más apaisadas sus letritas, que no se entiende. Que las letras de Repsol van a acabar bocarriba, tumbadas. Y ese sol. O puesta de sol. O línea naranja poco definida y apaisada. O los mega champiñones con aristas.
El azul. El naranja. Las letras tumbadas en cursiva.
Eso no compite con la pegatina de YPF: habría que haberla rediseñado. Pero con ese espíritu retro. Ese toque. El mismo círculo. Las mismas líneas azules. Cambio en tipografía. En estiramiento de la letra. En fin, vete a saber. Pero lo mismo, bien hecho, con un acabado fino, Cristina no expropia, fíjate lo que te digo
Un ejemplo gráfico de lo que digo, mejor que mil palabras.

Podría ser el logo de un grupo de rock. Cambia el azul por un negro. Un logo feo de un grupo de rock, pues sí. Pero lo veo claro. Hay que tener en cuenta que los logos que nos son ajenos, o que no nos hemos criado con ellos y los hemos visto desde siempre, no están unidos a un recuerdo concreto. Lo digo porque para un argentino no habrá rock posible al ver esta imagen, supongo. En fin, en cuanto a potencia gráfica, que es a lo que voy, también podría ser el anagrama de un ejército, que es en lo que ha devenido. Ojo, un azul que recuerda a la bandera. No es poca cosa. Podría googlear un poco para enterarme de qué año es el logo y demás y demás, pero bueno, prefiero dejarlo aquí. Curioso, el caso de las tiendas Full y su imágen gráfica. Os pego un enlace: YPF, un capítulo en el patrimonio gráfico argentino. Una fuente para el diseño identitario de sus Tiendas Full. Muy interesante. Echando simplemente un ojo a las imágenes en una primera búsqueda, me gustaría subir un par de imágenes más, sobre todo de anuncios retro de primeros de siglo XX que son auténticos pero me da pereza, buscadlo vosotros.
El rediseño con la linea amarilla o las simples letras blancas, ¡las letras blancas!, creo que son el origen del desarraigo gráfico, origen al menos emocional de la expropiación. Ahí queda eso.

viernes, 4 de mayo de 2012

Echar a los nuestros

Duplicidades. Triplicidades. Vale, lo que tú quieras.
Pero, al meollo. Estamos echando a los nuestros, o a los otros, donde toque, pero nos recorta el trozo de campo, nos quedamos con menos.
Y, cómo. Quitando, sí, claro, pero a quién.
Consorcio. Mancomunidad. Concello. Junta. Generalitat. Delegación. Senado. Parlamento. Diputación. Ayuntamiento. Comunidad. Región.
Eso tiene unos gastos. Mucha silla. Mucho bombilla. Mucho que barrer.
Elige el ladrillo que quitas, de un muro que has levantado durante años. Y para algo, digo yo. Para tener algo, y ahora lo quitas porque no renta. Bueno, en términos generales, no renta pero al que come de eso, pues claro que sí. Por más que reconozca su labor como inútil. Echar a los nuestros. A los que hemos tenido que saber colocar para seguir contando con sus apoyos. O a los otros, vale. Echar a nuestra casta que es como hacernos un ERE entre bomberos. Sabemos lo que es que nos pisen la manguera. Imagínate lo que es que te la corten. Que te la corten. Nos ha costado mucho años y mucho esfuerzo y mucho pleno y mucho discurso y mucha visita de barrio y mucho lamer culos, de arriba y de abajo y de en medio, como para que ahora corten el chorro y reconozcan que lo nuestro, en verdad, es nada.
Nos ha costado mucho vender la duplicidad y que colará, para hacer ahora borrón y cuenta nueva. Y la triplicidad. Y las traducciones simultáneas y cuadrúples. Y la inmersión. Y las embajadas. Y las comisiones comerciales. Y todo lo que se pueda meter en la cuenta.
Cortar. Pues no. Recortan, pues vale. Pero sin reducirnos mercado.
No vamos a decidir los políticos, tener menos trabajo o lo que sea, menos responsabilidades para para los políticos. Corruptos, puede ser, pero tontos, tampoco.

Igual, por el camino de enmedio, habría que denunciar. Idea para Manos Libres, o para cualquier acusador particular que se atreva. Denunciar por inconstitucionales la duplicidad donde la haya o el solapamiento de competencias como forma ilicita de enriquecimiento, como cohecho. Vale, que no habrá mucho principio jurídico, pero oye. Que lo diga el Constitucional. Todo lo importa va al Constitucional, pues ya está. Y eliminar a todos los chupócteros.
Nosotros, los políticos, no lo vamos a hacer. Es obvio.

jueves, 3 de mayo de 2012

Los activos tóxicos son los desahucios trágicos

Por dejar constancia de ello: los activos tóxicos son los desahucios trágicos.
El lenguaje tiene estas cosas.Que sirve para confundir.
Activo y tóxico tiende a divergencia. Si es activo, ¿intoxica? ¿No será tan activo? O, ¿la toxicidad computa dentro de los riesgos? O, es simplemente una contradicción para eludir un sobreprecio que conlleva el negocio de una doble tasación de un mismo bien.
Suena moderno. Activo tóxico. Tiene un eco muy de ahora, ¿no?
Desahucio y trágico es más de cajón. Menos chisposo. El halo semántico es de golpe y revolcón. Lo trágico es evidente que no se tasa. Eso está claro.
Convendría hablar siempre en los mismos términos de aquello que es lo mismo, y no llamarlo de dos formas distintas, en función de los interlocutores y sus respectivos intereses. En los medios de comunicación, al menos.
Vamos, digo yo.
Y a todos los periodistas que les cuelen el activo tóxico, fuera de lo que sean las declaraciones, que no se pueden cambiar, pues se la están colando. Y, en mi opinión, es un concepto tóxico y que está en consonancia con los tiempos. Tiempos tóxicos.