Será por ser de Granada pero a mí siempre me ha ofendido un poco esa libertad que se toman los políticos en campaña de ir por la calle saludando cordialmente a desconocidos impunemente, sin que nadie le suelte un exabrupto del tipo quepollases! porque ese teatrillo me agrede mucho visualmente y en las pocas ocasiones que, como periodista, he tenido que cubrir actos de ese tipo con lameculeo provincial galopante y espontáneos baños de masas, pues me ha dado toda la urticaria, concretamente recuerdo a Susana Díaz cuando estaba a tope de superstar que vino a una inauguración, y salió hiper diva del coche oficial tras una breve espera a la prensa y se fue directa no hacia donde estaban las cámaras para el pactado posado sino en dirección contraria a por una señora mayor que iba con la bolsa de la compra y sobre la que se abalanzó casi sin que a la anciana le diera lugar de apercibirse del respingo y la abrazo.
Y siempre me he preguntado yo, y os los pregunto ahora a vosotros, ¿cómo saben los candidatos que es uno de los suyos al que le están tendiendo la mano? ¿Saben que es de los suyos? ¿Van de locos? ¿Los viejos son de atrezzo? ¿Están ahí adhoc? ¿Son partidarios siempre? Pues no. Es el fulgor de la fama. De los flashes. De las cámaras. Es el mensaje.
A mí me parece la mar de interesante, como concepto. Y, por el aburrimiento, pues una vez saqué el tema en corrillo de compañeros más veteranos y la respuesta fue casi unánime: No lo saben. Saludan por doquier. Saludan por deporte. Saludan con simulacro. Saludan para la foto. Saludan para la prensa. Saludan a las cámaras en realidad pero necesitan estrechar una mano, una mano inocente. Saludan al infinito. Saludan al ciudadano desconocido. Saludan sin saludar. Y se la juegan.... Ojo, con un par. Puro instinto... Y si te sale rana.... Y si te hacen la cobra.... Y te dejan ahí, en la foto, con la mano puesta... Con la mano tendida.... La mano tendida y que empieza a llover. Es el mensaje. Es la sonrisa. Es política, joder. Es un teatrillo. Toca saludar, pues saludan. Les acerca a la gente, les conecta con la ciudadania. Es un formidable teatrillo en realidad. El teatrillo es el mensaje.
Oiga, teatro en toda regla. Del bueno, que decía el entrenador portugués. Porque, por cierto, en el acto no se admitían preguntas de la prensa, es decir, era para nada. Los que estaban de atrezzo éramos nosotros, los periodistas. Qué penita de vida, señora. Ir cargando con el microfono para que no te permitan usarlo. Que no nos dejen preguntar, a ver si los sacamos del guion o se equivocan y dicen una verdad... Qué asco da el periodismo, a veces. Qué asco de periodismo político, y más municipal. Qué asco de corrillos, de meritorios y de gerifaltes con pocas luces. Y, en medio, los que se prestan a esa mierda, que somos los periodistas locales... Las últimas putillas... Los periodistas de pronvicias que hacen política municipal....Apasionante gremio, amigos, en el que a veces no se admiten preguntas y se admite. Admitir que no admitan preguntas. Inadmisible, a mi entender. Se arriesgan a estrechar la mano del ciudadano pero no a encarar una pregunta difícil, que tampoco es que te vayan a poner contra las cuerdas por concender un breve turno de preguntas... NO es lo profesional, joder. Eso es lo que me jode. Y hacer el paria. Hacer de tonto. Contribuir. Forma parte de ese simulacro. Ser el tonto que hace su papel de árbol en el teatro porque no te dan una línea, no puedes hablar, y solo contribuyes a la puesta en escena, a que se pueda dar el estrechón de manos que acerca al que cobra el astizal con el que se lo paga sin saberlo... Y allí estaba yo, con mis malos pelos y mi mala cara, deseando acabar cuanto antes y figurando como un monigote con los veinte compañeros, incluyendo a gráficos para los que no posó apenas cinco segundos. El posado. Es el mensaje. La foto. El saludo. Las manos que se encuentran. El discurso de inaguración. La maquinaria de la propaganda. Más de dos décadas de imperio. Lo de los socialistas es más grande de lo que nos imaginamos en Andalucía. Es como Nueva York, que no te haces una idea... Pues igual. El mensaje es el que ellos quieren. Y no hay físuras. Y no hay filtraciones. No hay disidencia. Es el mensaje.
Alguien contó hablando del tema, de lo de estrechar manos a ciegas, que no siempre son bien recibidos los saludos y que le escupieron en un pueblo de Sevilla a Díaz precisamente... A la presidenta. Que fue noticia y tal. Podria googlearlo pero me da pereza. Se acerco a saludar a una señora y pum, resultó no ser de las suyas. No sé si lo del escupitajo lo he añadido yo y es cosecha propia, y fue solo reprimenda o exabruto sonoro... A veces sale mal. Y les da igual... No lo saben y les da igual. Se aplica una lógico de patio de vecinos. Cámaras, tv... Es famoso, sale en la tele y lo saludan... Saludan por defecto. Por miedo incluso a pasar por ignorantes de no conocer a la supuesta celebridad. Y es un teatro, y según vean el rictus improvisan. Son actores. Es ficción.
Pues eso. El puño es real. La indignación es real. La miseria es real. Y hay que superar un ámbito perverso de moralidad o moralina, sobre si es o no es decente o indecente porque eso es irreal. Y dejar el teatro... Que es dejar los antagonismos. Que es dejar el bipartidismo. Que es dejar la manera más cómoda de organizar sobornos. A cinco bandos es difícil untarlos, a dos, o es uno o es el otro y en los consejos de administración, pues los unos por los otros. Es el mensaje.
No hay preguntas.
Una de las veces que me dio asco ser periodista.
Fue en la inuguración de un centro de Covirán en Granada, un acto de propaganda del que formé parte y me siento avergonzado, sinceramente.
Yo, en lo poco que me toca, retiro la mano.
No hay preguntas. No hay manos.
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jueves, 17 de diciembre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
El eufemismo "refugiados"
¿Por qué les llaman refugiados si precisamente es eso lo que no tienen, refugio?
¿Es peor la palabra exilio? Esa equis es más dura pero el concepto es mucho más próximo a la realidad. O desplazados. Es más larga en carácteres pero tampoco tanto.
No tienen refugio:
No son sujetos son el objeto indirecto de los bombardeos. ¿Por qué no llamarlos bombardeados?
¿En qué punto o en qué momento se le dejó de llamar exiliados a los exiliados y sobre todo, por qué?
Parece o puede parecer que las palabras no importan pero también imponen fronteras.
O eso opino yo.
¿Es peor la palabra exilio? Esa equis es más dura pero el concepto es mucho más próximo a la realidad. O desplazados. Es más larga en carácteres pero tampoco tanto.
No tienen refugio:
No son sujetos son el objeto indirecto de los bombardeos. ¿Por qué no llamarlos bombardeados?
¿En qué punto o en qué momento se le dejó de llamar exiliados a los exiliados y sobre todo, por qué?
Parece o puede parecer que las palabras no importan pero también imponen fronteras.
O eso opino yo.
sábado, 31 de enero de 2015
Que en la sociedad de la información se derrumbe el sector de la prensa da que pensar
Digo prensa y no escrita porque las corporaciones de medios no se ciñen al papel y en suma, la información no es un privilegio exclusivo o un coto de un solo soporte, pero sí se sobreentiende que el mejor periodismo, el de más rigor y veracidad se lee, no se ve, ni se escucha, sino que se lee en las cabeceras centenarias, pero el sector agoniza y la calidad ha desaparecido o lentamente se diluye entre prejubilaciones y puestos media jornada de copy writer para edición digital. Hay salvedades entre trabajo periodístico y periodismo, lo mismo podría decirse entre información y medios de información. Las tecnologías de la sociedad de la información han eliminado progesivamente a los mediadores en el acceso directo a las fuentes, los datos o los hechos, y la multitud de emisores diversos ha fragmentado hasta el infinito los puntos de vista y no pone límite a la cantidad de mensajes, potencialmente virales sin cero infraestructura, y no digamos si hablamos de opinión y no información. Las columnas se ciñen a status periodístico o literario y se mantienen como un circuito cerrado, un sistema de posicionamiento político casi siempre, atalayas de discurso extremo y mucha exhibición del nombre propio más allá del valor intrínseco subjetivo, con dogmas y prejuicios muy pasados y antiguos, con planteamientos abiertamente carcas y que muchas veces en nada coincide con la calle y la opinión en los medios tradicionales, desde luego, ha perdido el poder seminal de generar de forma genuina el debate, antes era el primer chasquido y ahora en el mejor de los casos, el último eco. Uno pensaría que tiene que pesar los años de oficio, un valor añadido en tratamiento o rigor o no sé cómo llamarlo, en experiencia satisfactoria del cliente, pero por otro lado, los clientes se van muriendo y parece que los copys de veintipocos a cuatro horas y regalando dos, pues no van a darle la vuelta al asunto. Opino que el hecho de la precariedad laboral no puede no notarse en la propia esencia de los mensajes. Es un hecho, o debe serlo objetivamente. Es una cuestión de horas, de esfuerzos, de necesidades, de tiempos... Hay otro tipo de cuestiones, quizá más estratégicas o de planificación que podrían haber mitigado el desplome pero que, en la mayoría de los casos, han sido huidas hacia delante, o simplemente tiros errados. Eso me cabre un poco, siendo sincero. Porque pagan el pato las generaciones venideras y el nivel se vuelve... El otro día me decía un amigo que los nuevos son yogur. No sé realmente que me quería decir, ni a quién se refería. No saben de nada. Son yogur.
¿A quién beneficia que la información sea cada vez peor o que el trabajo periodístico tenga que desarrollarse cada vez en peores condiciones? Y si no es una lógica del mercado, por puntualizar en lo de las condiciones y no tanto en las observaciones poco precisas de origen lacteo que tenga este o aquel, hay un problema grave que afecta a un derecho fundamental, el derecho a la información. No creo que lo que está recogido en la constitución se solvente o se resuelva con lo que la gente va compartiendo en facebook, igual no es eso lo que realmente significa tener derecho a estar razonablemente bien informado. Si hablamos en términos de un bien público, no dejo de observar como de un tiempo a estar parte, se va menguando cada vez más, como seguramente le haya ocurrido a otros muchos sectores... La crisis y etc. Y habrá otros muchos derechos afectados, derechos fundamentales, no me cabe duda. No he empezado a escribir esta entrada para hacer valoraciones catastrófistas, sino por la intuición de que los medios, o en este caso, el sector de la prensa no servía originariamente a la necesidad de información de la población sino que atendía a otros intereses más particulares y muy probablemente espúreos. El ladrillo necesitaba papel para sus promociones y el planillo se engordaba con fotos de pisos pilotos. Los bancos... El Corte INglés... Que por cierto es patrocinador del informe sobre la profesión periodística de la FAPE de la que formo parte. Hablo de memoria pero vivimos un estado de las cosas patrocinado. Hay poderes por encima del derecho a la información. No es ningún descubrimiento ni quiero usar un tono de conspiranoia pero la sociedad de la información hace que esa divergencia de intereses se lleve a muchos llenapáginas por delante. Lo que me parece muy deprimente, y éticamente justo. Los medios tienen otros clientes que no son los lectores. Siempre es habitual la tensión entre los gestores y los redactores, que quieren vender espacio informativo como si fueran módulos a la venta. Se puede entender como lógica esa tensión pero no tiene nada que ver con el público final, los verdaderos consumidores del producto informativo y si tenemos en cuenta que se ha ampliado el papel, quiero decir, que son emisores y opinadores activos, se crean mensajes fuera del control del poder establecido. Definitivamente suena un poco a conspiranoico pero no, es una lógica bastante obvia, y el error o llámalo como quieras es negar el progreso y esconder a los verdaderos clientes, a los que presionan, a los que hacen lobby, a los que manipulan, a los que influyen... En la facultad teníamos una asignatura que se llamaba empresa periodística. Sería gracioso buscar los apuntes.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Que pongan a los colaboradores de Sálvame a leer el cue
Hace tiempo que quiero escribir sobre ello.
Hará seis meses que empezaron, quizá más, no lo sé, pero me llamó la atención desde minuto uno.Los colaboradores (Mila Ximénez, Belén Esteban, Kiko Hernández, Raquel Bollo, Kiko Matamoros... toda la troupe de fieras) leen sus cinco líneas al inicio del programa a modo de sumario. Es el requetecebo de cada tema del día. Lo que sorprendía era verlos mirar, a la izquierda de la pantalla y a trompicones, unir frases con nivel de comprensión lectora de párvulos. ¿De quién fue la idea? Y, sobre todo, ¿para qué? Llenar a coste cero. Es lo primero que uno piensa. Pero, ¿para qué ponen a gente a hacer mal algo que hay mucha gente que se prepara, estudia y se forma para poder hacer? Pues por lo mal que lo hacían, claro. Escarnio. Un escarnio barato. Llevo meses con ganas de escribir eso. Escarnio de saldo. Miren, señores, que no saben ni leer y ahí los tienen toda la tarde. Es mezquino y a la vez, un hallazgo. Pero me parece un asco que no haya duda, sobre todo, por la burla y me maravilla cómo consiguen desde la Fábrica de la tele sacar de donde no hay, no tener el menor rubor de hacerlo en vivo y a coste cero. Por otro lado, tiene ese punto de bullying, que deberian mirárselo desde el Sálvame que tiene esa dinámica loca de patio de colegio pero que acaba siendo en todo igual al patio de colegio: con el matón, con el intrigoso, con los violentos (violencia simbólica, violencia verbal, violencia implicita...) Lo más asqueroso, a mi entender, es el escarnio, de reírnos del que no lo sabe hacer... Me parece que, eso y mil decisiones más de esa productora y la importancia que tiene dentro del gigante Mediaset, tiene mil puntos para abordar. Mil puntos negros. Me parece, siempre me lo ha parecido, que el momento en el que se rompió la cuarta pared en televisión, pues se barrían todos los límites. Una cosa era la voz en off de Chicho Ibáñez Serrador, siniestra si se ve con los años, ojo, que parece un tanto omnipotente y en la época me parecía estupenda, pero nada tiene que ver con dialogar abiertamente con realización en un intercambio de frases cojo, del que solo se oye una parte, que es otra cosa bien distinta. En unos años se ha visto como normal. Lo que es un fallo de todalavidadeDios. Esto lo hacía la bruja Lola en Canal 47 y era motivo de burla... "¡Control, control!" ¿No se acuerdan? Ahora lo hace todo el mundo y es frescura. Hablar con el realizador. O con el director. O con "la cúpula" como lo llaman en la Fábrica de la tele que suena entre mafia y altas esferas, y es ridículo si lo piensas dos minutos. En lo de Pedrerol tienen hasta una cámara preparada en la sala de realización con la que conectan ocasionalmente cuando se mete la pata. No me cabe en la cabeza. Eso es un fallo. En Pekín, en Pokón o en Canal 47, vamos, digo yo. Son fallos. Siempre lo fueron. Siempre lo serán. Es como si el actor principal se para, le dice algo al apuntador, mira al lado, le comenta alguna cosa a otro actor y después, al rato, vuelve al texto. Eso no se permite en teatro, ¿no? Igual lo estoy explicando mucho... Gazapos son gazapos. Lo que es inexplicable es que se toleren... De cotidiano... En plan: Oye, ¡es frescura! Pues no. Que un presentador hable con un regidor fuera de foco.... Que un presentador responda en directo a lo que le dicen desde el pinganillo... No son innovaciones formales... Son lo que siempre hubiera sido: fallos. Y hacen del fallo, formato... Que es algo que se puede aplicar a Pedrerol y su chiringuito. Que viene a ser lo mismo, ya los comparó Michael Robinson, y en el fondo, no es una forma de insulto, así lo tomó el ex compañero del inglés en Canal +, cuando en realidad se trata de un tema de formato... Llenar horas sin coste. Con tipos discutiendo. Que es algo que cuesta cero. Cuesta tener a los tipos allí y ya. Sálvame se va a las 4 horas pero es que Pedrerol hace 2 y media. Haya lo que haya, y así pues sigue, cámara al hombro, a los colaboradores por los pasillos... El cámara en el pasillo... Lo hacen igual en Telecinco...
Para el espectador es engañoso o eso opino yo, lo de romper la cuarta pared y en general, romper las reglas, parece que acerca el sofá de casa a la tramoya, que se ven los hilos que mueven a los muñecos y uno se mete en el cotarro. Pero son fallos. De los que se sacan formatos. Formatos basados en fallos o en la escasez de recursos o en cosas peores, como antes decía, el escarnio o simplemente hacer que no pasa nada porque alguien salga en televisión sin saber leer un cue... O diciendo barbaridades. Porque claro, solo con debate no se llena un par de horas o el doble. Se necesita ir más allá... Las barbaridades las requiere el formato para no volverse peñazo. No es caro. Eso me parece un problema. Que la barbaridad salga gratis o a un coste muy muy reducido... Y barbaridad es tanto Belén Esteban como Tomás Roncero o cualquiera que grite en televisión a un nivel de decibelios con el que te mirarían mal en el mercado las propias tenderas, no es admisible por elegancia pero es peligroso en su trasfondo, y tiene calado. Si en la tele se grita, se puede gritar en cualquier sitio. Hoy por ejemplo, en la rueda de prensa de la familia King -los padres testigos de Jehová que se llevaron a su hijo con cáncer de un hospital- el abogado defensor ha tenido que pegar tres voces, que el marido ha pegado un repullo... Y en fin, que se permite el grito. Se consiente la barbaridad. Nos alimentamos de ellas. Los formatos basados en fallos se alimentan de barbaridades. En el tema del fútbol.... Las analogías con la guerra que son constantes.... El lenguaje bélico... Ese tipo de barbaridad. Ese tono chabacano... Legitima a la masa a insultar a negros haciendo el mono... Si el tertuliano despotrica desde la pantalla, ¿qué no se va a poder hacer en una grada? Exacto, ¡barbaridades! Y más cosas baratas, poner a un reportero. En una puerta. Que ganan, salen dando voces. Abrazándose. Gritando. Como bestias. Se podría reunir en un dvd a gente gritando abrazada al reportero... Eso no es información deportiva. Eso no es .... ¿Qué palabra usar? No es admisible. No aporta absolutamente nada. Y creo que lo de ponerle el micro a los paisanos, sirve de algo o debería. Recuerdo a Antonio Domínguez Olano, creo que lo refirió en un programa de Hormigas Blancas, que por cierto difícil dar con los programas completos vía web, pero bueno, contó Olano que en su etapa en TVE eliminó las entrevistas de calle al pueblo llano porque además de llano, era bien bruto y no sabía de nada o casi nada, lo que me parece bien por una parte, pero muy mal por otra, porque si eso es lo que hay, pues es lo que hay. Si el nivel es: "A mí me gusta Carlos Alfredo, el chiquitillo morenillo de la Voz Kids", pues si es así, es así. Que Olano lo omita, o prefiera no dedicar esfuerzos, pues lo entiendo y casi diría que lo podría hasta apoyar, pero lo que es, es, que dicen en Jaén. Está claro que eran otros tiempos los de Olano y sin duda, mejores. Incluso en época de dictadura, que éramos pobres y miserables pero muy bien educaditos hasta los que no saben leer. ¿En qué punto perdimos el rumbo como país y pasamos de no saber leer a poner en la tele a los que no saben leer? Y hoy escribo esto, precisamente hoy, porque hoy Belén Esteban ha dicho que está tomando clases de dicción o algo así, eso me ha parecido escuchar... Y su jefe, Vázquez, diciendo condescendiente: Pues me parece muy bien. No es que te parezca bien, merluzo. Es que... Es lo que te han enseñado. Ser transgresor no es hacerlo mal o no necesariamente, aunque puede tener un significado rompedor pero no rompedor de juguetes, que ahí está el ejemplo de una persona con adicciones... Una máquina de barbaridades. Una destrucción barata y televisada. Una trama que confunde realidad y ficción con un elenco de trabajadores que ponen encima de la mesa su vida privada para hacer seriales... Que lo aceptan. Que juegan a eso. Que es otro límite.... Y volviendo al deporte, lo mismo. No es que sea vida privada, pero ponen su cara de aficionado, van con bufanda. Salen con la camiseta de una peña. No es que hablemos de objetividad, que lo mismo ya nos pilla muy a desmano cuando tenemos presente lo de hacer negocio. No parece que la objetividad sea muy rentable y oye, con cierta perspectiva y margen pues mira, va, palante, se hace la vista gorda de una cierta parcialidad militante... Pero otra cosa es.... Jugar a bandos. En fin... Solo hay que pensar en lo que nos enseñaron hace una década, hace dos... Lo que estudiamos en la facultad, ¿no vale para nada? Acaso, ¿era mentira? ¿Tiene que ver nada más que con el negocio? ¿Es una cuestión de euros? ¿Se reduce a números? Hacerlo mal está permitido. Hablar mal está permitido. Lo escatológico está permitido. Lo vulgar está permitido. Lo vacío está permitido. Lo zafio está permitido.
Influye en nuestro sociedad, condiciona un futuro peor.
Se ve, se asume.
Me parece tan obvio... Que después de escribirlo, siento que es una estupidez. Pero todo va pasando tan rápido, se asume de un modo tan natural lo mal hecho, lo hueco... Se vicia tan rápido. Se denigra un oficio, se fastidian unos géneros... Se comercia con un nivel de calidad pésimo. Se acostumbra el ojo del espectador a que la calidad no se tenía en cuenta, a que da igual hacerlo mal y es eso lo más terrible.
Es solo mi opinión.
Nos hace mal a todos que se haga mal en televisión.
Nos hace mal a todos que se hable mal en televisión.
Y peor que sea para hacer burla.
Y un regidor diga: Aplauso.
Y lo aplaudan.
Hará seis meses que empezaron, quizá más, no lo sé, pero me llamó la atención desde minuto uno.Los colaboradores (Mila Ximénez, Belén Esteban, Kiko Hernández, Raquel Bollo, Kiko Matamoros... toda la troupe de fieras) leen sus cinco líneas al inicio del programa a modo de sumario. Es el requetecebo de cada tema del día. Lo que sorprendía era verlos mirar, a la izquierda de la pantalla y a trompicones, unir frases con nivel de comprensión lectora de párvulos. ¿De quién fue la idea? Y, sobre todo, ¿para qué? Llenar a coste cero. Es lo primero que uno piensa. Pero, ¿para qué ponen a gente a hacer mal algo que hay mucha gente que se prepara, estudia y se forma para poder hacer? Pues por lo mal que lo hacían, claro. Escarnio. Un escarnio barato. Llevo meses con ganas de escribir eso. Escarnio de saldo. Miren, señores, que no saben ni leer y ahí los tienen toda la tarde. Es mezquino y a la vez, un hallazgo. Pero me parece un asco que no haya duda, sobre todo, por la burla y me maravilla cómo consiguen desde la Fábrica de la tele sacar de donde no hay, no tener el menor rubor de hacerlo en vivo y a coste cero. Por otro lado, tiene ese punto de bullying, que deberian mirárselo desde el Sálvame que tiene esa dinámica loca de patio de colegio pero que acaba siendo en todo igual al patio de colegio: con el matón, con el intrigoso, con los violentos (violencia simbólica, violencia verbal, violencia implicita...) Lo más asqueroso, a mi entender, es el escarnio, de reírnos del que no lo sabe hacer... Me parece que, eso y mil decisiones más de esa productora y la importancia que tiene dentro del gigante Mediaset, tiene mil puntos para abordar. Mil puntos negros. Me parece, siempre me lo ha parecido, que el momento en el que se rompió la cuarta pared en televisión, pues se barrían todos los límites. Una cosa era la voz en off de Chicho Ibáñez Serrador, siniestra si se ve con los años, ojo, que parece un tanto omnipotente y en la época me parecía estupenda, pero nada tiene que ver con dialogar abiertamente con realización en un intercambio de frases cojo, del que solo se oye una parte, que es otra cosa bien distinta. En unos años se ha visto como normal. Lo que es un fallo de todalavidadeDios. Esto lo hacía la bruja Lola en Canal 47 y era motivo de burla... "¡Control, control!" ¿No se acuerdan? Ahora lo hace todo el mundo y es frescura. Hablar con el realizador. O con el director. O con "la cúpula" como lo llaman en la Fábrica de la tele que suena entre mafia y altas esferas, y es ridículo si lo piensas dos minutos. En lo de Pedrerol tienen hasta una cámara preparada en la sala de realización con la que conectan ocasionalmente cuando se mete la pata. No me cabe en la cabeza. Eso es un fallo. En Pekín, en Pokón o en Canal 47, vamos, digo yo. Son fallos. Siempre lo fueron. Siempre lo serán. Es como si el actor principal se para, le dice algo al apuntador, mira al lado, le comenta alguna cosa a otro actor y después, al rato, vuelve al texto. Eso no se permite en teatro, ¿no? Igual lo estoy explicando mucho... Gazapos son gazapos. Lo que es inexplicable es que se toleren... De cotidiano... En plan: Oye, ¡es frescura! Pues no. Que un presentador hable con un regidor fuera de foco.... Que un presentador responda en directo a lo que le dicen desde el pinganillo... No son innovaciones formales... Son lo que siempre hubiera sido: fallos. Y hacen del fallo, formato... Que es algo que se puede aplicar a Pedrerol y su chiringuito. Que viene a ser lo mismo, ya los comparó Michael Robinson, y en el fondo, no es una forma de insulto, así lo tomó el ex compañero del inglés en Canal +, cuando en realidad se trata de un tema de formato... Llenar horas sin coste. Con tipos discutiendo. Que es algo que cuesta cero. Cuesta tener a los tipos allí y ya. Sálvame se va a las 4 horas pero es que Pedrerol hace 2 y media. Haya lo que haya, y así pues sigue, cámara al hombro, a los colaboradores por los pasillos... El cámara en el pasillo... Lo hacen igual en Telecinco...
Para el espectador es engañoso o eso opino yo, lo de romper la cuarta pared y en general, romper las reglas, parece que acerca el sofá de casa a la tramoya, que se ven los hilos que mueven a los muñecos y uno se mete en el cotarro. Pero son fallos. De los que se sacan formatos. Formatos basados en fallos o en la escasez de recursos o en cosas peores, como antes decía, el escarnio o simplemente hacer que no pasa nada porque alguien salga en televisión sin saber leer un cue... O diciendo barbaridades. Porque claro, solo con debate no se llena un par de horas o el doble. Se necesita ir más allá... Las barbaridades las requiere el formato para no volverse peñazo. No es caro. Eso me parece un problema. Que la barbaridad salga gratis o a un coste muy muy reducido... Y barbaridad es tanto Belén Esteban como Tomás Roncero o cualquiera que grite en televisión a un nivel de decibelios con el que te mirarían mal en el mercado las propias tenderas, no es admisible por elegancia pero es peligroso en su trasfondo, y tiene calado. Si en la tele se grita, se puede gritar en cualquier sitio. Hoy por ejemplo, en la rueda de prensa de la familia King -los padres testigos de Jehová que se llevaron a su hijo con cáncer de un hospital- el abogado defensor ha tenido que pegar tres voces, que el marido ha pegado un repullo... Y en fin, que se permite el grito. Se consiente la barbaridad. Nos alimentamos de ellas. Los formatos basados en fallos se alimentan de barbaridades. En el tema del fútbol.... Las analogías con la guerra que son constantes.... El lenguaje bélico... Ese tipo de barbaridad. Ese tono chabacano... Legitima a la masa a insultar a negros haciendo el mono... Si el tertuliano despotrica desde la pantalla, ¿qué no se va a poder hacer en una grada? Exacto, ¡barbaridades! Y más cosas baratas, poner a un reportero. En una puerta. Que ganan, salen dando voces. Abrazándose. Gritando. Como bestias. Se podría reunir en un dvd a gente gritando abrazada al reportero... Eso no es información deportiva. Eso no es .... ¿Qué palabra usar? No es admisible. No aporta absolutamente nada. Y creo que lo de ponerle el micro a los paisanos, sirve de algo o debería. Recuerdo a Antonio Domínguez Olano, creo que lo refirió en un programa de Hormigas Blancas, que por cierto difícil dar con los programas completos vía web, pero bueno, contó Olano que en su etapa en TVE eliminó las entrevistas de calle al pueblo llano porque además de llano, era bien bruto y no sabía de nada o casi nada, lo que me parece bien por una parte, pero muy mal por otra, porque si eso es lo que hay, pues es lo que hay. Si el nivel es: "A mí me gusta Carlos Alfredo, el chiquitillo morenillo de la Voz Kids", pues si es así, es así. Que Olano lo omita, o prefiera no dedicar esfuerzos, pues lo entiendo y casi diría que lo podría hasta apoyar, pero lo que es, es, que dicen en Jaén. Está claro que eran otros tiempos los de Olano y sin duda, mejores. Incluso en época de dictadura, que éramos pobres y miserables pero muy bien educaditos hasta los que no saben leer. ¿En qué punto perdimos el rumbo como país y pasamos de no saber leer a poner en la tele a los que no saben leer? Y hoy escribo esto, precisamente hoy, porque hoy Belén Esteban ha dicho que está tomando clases de dicción o algo así, eso me ha parecido escuchar... Y su jefe, Vázquez, diciendo condescendiente: Pues me parece muy bien. No es que te parezca bien, merluzo. Es que... Es lo que te han enseñado. Ser transgresor no es hacerlo mal o no necesariamente, aunque puede tener un significado rompedor pero no rompedor de juguetes, que ahí está el ejemplo de una persona con adicciones... Una máquina de barbaridades. Una destrucción barata y televisada. Una trama que confunde realidad y ficción con un elenco de trabajadores que ponen encima de la mesa su vida privada para hacer seriales... Que lo aceptan. Que juegan a eso. Que es otro límite.... Y volviendo al deporte, lo mismo. No es que sea vida privada, pero ponen su cara de aficionado, van con bufanda. Salen con la camiseta de una peña. No es que hablemos de objetividad, que lo mismo ya nos pilla muy a desmano cuando tenemos presente lo de hacer negocio. No parece que la objetividad sea muy rentable y oye, con cierta perspectiva y margen pues mira, va, palante, se hace la vista gorda de una cierta parcialidad militante... Pero otra cosa es.... Jugar a bandos. En fin... Solo hay que pensar en lo que nos enseñaron hace una década, hace dos... Lo que estudiamos en la facultad, ¿no vale para nada? Acaso, ¿era mentira? ¿Tiene que ver nada más que con el negocio? ¿Es una cuestión de euros? ¿Se reduce a números? Hacerlo mal está permitido. Hablar mal está permitido. Lo escatológico está permitido. Lo vulgar está permitido. Lo vacío está permitido. Lo zafio está permitido.
Influye en nuestro sociedad, condiciona un futuro peor.
Se ve, se asume.
Me parece tan obvio... Que después de escribirlo, siento que es una estupidez. Pero todo va pasando tan rápido, se asume de un modo tan natural lo mal hecho, lo hueco... Se vicia tan rápido. Se denigra un oficio, se fastidian unos géneros... Se comercia con un nivel de calidad pésimo. Se acostumbra el ojo del espectador a que la calidad no se tenía en cuenta, a que da igual hacerlo mal y es eso lo más terrible.
Es solo mi opinión.
Nos hace mal a todos que se haga mal en televisión.
Nos hace mal a todos que se hable mal en televisión.
Y peor que sea para hacer burla.
Y un regidor diga: Aplauso.
Y lo aplaudan.
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sábado, 20 de octubre de 2012
Crisis moral, económica y del periodismo
"Por cierto que El País ha anunciado despidos, un plan de prejubilaciones y una rebaja salarial al resto de sus trabajadores, pero el año pasado Juan Luis Cebrián cobró cerca de 13 millones de euros. ¿Eso lo inscribimos en la crisis moral, en la económica o en la del periodismo?"
Gran pregunta. Se la ha hecho Díaz Caviedes a Marhuenda, de La Razón.
Toda la entrevista merece la pena.
http://www.jotdown.es/2012/10/paco-marhuenda-un-problema-de-este-pais-es-que-muchos-periodistas-han-querido-ejercer-de-politicos/
Gran pregunta. Se la ha hecho Díaz Caviedes a Marhuenda, de La Razón.
Toda la entrevista merece la pena.
http://www.jotdown.es/2012/10/paco-marhuenda-un-problema-de-este-pais-es-que-muchos-periodistas-han-querido-ejercer-de-politicos/
miércoles, 17 de octubre de 2012
Despedir periodistas es un mal negocio
Despedir periodistas es un mal negocio. Para empezar porque no son caros. Tener un periodista es algo asequible, barato incluso. Es cuestión de compararlo con otras profesiones y otros oficios. El plus de vocación. La posibilidad de trabajar hasta que se termine. Adaptarse a los horarios. No tener horario, directamente. La identificación que se produce entre trabajador y empresa no creo que tenga equivalente en ningún otro trabajo o en otro departamento de la misma empresa y con otro tipo de capacitación. Un periodista que trabaja y está feliz en su medio, hace la cabecera suya. Y aunque no esté feliz. Se convierte en "su" periódico, "su" radio o "su" televisión. ¿Ocurre eso con los directivos? ¿Ocurre con los administrativos?
Despedir periodistas es un mal negocio. Porque es caro, claro. Los periodistas tragan con todo tipo de deshonrosas excepciones y condiciones miserables a la hora de cobrar. Existen las colaboraciones. Existen los especialistas. Existen los columnistas. Existen los firmas invitadas. Hay mil fórmulas para esquivar el pago de la Seguridad Social. Y los periodistas, tragan. No solo tragan, es que después eructan. Están como cochinos en una charca. Es así. Disfrutan con su trabajo y están tan contentos con unas condiciones u otras. La mayoría. Otros si tienen más claro que algún día se jubilarán, que tienen que cotizar, que etc etc etc. Son los menos, pero los hay. En general los periodistas no exigen grandes condiciones laborales. Me refiero al periodista medio. Menos aún si están con ganas de sacar adelante un proyecto. Otra cosa es la situación actual de los periódicos.
Despedir periodistas es un mal negocio. Por más que se use el comodín ERE, puesto muy a mano por el visionario gobierno actual. Te quitas el grueso de plantilla, el grueso de nóminas, el grueso de seguros, el grueso de extras, vale y ¿qué te queda? Te quedan los que te salen más caros pagarles la indemnización que lo que se llevan por ahora al mes. Para esos, no valen los dos primeros párrafos. Punto uno, igual no es el primer ERE del que se libran. Punto dos, ya tienen planes b. Punto tres, ya son alguien en la profesión y eso siempre es un puente o un enlace en caso de que se queme el solar. Tienen el culo pelado, es otra historia. Lo de la vocación se va diluyendo conforme te meten un par de buenos sustos. Esos no son baratos. Claro, llevan años con el tecleo. Son los que nos quedan.
Despedir periodistas es un mal negocio. La dinámica es perversa porque va limpiando la redacción de savia nueva, deja a los culos pelados y de vez en cuando, se cuela un hijo de, sobrino de o nieto de, y la redacción va tomando formas extrañas. A veces ocurren milagros. Claro, un becario se queda de vez en cuando, no es imposible. Es difícil, ciertamente o mucho más difícil que lo era décadas atrás, donde parecía un camino natural. Cada vez se vuelve más difícil que alguien entre en la rueda por méritos propios o por valores netamente periodísticos. Las dinámicas de una redacción amenazada se vuelve muy psicóticas. Eso afecta a la calidad de la información, al producto final. En una redacción básicamente hay papeles, notas, dinámicas y previsiones. Si eso no se adapta, si no funciona como debería funcionar en el siglo XXI y con una correcta planificación que alcance a todo, incluido lo comercial, a los distintos jefes del periódico, o el medio que sea, a los que no trabajan con información pero deciden sobre ella.
Despedir periodistas es un mal negocio. Se pueden hacer mejores cosas con ellos. Readaptarlos. Reconducirlo. Es difícil, adaptar la maquinaria, utilizar convenientemente a los periodistas, motivar a la plantilla, maquillar ERES y recortes, seguir saliendo todos los días y mantener los números. Es difícil. Pero se equivocan en la parte a recortar. Se equivocan los gerentes. La parte a vender. Es un error. No al capital humano, no te deshagas de ellos. Despide alguno, al que menos rinda. Al que te joda la dinámica, al menos productivo. Da igual la indemnización. O al más cáncer en redacción, que esté de cafelitos y cigarritos todo el día, o el que entregue peor las páginas, aunque creo que sería interesante pensar en la información. El que tenga menos temas propios, fuera. El que tenga menos exclusivas, fuera. El peor, fuera. Igual no es tan difícil aplicando el sentido común. Y da igual lo que te cueste la indemnización. Te va a salir bien de dinero seguro. Oxigenar la redacción. Fichar a un jefe de redacción o de sección, a buen precio, que apriete las tuercas. Estas decisiones se toman en Recursos Humanos o en la oficina del gerente o del director comercial, tendría que valorarse exclusivamente con criterios informativos, o periodísticos por ampliarlo un poco.
Despedir periodistas es un mal negocio. Me recuerda a los recortes en otros ámbitos de los social. Eliges ahorrar en lo más fácil, o lo más débil. La parte que antes se rompe, pero no arreglas los problemas de tu medio de comunicación, de tu negocio. Y te has quitado un importante porcentaje de mano de obra, de corazones que tenían y llevaban y paseaban el nombre de tu cabecera y la sentían como propia y echaban todas las horas que fueran necesarias. Eso es un error estratégico que lo flipas, porque las ventas o los gastos fijos siguen ahí, mirándote fijamente. Te lo has quitado, a los periodistas pesados, a los plumillas y a los foteros, y ahora qué. El producto final, ¿cómo se maquilla? Y, ¿el desánimo de los que siguen allí? ¿Cómo se recompone? Porque por otro lado, los supervivientes, los periodistas caros, ya empezarán a echar redes y lazos, en busca del plan b por si la cosa sigue en caída libre. ¿No ven que se están cargando el negocio entre todos? ¿Por qué no antes de un ERE, cambiar de sitio tus oficinas? ¿Alquilar una nave industrial allí donde sean más baratas y una pequeña oficina, si acaso, en el centro? ¿Qué necesidad de localizar los medios en el centro de las ciudades más allá de la comodidad operativa de sus trabajadores para desplazarse a los edificios oficiales a las ruedas de prensa o allí dónde sean requeridos y por la sensación esa de estar en todo el ajo, pero con lo que cuestán, para qué? Y te quitas a los periodistas. Seguirás en el centro, pero ¿quién irá a ruedas de prensa si no te quedan marineros? En mi opinión es preferible recortar las velas o quedarse con menos barco, antes que tirar marineros por la borda para navegar más rápido. Siguiendo con el ejemplo y para concluir: los medios actuales son barcos que van a la deriva. Y quieren ir más rápido y hacen de todo: tirar marineros, remar con las manos, desmontar la proa... Y les pasan las tormentas por encima que da gusto. Pueden culpar al papel, pueden culpar a internet, pueden culpar al Dios Neptuno, pero el único hecho cierto es que hacen PRODUCTOS MUY MALOS y se nota. Y lo están haciendo muy mal, muy mal. No es por los ERES, no es por los compañeros despedidos, es porque me indigna ver cómo interponen excusas para cargarse periódicos y no argumentan sus decisiones empresariales, que son las que acaban costándole más dinero al jefe máximo, que si se trata de corporaciones o macroconjuntos de empresas, grandes grupos, pues los errores en un ámbito, afectan o tocan a los trabajadores de otra rama que se defiende dignamente. En fin. Despedir periodistas es un mal negocio. Es ir derechos al hundimiento. Que se enteren los dueños de los medios de comunicación, quedarse sin marineros es quedarse sin barco. El mar no perdona.
Despedir periodistas es un mal negocio. Porque es caro, claro. Los periodistas tragan con todo tipo de deshonrosas excepciones y condiciones miserables a la hora de cobrar. Existen las colaboraciones. Existen los especialistas. Existen los columnistas. Existen los firmas invitadas. Hay mil fórmulas para esquivar el pago de la Seguridad Social. Y los periodistas, tragan. No solo tragan, es que después eructan. Están como cochinos en una charca. Es así. Disfrutan con su trabajo y están tan contentos con unas condiciones u otras. La mayoría. Otros si tienen más claro que algún día se jubilarán, que tienen que cotizar, que etc etc etc. Son los menos, pero los hay. En general los periodistas no exigen grandes condiciones laborales. Me refiero al periodista medio. Menos aún si están con ganas de sacar adelante un proyecto. Otra cosa es la situación actual de los periódicos.
Despedir periodistas es un mal negocio. Por más que se use el comodín ERE, puesto muy a mano por el visionario gobierno actual. Te quitas el grueso de plantilla, el grueso de nóminas, el grueso de seguros, el grueso de extras, vale y ¿qué te queda? Te quedan los que te salen más caros pagarles la indemnización que lo que se llevan por ahora al mes. Para esos, no valen los dos primeros párrafos. Punto uno, igual no es el primer ERE del que se libran. Punto dos, ya tienen planes b. Punto tres, ya son alguien en la profesión y eso siempre es un puente o un enlace en caso de que se queme el solar. Tienen el culo pelado, es otra historia. Lo de la vocación se va diluyendo conforme te meten un par de buenos sustos. Esos no son baratos. Claro, llevan años con el tecleo. Son los que nos quedan.
Despedir periodistas es un mal negocio. La dinámica es perversa porque va limpiando la redacción de savia nueva, deja a los culos pelados y de vez en cuando, se cuela un hijo de, sobrino de o nieto de, y la redacción va tomando formas extrañas. A veces ocurren milagros. Claro, un becario se queda de vez en cuando, no es imposible. Es difícil, ciertamente o mucho más difícil que lo era décadas atrás, donde parecía un camino natural. Cada vez se vuelve más difícil que alguien entre en la rueda por méritos propios o por valores netamente periodísticos. Las dinámicas de una redacción amenazada se vuelve muy psicóticas. Eso afecta a la calidad de la información, al producto final. En una redacción básicamente hay papeles, notas, dinámicas y previsiones. Si eso no se adapta, si no funciona como debería funcionar en el siglo XXI y con una correcta planificación que alcance a todo, incluido lo comercial, a los distintos jefes del periódico, o el medio que sea, a los que no trabajan con información pero deciden sobre ella.
Despedir periodistas es un mal negocio. Se pueden hacer mejores cosas con ellos. Readaptarlos. Reconducirlo. Es difícil, adaptar la maquinaria, utilizar convenientemente a los periodistas, motivar a la plantilla, maquillar ERES y recortes, seguir saliendo todos los días y mantener los números. Es difícil. Pero se equivocan en la parte a recortar. Se equivocan los gerentes. La parte a vender. Es un error. No al capital humano, no te deshagas de ellos. Despide alguno, al que menos rinda. Al que te joda la dinámica, al menos productivo. Da igual la indemnización. O al más cáncer en redacción, que esté de cafelitos y cigarritos todo el día, o el que entregue peor las páginas, aunque creo que sería interesante pensar en la información. El que tenga menos temas propios, fuera. El que tenga menos exclusivas, fuera. El peor, fuera. Igual no es tan difícil aplicando el sentido común. Y da igual lo que te cueste la indemnización. Te va a salir bien de dinero seguro. Oxigenar la redacción. Fichar a un jefe de redacción o de sección, a buen precio, que apriete las tuercas. Estas decisiones se toman en Recursos Humanos o en la oficina del gerente o del director comercial, tendría que valorarse exclusivamente con criterios informativos, o periodísticos por ampliarlo un poco.
Despedir periodistas es un mal negocio. Me recuerda a los recortes en otros ámbitos de los social. Eliges ahorrar en lo más fácil, o lo más débil. La parte que antes se rompe, pero no arreglas los problemas de tu medio de comunicación, de tu negocio. Y te has quitado un importante porcentaje de mano de obra, de corazones que tenían y llevaban y paseaban el nombre de tu cabecera y la sentían como propia y echaban todas las horas que fueran necesarias. Eso es un error estratégico que lo flipas, porque las ventas o los gastos fijos siguen ahí, mirándote fijamente. Te lo has quitado, a los periodistas pesados, a los plumillas y a los foteros, y ahora qué. El producto final, ¿cómo se maquilla? Y, ¿el desánimo de los que siguen allí? ¿Cómo se recompone? Porque por otro lado, los supervivientes, los periodistas caros, ya empezarán a echar redes y lazos, en busca del plan b por si la cosa sigue en caída libre. ¿No ven que se están cargando el negocio entre todos? ¿Por qué no antes de un ERE, cambiar de sitio tus oficinas? ¿Alquilar una nave industrial allí donde sean más baratas y una pequeña oficina, si acaso, en el centro? ¿Qué necesidad de localizar los medios en el centro de las ciudades más allá de la comodidad operativa de sus trabajadores para desplazarse a los edificios oficiales a las ruedas de prensa o allí dónde sean requeridos y por la sensación esa de estar en todo el ajo, pero con lo que cuestán, para qué? Y te quitas a los periodistas. Seguirás en el centro, pero ¿quién irá a ruedas de prensa si no te quedan marineros? En mi opinión es preferible recortar las velas o quedarse con menos barco, antes que tirar marineros por la borda para navegar más rápido. Siguiendo con el ejemplo y para concluir: los medios actuales son barcos que van a la deriva. Y quieren ir más rápido y hacen de todo: tirar marineros, remar con las manos, desmontar la proa... Y les pasan las tormentas por encima que da gusto. Pueden culpar al papel, pueden culpar a internet, pueden culpar al Dios Neptuno, pero el único hecho cierto es que hacen PRODUCTOS MUY MALOS y se nota. Y lo están haciendo muy mal, muy mal. No es por los ERES, no es por los compañeros despedidos, es porque me indigna ver cómo interponen excusas para cargarse periódicos y no argumentan sus decisiones empresariales, que son las que acaban costándole más dinero al jefe máximo, que si se trata de corporaciones o macroconjuntos de empresas, grandes grupos, pues los errores en un ámbito, afectan o tocan a los trabajadores de otra rama que se defiende dignamente. En fin. Despedir periodistas es un mal negocio. Es ir derechos al hundimiento. Que se enteren los dueños de los medios de comunicación, quedarse sin marineros es quedarse sin barco. El mar no perdona.
domingo, 10 de junio de 2012
Los peligros del forofismo
Miren ustedes, a mí casi todo me da lo mismo, pero de vez en cuando, tiendo a preocuparme en exceso por cuestiones que en apariencia y probablemente en esencia, son bastante estúpidas. Me preocupa la información, en general. Porque me dedico o me dedicaba a ella y porque creo que es el principal signo de humanidad que nos hace menos monos, lo de dar noticias de modo sistemático y ser capaces de archivarlas o comentarlas o recordarlas o envolver los churros con ellas.
El caso es que la información es todo.
Desde la genética a la rosa, hay información para todo tipo de monos y menos monos.
Entre los más próximos a los homínidos están los que devoran la información deportiva con voracidad. Y ya he hablado con frecuencia en el blog de información deportiva, yo que no me pongo un chándal desde hace más de veinte años. Pero me interesa porque hay libertad, bastante libertad, en los actuales cánones que la rigen y además de espúreos intereses que la dominan, también hay creatividad y pasión y desmanes y locura y un poco de todo. El todo es lo que más me pone.
Ahora bien, de un tiempo a esta parte, percibo que el forofismo crece sin límites y campa a sus anchas en todos los medios de comunicación en torno al tema éste del deporte. Alguien tenía que decirlo y aquí estoy yo. En particular, el forofismo en el fútbol que es lo que más páginas roba en los periódicos y minutos en prensa o radio al resto de disciplinas en las que también se suda. Acabo de pensar en si es posible que existan forofos, por ejemplo, en el atletismo. Defensores a ultranza de los saltadores de pértiga y que se batan el cobre con los defensores de los lanzadores de martillo, o las agrias polémicas entre saltadores de altura o longitud. Aunque no es el caso que nos ocupa. El forofismo necesita de equipos. El atletismo se define sobre todo por ser un esfuerzo individual, lo respeto por eso principalmente y en sus múltiples especialidades no existen colores. Los colores son los que lo emborronan todo, curiosamente. Volvemos al todo, aunque lo que interesa realmente es la parte. Concretamente ser parte. Arte y parte, aunque el arte tiene poca cabida en todo lo relacionado con el deporte, por más que muchos plumillas se excesan en su uso de los adjetivos.
Vayamos al asunto. A mí que Tomás Roncero participe en un programa de televisión, concretamente Punto Pelota, con una bufanda del Real Madrid C. F. al cuello me parece que es como para preocuparse aunque es mucho más preocupante que escriba sus columnas o sus reportajes con esa misma bufanda puesta, sea visible o invisible si me permiten la licencia poética. Diría aún más, que es todavía peor que tener la bufanda rodeándole el cuello, que la lleve alrededor del cerebro o, si me permiten más poesía, anundándole el corazón. Y valga lo dicho para cualquier otro periodista de cualquier otro equipo. Si las bicicletas son para el verano, las bufandas son para el invierno. El asunto es, si te atreves a salir en pantalla con la bufanda puesta, qué no harás en la intimidad de tu escritorio en la redacción mientras pergeñas tus columnas. Y, ¿qué? Se preguntará el lector descreído y poco audaz. ¿Qué más da? Todos los periodistas tienen equipo. Todos los periodistas tienen sus colores. Vale, de acuerdo. Es verdad. Es lógico, incluso es mérito reconocerlo pero deberían pensar desde el trasparente a la hora de escribir sus informaciónes, color neutro o color carne. Porque sino lo que nos sacan es los colores a nosotros, los lectores, pero de pura vergüenza ajena.
El caso es que la información es todo.
Desde la genética a la rosa, hay información para todo tipo de monos y menos monos.
Entre los más próximos a los homínidos están los que devoran la información deportiva con voracidad. Y ya he hablado con frecuencia en el blog de información deportiva, yo que no me pongo un chándal desde hace más de veinte años. Pero me interesa porque hay libertad, bastante libertad, en los actuales cánones que la rigen y además de espúreos intereses que la dominan, también hay creatividad y pasión y desmanes y locura y un poco de todo. El todo es lo que más me pone.
Ahora bien, de un tiempo a esta parte, percibo que el forofismo crece sin límites y campa a sus anchas en todos los medios de comunicación en torno al tema éste del deporte. Alguien tenía que decirlo y aquí estoy yo. En particular, el forofismo en el fútbol que es lo que más páginas roba en los periódicos y minutos en prensa o radio al resto de disciplinas en las que también se suda. Acabo de pensar en si es posible que existan forofos, por ejemplo, en el atletismo. Defensores a ultranza de los saltadores de pértiga y que se batan el cobre con los defensores de los lanzadores de martillo, o las agrias polémicas entre saltadores de altura o longitud. Aunque no es el caso que nos ocupa. El forofismo necesita de equipos. El atletismo se define sobre todo por ser un esfuerzo individual, lo respeto por eso principalmente y en sus múltiples especialidades no existen colores. Los colores son los que lo emborronan todo, curiosamente. Volvemos al todo, aunque lo que interesa realmente es la parte. Concretamente ser parte. Arte y parte, aunque el arte tiene poca cabida en todo lo relacionado con el deporte, por más que muchos plumillas se excesan en su uso de los adjetivos.
Vayamos al asunto. A mí que Tomás Roncero participe en un programa de televisión, concretamente Punto Pelota, con una bufanda del Real Madrid C. F. al cuello me parece que es como para preocuparse aunque es mucho más preocupante que escriba sus columnas o sus reportajes con esa misma bufanda puesta, sea visible o invisible si me permiten la licencia poética. Diría aún más, que es todavía peor que tener la bufanda rodeándole el cuello, que la lleve alrededor del cerebro o, si me permiten más poesía, anundándole el corazón. Y valga lo dicho para cualquier otro periodista de cualquier otro equipo. Si las bicicletas son para el verano, las bufandas son para el invierno. El asunto es, si te atreves a salir en pantalla con la bufanda puesta, qué no harás en la intimidad de tu escritorio en la redacción mientras pergeñas tus columnas. Y, ¿qué? Se preguntará el lector descreído y poco audaz. ¿Qué más da? Todos los periodistas tienen equipo. Todos los periodistas tienen sus colores. Vale, de acuerdo. Es verdad. Es lógico, incluso es mérito reconocerlo pero deberían pensar desde el trasparente a la hora de escribir sus informaciónes, color neutro o color carne. Porque sino lo que nos sacan es los colores a nosotros, los lectores, pero de pura vergüenza ajena.
martes, 17 de abril de 2012
¿Qué significa realmente estar informado?
Conocer. Saber el titular, que te suene. Saber de la cuestión, de lo que habitualmente no se cuenta a los turistas. Tener un conocimiento del terruño, de primera mano, de haberle preguntado a los viejos en la plaza del pueblo. ¿Qué es realmente estar informado? Recuerdo lo jodidos que eran los test de actualidad que hacían en primero de Periodismo, en los que básicamente te liaban con los apellidos de los ministros. ¿Saberse el apellido de un ministro es estar informado?
En tiempos de twitter, ¿siguen haciendo tests de actualidad en las facultades? Seguro que sí. Sigue habiendo ministros y siguen teniendo apellidos compuestos. Si lees los periódicos, que es lo que se presupone como objetivo con los dichosos test, a uno se le queda como en una letanía los nombres de casi todos. Y, ¿qué? ¿Es eso estar informado? No, porque los viejos del pueblo... Bueno, vale, la teoría de los viejos del pueblo no se sostiene.
A veces da la impresión que a día de hoy lo de estar informado es contar con los datos mínimos para adoptar una posición ideológica. Y punto. La frase anterior la debería escribir en twitter. Lo de posición ideológica igual podría decirlo de otro modo, suman muchos carácteres esas dos palabras. Y mucho de todo. En fin. Supongo que no es cierto. Uno se informa también por necesidad, la crisis tiene ese efecto de leer hasta la letra pequeña detrás de los cupones, se lee todo o casi todo pero claro, después de darse el tropiezo. Aunque leer y leer mucho tampoco ayuda a tener información.
¿A quién le importa la información? Sobre todo a los que las protegen. A los viejos del pueblo, no creo. A mí tampoco. Le cogí tirria por lo de los apellidos de ministros. Prefiero la información a la actualidad, pero tengo trauma desde los tests. Un ejemplo: La información meteorológica. ¿A quién le importa? Desde que era niño, me lo preguntaba. ¿Qué valor tiene? ¿Para qué quiero saber yo el tiempo en Pontevedra, o en Lepe o en Lérida? Con el tiempo lo vi útil, si tienes macetas, o jardín o huerto. Es información. Pienso en los ´circulos de información. Si estás en twitter accedes a un tipo de información que es solo relevante en twitter. Por ejemplo sobre el periodismo de declaraciones. Alguien dice algo, generalmente una machada o una exageración o un despropósito o una burrada y se retuitea, se replica una y mil veces y al final, la frase lapidaria de turno se convierte en tendencia. Si no estás allí pues no te enteras de lo que dijo el bocachancla de turno. ¿Es importante? ¿Es información? No debe o no debería ser tan difícil distinguir entre lo que es información y lo que no lo es. Lo que alguien diga sobre algo: ¿es informativo? Pues, depende. Sería más fácil si nos pudiera atener tan solo a los hechos. Los hechos. Hechos que ocurren. Pero bueno, incluso en ese margen de ocurrencia hay espacio para contarlo de un modo u otro. Pero te das cuenta de los tipos de actualidad. De los tipos de información o más bien, de los tipos de estar informado. Informado por el telediario a la hora de comer. O el de la cena. Informado de cena. Informado de café con leche con ojeada al periódico de la mañana. Informado de boletín de radio mientras te duchas. Informado de twitter. De nosecuántas horas en twitter. En fin, no tengo conclusiones al respecto. Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Qué significa realmente estar informado?
En tiempos de twitter, ¿siguen haciendo tests de actualidad en las facultades? Seguro que sí. Sigue habiendo ministros y siguen teniendo apellidos compuestos. Si lees los periódicos, que es lo que se presupone como objetivo con los dichosos test, a uno se le queda como en una letanía los nombres de casi todos. Y, ¿qué? ¿Es eso estar informado? No, porque los viejos del pueblo... Bueno, vale, la teoría de los viejos del pueblo no se sostiene.
A veces da la impresión que a día de hoy lo de estar informado es contar con los datos mínimos para adoptar una posición ideológica. Y punto. La frase anterior la debería escribir en twitter. Lo de posición ideológica igual podría decirlo de otro modo, suman muchos carácteres esas dos palabras. Y mucho de todo. En fin. Supongo que no es cierto. Uno se informa también por necesidad, la crisis tiene ese efecto de leer hasta la letra pequeña detrás de los cupones, se lee todo o casi todo pero claro, después de darse el tropiezo. Aunque leer y leer mucho tampoco ayuda a tener información.
¿A quién le importa la información? Sobre todo a los que las protegen. A los viejos del pueblo, no creo. A mí tampoco. Le cogí tirria por lo de los apellidos de ministros. Prefiero la información a la actualidad, pero tengo trauma desde los tests. Un ejemplo: La información meteorológica. ¿A quién le importa? Desde que era niño, me lo preguntaba. ¿Qué valor tiene? ¿Para qué quiero saber yo el tiempo en Pontevedra, o en Lepe o en Lérida? Con el tiempo lo vi útil, si tienes macetas, o jardín o huerto. Es información. Pienso en los ´circulos de información. Si estás en twitter accedes a un tipo de información que es solo relevante en twitter. Por ejemplo sobre el periodismo de declaraciones. Alguien dice algo, generalmente una machada o una exageración o un despropósito o una burrada y se retuitea, se replica una y mil veces y al final, la frase lapidaria de turno se convierte en tendencia. Si no estás allí pues no te enteras de lo que dijo el bocachancla de turno. ¿Es importante? ¿Es información? No debe o no debería ser tan difícil distinguir entre lo que es información y lo que no lo es. Lo que alguien diga sobre algo: ¿es informativo? Pues, depende. Sería más fácil si nos pudiera atener tan solo a los hechos. Los hechos. Hechos que ocurren. Pero bueno, incluso en ese margen de ocurrencia hay espacio para contarlo de un modo u otro. Pero te das cuenta de los tipos de actualidad. De los tipos de información o más bien, de los tipos de estar informado. Informado por el telediario a la hora de comer. O el de la cena. Informado de cena. Informado de café con leche con ojeada al periódico de la mañana. Informado de boletín de radio mientras te duchas. Informado de twitter. De nosecuántas horas en twitter. En fin, no tengo conclusiones al respecto. Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Qué significa realmente estar informado?
miércoles, 12 de octubre de 2011
Las no noticias
Escucho el boletín de noticias en la radio y me consumo. Que si en este año empezó la Beatlemanía. Que lo que pasó con los 33 de Atacama. Que si esto. Que si lo otro. Que NO son noticias. No. Y lo que dan como noticia, del día, hecha del día, como el pan. Como decía Jonathan Richman en una canción. Pues son: declaraciones, notas de prensa o agenda. No son noticias. ¿Nadie se da cuenta? Cada vez que alguien escribe que se cumplen 10 años de un disco o un estreno eso no es noticia. Ya sean 40 años. O 50. O 5. No es noticia. Es relleno. Si uno se fija, el rollo de aniversario es gancho de multitud de informaciones y las llamo informaciones porque no son noticias. No tiene elemento noticioso. Te las encuentras disfrazadas de mil formas, si un libro que se presenta, que si un documental, que si se reedita la discográfica, que si hay un homenaje aquí o allá. Es relevante, más de lo que parece. porque se recurre al eterno revival y lo que es peor, esas "informaciones" se cuelan en los titulares y restan espacio a la verdadera información. Más allá de los bloques de internacional, que son clónicos en todos los medios o muy parecidos en cuanto a titulares y bueno, los temas propios, en los que también se cuela el típico reportaje de Hace 10 años que nosequé. Las no noticias son de muchos más tipos. Me gustaría hacer una lista. De tipos. Nos comen el cerebro. Discretamente. Otra forma peligrosa de no noticia, es la que podría ser o será o se da por hecho que será. En especial, los temas sobre negocios, obras, empleos, etc etc. Se instalarán nosecuántos negocios en tal sitio. Se crearán nosecuántos empleos en el nuevo centro comercial. Bla bla bla. Finalmente, ¿se crearon? Nadie lo sabe ni lo sabrá porque esa grandilocuencia de los titulares hace que después, al día siguiente, deje de ser relevante. No se compara. Cuando pasa el tiempo uno olvida ese eco. Esa forma, ese cuerpo de letra. Eso también son no noticias. Y con lo mal que está el asunto, apostar por la no noticia es un suicidio, por más que salga rápida y casi precocinada del teletipo. No compensa a la larga, es evidente, pero creo que no nos damos cuenta, los que estamos fuera y mucho menos los que están dentro, con la vorágine del día a día y llenar huecos y buscar temas y entregar páginas y bla bla bla. Es normal. Es una presión que lo podría justificar casi todo y cada vez más presión. Es malo. Es normal que se levante la mano con las no noticias. Que no se fijen. Que nos la cuelen. Y bueno, por no hablar de las que no interesan. De esas ya hablamos otro día. Es una sedación pasiva contra la que no queda otro remedio que rebelarse buscándose uno mismo las fuentes. No hay otra.
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