domingo, 18 de enero de 2026

Pues me ha ido bien

 Oye que con esto nunca se sabe pero me ha ido bien. Lo del casting.

Ayer escribí que iba a hacer un casting esta mañana y ha ido bien. Contra todo pronóstico. Y sin ninguna expectativa. Me ha ido bien. Les ha gustado. Era para hacer a un malo. Cuando he llegado me han pedido que me quitase el abrigo y las gafas. Cinco y cinco y media. Me ves, me ha preguntado una sombra de color azul con bufanda que era una mujer y se llamaba Isabel. Muy simpática por cierto y me ha ayudado mucho. Al irme me dio un sbrazo. Ha sido la que me ha dado la respuesta.

Era para el malo. Me he tenido que meter en el papel y no sonreír nerviosamente. Era como un viejo que se indigna. Podría haber conectado con mi yo conductor cuando alguien va lento y dudoso o frena mucho antes de girar. Eso me enerva. Vamos ya. Tira ya. Quita de enmedio. Pues en ese plan. Hemos estado repitiendo veinte minutos. Me ha costado pero iba saliendo. Tengo que hacer lo que me digan. Eso es algo que me relaja de ser actor. No me lo tengo que inventar yo y a la vez mirarme los dedos en la guitarra. Actuar ya actuó con frecuencia. Lo del fin de semana pasado en Orense estuvo muy bien por cierto. El primer concierto lo pasamos increíble. En el segundo sufrí un poco por el sonido del ampli y la guitarra. Pillo frío y carraspeaba. Los potenciómetros tosian de vez en cuando. Tuve que empezar con esputos sonoros alguna canción. Lo intenté llevar a mí terreno. Pero no terminaba de conectar. Ni el potenciómetro ni yo. Pero bien. Los conciertos hasta los peores son buenos a una semana vista. O son mucho mejores que no hacerlos. Pero lo de actor es solo hablar.

Di esto. Di lo otro. Dilo con más rabia. Con más enfado. Con violencia. Con más violencia. Muchas más violencia. Quiero que me mates con los ojos. Quiero una mirada violenta. Contenido. Sosteniendo la rabia. Pues algo así. Todo bien. 

Me ha encantado lo de que digan: "qué presencia". Presencia, chavales, presencia. Que eso o se tiene o no se tiene. No hay más. Lo de actor siempre me motivó. Nunca me creo muy capaz. Inseguridad y tal. No verme desde fuera. No tenerlo claro. Casi llego tarde. Aparqué a media hora caminando. Iba con el tiempo justo. Llegué cinco minutos antes pero había una cola de tres personas. Esperé veinte.minutos.  Hablé con uno de los que estaban esperando. Ya tenía más experiencia. Había hecho papeles cortos en varios proyectos en Almería. Me dijo que pagan bien. Era enfermero pero lo hacía porque le gustaba mucho el ambiente del rodaje. Le pedí algún consejo. "Ser tú mismo",.me.dijo. me quedé un poco virado. Yo mismo. Hacer de yo. A nadie le va a salir mejor ser tu que a ti.  Es curioso que todo ser reduzca a ser tu. Hacer de Resines siendo Resines. El chaval se parecía a Resines. Una cabeza rotunda. No sé si estaba calvo porque llevaba una gorra. Ser uno mismo. Que cosa curiosa la actuación. No creo que busquen a alguien como yo. Sería mucha casualidad. 


En la isla de la tentaciones, el gran hermano de ponerse los cuernos en pareja, lo dicen mucho también. He venido a ser yo. Estoy siendo yo. He sido yo. Y siempre sale el yo como coartada o motivación. Cómo destino fatal. Era yo. Fui yo y solo hice lo que sentía. Los sentimientos también son mitad coto de caza, mitad reserva protegida. Se protege el yo y los que sienta ese yo. Los cuernos son menos. O así lo pintan. La fidelidad es solo con el yo y el corazón. Lo que sienta. Lo que sentí. Me acordé de lo de ser yo en el casting pero no tiene nada que ver pero me acordé. Quién otro puedes ser que no seas tú. De quien hacías. Qué rol. Quién eras.

Bueno ya estoy.desvariando un poco. Que me ha ido bien .

Ya os contaré si me llaman.

viernes, 16 de enero de 2026

Mañana tengo un casting

 En mi defensa argumentaré que no fue idea mía. Me han dado hora. Mandé un vídeo. Ni siquiera fotos. O una. Con el móvil. Un selfie del momento. Muy poco preparado. No es el super book que uno se podría imaginar. Estoy nervioso. En la televisión está Alguien voló sobre el nido del cuco. Ahora está la fiesta en la que se emborrachan. Es solo un casting. No tengo muy claro lo que buscan. Un personaje del siglo XX. Caras de la década de los 50 o 40 me imagino algo así. Un casting de posguerra. Igual no es lo que más me pega. Tengo cara antigua. Pero quizá no la que buscan. No fue idea mia. Puede que tampoco sea la idea que ellos tienen. No me veo en castings. La selección misma me pone nervioso como concepto. Pero está bien y en parte, me libera. Eso de que me toque tangencial. Que no sea lo mio. Perfil. Frente. Otro perfil. Ok. Hablamos de tu últimas vacaciones. Adelante. Da un paso al frente. Camina de un lado al orro. Distraido. Muy bien y ahora mira a lo lejos. Como si el sol te cegase. Muy bien. Genial. Muchas gracias. Nunca está de más ser amable.


No es el primer casting. Pero hace décadas. No fue idea mía en esta ocasión pero en otras, si. Cuando era estudiante. Un joven lleno de sueños. Hice un casting hace mucho años en Madrid. Tendría menos de veinte años. Era un chavalin. Fui a la productora de Almodovar. A visitarla. A ver si me descubrían de repente. Pero el casting era de otra cosa. No sé dónde vi la convocatoria. Pero me apunté y fui. Una movida. Lo recuerdo como una odisea. Tuve que ir a las afueras. Seis o siete paradas de metro fuera de los dominios de mi ingenua mente adolescente. Un viaje en si mismo. Ni siquiera me sonaba el nombre de la estación de metro. No había móviles ni gps. Era preguntando a la gente como se llegaba a los sitios. Estaba lindando con los poligonos. Un almacén con pinta de depósito o hangar. Un sitio raro. No recuerdo el nombre. Tampoco lo que me pidieron el nombre. Frente. Perfil. El otro perfil. Y gracias. No creo que tuviera ni que hablar y la memoria me engaña pero creo que tartamudeé.

No fue una gran experiencia y me valió por las siguientes. Pensé: No es para mí. Pero fue una renuncia precoz. Un alivio previo a las futuras negativas. Los próximos ha te llamaremos que es que no te llaman nunca. Lo debí de hacer horrible. Y justo antes pensaba, quizás es el casting que cambia mi vida. Lo hizo. No volver a hacer casting. Un final muy poco épico. Poco recorrido. Lo del cine era un sueño capitalino. De una ciudad grande que escondía mi sueño en algún suburbio. En un agujero reconstruido como estudio de casting en el culo del mundo. Mañana es en un edificio del centro. Me pone nervioso lo del aparcamiento. Y que llueva que siempre lo complica todo.

No hice muchos más. Quizás otro. O ninguno. Me volví con la sensación de fracaso absoluto. No lo era tanto. Eso lo sé ahora. Era lo lógico No estar preparado y no ser el idóneo. Dejé de buscar casting. Quizá fui a otro. No lo recuerdo. Me metí en el grupo de teatro y tuve un papel en la obra Dios. Era Dios en Dios. De Woody Allen. Era el taller de teatro universitario que se montaba entre los colegios mayores masculino y femenino que estaban enfrente y los ensayos eran en el de las chicas. Se me ocurrió que Dios tuviera un acento raro. El teatro no tiene nada que ver. Una frase dicha con gracia. En el tiempo. Con una determinada afectación o un ademán te hace conseguir una carcajada. En la pantalla es distinto. El teatro está vivi. A mí me resulta mucho más facil. Estar en el papel. Que hablase entre gangoso y con voz de pito y fue un éxito. Un pequeño logro. Mi toque. Mi aporte. Pero tampoco me llevo a mucho más. Al semestre siguiente, dejé la carrera y me volví a mí ciudad a trabajar de camarero. Una cosa muy de actor. Y estuve un mes en un restaurante de tres tenedores bastante distinguido.

Luego llegó la primavera y me metieron de camarero en bodas. La cosa se alargó hasta que me corté la rodilla con una botella de agua mineral de las antiguas de Lanjarón que tenían el grosor de un dedo. Un cristal roto con muy mala idea que me libro de tener que menear la bandeja en celebración. Me parecía decadente. Mi jefe nada más verme me dijo: Tú vas a ser escritor. Pues ya ves. Eso tampoco. Por suerte lo de camarero tampoco prosperó. Al final, eterno debutante. Un intentador de primeras veces. Requisitos varios. Más poeta pero por el lado de la vagueza o de la vaguedad. Vaguedades entre variedades mal compuesto. Con empuje y entusiasmo, eso sí. Entonces me rendí en el terreno de los castings. Fue suficiente.

 Está bien lo que no te esperas. Está bien esperar. Este blog a veces es la sala de espera de ml ansiedad. Vengo aquí cuando ando revuelto. A encontrarme en los objetivos. Las ideas. De qué viene todo. Luego lo leo y me veo siempre dudando y como un flan. No siempre es así. Muchas veces no dudo y solo lo hago. Da igual pero lo hago. Con los mismo nervios. Con el mismo amor. Es siempre una búsqueda. Está bien dejarlo por un rato y luego volver. Tomar aire. Ir poco a poco. A veces tiene sentido y otras solo es cansado. Exasperante. Por momentos asoma la desesperación. Está bien dejarlo antes de que te devore. Nada es tan importante. Estoy nervioso por mañana. No tenía intención de hacerlo así que no espero nada . Es más no me viene del todo bien que me seleccionen. Estoy hasta arriba de trabajo y de proyectos. Pero estoy nervioso. No me he preparado nada. Me hubiera gustado grabarme. Siempre pienso que las gafas me distancian de los personajes que no las llevan. Distancia focal. Es importante no estar nervioso. A no ser que busquen personajes nerviosos. Quería llevar un texto de comodín. Algo resultón. Pero no. Llevo los pelos y la barba. Espero que busquen a alguien barbudo. Una cara peluda. Eso lo llevo en orden pero no sé qué querrán. No es asunto mío. Es una casualidad. Es solo una experiencia más. No es mi idea. Tengo mi idea. Mis propios planes. Viene single. Viene ep y viene gira. Hago todo. Me derrito.


Lo volvería a no hacer. Lo volvería a dejar en ese mismo punto. Abogo por la inconstancia como salvavidas de muchos marrones en los que nos metemos a lo tonto. Sin pretenderlo. Como el que no quiere la cosa. Me cansan antes ahora los suelos. Vienen a ser los mismos. Con menos escaleras. Menos saltos. Menos peldaños.. el mismo trecho. Camino de piedras. Camino cuesta arriba. Y lo mismo me sale bien. Sería una sorpresa pero me guardo esa.ilusion de alinear los astros en mi semblante. Es todo confianza. La misma para ser uno mismo. Que es un papelón muchos días por como está el mundo. Volvería a no volver y ahora volvería a apuntarme en lo de mañana aunque me salga un churro y me miren raro. Voy a hacer de mi mismo como Antonio Resines que es siempre un calvo con bigote que se parece mucho a Antonio Resines. Siempre es lo mismo. Voy a parecerme a un calvo con bigote. Estoy clareando. Y clarificando. Hacer como de hombre corriente enfadado o contrariado. Hombre corriente contrariado que es lo que más abunda en los guiones malos. Que sea un buen guión es una quimera. Y un consuelo si no me pillan. Hay que tener los pies en el suelo pero con lo que está lloviendo, es más honesto decir, tener los pies en el charco. Hay que ser el charco. Calar. Hacerle un agujero al suelo con el peso de nuestras miradas. Hay que soñar. 


La luna me acompaña. Luego me voy a ir de cervezas. A ver si con ánimo de celebrar o de olvidar. Sea como sea, cae un par. Ojalá que no llueva. Estoy durmiendo poco. Vamos a ir yo y mis ojeras. Espero que si no les gustó yo, le gusten ellas. Es lo que ellos vean. Ser yo y que me salga bien. Que hay días que soy otro. Y eso es una jodienda que les guste el otro que solo sale a veces. A ver cómo lo dominas. Cómo lo sacas a antojo. Mejor ser corriente y contrariado. Ser un interrogante con cara de esto a cuento de qué. Pero con distancia. Con mirada perdida. De no entender pero tampoco agobiarse. La mayor parte del tiempo no nos estamos enterando de lo que pasa alrededor. Brindamos los sentidos con un aire de despreocupado y eso es lo que quiero trasmitir. La memoria no me suele fallar. Los textos se me quedan rápido. El tono me cuesta más. No ser ceremonioso o exagerado. Eso es lo peor. De ahí no se vuelve. 

Lo voy a dejar aquí y volveré. Para contar qué tal. Deseadme suerte 🍀 

jueves, 4 de diciembre de 2025

Está bien que no sirva para nada

 Últimamente tengo ganas de escribir aquí. No sé para qué. Luego se acumulan los párrafos pórticos sin sentido de algo por llegar que no llega. No me duermo. Poker en televisión. Encima de insomnio, embidar y tirar faroles. A veces pienso en temas de actualidad y en escribir mi opinión. Es una botella al mar. Mi mensaje en esta sociedad náufraga. Parece irrelevante si lo pienso dos veces. La belleza de las palabras por si misma. Sin código. Son solo letras y líneas. Unos pasos en la arena. Me da ganas de hablar o divagar sobre dudas. Embarrarme en mis pesquisas. Tontear con algo de política. Está meneado el avispero. Da igual. Es todo tramoya. Estaremos peor en unos años. Y esa sensación reciente de que todo puede irse a la mierda en cualquier momento. Puede que solo lo sienta yo. Las ganas de escribir no van unidas a la lucidez. 


Siempre hay una excusa a mano para casi cualquier cosa. Lo importante es quedarse con un poco de certeza. Una frase que resuelva una duda. Un pequeño salvoconducto entre la confusión. Encontrar una vía de escape. A veces por nervios. Otras, la incertidumbre. Se borran los pasos. Se recuerda el camino. La luz. El tremolar de las sombras. Sus amagos. Sus imaginadas formas. Como nubes a recortar. Moldes en los que ver el mundo. Me gusta que la poesía subvierte la forma de la nuba. Te hace nubes. Te vuelve gaseoso y te eleva o se rompe en llanto y en metáfora cutre. Y qué haríamos sin eso. Sin el sentimiento manido. Sin las progresión armónica del con padecimiento. Son la reverencia a lo sonoro.ba una química de la lectura. A una empatía que crece como hiedra en la oreja y se vuelve rama en la cabeza y eres bosque si es poesía o eres hoja en un verso, o somos todos al ser el viento que todo toca y por un momento, todo es viento. Hoja. Nube. Tú.


Me suena grandioso y es pura palabrería. Y está bien. Abunda en el agasajo de adjetivo y el relleno por relleno, comas mediante y sin mucha presión, pirueta en otra pirueta mortal hacia adelante o hacia atrás, tanto da y con remate de aterrizaje sonoro a dos plantas impactadas en la lona. Un ejercicio limpio. De caos. En parte. Otro es piromania de ideas felices y una candela de imágenes breves. Un discurrir automático. Una invitación a un psicoanálisis aficionado a ver donde arriba el divagar más o menos libre y con vuelo poético, con intento de alzar un palmo, una levitación aficionada y una falta de respeto al suelo y su tangible dureza. Buscando en la ternura del asfalto. En los tópicos que suenen más estúpidos. En la música de las tildes. Buscando algo épico en lo onírico o eléctrico en la inerte. Un cierto contagio en actitudes, en ver o mirar algo. En encontrarse en miradas paralelas. Un ejercicio de palabras derramadas. Un riego de silencio al pecho del sauce llorón que ya no se agacha. El sauce llorón no llora, está con antidepresivos. Bien. A secas. Sauce funcional. Sauce perdido. Sauce que es viento cuando el viento quiere serlo. Sauce que no se encuentra las hojas.


Emana algo. La figura desgastada. Cansado de representantes mundanos. De viejos atajos. De las mismas bromas. Los mismos chistes. El mismo cansancio que fue de otros y ahora te ajusta perfecto como traje heredado. Las bolillas de los jerseys con los detalles que se hicieron bola en la memoria. Un atardecer detrás de otro. En cola para ser recordado. Un montón de erratas con déficit emocional como hijo de divorciados. Un mal que no es propio. Un dolor heredado. Constelaciones que te hace ser un sauce que no se reconoce en el espejo del río. El sauce que mató al narciso. Que son uno con el viento. La fe en la poesía que lo sabe todo como un oráculo la rima. La parte no dicha. La versión no escuchada. Nunca dicha. Siempre desdicha. Un cristal ahumado. Hecho trozos. Puntas afiladas. La posibilidad de una herida. La búsqueda de primeras veces. De últimas oportunidades. De gangas de experiencia. Y un paso en falso en la subida y vuelta al principio con la piedra a cuesta. La del sentido. La de las cuentas. La del por ciento. O la multa que te llega a los dos meses. La multa siempre llega

 

Buscar la luz en los reflejos opacos. Reconocerse en el espejo y decir: Tengo mi punto. Y ponerte un jersey que si  que tiene bolitas y no es nuevo pero es como un abrazo de la a que te conoce del barrio o del colegio y vestirte con viejos amigos que te dicen que no has cambiado nada. Y ya no fuman. O no beben o no viven pero te los encuentras igual, estando dormido por ejemplo. Forma parte del mismo cómputo. Lo que más me engancha de esto es su inutilidad

 Me atrae lo inútil que eres, le diría al blog. Que no sirves para nada. En el mejor sentido . En la mejor nada. Nada en si mismo. Para leerme a los años y avergonzado de tanto disimulo en el rimar, la paciencia que no pedimos con la misma  persona que no se puede ir al final escribes rápido por si acaso


Está bien que no sirva para nada.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Elogio de la inconstancia

 Me he propuesto acabar un relato que empecé hace tres años. Este blog siempre ha sido mi tabla de ejercicios narrativa. Mi espacio de calentamiento. Me predispone de otro modo cuando es un relato o asoma una novela. Otro tono. Me convence menos. Tenía el formato de diario. Difícil equivocarse así. Con el conteo de días. Me lo tengo que poner fácil para no dispersarme. Se me va el hilo. Me parece una mierda el borrador. Me cuesta entenderlo ahora. Es complejo. Antes lo tenía en la nuca y ahora es como si no hubiera existido. Pero me he propuesto acabarlo. Sea como sea, antes de que termine el año. Lo llevo avanzado pero es una mierda.

La perspectiva no siempre ayuda. Es preferible la confusión bien retratada. Confusión en pausa. La prosa poética no es mi idea. En lo del diario. Es sobre la gira. Y son todos desdichas. Penas con ritmo. Muchas penurias. La idea original era lo que me daba miedo antes de dar el concierto y lo que se verdad me asustó después. De eso van las canciones. Es un disco. Es una gira. El mismo título. El miedo no existe.

Debería ser: el miedo que sientes no es el mismo que acabas sintiendo. Regular redactado. Me hago cargo. Dejarlo en las ideas... Decir: pensé en esto pero no llegué a acabarlo. Casi mejor así. Estaba muy metido en el relato. Muy en lo intenso. Una lista de ideas locas. Sin verbos. Sin acción. Luego no escribo así. Intento narrar. Me queda a medio camino. No controlo lo que es divertido y lo que es miserable. O no sé el punto en el que pasa a ser uno u otro. Aquí todo es brocha gorda.


Se ha borrado dos veces. Tres párrafos en casa blancazo. Giros del guión. Se borró. Desaparecido. Y se publicó sin querer. Todo es un volver a empezar. Volver a dejarlo a mitad. No está mal dejarlo a medias. O que pasen cosas sin querer. El azar también quiere un refresco. Es una forma de librarse de morralla. No hay que acabarlo todo porque hay muchos empeños innecesarios o causas perdidas. O blogs. Hay que cansarse y echarse a un lado. Guardarlo en un cajón. Es bueno olvidar. Y ver una serie. Ir al cine. Olvidarse y seguir. Que se asiente el entusiasmo. Que se pierda y vuelva. O no vuelva nunca. Lo bueno, vuelve. Y ese era su proceso. El meandro necesario.

Se va a borrar una tercera. He bajado los libros de la mesita de noche. Había cercos de polvo. Había vida en el abandono. Volver a donde lo deje. Un par de frases o ideas que hubiera escrito de otra forma y voila. Se mete el nervio de decirlo todo por ti mismo. Y das el arreón. Luego igual no vuelves y no lo acabas. No pasa nada. Mejor sin fin. Sin fines específicos. Eso que te quitas. Eso que te ahorras. Otro final regular. Dejar la puerta abierta a una mala idea. Siempre hay tiempo para estropearlo. Tiene mala prensa la inconstancia pero nos libra de mucha idea peregrina.  

Me imaginaba un final diferente. Un final que nunca llega. Un padre ausente como final. Un adiós imaginado. Estoy con algo que deje a medias. Y entiendo perfectamente por qué. Me cuesta distinguir cuando merece la pena acabarlo y cuando no. Seguramente da lo mismo. Siempre es mejor empezar otro intento inconcluso. No llegar a ponerle titulo. Está bien no hacer porque te libra de cagarla pero aún está mejor no terminar porque te alivia del remate. De la guinda al pastel de mierda. Es excesivo. Cualquier intento es un aprendizaje. Odio lo de aprender. Es como el acomodo de la derrota. No lo consiguió pero aprendió a no conseguirlo y seguir haciéndolo. El tránsito de Venus en Sagitario tampoco ayuda. Y este maldito frío que me tira bocados en la chepa. Es como cancelar una cita. No tener que ducharte. Que peinarte. Que elegir la camisa. Preveer si hará frío. Ir muy abrigado. Pensar en temas de conversación por el camino. Por si se sienta el silencio a la mesas. Tener a mano temas de desahogo. Alguna pregunta. Alguna cuestión. Algo que nos conecte en conversación liviana e intrascendente. Y con solo una frase: al final no puedo. Lo dejamos para otro día. Es que estoy tosiendo. Como segundo apoyo a la desidia de no moverse de la manta. No tener que hablar. Librarse de los demás. Aplazar las charlas intrascendentes. Es bueno la pereza. Es un alivio. Es una forma de evitar conflictos. Es una manera de reservar energía.


La inconstancia nos libra del cliché. De querer hacernos una cabaña cuca en un lugar común. Atrincherado en el amor de la adolescencia. Parado en el primer beso que era más parecido a un mordisco. Parado en cualquier estación de autobuses de nuestra vida, quizá aquella sin remodelar aún, con todo el hollín y la negrura de la pintura descascarrilada y donde se quedó en una maleta un corazón para siempre. Como una piedra que cae de un desprendimiento y no se vuelve a mover en milenios. Un punto muerto. Un agujero negro. Un corazón roto. Toda es mierda de poesía barata está bien que se quede en cuadernos. En hojas rotas. En jirones de tiempo. Y nos libramos de palabras como jirones por ejemplo. Del tiempo es imposible librarse pero nos ahorramos el perderlo en lo que no terminamos. Lo que no fue. Lo que no nos pasó. Y menos mal. De lo que nos libramos. Un cómputo de salvadas. 


La inconstancia nos salva de acabar las cosas. De nosotros mismo. De nuestro destino. De finales sobados y oídos o leídos mil veces. Un final es un peso. Lo que no acaba siempre puede revertirse. Se podrá arreglar. Mejor no acabar las mierdas. Mejor quedar en tablas . Que no se confirme lo mediocre. Preferible a medias que entero y una mierda. Un boceto sucio. Que quizá... Que podría... Mejor puntos suspensivos a suspender y punto. No presentado. Se nos guarda convocatoria. Se aplaza la confirmación de la mediocridad. Lo que escribes te persigue. La coma que no pusiste. El punto y coma al que nunca diste trabajo. Y te pide una oportunidad.

Está ya bien de entrada de blog. Un poco de coherencia en la inconstancia.


lunes, 27 de enero de 2025

Hacerlo mal a medias con alguien

 A veces me gustaría no tener que hacerlo todo yo y tener a alguien más. Que hiciera todo lo que yo quiero hacer o algo parecido o una parte al menos y que le saliera, grosso modo, igual que a mí. Que lo hago. Con su margen de error, claro. Más error que márgen. Alguien con quien el márgen se volviera más pequeño. Mínimo a poder ser. He concluido que es un afán inútil. Es imposible que alguien lo haga igual de mal.


Lo he hecho todo mal casi siempre. A esa conclusión llegué hace un año. He hecho todo mal. A lo largo de los años y en general. No mal a conciencia. No con maldad. En ocasiones con inexperiencia y en otras, por puro entusiasmo. A veces por errores de otros, por prisa o por todo lo contrario y casi siempre, por mi culpa, mi culpa, mi gran culpa... Otras veces por no confrontar. Por no tener segunda opinión. Porque nadie nace enseñado. Y por cabezota. Sobre todo por cabezota. Por tozudo. Por cojones. Por coraje. Por rabia. Por un montón de cosas malas que si perduran lo bastante en el tiempo, se vuelven virtud.


Todo mal pero lo he hecho. Es la parte buena. La conclusión. Hacerlo es bueno. Hazlo. Va a salir mal seguro. Si tomamos mal como el rango que establece la imaginación cuando lo proyectas. Y la proyección compartida reduce el optimismo casi siempre. También el empuje. Lo vuelve más mundano. Más debatido obviamente. Un mal de más de uno. Un mal a medias o en, al menos, alguna cuota. Devengar algo del resultado final. Es imposible equivocarse siempre pero es recurrente. Me refiero a la toma de decisiones. A elegir el camino en el que perderse. Todos los caminos del laberinto. Elegir pasillo. La vuelta viene escogida por el destino. Y le llamo destino a que ese día llueva. Al laberinto mojado. Que el suelo resbale.



Todo esto viene a cuento porque el disco nuevo viene con algunos conciertos. Me encargo de todo. El disco. La parte técnica. La promoción. La nota de prensa. Los correos electrónicos. Los conciertos. Y estoy en el trazado de la gira. Llámalo gira, llámalo tocar en bares donde la gente habla. Llámalo hacerlo todo mal. Un manager. Pero claro. Un manager no hace lo que tú quieres . Y más bien al revés. Haces lo que diga. El manager. O el mercado que es peor. El dinero. Que no nos quiera el dinero. Y que no sea negocio. Nada lo es. Pero que te lo diga otro. Oye, que esto no es negocio. Pues ya. Mal. Cero. O tendente. Y que hagas lo que te diga: nada. Lo que diga otro. El mercado, amigo. Ese monstruo sin cara. No hagas nada. No merece la pena. Y que, a fin de cuentas, no lo hagas. Entre hacerlo mal o no hacerlo, la elección es clara. Vamos con todo a mal. Al bar. A cantar bajo el murmullo. A sentir el desprecio y ninguneo. A lo malo. De cabeza a por todo lo malo porque si lo aguantas lo bastante en el tiempo, acaba siendo una virtud.  Y ya van dos.


Atesorar virtudes mientras lo vas haciendo todo mal tiene un cierto merito. Y está todo lleno de la poética de lo artesanal.  Del contacto directo. Del tú a tu. Y a veces el tu a nadie. O el tú a muy poca gente. Porque encima el día que elegiste llueve. La perspectiva de la lluvia es el toque del destino. El mejor ejemplo de lo que ya nos queda a desmano. Mucho más de lo que creemos. O eso quiero creer. Hacerlo. Que haga sol. O hacerlo y hacerlo con tormenta si hay tormenta. Y todo esto lo escribo porque la teoría es muy bonita. Y la lees y es épica pero luego llega la tormenta y te mojas. Que te secas después, también es verdad pero te llevas el remojón. Te cae la nube negra. Y te sientes como una puta mierda. Y no se comparte, por tozudo y etc etc. Es difícil decidir porque camino te vas a perder. Uno no quiere perderse. Yo no quiero. Me gustaría llegar lo antes posible y vale, lo acepto que es un laberinto. Un laberinto mojado con gente hablando de sus cosas. Hablando alto. Un laberinto de gritos. Lo piensas un poco y dices: Nada. No entres. No te pierdas. No sigas. No lo hagas. No te metas en nada. No busques la salida si todavía estás en la entrada. No te pierdas o no te pierdas a posta al menos. O no te pierdas a posta tú solo, ve con alguien. Un laberinto a medias es menos laberinto. Estar perdido pero con un poco de compañía es como estar en algún sitio. Me ha sonado a matrimonio. Pero todo esto va de meterse en el bosque. De dar el paso. De irse de ruta. De meterse en problemas motu propio. Estoy en ese punto de empezar a perderme.


Contado así es todo muy dramático. Hay que añadir alguna matización. No es una ruina. A veces ganas. Casi siempre se cubre gastos si no gastas. Lo imprescindible. Bocadillos. Todo lo que puedas llevar de casa, es mejor llevarlo. Luego a veces sale bien. Y a veces, excelente. De dinero. De mercado. De respuesta comercial a la propuesta. Y puede que ese día lloviera por dar una medida de lo aleatorio que es el asunto, en mi caso por lo menos. Que son diez años de bandazos. Bandazos nunca mejor dicho. Todo esto lo he hecho con más personas. Un grupo de personas. Con sus cosas. Con sus temas de conversación. Con sus neuras. Con sus ganas de comer. De dormir. Y de todo lo demás. Con sus propias ganas de vivir. Y eso es como si les lloviera en su interior. Una furgoneta con cuatro tormentas por desencadenarse. Controlar la nube negra interna de cada uno, olvidalo. Otro imposible. Y no sé ni cuántos van. Un manager se encarga de repartir paraguas. Si da dinero, se actúa de otro modo. Cubriendo gastos, nadie siente que esté trabajando. Es todo emoción. Y siempre te dicen o te dirán: Bueno, es tu proyecto.  Y es verdad. Es mi proyecto. Es mi aventura. Es mi decisión. Es mi tozudez. Es mi laberinto. Y lo raro es que no se pierdan. Se cansan y se van . Lo dejan. Gracias por acompañarme un rato y a buscar a otro. O a otra. Y así. Que es como todo en la vida, que se va cambiando. Que se cansan. Que se aburren. Que se pasa. Lo que quiera que sea que lo motiva, se pasa. No dura siempre. No es amor incondicional.


Una de las nuevas canciones del disco se llama así: Un amor incondicional. Es el único Amor que es de verdad, dice la letra. Viene con colaboración. Cómo todas las del disco.  He hecho varios amagos de escribir sobre el grupo y la trayectoria errática. Igual no lo era, era el laberinto. No era culpa de nadie. Si lo escribo, no va a ser prosa poética. Algo más tipo reportaje. Recordando los días que hicimos comidas memorables. Que serán un par. Tengo un par de títulos pensandos. He hecho amagos porque lo que escribo me parece una mierda. Y cuando no me parece una mierda, se vuelve muy deprimente recordar la cantidad de miseria. Y la pena. La pena en general. Del paso del tiempo. De perder.fuerza para perderse. De perderse pero con achaques. Con lumbago. Con canas. No tienes edad de fracasar. La palabra fracaso siempre sobrevuela todo. La palabra éxito también. Hay una bandada de palabras que te acompañan, como buitres que se alimentan del entusiasmo cuando muere. Carroñeros del ímpetu. Te sobrevuelan a ver cuando te da la bajona gorda. Y te clavan el pico.  Cuando me he puesto a escribir y rememorar, me dolía el entusiasmo como un miembro fantasma. Echaba de menos la ilusión como a una abuela fallecida. Y eso que aún me queda algo. Que aún no he perdido del todo. Que voy a seguir haciéndolo mal. En fin.


Hay algo más.

El disfrute. Porque después de tanto tiempo, uno se olvida que lo disfrutaba. Cómo un matrimonio. Que en algún momento, disfrutó. Y pasa con escribir. Y pasa.con cantar. Y pasa con componer. Con todo. En el blog, es todo distinto, es como hablar al espejo, vengo y mira, me voy más tranquilo. Me miro en un par de párrafos y digo, pues si. Era eso. Era esto a lo que venia. Era lo que me andaba buscando. Supongo que últimamente escribiré de más seguido. O eso espero. A ver cómo se va dando el asunto.


martes, 3 de diciembre de 2024

Canciones muertas sonando en el dial

 Hola primorosos, el otro día justo antes de entrar en directo en la radio para dar la agenda de conciertos del fin de semana estaba sonando Aire de Pedro Marín 

Hice comentario off The record.

Es una pequeña batalla personal de la que vengo a dejar cuenta en mi idem blog. Sobre las canciones de la gente muerta. Muerta artísticamente se entiende. Grupos que llevan años separados o incluso, muertos literal y las canciones siguen sonando. Se entiende si es Frank Sinatra.... Si es un super clase. Un super clásico. Pero no. Son éxitos de una radiofórmula extinta a día de hoy pero que siguen sonando.

Yo hago una agenda de conciertos semanal en la radio. Hay viejas glorias. La agenda está llena de viejas glorias. Conciertos homenaje. Última gira. Los veinte años de esto, los treinta de aquello o los cuarenta de más allá. Que daría para otra entrada de blog. La obsesión por la onomástica. Por la fecha en la historia. Por el hito. Por el estuve allí. 

Es otro tema...

El revival es el revival . Las canciones antiguas que han perdurado más que sus intérpretes son valiosas. Merecen la pena. Se agradecen de ve en cuando. Pero si están en bucle. Si son parte de un discurso inmovilista de décadas. Pues mal. En mi opinión. Es un ejercito de canciones zombi de solistas muertos, literal o figurado. Siempre con lo mismo. Siempre con lo mismo. Y es, sobre todo, un ninguneo al presente. Al ahora. A hoy.

Al recital de este fin de semana.

Las momias se comen los polluelos que nacen. Y se esquilma el panorama mediático. Se quejan algunos artistas de esa época de que sus canciones ya no suenan en la radio. Las de ahora. Las de entonces, siguen en bucle. Las de los ochenta. Los ochentas infinitos. Hay varias cadenas que se centran en esa época. Como signo de identidad. Un recopilatorio infinito de éxitos con sintetizados y aire retro futurista.

A ver. Que bien. Que de vez en cuando, son buenas canciones que gusta escuchar. Pero un poco demasiado que sea a todas horas la misma matraca

Matraca muerta.

Repertorio muerto.

Que ya nadie hace en vivo.

Igual es un detalle al que solo yo le doy importancia y es una gilipollez, no lo descarto. Que se puede contra argumentar fácilmente. Pero siempre me la refutan por el mismo camino. Es lo que la gente quiere, suelen decir. Se arropan de la bandera de lo popular. Es lo popular. Claro. Sin más remedio.

Los jóvenes no oyen la radio. Normal

La explosión de podcast. Normal.

No es que no oigan la radio, no oyen radiofórmula obsoleta porque está obsoleta y porque son éxitos de hace medio siglo. Literal medio siglo. Demasiadas decadas de por medio. Y se pierde el hilo. Por lo estético. Por todo lo que rodea al asunto.

Si le añades el secuestro de diales de las compañías periodísticas, te queda un panorama yermo y desalentador. Pero igual solo me lo parece a mí. Aire de Pedro Marín. Es el ejemplo. Me vale muchas que podrían ir en la linea pero es paradigma porque casi nadie sabría decir el nombre del intérprete.

Aire. Soy como el aire. Pegado a ti....

Como una radiofórmula antigua de pegado. Pegadisimo. Ya fue. Ya paso. Aire está anticuada. Y ya

 Es solo un ejemplo. Está ultra muerta y hace unos años fue canción de una campaña publicitaria. Y tal. En fin. Pero otra versión.... Creo. Escribo de memoria. En fin. En otra entrada me gustaría hablar de los grupos con contratos editoriales con multinacional que usan la radio pública para estrenar sus temas. Son como hamburguesas en el comedor escolar. Me parece un descaro.

Me sorprende que nadie más lo opine. La verdad. Es comida basura en el colegio público. No estamos para eso. Mercaderes en el templo. Les pagan la promoción a los más ricos con dinero de todos. Igual exagero. Pero lo opino. Es un tema editorial en todo caso. Del periodista o productor de turno. Hay que cambiar la brújula. Mirar al que no está firmado por una Major. Que tampoco es descubrir la rueda. Porque es servicio público. Se supone. Y servicio público es justo lo contrario de negocio privado. Hasta donde yo sé....


Bueno, mañana más reflexión.

lunes, 2 de septiembre de 2024

Vuelvo a la radio

 Volvemos a las ondas. Ahí estamos. Es emocionante escucharse en la fm. Es un hecho. Mi trabajo me ha costado. Tampoco es fácil volver. La radio está secuestrada en España. Es un monopolio a fin de cuentas. La radio musical no existe. Las iniciativas fuera del sistema se cuentan con los dedos de una mano .


Hoy vuelvo a emitir un programa. Agenda de conciertos semanal. Poder escuchar la música que va a sonar en vivo. A modo informativo. Esta siempre fue mi lucha. La agenda es información. Sea teatro, danza o música. Igual que la cartelera de cine. Es un servicio. Oír la música que va a sonar en vivo es un servicio público. Debería ser obligatorio. Si vienen en gira, suenan una semana antes sus canciones. 


Lo he hecho a modo de cápsula. Con idea de redifusión. Son veinte minutos. Suenan casi quince canciones. Estaba pelín oxidado. Me costó lo suyo. Varios intentos. Tampoco tengo el mejor equipo técnico pero lo he podido hacer en mi estudio casero. Estoy orgulloso de eso. Con mi micrófono y una mesa prestada. Poder emitir desde casa. Es un logro. Solo estoy empezando. Espero mejorar pronto. 


Es curioso cómo se dan las cosas. He estado haciendo radio muchos años. En varias emisoras. De todo tipo. Locales. Municipales. Comerciales. Libres. Comunitarias. He probado de todas las modalidades. Es curioso. Son ya años. Ahora que lo pienso. Muchas probaturas. Musical casi siempre pero también magazine o matinal. También probé informativos. He hecho de todo. No todo ha salido bien. Se ha luchado. El tejido es complicado. Tiene que ver con la pasión por la música. Los múltiples intentos. A veces me he cuestionado si también es por el gusto de oír mi propia voz. Pero me ha costado años que me guste. Es una vocación, supongo.



En el programa de hoy, el que se emite hoy, no me he quedado especialmente orgulloso. Está bien. Es profesional. Va a mejorar. En ritmo. En soltura . Me ha costado un poco dar el paso. Al final es uno a la semana. Comprometerse a ello. Le pillaré el truco. Seguro. Pero es un curro. Las posibilidades de cobrar por el trabajo en la radio es bastante remota. No imposible pero complicado. De tantos proyectos, habré cobrado en un par de ocasiones. Buscando patrocinio. Otro trabajo en si mismo para financiar el asunto. Es todo remontar el curso del río. Pero escribo esto hoy porque estoy ilusionado.


La ilusión es lo más importante siempre. Es curioso cómo se dan las cosas. Cuando acepté volver a hacer la agenda musical en la radio, me escribieron de otra emisora en la que estuve hace unos años para que hiciera lo mismo. Otra agenda de conciertos. Dos tazas de caldo. Y me alegró porque es como que se acordaban de lo que habíamos hecho. Y... Es que... Cuántas posibilidades había de que se diera esa coincidencia? Estoy con ello.





sábado, 10 de agosto de 2024

Mirar al trauma con cariño

 Ayer vi Brats. Es un documental sobre la generación de actores jóvenes de los 80s. Lo dirige uno de ellos: Andrew McCarthy. No fue de los mejor parados en las décadas venideras... Era la pandilla de Emilio Estévez, Rob Lowe... Por ahí andaba Demi Moore... Qué gran intervención la de Demi, por cierto. Sale el periodista que escribió el artículo. Brat Pack. Ese fue el titular. Se traduce como mocoso. Y se convirtió en una etiqueta que perjudicó de distinta forma a todos ellos. Ese es el argumento a grandes rasgos.

Me gustó. Me suelen gustar todos los documentales. Sobre cine o música, sobre todo. Es un poco tedioso pero me gusta. Un poco desorbitado. Demasiadas vueltas. Demasiado rollo sobre el trauma de la etiqueta. El trauma de Andrew. Y su voz en off... Se hace un poco largo y concéntrico. Me parece más interesante la reflexión sobre el cine de la época. Años ochenta. Comedias adolescentes. Éxitos en taquilla. Y el discurso de los medios... Como un titular o un apodo o un alias funciona y la realidad pasa a un segundo plano.

El documental trata de traer esa realidad de vuelta. Con una perspectiva de tres décadas. Con crudeza. Con cierta melancolía y nostalgia de otro tiempo. Muy interesante la reflexión de la actriz de Regreso al futuro que hacía el papel de madre de Michael J. Fox: la irrupción del VHS. De poder ver la misma cinta en bucle. Algo inédito hasta entonces. Y relevante. Por el tipo de consumo de cine en casa y en modo repeat. Lo que produjo, según ella y yo estoy de acuerdo, una identificación generacional. Algo que ha trascendido con títulos como El club de los cinco (The Breakfast club) por ejemplo. Judd Nelson no participa y Molly, tampoco. Molly tiene un apellido bien difícil. El resto dan su versión del asunto y de la influencia de cargar el sambenito de mocosos de moda.

Demi y Rob lo enfocan muy diferente. Casi agradecen ese momento. Que los pusieran en la picota. Miran al trauma con cariño. Con solvencia. Para Andrew es una piedra en el zapato y se refiere a ello con enojo y mal rollo todo el tiempo. Como si le hubiera influido para mal... Revisando la filmografía de cada uno, se rastrea la influencia. Pensé en que hay que hacer. Hacer sin parar. Hasta que la etiqueta se despegue y pongan otra. Y seguir. Y hacer. Y estar por encima de los nombres que pongan terceros. O las críticas... Eso me pareció útil. Esa diferencia de posición a la hora de encarar los acontecimientos fuera de nuestro alcance. Si veías películas en los años 80 o tenías un vídeo doméstico en casa, puede que te llame la atención. Si eres más joven pero te gusta el cine en general y todo lo que le rodea, pues también es un rato entretenido.


Anexo del indie que no es indie 

Pasa en la música igual. Me da coraje igual. El rollo indie que es solo rollo. Sólo armazón. Sólo costra. Pintura exterior. Maquillaje a la moda. Sólo lo de fuera. Un barniz independiente. Un look Sundance. Y nada dentro. Como una almendra vacía. Recientemente he visto dos películas muy diferentes entre si pero con esa apariencia indie y bastante vacías, creo. Me han gustado. O lo he intentado. Más o menos. Las dos me aburrieron por momentos pero me dió coraje que tiren del maquillaje de lo no comercial. En esencia, lo alternativo es una forma diferente de hacer y decir. Importa el cómo pero también el qué. La historia. Sangre en los labios me ha parecido un poco truño. Kristen Stewart, muy bien. Con un pelo grasoso que me pase toda la película con ganas de lavarle la cabeza, ponerle suavizante y una mascarilla capilar tope de gama. La otra chica hace un gran papel pero el guión no vale nada. La peluca de Ed Harris es del bazar chino. Y me pasó algo parecido con Blondi. Que es cine argentino y una ópera prima, o sea que, aún con benevolencia y viendo más los logros y los guiños, pues me pasó lo mismo. Un guión con más lagunas que Sierra Nevada. Bien apuntado. Bien direccionado pero... Sin remate ninguno. Y lo raro que se me hizo escuchar tantas veces a The Velvet Underground de banda sonora. Que claro. Mola. Obviamente pero es como demasiado obvio creo yo. Pon Galaxie 500. Pon Luna. Pon The Warlocks.... Grupos menos conocidos. Canciones menos míticas. Que a ver Lou Reed pues bien, claro. Pero me parece cero riesgo. Lo hablé con amigos argentinos y no lo veían asi. Es como algo novedoso en su cine, según me dijeron. Aparte,.aparecen Las Ligas Menores. Salen tocando. Un poco en segundo plano y es suya la canción de los créditos.... hice todo mal... Pero están todos bien

Me gusta la canción. Y me sirve de cierre. Para las tres pelis... Lo hacen casi todo mal pero bueno. Está todo bien. 


https://youtu.be/VDjHKp-wz9Q?si=9dJBVMNflVb0Qy7t


Un videoclip hecho con collages

 Hacer lo que siempre has querido. Collage, en está caso. Amo los collages. Desde siempre. Me gusta. Tijeras. Revista vieja. Pegamento en barra. Dedos pegajosos. Es un proceso. Siempre salen cosas nuevas y chulas. Paisajes imposibles solapándose en trozos de papel. Me gusta. Me encanta. Me gusta el clásico collage que te imaginas de recortes de revistas antiguas. Hay menos revistas ahora. Es otra cosa. El collage siempre me ha parecido moderno. Tiene algo especial. Es divertido y me gusta. Verlos y hacerlos. Siempre había querido hacer un vídeoclip con collages en cada fotograma y que quedase guapo. Bien guapo. Es una tarea de chinos. Y que haya unanimidad en la guapura. Que dijera algo. Que no se viera barato. Que tuviera un significado. Y una estética. Un look. Un estilo. Y en eso estoy. Por fin. Me puse a hacerlo. Bien por mi. Me doy una galleta.


Tampoco lo pensé mucho.... Con ese tipo de cosas, creo que es la mejor forma de proceder. Lanzarse y hacer lo que intuyes. Lo que tienes en mente. Lo que te sugiere... Y me he puesto. Llevo un par de meses. Lo dejé porque me daban mareos. Es largo. Es tedioso. Me encontré un par de enciclopedias en el contenedor de papel y cartón y también apareció media docena de tomos de una colección de fotos de animales. Una cosa tremenda. Papel satinado. Impresión de calidad. Fotografías impresionantes. Me puse las botas con las tijeras. Una carnicería de hojas. Una barbaridad de detalle. Primeros planos. Ojos del león. Del zorro. Y unos colores.... Qué color!


Ya estoy un poco harto. También es verdad. Uno quiere... Uno quiere... Y se cansa. Como con todo.  Mientras lo hacía no tenía nada claro cómo iba a ser el resultado final. No quería algo cutre. Con apariencia de hecho en clase de infantil. Que fuera poco serio. O feo. Tras escanear, ajustar y montar, que quedase feo a secas. Pero no. Ha funcionado. Al menos los primeros 93 ... Y muy guay. Mucho mejor de lo que esperaba. Tenía la inquietud de que no se apreciase apenas el detalle al pasar cada folio pegado y recortado como un frame en medio parpadeo. Pero se ve. Se aprecia. Se entiende. Va lento pero queda bien. Es mi primer vídeoclip en lo que a montaje y dibujo se refiero. Hecho por mi, quiero decir. Siempre quise hacerlo. Y mira, estoy en ello. Y bastante harto por otra parte 


Sin prisa pero con un plan mínimo de tenerlo acabado y listo para el inicio de curso. A ver. Otra cosa que me tenía en alerta era el color. El frío del escaneado. Que perdiera el toque pero no. Hice las fotos en plan ráfaga. Las imprimí en una tienda y les hice fotocopias. Quince céntimos cada una, creo recordar. Sobre ellas, las fotos de animales y un coctel de periódicos viejos y papelotes que tenía por aqui: un calendario, que fue un acierto como telón de días que caen y se suceden; un mapa, que es como una piel pintada y era de un amarillo vainilla con el mar en delicado celeste; unas laminas de anatomía, eran el desplegable de una de las enciclopedias y quedó sensacional, como un velo... Y trozos de papel pintado. Y recortes de folletos de publicidad y en fin, todo lo que me queda por hacer. Que es mucho.


Me estoy tomando un descanso. Iba a ir a por una napolitana de chocolate para la merienda. Me la he ganado. Puede que pille una pareja. Hay 2x1 en el supermercado más cercano. Hace un calor obsceno. Es agosto pero me tiene mal tanta flama. Le temo a salir. Más le temo a volver a la faena. Es mareante manejar tantos recortes. Tijeras para arriba y para abajo. El suelo lleno de papeles. Una alfombra de hojas de periódico. Tengo que acabarlo de una vez por todas.... Voy en tiempo más o menos. 

martes, 18 de junio de 2024

No os agobia mogollón elegir foto de una misma ubicación
























Fotillos de anteayer.

Material fresco 

La típica de los girasoles floridos 

No falla.



No os agobia lo de tener que elegir una foto de una misma ubicación con mogollón?

A mí, sí 
 

Plantar palabras en un papel

Uno. Dos. Contar. Tres. Cantar. Plantar cosas todos los días. Lo intento. Es solo una frase pero tiene mucho de plan de acción. Planta algo todos los días. Un tallo. Humilde. Unitario. Constante. Estás en otro día sin darte cuenta. Otra planta enraiza. Mañana llueve. Hoy escribí. Ya es ayer. Planté palabras en un papel

Un, dos, tres. Contar cosas. Tres. Tres. Tres. Tres. Tres por cuatro. Un, dos. Ya. Cantar letras. Plantar canciones. Melodías en esqueje. Cantar con ojos cerrados. En color negro. Tierra. Color sustrato. Cantar a ciegas. Hundir las manos en la arena. Sentir la tierra. Desafinar y sentirlo. Un columpio en las cuerdas vocales. Buscar un hilo. Tira. Cantar como el que olisquea. Buscar trufas. El que se ve en otra historia. Un reflejo. Un destello. Una colección de enojos o resentimientos hechos notas o acordes. Zahorí de ahogos. Abrir tuberías de alma atascadas. Agua estancada en el corazón. Las alcantarillas de cada uno. Alumbrar manantiales. Hacer letras todos los días como el que planta. Tallos rotos. Nuevas matas. Esa ilusion. La flor que vendrá. La poesía de la vida. Que se agarra al suelo y a la vida con finas vellosidades blancas. El que se planta en una hoja en blanco. Empieza a cantar o a contar y no pares. No esperes. Ni lo piensas. Sólo lo haces. Y está hecho y en otro día antes que quieras decir calabacines. Calabacín. No se parece a una calabaza en nada si te soy sincero. No se de dónde vendrá. El tiempo es fugaz. Pero perezoso. Da tiempo a que se llegue la próxima cosecha . Calabacines que se disuelven en el espacio y el tiempo.


Vino una ola. Me mojo. Vuelvo a empezar cada día y estoy un poco harto de hacer el café. Cada día. Haz café cada día como si fuera una condena. Mejora la redacción. Afana el tono tibio en las descripciones. Treinta líneas. Mezcla. Natural. Agua caliente. Expresos. Esa urgencia por contar. Por cantar. Por sentir. Por despertar. Una brisa fresca que despereza. Un viaje que empieza. Dedicarse a escribir pero hacerlo. Unas horas fijas al día. Es lo que siempre has querido hacer pero al final del día, lo que menos haces. Hay cosas más importantes. Cotidianas urgencias. Es algo que me pasa con frecuencia y en muchos ámbitos. Quiero hacerlo. No lo hago. Lo pienso. Mucho. Muchas vueltas. No lo hago. Encuentro motivos para hacerlo de otro modo o con otra idea. Vuelvo a empezar . Vuelvo a dejarlo a medias. Muchas frases cortas. Muchas mierdas. A quien le va a interesar esto. Todo flashes. Relámpagos. Muchos cambios de luz. Más aún de ánimo. Un tropiezo. Un roto. Una ilusión. Un agujero. Una gotera. Una descripción.


La noche se volvió un bloque frío de pronto y como una serpiente helada se enroscó en sus tobillos desnudos. Un escalofrío le recorrió como un rayo tímido. Los calcetines tenían permiso indefinido. La manta estaba de horas extra. Cena escasa. Una tarde larga y negra. Era febrero. Un febrero raro. Una temporada extraña en general pero frecuente. Temporadas de rarezas, diversas y a la vez lo mismo. Parte del camino. Hondonadas conocidas. Gargantas oscuras. Fatigas conocidas. Pasos familiares y estrecho. Cornisas resbaladizas. Casi habituales los extremos y las palpitaciones en el párpado izquierdo. Va solo. Un nervio se pone a zapatear sin motivo aparente. Será un conjunto de cosas. Un ruido interno. Como un frigorífico con tos. Como un claqué de cojos. La prosa poética me va a dejar gilipollas. Pero lo hago. Escribo algo. Planto palabras y a ver si me riega alguien. A ver si llueve. A ver si seguimos vivos y florecemos del todo y para siempre.

Fotos de mi Canelita de ayer

 





Los blogs de 2006 tenian más intimidad que las redes sociales de ahora

 Mi teoría de que los blogs en 2006 tenían o contenían más intimidad que las actuales redes sociales. Y eso, por qué? Pues, a ver. Previo al perfil personal con nombre y apellidos en Facebook, lo de abrir un blog personal con un nickname o un título evocador era un primer paso frente al anonimato de la red. Y tenía esa parte de columnista, de escribir artículo... El modo diario. Y una intimidad mucho más selecta, y hablo de blogger o incluso antes 

Esa tendencia produjo un efecto clave en los medios de comunicación masivos. Todos los periódicos incorporaron su sección de blogs. Las firmas... 2006. 2007.... Y los que estaban especializados. Por temáticas. En cine. Música. Lo que fuera... Prensa rosa. También política. Pero era un debate o una forma de afrontar la esfera pública de debate, si bien totalmente unidireccional, con cierta reflexión de fondo... Con aporte .Con cierta profundidad. Con mucha intimidad, por parte del autor porque estaba claro que no era lo mismo publicar en papel que en el espacio virtual de la red. Eso permitía licencias. Y a veces se abría una ventana a esa intimidad con una foto del escritorio. O de la cocina. O de una comida. O lo que fuera. Y tenía mucho más peso que el bombardeo de Facebook porque no se trataba de publicaciones en cadena. Estaba el scroll igual pero no sé alterada el tono. Era la misma persona. El mismo escenario. Era mucho más enriquecedora la experiencia. Y la lectura. Y la escritura. Era mejor en todo punto que un twit o un estado de Facebook. Ni hablar de Instagram.


No tengo una conclusión clara al respecto. Por otro lado, sigo actualizando el blog. El mío, digo. Que lo tengo desde entonces y oye. Mira. Seguir, yo sigo. 

domingo, 16 de junio de 2024

Puertas cerradas ventanas ciegas

 Las letras y los acordes entran por puertas distintas. En mi caso. Puertas cerradas. Ventanas ciegas. Últimamente se me ocurren frases. Ideas desparejadas. Vienen como relámpagos. Solo palabras. Destellos. Tampoco es que sean gram cosa, solo que vienen a ráfagas. De repente. Y sin previo aviso. Pocas llegan a ser algo serio. Con cuerpo. Con desarrollo. Esbozos de slogans sentimentales. Lo escribo. En borradores del correo electrónico. Sueltas. Según vengan. Conforme lleguen. Sin venir a cuento. No sirven para mucho pero las apunto. En mi opinión, si una canción es buena no tienes ni que escribirla. Llega a la mente y no se va. Se instala como un inquilino inoportuno y se queda adherida al cerebro en un tarareo involuntario. Se escriben las malas. Las que no valen. Acumuló de medianias. Diógenes de material a desechar. No es que sean grandes ideas, es morralla más bien. Fondo de armario para cuando no se me ocurra qué decir. A menudo. No suele funcionar haciéndolo así. Define funcionar antes, claro. No funciona de ninguna manera. En mi caso. Puertas desvencijadas. Ventanas en trozos. Cabeza en ruinas. Pero apuntarlo, lo apunto. Quizás por eso. Sin confianza ninguna pero en borradores. O funciona con su propio mecanismo o es para nada. Las mejores canciones vienen como a la fuerza. Pegan un manotazo en la mesa. No esperan turno. Arrasan en su sencillez. No sé salen de la cabeza y encajan por si mismas. Sin necesitar que se retuerza una palabra. Sin esperar al estribillo para que todo cuadre. Lo consagra el ritmo. Un buen ritmo. No piden artificios o vuelta de tuerca. Giran solas y se enroscan en la memoria.


Hoy es un día raro. Aún no he desayunado. Tengo hambre. Quiero churros con chocolate. Estoy en el límite del horario. Hay un sitio en el pueblo que pone churros por la tarde. O tiene un cartel en el que prometen eso. Estoy cansado. Duermo mal. Un insomnio impuntual que algunos días no aparece y otras tardes te arruina la semana completa. Cuerpo de derribo. Puertas con pestiño. Ventanas con cortina echada.. Voy mal de ritmo en mi rutina de sueño que nunca lo es. Un buen ritmo aunque sea descompasado a de los demás. Nocturno pero coherente. Bueno de últimas . El ritmo lo tengo jodido. De sueño y de sueños. De organización de párrafos y de ideas y conceptos en ellos, también. Un buen ritmo. O un ritmo normal. Un ritmillo en una canción que lo encauza todo. Es la frase bálsamo pero también la progresión armónica. Y el impulso. Hay un cierto vertigo en lanzarse a la creación. Una imprudencia de decir algo nunca dicho. Y no todos los días llevan ese componente de los colisión con la nada. De aminorar el vacío. De darle forma.


Era mejor plantearlo como un diario. Ayer fue un día en blanco. No dormí apenas y me fui con el coche sin pegar ojo a pasar la inspección técnica. Resultado negativo. Lo esperaba. Con la tensión pues la noche fue horrible e interminable. Ando calibrando el siguiente paso. Parálisis por análisis. Con esa veta quiero sacar un tema. Tiene rima rara. No convence del todo. Le pegan silencios por sorpresa. Estoy cansado pero con la falsa creencia que escribir me alivia. Me destensa. A pesar de la mala posición. A pesar del dolor de espalda. Los dolores encajan mejor en el diario. En ayer. En anteayer. En hace un año. En hace tres. Y encontrarse en ello. Reconocer algo. Patrones. Un diario de sueños. Un cuaderno con pesadillas en forma de poesía. Un cuarto sin ventanas. Puertas cerradas. Y la llave en forma de palabras. Y las mañanas del mañana ya serán.

jueves, 21 de septiembre de 2023

Pensar en lo que hacer es una excelente forma de no hacerlo

 Habrá de todo, claro pero yo no me siento a escribir: la escritura se sienta encima mía. Literal. Cae con un piano de cola. En mi cama. O se tumba. Oblicua. Como peso muerto. Escritura de todo tipo: relatos, canciones... O entradas de blog... Lo que sea. Hay que ponerse, sea lo que sea pero en mi caso, no sé si por falta de empeño o disciplina. El caos que me rodea. Que acecha y a veces me corta el paso. No me lo planteo. No de forma directa y clara. No con horario.  Pienso o siento más bien, que lo hago mal. Que necesito un método. Una fecha. Ponerle fecha a los sueños, los convierte en tareas. Por eso es todo posible. Todas las historias sin final son al menos, un consuelo. Breve.  Pasajero. Inconcluso. Pero no. Hay que terminar. El punto final. Lo que da sentido a todo. Que se acaba.

A veces es como el eximente o la excusa de no ponerse de todas todas. Y tiene algo de inevitable. De natural. De acierto no forzado. De no intentarlo del todo. Y algo de alquimia. Inspiración pura. Rima tonta. Salida fácil. Nada es fácil para mi últimamente. Nunca lo fue aunque  me lo pareciera. Los personajes lo son todo. No hay reglas. No hay una llave que abre las puertas. Los párpados no tienen cerradura. Pasa más en nuestra vida mientras tenemos los ojos cerrados. Los sueños existen. Es pasar todo eso al papel.  O al blog. O en notas musicales. Lo que sea. Pero tengo que buscar un hueco.

Que es de lo que viene. El motivo de esto. Ponerme. Si. Como ahora pero no repentino. Poco a poco. Todos los días un poco. Fines de semana incluso. Poco pero siempre. A ratos. No es nada fácil. Sacar un rato a diario para lo que sea. Lo pongo en la agenda. El caos también lo minuto. Dejo una hora libre para no hacer nada. Me organizo al dedillo la inactividad. Le saco el máximo partido. A lo que no hago. A lo que no termino. A la rima tonta. La rima no termina de convencerme en general pero para las canciones es bastante socorrida. Me saca de muchas. Son fáciles. Tontas a veces. No tengo una opinión del todo clara. El caso es que hay que ponerse. Ponerse. Una hora. Un momento. Una rutina. Una forma de hacer en la forma de decir. Que es lo que dices. Y tengo que hacer la colada. La comida. Lo del día a día. Que en el caos que me rodea los días tienen esquinas. Intento mirar adelante. Me choco con lo que menos te espera.

Pensar en lo que hacer es una excelente forma de no hacerlo. 

Pensar demasiado. Piensas demasiado. Me lo dicen con frecuencia. Cuál es la unidad de pensamiento. Cómo de grande. Cuánto dura. La unidad mínima. El núcleo. La unidad de medida del pensamiento. Cómo los contamos. No creo que sean iguales para todo el mundo . Estoy convencido de ello. Son charcos de distinta hondura.  Filtraciones de calado. Cuatro gotas. Una mancha en la pared. Pensar para no hacer.  Nada. Para no actuar. Abandonado a la teoría. Pensar como el que tiene una gotera en casa. Pensar como producto de la tormenta. Como una canción triste. Un trueno a cámara lenta. 

Habrá de todo pero a mí no me funciona casi nada. No lo que va en un plan previo. No me termino de No lo intento demasiado. Me falta ahínco. Sospecho que ponerle hora fija no va a ayudar. Hay que hacer algo. Hacerlo de todos modos. Contra viento y marea. Sobre todo marea que sube. Que vaya. Que viene. Que no llega. Que baja. Que se atrasa. Que es el tiempo perdido. Que no regresa más que en forma de recuerdo. Que es la cáscara de una nuez. Que es el suspiro de un gato. Habrá de todo pero mi gato suspira. A bocanadas. No es mío. En fin, los detalles. Canelita se llama. 

Tengo que sentar las bases de un borrador. Las tengo. Treinta páginas. Quizá cuarenta.  Pero hay diez que revisar. Pero no estaba mal. Le temo a releer. Que me parezca patético. El tiempo perdido en si mismo. Un despropósito. Una cagada. Una cagada gorda. Y encima. Porque la escritura se me caga encima. Como un pájaro con apretura. Cabron. Un pájaro cabron. Una vuelta de tuerca. Un vuelo de alivio. Un borrador. Algo definitivo. Algo terminado. Una mierda final. Una mierda acabada y gorda. O lo que sea. Una búsqueda. Lo que es siempre. Lo que es todo. O una excusa. O una diatriba.  Pensar y pensar para seguir quieto en la sucesión de escenarios posibles. Asistir a la película de lo que no va a pasar. Una proyección privada a todos los niveles. Un camino. Una búsqueda.  Una mierda gorda y profunda. Con rimas tontas. Una transformación. Un aprendizaje.  Un puto blog de mierda. Gorda y profunda.  Y profusa. Como un persistente dolor de muelas. Como una punzada certera. Como un calambre. Ponerse. Hay que ponerse como el que estira las articulaciones. Como el que se ejercita. Entrenar la voz del narrador. Manejar los tiempos. Las putas descripciones.  Las putas descripciones que las odio. Las putas descripciones de mierda gorda y profunda. Que me salen fatal. Me aburren. No son lo mío. Poca rima en lo de describir.  El color de las cortinas. La tapicería. El número de botones. El tono del linoleo. La cantidad de pasos hasta la puerta. El sonido de la ausencia tras el portazo. La orientación de las ventanas. El ángulo por el que se clavan los rayos de sol. El color del sol. Putas descripciones.  Las odio.

Ponerme a escribir todos los días a la misma manera. Por las noches es tentador pero también embriaga. Recién despierto es como desayunarse la verborrea. Y luego digerirla  en el curso cotidiano de la jornada. Pensar y no hacer nada. No hacer nada demasiado. Perderse en los detalles. Perderse en los detalles de las descripciones. Putas descripciones infinitas miradas al microscopio. No hacer nada Pero a diario y a la misma hora. En la siesta. En ensoñación. Con la duermevela. Con la urgencia. A golpes de ánimo. Con la marea baja. Con las pocas ganas. Con hambre. Con lluvia. Con sol sea del color que sea. Descripciones del color de la lluvia que suele ser gris pero tiene tonos. Habrá de todo pero el todo tiene tonos. Un todo muy blanco. El todo negro. Todo al rojo.  Escribir de todos modos, Aún que sea esto y me de sueño. Rimas tontas y medias  tintas. Ya estoy cansado por hoy. Igual vuelvo mañana.

Una canción en directo del otro día


miércoles, 2 de agosto de 2023

Jugar a escribir o solo jugar

 Desde que tengo memoria,  he querido escribir. Jugaba a escribir. De niño. Al poco de aprender. Las máquinas de escribir eran animales mitológicos. Algo mágico y ruidoso. Armas de expresión como aviones de combate. Violines de combate... Érase una vez... Canelita está roncando. Le da igual todo. Ojalá aprender de él.  Es mi gato. Me habla a su manera. Sus ronquidos son poesia. Escribir a máquina. Como de hace un siglo. El repiqueteo.  Era un juego. Guardo alguna de adorno. Tanques de palabras forjadas en hierro. Algo físico. Percusivo. Metralletas de letras en teclas. Un motor que hace ruido. Un ronquido que rima. Un gatito maravilloso. Un viaje de ideas. Un cuento. Un lugar al que ir. Una aventura. Un trayecto. Y un juego. Jugar a ordenar palabras, lo sigo haciendo. Juego a cocinar. Juego a fregar platos o pasar la fregona. Juego a no hacer cosas también.  Lo contrario. Jugar a leer, menos pero también. Con cómics o tebeos. Una diversión diferente. Mejor que la televisión.  Mucho mejor que el teléfono móvil.  Es una forma de poder jugar sólo. Otro tipo de juguete. Las máquinas eran caso aparte. Echo de menos leer más. Como antes. Me aficioné a los libros de Elige tu propia aventura. Los publicaba la editorial Timun Más. Aún conservo media docena. Hace poco los encontré, vaciando un estante. Jugando a vaciar estanterías. Leo ahora pero no como un juego. Leo como si ordenase estanterias. No como antes. Pasando páginas como el que da patadas a un balón. Menos horas. Menos libros. Menos tiempo. Mucho menos. O es que pasa más rápido . Leo pero con ojo crítico. Buscando ideas o referencias. No es un pasatiempo. Me empeño y me siento culpable si no me engancho o los dejo a medias. Me obligo a releer. Echo de menos leer como un juego. Echo de menos la ilusión voladora. Los sueños en bandada. Los suelos con alfombra. El cuarto de juegos. Dibujar lo era también. Un juego en solitario. Muy parecido. Una forma de conciliar el sueño. Un buen hábito.  Una buena costumbre . Con las ceras de colores se me calmaban los nervios. Rayando el cuaderno como si fueran puñaladas de color verde. O azul. Y amarillo. Y se vuelve verdoso. Recolocar colores. Desparramar en el papel. Como con un rastrillo. Como en cuadernos de arena. Sin reglas.  Sin un plan. Esparcimiento. Una forma de aislarse a través de los trazos y colores. Un entretenimiento. Otro juego. Pintar lo fue siempre y sin embargo, nunca confíe en hacerlo en el futuro. O en dedicarme a ello de un modo más serio. He hecho las portadas de los discos. Tampoco es que esté muy orgulloso. Muchos carteles. Muchas veces porque no sé a quién encargarle. No es fácil. Pintar sí lo era. Volví a hacerlo en el confinamiento. Fue una manera de matar el tiempo. Nunca fui constante en la escritura y sólo en épocas muy concretas, me lancé a terminar algo con resultados desiguales. Apremiado por terminar. Con trazo gordo. Con metáforas brutas. Sin mucho pulso ni tono. Una mierda, vaya. Alguna frase buena se escapaba o alguna imagen con fuerza. Las trazas de poeta malo. De texto poco hecho que llora la gota de sangre al meterle el hierro. Un intento fallido. Llevo intentándolo desde siempre. Desde que recuerdo. A saltos . A golpes. Con poco foco. Sin perspectivas.  A pulmón libre. Sin un plan o un mapa. A la buena de Dios. Jugando. Ahí si. Mantengo la actitud o lo intento. Por el mero placer de hacerlo. Como debería ser todo. Cuando escribía a diario y me pagaban por ello, estaba más ejercitado en lo de juntar palabras pero no es que lo hiciera mejor. Lo hacía más. A veces no es lo mismo. Otras, sí. La puntuación me daba menos quebraderos de cabeza.  Era más robot con todo respeto a los androides. Más mecánico. Más automático . Y tanto ir por el camino marcado de la redacción para todos los públicos  pues produce el efecto contrario.  El síndrome campo a través. Camino de enmedio. Sigo pensando en marcar una ruta. Escribir sobre un hecho real. Una crónica. Algo que no desborde la fina línea de la imaginación. Hechos reales. Fue mi último intento. Lo tengo casi acabado y quería retomarlo en estos meses. Lo veo lejos. Le falta el remate. Una novelita muy tonta. Un cuento de hadas en una modesta primera persona. Un hada barbuda. Jugar a escribir. Si son hechos reales, no juegas a inventar pero sigue siendo divertido escoger el camino. La forma de decirlo.  Lo más importante es la forma de no decir. Los silencios. Como en la música. Canciones tengo pendientes unas pocas. El último disco se está haciendo bola. Un álbum grabado a distancia y en varios tramos termina por ser un camino de piedras. Hemos ido disimulando cagadas y maquillando tomas. Justo lo que no hay que hacer. Y no suena. Por ahora. Jugar a grabar está bien también.  Se ha convertido en lo contrario de un juego  pero aún no nos hemos dado por rendidos. Aún no. Hoy, no. Mañana ya veremos. Todos los días son sospechosamente parecidos. Un bicho de varias cabezas. A veces me relajo. Muy poco. Todo es poco. Una sensación antigua. El aburrimiento mueve el mundo. Mi mundo lleva quieto meses. Llámalo mundo,  llámame mucho. No es tan grave. Va a mejorar. Empeorar es difícil. Nunca sabes lo que va a pasar. Un margen para lo imprevisto. Un change unexpected. Un chance a lo desconocido. Pasa poco pero nunca sabes cuánto de poco. Ni cuándo el cuanto de poco. No debe faltar mucho. Por una vez no saldrá igual de mal. Quizá peor pero empeorar es difícil. Nadie dijo que fuera fácil. Nadie dijo nada. Nadie tiene por qué hacerlo. A mi los veranos me dan una pereza extrema. Es cíclico. Es crónico. Va a peor incluso. Los mosquitos no ayudan. Estoy sembrado de picaduras. Un jardín de heridas. No me faltan ganas de quejarme por todo. Le gusto a los bichos. Lo asumo. Soy su postre. Me rasco hasta hacerme sangre. Siempre he querido meter eso en una canción. Lo de hacerse herida. Nunca he encontrado el modo. Toco poco. A veces las canciones se caen de los bolsillos y otras, se seca la fuente de inventiva como un pantano sin lluvia. Un repertorio de agua estancada. Viene la sequía. Se la teme. Nos estamos secando. Seremos un desierto. O dos. O algo peor. Un desierto detrás de otro. Un desierto que no para. Que no termina. Que es peor cada verano y no hay premio. Un premio desierto. Lo contrario de un juego. Nada divertido. Estoy incómodo en esta posición. Voy a intentar dormir un poco. 

domingo, 30 de julio de 2023

Un silencio activo

 Hoy me he terminado un libro pendiente. Aún me quedan unas páginas. Pero pocas. El último capítulo. Han caído doscientas el domingo de un golpe. Si lo dejaba, no iba a acabarlo. Me ha sentado bien la determinación.  Volver a leer sienta bien. Casi siempre. Depende del autor y el libro pero funciona por el acto en si. Ejercitar la paciencia para llegar al final de la historia. La que sea. Las historias.  Un verano que no se haya hecho largo no lo recuerdo. El sol me agota. La playa me cansa. No siempre apetece viajar. Desolador. Desalentador. Una ola de calor detrás de otra y un desierto por dentro y por fuera, sin ánimo de ponerse trágico pero sin ganas de nada.  Era peor o igual de adolescente.  Ganas de que acabe. Era interminable. Aún parece no haberse acabado. Una adolescencia eterna pronunciada como una vengaza proferida. Un verano de crímenes. Agosto de misterios. Leer en verano. Buen plan. Plan de fuga . En invierno, también. Plan de contingencia. No parar. No rendirse. No claudicar. Son sólo palabras pero la palabra rendición es odiosa. Y es mejor un léxico que ayude. Que protege. Frases como escudos. Párrafos como batallones. Palabras bonitas como esperanza o primavera. Irá en gustos pero hay cosas bonitas que lo son para todo el mundo. Unánime. Lo bonito. Lo objetivo. Lo eterno. Lo sencillo. Volver a lo esencial. Paseos. Flores. Canciones que te encandilan. Libros con los que llorar.  Lágrimas de emoción. Sollozos pero no de pena. Cosas bonitas. Una búsqueda permanente.  Un sentido de la estética.  Un buen momento.  Un buen día. Una buena frase. Una buena fase. Una buena dieta. Un buen final. Llegará.

Seguir leyendo el mismo libro. Empezar uno nuevo. No tengo decidido el siguiente.  Me gustaría empezar hoy mismo. Saltar de tren. Cambiar el tono con el que me hablo. Buscar un nuevo camino. Una voz nueva. Otro narrador. Un nuevo libro. La misma canción.  Un nuevo estribillo.  Las mismas notas. Una frase con gancho. Y volver a escribir. En cualquier momento. Como por sorpresa. Algo que merezca la pena. Una pena nueva. Una pena activa. Que haga cosas. La pena que sea. Mañana lunes. Tengo trabajo pendiente. Volver a hacer lo de siempre. Trazar planes nuevos. Liquidar el cajon de las ideas. Dejar a cero el marcador . Volver a escribir correos electrónicos. A dar las gracias. Contestar. Volver a la rueda de hacer cosas más que pensarlas o imaginarlo. Errores nuevos. Más pasos en el camino equivocado. Más medias vueltas. Es siempre el mismo proceso o me quiero convencer de ello. Que son los mismos pasos. Que los das sin darte cuenta. Y avanza. Mal a veces. Pero es siempre lo mismo. Olvidar el plan original. No era tan bueno de todos modos. Ser el saco de boxeo. Ser la jacaranda que se seca y no florece. Ser un galan de noche sin agua. Un cauce seco. Una causa olvidada. Una idea buena mal ejecutada.  Un favor pendiente.  Un día malo. Otro. Una lavadora sin poner. Un nuevo reto. Una nueva desilusión.  Una fantástica sorpresa. Un camino lleno de baches. Un calor que asfixia. Una sed que ciega. Los ojos secos. La cara pálida.  Es la vieja historia. El golpe en el estómago. La paliza de los años. El escupitajo del espejo. La sorpresa del viejo que viene q vernos al mirarnos. A buscar el camino. El rastro. La alegría. Los buenos recuerdos cada vez más lejanos. Es un ciclo. Se revierte. Son muchos tropiezos. Sin red. Sin ayuda.  Sin desahogarme.  Sin perspectiva de mejora o de cambio.  Te vienes abajo. Te hundes. Te metes en bucles. Te haces daño. Te rascas hasta hacerte sangre. Te sacas el veneno. Te sacas la herida entera. Te podrías sacar el brazo. Y vuelves. A otro lugar que parece el mismo. Y te vuelves a mirar en algún reflejo o en un libro. Una canción salvadora. Un buen pensamiento. Un silencio activo.  Las mimbres de la ilusión . En un te mando besos. En un buenas noches. En un adiós.  Un adiós corto.  Un adiós cercano. Una despedida a mano. Como dejar las gafas en la mesita. Como guardar el corazón en el primer ca. En una búsqueda permanente de la felicidad.


La vida está a la vuelta de la esquina. Va a ser como quiero que sea. Seguir. Sólo seguir. Pensar en frío. No caer. No bajar los brazos.  No darle demasiadas vueltas. No buscar demasiado. Confiar en ello. No sé en qué.  Pero creer firmemente y si no hoy, es mañana. O será. Quizá más tarde. Más tiempo para leer. Para escribir. Para volver a escribir un nuevo borrador. Un mejor borrador. Que sea emocionante. Que sea A secas. Está a la vuelta de la esquina. Lo tengo todo en mente. Queda un último empujón. Me quedan menos de diez páginas para acabar el libro. Cada día, un afán. Hoy, dos.  No hay que buscar más. Es suficiente a veces. Está bien como está.  Echo de menos grabar con auriculares. Salir con ellos. Caminar a empellones y transportado por la música. Llevar las orejas a salvo del ruido mundano. Libre de tubos de escape. Mi propia fuga. Echo de menos unos buenos auriculares.  Escuchar el mundo al detalle. Mis pasos. Los golpes a la guitarra. A los tambores. Todo el proceso. Lo echo de menos. El verano pasado no hice otra cosa. Y me gustó mucho. Leer igual es más calmado. Es otra forma de silencio. Un silencio activo. Un silencio con orejas que leen. Tengo sed. De victoria y de agua fresca. Leer mucho, beber mucha agua. Dormir a pierna suelta. Abrazarse a la pequeña respuesta de cada día. Conformarse con una nube menos. Abrir el cielo cada día. Tenerlo claro desde por la mañana. Que se encaje el día en si mismo. En calma. En silencio. Que funcione y no hacerse muchas preguntas. No más de las necesarias. Tener una rutina de ausencias. Un plan de pasos perdidos. Lanzar muchas fotos de cada momento y esperar un flash justo. Un párrafo que acierta como una bala perdida. Como una oración perdida. Como una canción que aún no tiene letra pero se adivina la melodía. Hay un apunte. Hay un aleteo. Un esbozo de vuelo. Pocas cosas se concretan. Pasa mucho que no esperar. Volar es a veces la única forma de tener los pies en el suelo porque aterrizas. Volar es aterrizar. Leer es leer la palabra FIN. Escribir es elegir cuando usarla. Y donde. Un silencio final. Un nuevo libro. Otro domingo vivo.