Últimamente tengo ganas de escribir aquí. No sé para qué. Luego se acumulan los párrafos pórticos sin sentido de algo por llegar que no llega. No me duermo. Poker en televisión. Encima de insomnio, embidar y tirar faroles. A veces pienso en temas de actualidad y en escribir mi opinión. Es una botella al mar. Mi mensaje en esta sociedad náufraga. Parece irrelevante si lo pienso dos veces. La belleza de las palabras por si misma. Sin código. Son solo letras y líneas. Unos pasos en la arena. Me da ganas de hablar o divagar sobre dudas. Embarrarme en mis pesquisas. Tontear con algo de política. Está meneado el avispero. Da igual. Es todo tramoya. Estaremos peor en unos años. Y esa sensación reciente de que todo puede irse a la mierda en cualquier momento. Puede que solo lo sienta yo. Las ganas de escribir no van unidas a la lucidez.
Siempre hay una excusa a mano para casi cualquier cosa. Lo importante es quedarse con un poco de certeza. Una frase que resuelva una duda. Un pequeño salvoconducto entre la confusión. Encontrar una vía de escape. A veces por nervios. Otras, la incertidumbre. Se borran los pasos. Se recuerda el camino. La luz. El tremolar de las sombras. Sus amagos. Sus imaginadas formas. Como nubes a recortar. Moldes en los que ver el mundo. Me gusta que la poesía subvierte la forma de la nuba. Te hace nubes. Te vuelve gaseoso y te eleva o se rompe en llanto y en metáfora cutre. Y qué haríamos sin eso. Sin el sentimiento manido. Sin las progresión armónica del con padecimiento. Son la reverencia a lo sonoro.ba una química de la lectura. A una empatía que crece como hiedra en la oreja y se vuelve rama en la cabeza y eres bosque si es poesía o eres hoja en un verso, o somos todos al ser el viento que todo toca y por un momento, todo es viento. Hoja. Nube. Tú.
Me suena grandioso y es pura palabrería. Y está bien. Abunda en el agasajo de adjetivo y el relleno por relleno, comas mediante y sin mucha presión, pirueta en otra pirueta mortal hacia adelante o hacia atrás, tanto da y con remate de aterrizaje sonoro a dos plantas impactadas en la lona. Un ejercicio limpio. De caos. En parte. Otro es piromania de ideas felices y una candela de imágenes breves. Un discurrir automático. Una invitación a un psicoanálisis aficionado a ver donde arriba el divagar más o menos libre y con vuelo poético, con intento de alzar un palmo, una levitación aficionada y una falta de respeto al suelo y su tangible dureza. Buscando en la ternura del asfalto. En los tópicos que suenen más estúpidos. En la música de las tildes. Buscando algo épico en lo onírico o eléctrico en la inerte. Un cierto contagio en actitudes, en ver o mirar algo. En encontrarse en miradas paralelas. Un ejercicio de palabras derramadas. Un riego de silencio al pecho del sauce llorón que ya no se agacha. El sauce llorón no llora, está con antidepresivos. Bien. A secas. Sauce funcional. Sauce perdido. Sauce que es viento cuando el viento quiere serlo. Sauce que no se encuentra las hojas.
Emana algo. La figura desgastada. Cansado de representantes mundanos. De viejos atajos. De las mismas bromas. Los mismos chistes. El mismo cansancio que fue de otros y ahora te ajusta perfecto como traje heredado. Las bolillas de los jerseys con los detalles que se hicieron bola en la memoria. Un atardecer detrás de otro. En cola para ser recordado. Un montón de erratas con déficit emocional como hijo de divorciados. Un mal que no es propio. Un dolor heredado. Constelaciones que te hace ser un sauce que no se reconoce en el espejo del río. El sauce que mató al narciso. Que son uno con el viento. La fe en la poesía que lo sabe todo como un oráculo la rima. La parte no dicha. La versión no escuchada. Nunca dicha. Siempre desdicha. Un cristal ahumado. Hecho trozos. Puntas afiladas. La posibilidad de una herida. La búsqueda de primeras veces. De últimas oportunidades. De gangas de experiencia. Y un paso en falso en la subida y vuelta al principio con la piedra a cuesta. La del sentido. La de las cuentas. La del por ciento. O la multa que te llega a los dos meses. La multa siempre llega
Buscar la luz en los reflejos opacos. Reconocerse en el espejo y decir: Tengo mi punto. Y ponerte un jersey que si que tiene bolitas y no es nuevo pero es como un abrazo de la a que te conoce del barrio o del colegio y vestirte con viejos amigos que te dicen que no has cambiado nada. Y ya no fuman. O no beben o no viven pero te los encuentras igual, estando dormido por ejemplo. Forma parte del mismo cómputo. Lo que más me engancha de esto es su inutilidad
Me atrae lo inútil que eres, le diría al blog. Que no sirves para nada. En el mejor sentido . En la mejor nada. Nada en si mismo. Para leerme a los años y avergonzado de tanto disimulo en el rimar, la paciencia que no pedimos con la misma persona que no se puede ir al final escribes rápido por si acaso
Está bien que no sirva para nada.
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