lunes, 6 de junio de 2016

Sin orden ni conciertos

Unos apuntillos... Sin mucho orden y poco concierto.

- Encontrarte heridas
¿No os pasa que antes de meteros en la ducha que te echas un vistazo ya sea en el espejo o directamente a la piel que te topas en una parte concreta de tu cuerpo un picotazo o encuentras una llamativa y seria magulladura de la que no te habías apercibido y parece reciente en plan largo arañazo de escasa profundidad o cráter rojo frambuesa con forma furúncular o punto colorado aún sin explosión y no se sabe qué es o qué será, pero está ahí, la herida callada, la herida paciente, la herida agazapada que casi no es herida o a veces se queda en golpe, un llamativo choquetazo, que no es con sangre pero siempre sorprende igual, los no menos clásicos moratones que sin aparente explicación o lógica ubicación nos colorean la piel sin que nada nos ofrezca pistas o coartadas del origen del calamonazo o lo que sea que deja la huella porque cuando son redonditos y van alineados, suelen ser de apretón de dedos o sino más vagos en su forma de nebulosa, a veces de rebordes amarillentos, eh, no os pasa? Encontraros con heridas. De repente. Nos ocurre después de todo tipo de situaciones. Un descubrimiento que confronta. Por un lado es normal que asusta lo de verse sorpresivos rasguños, obvio pero en otro punto, es como que no te duele en el momento o no lo has notado, o es algo muy leve y uno se siente en parte alegre, de haberlo superado, que es más fuerte el choque como hallazgo que por dolor no sentido, y esto me parece interesante porque hoy me he visto en el muslo izquierdo dos heridas circulares que parecen dos balazos y ni noto ni he notado nada. No me han disparado, creo. Podría ser una mordedura. De un bicho raro. Y no, no sé. No sé de dónde salen ni he sabido seguir un mínimo rastro que indique como se crearon. Y he pensado: Esto nos pasa a todos. Encontrarnos heridas. Rasguños. Arañazos. Puntos sanguinolentos. Morados. Morados en círculos pequeños. Morados con aureola amarillenta. Nos pasan. Muescas. Marcas. Golpes. Etc. Me he imaginado que es siempre el mismo mecanismo. ¿De dónde sale esto? Queremos conocer el origen incluso de lo que no nos duele pero nos marca. Ojo ahí. Es una palabra que me gusta: marca. Marca en la piel. Suena a bolero. Suena a dolor hecho arte. Que yo con el dolor me entiendo más bien poco o nada identificado. No le veo la chicha. Soy de no doler y que no me duelan o poco, en general y por principio. Luego ya está la casuística. Poco poco. He pensado, como decía, en qué heridas no tendremos aún por descubrir pero a nivel emocional. Ahí lo llevas. Simples tarascadas o verdaderas carnicerias contenidas por torquinetes que se pudren en nuestro yo interior sin que nos hayamos apercibido. De un trapo que nos corta el torrente emocional por seguir el simil. Y un buen día, aparecen. Como las de la piel. Como las del espejo antes de ducharnos. La curiosidad por lo que causó el daño. El dolor no sentido. No sé si es útil o es solo por saberlo pero que da igual.

- El pozo es siempre un pozo
En el pasado Sálvame Deluxe pues no va y le dice la ínclita María Patiño a la simpar Belén Esteban, al hilo de las contiendas legales con su ex manager, Toño Sanchís: "A ver, Belén que yo no me tiro a ese pozo si no sé que hay agua..."
Patiñazo.
Que no me tiro al pozo si no sé que hay agua. Agüita.
Patiñazo para enmarcar.
Ok, lo confundió con piscina, que no se tira al agua... Quería decir: Que no me tiro a la piscina. Piscinas vacías, como la de mi casa sin ir más lejos. Porque meterse en un pozo, con agua o sin ella, es siempre meterse en un pozo, que de acuerdo, piscina y pozo, las dos son agua pero no es lo mismo y es un fallo, ay pobre Patiño, que sí, que a cualquiera le pasa, pero es curioso que le ocurra a la periodista sevillana justo cuando está presumiendo precisamente de su cautela para meterse en fangos. No viene al caso pero me jode como emplea esa mujer la jerga periodística para cubrirse las espaldas o disimular el vulgar cotilleo con términos como fuentes o datos o bla bla bla, dándole coartada a su radio patio con ínfulas de Watergate y fue a la misma facultad que yo, que es un dato tonto, estamos de acuerdo pero que hace que me moleste aún más eso, el disfraz de periodista. Que sí, que a todos los efectos compartimos el papel que te acredita, o te licencia, para usar ese lenguaje aunque sea opinando. Pero claro. En el caso de Patiño hay mucho teatro, somatiza la movida, al modo del nuevo periodismo y sus transas informativas tienen ese componente de trance, de grito, de formas, de refutar siempre en un puritanismo básico, de si es amante, de si hubo o no hubo relaciones sexuales, con una severidad absurda en el punto de juez... Sin ir más lejos, estaba sentenciando con lo del pozo, lo de Toño Sanchís y Belén Esteban, que sobre ese tema me gustaría explayarme en otra entrada, lo reconozco. Pero le pasa a menudo, que le da la vuelta al refrán o al dicho y se monta el pollo, porque cambia el sentido y medio se disculpa porque entra en trance, y en esta ocasión, ella la Patiño estaba claramente prejuzgando al díscolo manager de la de Paracuellos, que vale, que a todos los efectos y desde fuera, pues parece que muy el caso del manager súper trincón como mínimo y oscurantisímo de primer mano, pero bueno, al final es un contencioso que no es nada periodístico, de lo que la Patiño se llena la boca previo al tance, lo de montar debate en paralelo, por otro lado, creo que tiene algo de metáfora moral, en el sentido del dinero ganado honradamente, y más movidas, que ya digo, me gustaría desarrollar ampliamente cualquier día de estos, el tema Esteban vs. Sanchís. Karma Letal 3, que es un título que me sonaba muy bien para canción,  o para disco o para lo que fuera. Karma letal 3. Esteban vs. Sanchís. Da para entrada propia. Pues eso. No negaré que me siento un poco ridículo comentando estas movidas, que son algo mezquinas, no cabe duda, lo de señalar los errores y tal. Pero es que, joder, le pasa mucho. La pasa a menudo. Es para plantearselo. O frena trance o se compone de otras maneras. Y es cierto que es particular fobia. Lo reconozco. Que sí. Que es cosa mía. Que me cebo con ella. Pido casi la disculpa de parejo. Que a la Patiño le tenga manía extrema, y que es válvula de escape para la fobia, que no es bonico, vale, pero que sí, es así. Que es tan poco importante que casi averguenza. Pero creo que nos atonta a todos... Escuchar esas cosas. Los refranes mal dichos. Pican en la cantera de la sabiduria popular, la de todos. Nos hace un daño a todos. Un daño para siempre. Joder, es en serio. Es para tomárselo más en serio. Nos atonta. Miradme a mí. No, es broma. En realidad, querría ir más allá. Me interesan las fronteras del género sociedad en los medios, eso es lo que digo yo pero lo que me dicen es que me gusta el marujeo.

- Renueva tus hits
Por estas cosas de la sincronía de facebook, uno está a lo suyo que le echa un ojo al móvil y date, que tienes a Radiohead copando el timeline y no pocos disidentes con Dinosaur Jr y es como....¡Dejadlo ya! Son hits que tienen veinte años... En ambos casos. Poca gente más pesada que el público del Primavera Sound. Lo de que los de Yorke toquen ahora "Creep" pues es... Bueno, no sé. Igual es precisamente lo que quieren los que no la oyeron, hasta la saciedad cabe añadir, en su momento. Pero... A ver. Dos décadas. No una, ni un lustro. 20 años. Una vida. Y ese tic de "Lo vi". Lo escuché. Estaba allí. Creep. Y tal. Y qué. Se oye horrible. No sé. La gente berreando. Creo que es importante que se menee el tema hit. En eso diría que la culpa es de la radio. No hay radio hit. No se mueven los grupos nuevos en las ondas. De un tiempo a esta parte se han colado en las emisoras comerciales algunos artistas de un corte más radicalmente callejero o menos decoroso. Me sorprende siempre esa ósmosis de lo popular en los medios, el proceso de alambicado. Era distinto cuando Radiohead en el 94. Porque Creep sonaba en todos sitios. Los grupos rock estaban en la radio, entre grupos más antiguos como u2 o no sé. En un batiburrillo bastante insoportable pero con hits dignos. Se me ocurre el Common people de Pulp, que es de la época. Había hits. Y estaba Blur... En fin, que todo un poco prefabricado, ok. No digo que no. Pero era algo. Algo mejor o mucho mejor o considerablemente mejor que lo actual. Que no hay hits de rock. No hay hits de nuevas bandas. Vale, Ty Segall lo peta pero no tiene un Song 2. Que todo el mundo pueda tararear o que sea como uno de los momentos esperados del festival. Que de repente suenan tonadillas y se crecen o se difunden via Youtube pero se ha perdido la fuerza, o eso creo yo, o el poder del pildorazo radiofónico o del clip que impacta. O son otros los géneros. El rollo latino. El rollo perreo. El rock no perrea. A su manera los Blur tenía su ... Cómo decirlo. Su rollo. No es lo de ahora, pero tenían su suaj, su jugueteo, su ambiguedad... No me gustaban en absoluto. Yo de aquella estaba más en el bando Dinosaur Jr que, a diferencia de los de Oxford, ha dado pocos virajes sonidísticos en sus discos de estas dos últimas décadas. Hacen lo mismo. Lo mismitico. A mí de Radiohead me cansa esa búsqueda estilística ad libitum. Me cansa a mí y creo que al grueso de fans. A tenor de los temas más aplaudidos del tracklist. Algunos son un verdadero coñazo. No cambiar mucho lo que haces es siempre un punto a favor en el corazón del fan. Pero los temas nuevos...bufff
Bueno, no sé... Juzgar es cosa de cada cual. Pero el panoramita es el que es....


- Los Beatles han muerto
"Lo más cerca que estarás nunca de escuchar a los Beatles" y es un anuncio de The Flaming Shakers. Efectivamente, aunque no lo había oido, lo he hecho para poder escribirlo sin lugar a dudas, son un grupo tributo. Uno. ¿Cuántos grupos tributo de los Beatles habrá en el mundo? Pues otro. Que hacen publicidad y me aparecen, por vaya usted a saber porqué, muy insistentemente pero que mucho en mi muro de Facebook. Uff. Que vaya tela lo de la publicidad de Facebook, lo comentaré en otra entrada... Los Beatles están muertos. Ya lo siento. De veras, y enterrados. Con todo respeto. Mis dos favoritos. No quiero decir que su música no esté vigente y que no le recomiende a todo el mundo escuchar sus discos, claro que sí. Cuanto más joven mejor. No entiendo a los que les tienen manía, o quizá sí, si les han obligado. Da igual. Pero los Beatles han muerto. Joder, hay que asumirlo. Esta semana fue el concierto de Paul McCartney en Madrid. Paul. Pereza que me muero. Paul. Que lleva aún más tiempo muerto que los Beatles. Rollo estadio y tal. Y ese halo de última oportunidad, de última gira, ese olor a muerte... Y el reclamo, esa cercanía con un ex Beatle... Esa cosa. Ese camelo. Pues fue como concierto must. Mega must. Me dan bastante asco y repelús ese tipo de eventos hito. Con total incoherencia también te digo si me invitan voy encantado incluso a ese tipo de saraos, a ver a Paul o lo que me echen. Fui a Shakira. Con eso está todo dicho. Es por la jarana. Y por ver. Y saber. De ver y saber no se cansa uno. No pagaría, es cierto también. Ni por Paul y menos por Shakira. No pago de buen grado más de diez euros por entrada. Rácano. Pues puede ser y no lo niego, pero de todos modos, me interesa poco y no por el hecho de estar canino, sino porque no quiero ser parte de eso. Timo must. Y pastizal. Diez euros me parece un dinero, oye. Que aparte estoy con poco para invertir en I más De más I. A ver si me entiendes. Pero que el revival, el último concierto antes de estirar la pata, la típica gira sacadineros, el coreo de los mega éxitos, la acústica de los campos de fútbol, pues me interesa cero. Es Walking Dead. Es la noche de los muertos vivientos. Es Hard days nigts de los muertos vivientes. Es la ex mujer coja de Paul cobrando de las giras. Es la mujer de ahora haciendo cuentas ene el camerino. Es más Wings que los Wings. Y no digo que no haya fans del fab bass que se hagan almibar sea el que sea el repertorio que los habrá y no les pongo enmienda alguna, solo faltaría. No me meto en el entusiaso ajeno del verdadero fan, el que se hace pedazos y se conoce los recovecos y se lee los tracklists, en fin, el que mete la pasta del boleto pero se lo prepara. Fui a Dylan a ver si me colaba, no hubo suerte y estuve en la puerta cuando salía la gente bastante indignada con el tono del repertorio, qué esperaban. ¿Sonrisas? Y bueno, me da igual. Pero si me puedo colar. Tengo pendiente escribir sobre eso. Pero lo que rodea al rollo top y a los imperdibles, y al típico sitio que tiene status, que lo acarrea, en fin, la city life que es bastante absurda, pero si te invitan, pues ira, te comes todos los argumentos y te gasta diez euros en bebida, que no es tanto porque los precios son robos en la barra de dentro pero bueno, al final, te contagias del entusiasmo, del rollo, o algo, no lo sé porque eso no siempre ocurre. Pero, lo de los Beatles. Vaya puto camelo. Y vaya engaño los grupos con dos, o tres o un componente original. El grupo es lo que ha grabado hace seis meses, o hace un año pero es eso, un grupo vivo, ¿no? Esos son los conciertos que me gustan y si cuestan 15 pavos es que ya estoy llegando yo tarde a escucharlo, porque todo lo otro me asquea y me parece un engaño. Si es caro, no debe gustarme. Es una comparación tonta, pero me parece un criterio como otro al que ajustarse. Y le he echado un ojo a la galería de celebrities del concierto en Madrid de McCartney: la hija  de la Duquesa de Alba, por ejemplo. No quiero que esto suene clasista pero no quiero formar parte del mismo público que esa buena mujer. Que llevaba una trasparencia la mar de favorecedora, pero no. No es mi idea de concierto. No quisiera compartir concierto con esa mujer y con nadie de los que se hicieron foto en el photocall. Un desfile de caras conocidas nivel concierto must. Un ex beatle, casi nada. Entiendo que esto de identificarse incluso como público es algo muy antiguo para los mileniams o como se escriba y que ya no se estila. Es un poco bobada, estamos de acuerdo. Pero es lo que pienso. Si estoy en la grada, oyendo refritos. No sé. Es que para mí es otra cosa... Es cuando la canción vive. Al poco de hacerla. Cuando está fresca. Reciente. Cuando aún tiene babas encima de la placenta. Recién parida. Paul con su guitarra haciendo yesterday, pues vale, quizá justifique los sesenta o setenta euros pero es una recreación de la recreación. Recreado lo recreado, que es poco claro, pero devenimos en un permanente simulacro, cultura del simulacro, molaría ahondar en esa idea, pero es algo así, un trozo de los Beatles, no. Uno de ellos haciendo caja. Un grupo muerto. Un superviviente pagando sus divorcios. Una coja muy lista. Cierto es que soy y siempre fui más de Lennon pero diría lo mismo si el de las gafas estuviera en el siglo XXI tirando de la teta de la vaca para pagar a su ex mujer, estoy convencido que no seguiría casado con Ono. O sea, no. No. Y ser complice de este revival, de este tipo de giras super mega star y comprar las entradas, y no sé, participar de este circo creo que nos jode a todos. A ver, que si uno disfruta de ir a ver a McCartney pues vale, no? Que quién soy yo para decir o dejar de decir. Pero convertirlo en un hito musical, no. A eso es a lo que me niego. Si vas a que te estafen. Es como si quieres amor en un prostíbulo, pues lo mismo, es una casa de putas en marcha lo de las giras de dinosaurios y no creo que sean tan buen negocio como parecen. Es un pensamiento poco fundamentado, lo reconozco pero creo que ese establishment nos jode a todos los de abajo, probablemente no sea cierto, pero lo creo firmemente.

- Lo de los tributos se nos ha ido de las manos
Y parece que a nadie le indigna que sea un putiferio lo de las bandas tributo, las hay de grupos en activo que me parece el despropósito más grande imaginable. Putiferiazo.Y no es un tributo, es un saqueo de repertorios ajenos. Es un sub circuito de la baratija porque en la practica, los contratan como si fueran las Ray Ban del chino. Y da igual el grupo del que se trate, es la versión cutre o barato de ese espectáculo que en el fondo lo que busca es que el público coree las cuatro o cinco tonadillas del artista popular de turno que se conocen al dedillo. Cuando es gente que está muerta, pues se llega a entender. Por eso lo de tributo. Pero es que hacen saqueos a grupos y solistas EN ACTIVO. Joder, es un descaro ¿no? Sobre todo por parte del público, que lo deglute sin la menor protesta. Qué más da que no lo toque el artista original, son otros pero el estribillo es el mismo. Y nos lo sabemos. Qué importa. Y es como una especie de karaoke popular. Tiene otras normas. Que lo haya... Pues mira. Se debe aceptar... Pero que eso predomine... Y se cuelen esas formaciones tributeras o saqueadoras en la programación de salas de renombre... ¿Eso ha pasado siempre? Creo que no. ¿Estoy exagerando? Había unas normas. Antes había unos límites, creo. Ojo que haya cada cual... Con lo que va a ver. Con lo que toca. Con lo que hace en directo. No censuro nada. Me parece que el fenómeno visto globalmente es demencial. Ahora bien, si unos colegas se juntan para tocar por la Creedence. Joder, gloria bendita. No es nada criticable. Pero que haya dos bandas aparentemente profesionales haciendo tributo a Fito Cabrales, que sigue sacando discos nuevos, o a Loquillo, que ídem, pues es un cachondeo. Un saqueo. Un caradurismo extremo. EN ACTIVO, joder. Que sacan discos nuevos... Que ni ellos hacen karaoke de sí mismos. Y que se permita... Se fomente... Se promueva... Que se vea incluso bien.... Es, como fenómeno a nivel nacional, una muestra clara del empobrecimiento cultural de la última década, especialmente agudizado en el último lustro. Respeto a la gente que se gana el dinero honradamente en las orquestas, si es que existen los que no trapichean cachés. No conozco el ramo, a Dios gracias pero estoy convencido que tratándose de presupuestos públicos de fiestas, festivales y festejos tiene que haber todo tipo de mafias metidas en ese asunto. Así que no me voy a meter yo, que ya va a ser mucha tela. Iba a lo de los tributos, que es un desbarre. Que es obvio. Pero lo dejo aquí dicho, que quede constancia de la barbarie. Un ranking. O un listado. Una especie de listin de suplantadores. Porque a veces son copycats completos. Visten igual, etc. No sé. Me da como penilla en el fondo. Pobrecillos. Pero cobran más. Tocan más. Joder. Pobres somos el resto. Los del repertorio propio. Que nos rechaan de primeras en gran multitud de bares. Solo versiones. Joderemos a las futuras generaciones del rocanrol. Que eso quede bien claro. Las joderemos con los imitadores. Y es una estafa. Dudo de si les llegará el dinero a autores. Si será legal, vaya. O se apropiaran de repertorio y cobrarán cachés pero sin dar cuentas a nadie. Y luego está lo de la ignorancia del pueblo... Que como ni conoce ni sabe, y lo peor, ni quiere conocer ni saber... Porque el desconocimiento tiene disculpa pero la ausencia de curiosidad... El interés. Eso es lo peor. Y entonces les da igual y se la cuelan.
Me cansa el tema.
Aunque volveré a ello. Con datos. Ejemplos. NO sé.
Documentación de la barbarie que supone.
Y el compadreo y la cara dura.
Y todo eso.

- He pintado la habitación
Sabeis que cuento poco no por falta de ganas sino por un mínimo de pudorcillo que me conviene no perder del todo pero os voy a contar alguna movidilla de mi día a día, me he puesto a pintar la habitación, porque me dió la picada anteayer y me he liado, el color es raro y quedar bien, pues no. No me está quedando especialmente bien pero es bonito, no sé o no tengo muy claro el acabado pero tiene cierto rollo. Va a quedar un poco puticlub pero bueno, hacia falta un cambio. Un amigo hace unos meses le decía a otro colega que tenía que tirar todos los muebles ahora que tenía una novia nueva y compartía casa. Que tenía que pintar las paredes. De azul. Del color que fuera. Pero cambiarlas para quitar los espíritus, las energías... A mí me pareció morralla pero tenía cierto sentido, que la nueva pareja traiga nuevos espacios, que se renueven los cajones. Es una inerte dominación la del mobiliario. Es una presencia constante. Lo de las energías y tal me convence regular pero tiene cierto sentido que los papeles se acumulan y que lo nuevo siempre aporta un aire fresco. Y que hay que respirar. Que hablando de eso, me puse a pintar y me cansé mogollón, me recosté en la cama y me quedé dormido, respirando los vapores y me desperté con un colocón del quince. Es morado. Color raro. Fucsia intenso. Es un poco Podemos. Tengo tres espejos. Uno era de mi abuelo. Marcos dorados. Los tengo parados. Creo que van a combinar bien con el morado. No es morado del todo. Frambuesa. Tampoco me ha quedado del todo parejo. Tampoco he terminado, Este año he limpiado de energías ese cuarto pintándolo de morado con un color horrible. Un morado femenino. Me hace gracia que precisamente sea ese color. Aún no he terminado. De las tres paredes, en la cuarta hay un armario empotrado, he pintado solo dos. La que refleja el sol, la he dejado en blanco. Queda bien. La pared grande es la que se ve con más tonalidades de distinto rosa. Espero que cuando acabe quede mejor. No va mal. Pero fue poco planificado, de un momento a otro. Fue como una necesidad. Un, dos, tres... Bote de pintura. Tinte rojo. Bote de pigmento azul. Rodillo y adelante. Mezcla con base blanca. Círculos concéntricos magenta que van diluyendo los hilos azules. Pintar de modo espontáneo. Por necesidad. Sin mezclar bien. Hacer el tonto, vaya. Hace dos años me pasó lo mismo con la cornisa. La cornisa era de color salmón. La pinté marrón. Me salió regular. Me agencié un andamio y todo. Se me acabó la pintura. Lo reconozco, los resultados fueron poco óptimos. Dígamos que mi grado de éxito bascula del 20 al 30% en la consecución de objetivos en temas de bricolage y asuntos del hogar. Le pongo ganas. Ganas y poco más... Pero va a quedar un poco puticlub pero espero que bien, las paredes moradas y los espejos dorados enfrente de la cama. Prometería poner foto pero es un poco personal, hasta esto me parece ya impúdico. Pero lo comento por el alma de los espacios.

- El orden está sobrevalorado
Orden de vida, me encanta esa expresión: no tienes orden de vida. Llevo años oyendo esa frase. Y es totalmente cierto. No lo tengo. Sin embargo hay ciclos.
Ciclos de desorden. Es curioso que todo, incluso el caos, se ajuste a patrones.

Ya lo compartí aquí pero lo vuelvo a hacer, un documental sobre el desorden...
 

My Messy Life from Andrei Khabad DOP on Vimeo.

- Lo de los conciertos lo comentaré más adelante...
Básicamente que vamos a estar sin tocar una temporadita.
Ya vamos hablando.


PD: Este disco lo escuchaba, así comparto lo que voy oyendo, con el walkman en cinta en el instituto y distorsionaba un montón con el volumen al tope...

domingo, 5 de junio de 2016

Leer tocar el rollo de siempre

Para escribir, tengo que leer y para tocar, necesito escuchar música, es algo lógico,  claro lo entiendo pero es curioso que en épocas sin libros o sin discos, tampoco tengo nunca el impulso de coger la guitarra o liarme a teclear cualquier cosa. Esto me hace pensar que tiene que ver con la reaccion, o que en un primer término, la primera motivación tira por ahí. Como soy un ansías de cuidado y siempre lo he sido, para leer no hay término medio y para tocar tampoco, me puedo terminar un libro en horas porque leo en diagonal y me salto párrafos de relleno, al igual que una serie me la termino en un par de días, hablo de varias temporadas y paso a doble velocidad los diálogos entre personajes que no me llenan o los largos movimientos de cámara de escena a escena y son episodios pero es igual con capítulos y creo que lo mismo pasa con discos de los que siempre saltamos la canción cuatro o la siete y lo hacemos de modo automático y es eso de las reacciones y de actuar sin pensar. Algo de eso hay en componer o narrar. O pensar pero no en plan dejar la mente en blanco sino no recrear o no reproducir patrones o clichés y decir la verdad. La verdad y que sea creíble. Es curioso ir por dos caminos al mismo sitio. Ir a la verdad y llevar de la mano lo que hemos leído, visto o escuchado. Y volver a tener ideas. En las ideas de otros. Con una sola nota. Sol séptima por ejemplo y hacer lo mismo de siempre. Leer los mismos libros. Escuchar los mismos discos. Encontrar nuevos significados e intuir otros sentidos, los propios. Leer sin sentir el poco tiempo que tenemos. O rebuscar entre los menos conocidos. El carnet de la biblioteca o la radio encendida 24h.  Y navegar en bandcamp sin demasiado rumbo. Con esa intuición. Una portada. Un nombre. Una canción. Y escribir pues como un diario. Como esto
Pero un poco mejor y seguir
El rollo de siempre

miércoles, 1 de junio de 2016

El ideal de pareja romántica nos jode pero bien



Cuidado con lo dices porque se puede volver en tu contra, en especial las máximas sobre el optimismo y la propicia actitud en la vida, hay días en los que metes la pata hasta la clavícula y te sientes como una zapatilla, en esas horas de extremo autocompadecimiento es preferible escuchar música extremadamente triste que actúa como excipiente y en un par de canciones, vuelves a estar en tu alma pleno y vuelves a notar el tonto optimismo que nos lleva a emprender empresas emocionales en la vida, y es que, parece que no, pero aquí dejo dicha mucha pamplinilla que me hacen una captura y me la mandan y me dejan pajarillo, pero bueno no es cuestión a estas alturas de ponerse a medir lo que decimos o nos redicen con el tiempo que dijimos, el caso es seguir y seguir con ello, seguir diciendo, que es más lo que da sentido, el error en su continuación, lo de mantenerlo, un blog personal es un poco eso, bueno, a ver, como yo lo entiendo, en la parte del diario y eso, aunque no cuente mucho o nada, y no sé, es un desahogo a decir verdad, por eso releer algo como si te pusieran un espejo enfrente y decir: Pues sí, era eso, lo sigue siendo, porque es siempre lo mismo en los temas del ánimo o en las idas y vueltas, lidio de un tiempo a esta parte, los últimos tres meses o cuatro, el final del invierno y puede que un poco antes, con rupturas, muchas rupturas, diferentes rupturas pero todas rupturas del modo en el que suelen ser, dolorosas pero muy variadas en su tipología, más instántaneas, más lánguidas o las interminables, las que no se terminan de dar nunca, o las que están siendo pero no acaban, en fin, muchas rupturas y múltiples tipologías pero ciertos denominadores comunes pero que no pienso enumerar, ni ganas, lo comento así de soslayo pero sin ánimo de hacer lista ni historias, es solo que el ánimo y en especial en esas relaciones que subieron como la Challenger y boom, y como esto ahora es tan público, la vida se ha vuelto tan pública que los blogs son tope arcaicos aunque cuentes tus penas y penurias con todo detalle pues ya no es nada comparado con una foto en las redes sociales y bueno, eso, lees al amigo o simplemente ves cómo describe ese arco de bajada de ánimo y cierto, por qué no decirlo, pudor de haber mostrado esa fugaz felicidad y que aguantase poco más que los 48 segundos que duró el transbordador espacial en el aire en el 86, que por cierto, hace poco leí sobre una conspiración que no estuviera tripulado, no sé, hay un libro al respecto, no lo he leido pero lo vi navegando, en fin, poco que añadir pero el caso es que las cosas explotan, todo explota pero que lo haga un trasbordador espacial en directo por la CNN con siete astronautas dentro pues es movida, es sorpresa, es noticia si nos ponemos un poco riguroso y entra en el terreno del rumor, porque estas cosas se comunican en redes con cierta sutileza y un lenguaje críptico, canciones con tono de desesperanza, en fin, se huelen esas cosas, creo yo y pasa eso con el internette que te transmite mucho los estados de ánimo del personal con cuatro detalles, y como vivimos infatilizados y con sobredosis de deseo tonto, pues somos veletas, nos cansamos, que ya nadie aguanta a nadie que decía mi abuela y llevaba toda la verdad, le contestaba yo que el verbo aguantar no entraba en mi concepción del amor, qué tonto era, pues anda que no, amigos lectores del blog, carros y carretas, que razón la Antoñina tenía pero hay que afianzar cada garfío con todo el respeto al vacio que supone, la peña se emociona y en tres meses se van al mismo piso, y lo dejan antes de que se cambie de estación, y no creo que es porque falte amor, no, eso no es, porque uno podría pensar que le da el nervio por algo como capitalista de tenerse, de hacerse efectivo, de que te pasen el cargo del amor cuanto antes y se establezcan turnos para vajilla o colada, o se preparen vacaciones en común o simplemente, ahora es todo más rápido, te conoces por el Tinder y al día siguiente estáis mirando estudio, si hay verdadera coincidencia de intereses, te vas al campo y te olvidas del precio loco del metro cuadrado, pero claro lo rápido es para todo y a la semana siguiente, tienes peleas de los Roper y se monta el cisco en cerocoma, y es que enseguida os vais a la cama, dice mi madre a veces para explicar las idas y venidas, pero sinceramente no creo que sea el sexo lo que lo hace fácil o difícil o más o menos rápido, al final el sexo es lo más ventajoso del amor en los tiempos de la cómida rápida, porque se disfruta igual con ansía y eso que te llevas o porque la gente está más entrenada y tiene más relaciones y sabe qué busca o no lo sabe y eso lo hace aún más interesante o somos más libres que es indiscutible que lo somos con el sexo y es indiscutiblemente bueno a mi entender pero lo que es algo que te cuestionas, es si verdaderamente somos más libres o es todo espejismo de pantalla táctil, porque no sabría si toda esta vida moderna nos atrapa o nos libera, o nos va consumiendo, está claro que la peña está fatal de la cabeza en el tema parejas y rupturas y que las idas y venidas sean públicas le da un toque de paranoia que termina de rematarlo, porque asistimos a esas luchas encarnizadas a veces, o juego del Risk en conquistas emocionales y lentos avances, pues eso, que lo miramos como cuando íbamos a casa del amigo que tenía la consola de los videojuegos y lo veías jugar, las redes sociales son un poco así, los ves jugar y me refiero más bien al facebook que es donde caben mejor las vainas del amor y las vainas locas sobre todo, pero bueno, que tampoco es descubrir nada, porque ahi está el recién cesado matrimonio Depp Heard para mostrarnos cuánta mezquindaz albergan los últimos estertores del amor porque, ojo, que esa es otra, estamos hiper jodidos con la monserga del amor romántico y la pareja tradicional que es como algo del siglo XX, si no del XIX, por qué, sinceramente, cuánta tipología parejil o seudoparejil manejamos a día de hoy, en cuantas categorias, es complejo y sin plantearnos temas como el poliamor, que en teoría para una buena forma de aliviar cargas y cargos y multiplicar placeres, pero que, como el comunismo, la teoría no va mal pero en la práctica, algo falla y no sé si es exclusivamente culpa del patriarcado aunque los hombres y sus complejos de jefe de la tribu pues son jodidos, pero bueno, no vayamos tan lejos, intentemos solo mantenernos a salvo de los estándares de la Disney y sus vericuetos de amor romántico, por resumir yo diría que estoy como muy rebelado, pero lo mismo no,
Es que el ideal de pareja romántica es que nos jode. Nos tiene jodidos. No somos a los de mi generación... Afecta hasta La Sirenita, creo. Que cumplió 25 años hace no demasiado. Hasta ahí llegamos. Los de Buscando a Nemo se libran.





































lunes, 23 de mayo de 2016

Antes y después de ella o ellas

Me cuesta contar el tiempo y me pasa por ejemplo con los recuerdos con el grupo o en algunas fotos que me confundo y las ubico años atrás o adelante, es un poco como Jesucristo, como iniciar el conteo y ponerle las iniciales pero con amores; antes de ella, después de ella, y hoy lo leí en algún sitio, que se cuenta el tiempo, los años, por las relaciones, los dos años de nosequién, los seis meses de nosécuál y bueno, es bastante patético pero es cierto, inevitable quizá, y todos lo hacemos, y hay lapsus sin amor en los que parece que no pasa el tiempo o que se para.*


Nunca se para el tiempo y tampoco parece que pare la cabeza o que paren los sentimientos, veo fotos antiguas, trato de acotar el dolor, de prevenirlo, de pensar en los pasos, de definir las fases, de recordar antiguos sufrimientos, y no hay rastro o solo queda un eco lejano, busco los golpes, los morados o el cerco macilento de lo que hizo más daño dentro que fuera, y no están porque las cicatrices las borran células nuevas y mudamos como serpiente el traje que nos rompieron a jirones y ya no identificas el origen de las manchas o ya no sabes si fue el alambre que te clavaste o la picadura de un insecto desconocido o el cuchillo que se escurrió, los golpes duelen y el dolor se pasa con el tiempo, repitelo como un mantra, repíteselo a tu ego, que el ego lo diga en voz alta y puedas escucharlo: los golpes duelen y el dolor pasa con el tiempo.*


Recuerdo los puñetazos en la boca del estómago en el patio del colegio que dejaban sin respiración durante diez segundos si venían a traición, y eso es el dolor, o eso lo fue siempre para mí, los diez segundos inesperados, los diez segundos inesperados después del ya no te quiero, los diez segundos inesperados después del portazo, los diez segundos inesperados después del adiós, me voy o del mensaje que corrobora la mentira, los diez segundos de oh, sí, era verdad lo que negaba, o del oh, sí, era verdad lo que ya no sentía. Los diez primeros segundos de aceptación. La aceptación salvaje e inesperada. Las complicaciones de cada caso. Cada ella. Con cada yo suyo. Con cada día que no fue nuestros y con todos los que lo fueron de una forma única. Quitarse ese corazón. Que te lo saquen duele más pero a veces, es mejor. Que no te dejen sin cuerpo. Que no se lleven la mente. Que no te cambie. Pensar en el tiempo, en sus ciclos, en los momentos que no van a repetirse. Pensar en los viajes y confundir a las acompañantes. Con quién fue. Quién era yo entonces.*


Nunca se para el amor, a nuestro pesar o en nuestro pasar, en nuestro pisar y en el pulsar de cada uno en las cuerdas del multiverso, me sorprende no volver a vernos, que sea tan poco juguetón el destino, que no nos busquemos, casi peor. piensa uno en enterrar el cadaver y en esos emails largos con dedicatoria que terminan por ser cartas desesperadas con dudas, que terminan por ser listas de reproches, que son peleas en formol, que son disculpas para sordos, que se vuelven guiones para no ser nunca leídos, historias descartadas, vías muertas sin vagones, sin energía, sin movimiento. Un árbol cortado. De raíz. Es lo que somos y es lo que mil veces nos ha pasado. Y si tenemos una visión amplia o si ya tenemos unos años, hemos estado en los dos sitios, a las dos bandas. El que deja. El que es dejado. El que no aguanta. El que es aguantado. El que cae. El que se deja caer. Es complicado en cada caso. En cada casa. Se olvida la ternura. Se olvida que te llamaba bichito. O que te llamaba bebé. O que te decía amor. Y se olvida el olor. El olor es la última magnitud del tiempo. El jabón de los hoteles me recuerda a su cuerpo y las duchas juntos. Eso está tardando en pasar. Volver a tener corazón. Volver a viajar con alguien con ilusión. Volver a entrar por primera vez en una habitación de hotel de mala muerte. Volver a ser yo. Volver a descubrir un nuevo olor. Volver a tener nariz.*

viernes, 20 de mayo de 2016

Reducción de daños

no se puede salvar al toro
es lo que le diría a los animalistas mirándoles a los ojos, no se puede garantizar su salvación, quizá salga medio qué al final pero lo más probable es que muera, el caso es evitar el sufrimiento
no se puede mantener tal cual la tradición
es lo que le diría a los que maltratan animales en sus fiestas populares porque es lo que han visto hacer desde pequeños a sus padres y a sus abuelos en sus pueblos, y a esos que defienden las tradiciones por encima de cualquier otra consideración les diría, con su pupila en mi pupila, que no se puede preservar un acto que causa dolor solo por el hecho de que lleva siglos causándolo


Reducción de daños
amigos
A unos y a otros
Reducción de daños, es el único camino


Los toros morirán y las tradiciones seguirán pero el daño causado puede ser el más racional posible o el menos irracional si prefieres o el menos aleatorio, pensarlo al menos, un daño pensado, un dolor lo más calculado posible y la muerte, eso sí, inevitable pero no cruento ni salvaje pero sí inanulable. Mira que los toros me resultan más bien agresivos y poco estéticos, o violentos como experiencia estética al menos y desde luego, no me conmueven de ninguna de las maneras. Intuyo que la vivencia viene de la empatía de sentir cerca el pitón, que es lo que se vive en las corridas y en las carreras. en los encierros, en las fiestas populares... El peligro. La emoción. Todo eso se entiende. El que lo ha vivido desde niño. Estamos de acuerdo. Pero eso no puede justificar un daño salvaje.

A mí me dan igual los toros y casi todo si me apuras pero lo aplico a las relaciones, en las que si pienso y me siento conmovido con ellas. Si tengo que elegir, apoyo a los animalistas pero su causa también me parece que, en ocasiones, se vuelve un tanto ingenua o bueno, no es ingenua  la palabra exacta, quiero decir, que lo de que los toros o los animales que sean, mueran pues es así, es inevitable, como cuando mi gato caza pajarillos solo por entretenerse o entrenarse, no se los come ni nada, es como torear o bueno, no está muy bien explicao pero espero que más o menos me sigáis en la estela de argumentanciones. Reducción del daño después del amor. Que esté menos afilada la banderilla que te deja la ausencia de la persona querida, la ausencia no temporal sino permanente. Algo más estudiado, más fino. Un veneno. Un sedante. Que no haya que hacer hoyuelo con la punta de la lanza y que surta efecto la quimica, se debilite el animal. Con el amor es muy parecido, es igual. Se debilitan los animales que llevamos dentro.

Reducción de daños
Y para todo. Las banderas prohibidas. Los sentimientos nacionalistas. Los partidos políticos y sus pactos de gobierno. Para todo es lo mismo. La misma actitud. Lo mismo.
Reducción de daños
Porque es lo único coherente y parece que somos justo lo contrario, cuando se ven imágenes, por ejemplo en Tordesillas de los pro pegándose con los antis es como... Esto no. Es justo lo contrario. El daño máximo. No estamos de acuerdo y vamos a pegarnos hasta que uno de los dos claudique. O me ato a un árbol o me encandeno y los otros me sueltan al toro, una salvajada. Riesgo de daños. En lugar de reducirlo, todo lo contrario. Crecimiento exponencial. A forma de descerebre generalizado y ya para el del próximo año, quedan como cuatro o cinco meses ya hay quedadas para darse mecos, daño y daño y más daño. Que si el toro hablara diría, haced lo que queráis conmigo pero no os pegéis que no está bonico. No está bonico enrrocarse en el daño. Parapetarse tras el dolor causado y tras lo convencional, la tradicion y sin más, o lo justo sin más miramiento, que sin perspectiva y sin hacerse a cada sitio, imponer lo que es justo puede convertirse en lo contrario simplemente porque es impuesto.

¿Es posible?
¿Que duela menos?
¿Que sea màs lógico el dolor?
El que genera el debate político sobre todo.


por puntualizar

cuando actualizan el estado de facebook todos los usuarios y todo el mundo está haciendo exactamente lo mismo: escribir en la casilla donde pone ¿qué estás haciendo?

diy


jueves, 19 de mayo de 2016

pensar no filters

Pues uno es que es lo que no se ve y en la foto el aire se mueve aunque no lo veamos, que qué quiero decir con esto, pues que una con la cabeza bien amueblaica, sueldo fijo, coche, piso, óvulos en orden y dispuesta a la reproducción pues no va a ser la que se te acerque. Por lo que sea. El hábito no hace al monje pero un habito es un hábito y un monje pues un poco cara de monje siempre tiene aunque vaya en bañador o con el tiempo se le pone, quizá por el hábito. La fe y la constumbre. Habituarse a creer. Creer de cotidiano. Y cuelo mensajes en plan positivo de soslayo porque todo me parece un horror y una estulticia. Estulticia es una palabra que se usa poco. No hay derecho. Las palabras en paro. Me siento conminado por las palabras en paro. Concernido en el desuso. Por algo será. Algo habrá hecho, que decían cuando pequeño. Algo habrá no hecho, en mi caso. Omisión es mi cubeta de pecado predilecta. El pecado se mueve aunque no lo vemos. Cada día menos.  Hay gente que se queja y gente que se jacta, parecen diferentes tipos de persona pero es solo uno. A veces tienen días buenos, a veces no se levantan de la cama. Hace dos días me dieron una noticia horrible. El pecado en paro. Me concierne. Me conmina. Eres lo que no dices. Eso lo pienso mucho. Cuando veo una foto de una mesa llena de platos a medio terminar y me imagino el proceso de shooting del comensal. Lo que no sale en la foto pero está. Eso pasa en cualquier segmento aislado de tiempo, como una frase. En todas las frases. Sobre todo en estas frases. En las mías, vaya. Debería de tenerlo todo un poco más claro pero abundo en la idea, soy lo que más o menos vislumbro pero en su mayor parte, me define la confusión que arrastro. A mí y a todos, que no soy yo el tonto. Somos lo que no nos entra en la mollera. Nos definen nuestras limitaciones. Nuestra inquina. Nuestras miserias y las frases fuera de sitio. Las verdaderas metidas de pata. Nos definen nuestras patas. Las que dejan huella de nuestra pezuña interior. La que no se ve. Y no se te van a acercar las bonicas porque a ti lo bonico no se te ve, me dijo una amiga y está más o menos ficcionado porque no eran esas las palabras pero sí el espíritu. Las locas. Las curiosas. Las enfermas. Las grupis segunda división. Las reinas de la pista. La que no sabe lo que está haciendo con su vida. La que no se recuperó nunca. La que cree que sabe lo que hace. La perdida del pueblo. La que viene de vuelta. Surtido variado. Artistas. Pintoras. Cantantes. Pianistas. Idealistas. Soñadoras. Trabajadoras a cuenta ajena con poca facturacion en general y sin contrato fijo, con muchos proyectos, eso sí. Largas vidas académicas con sus zancadillas y sus miserias. Un abanico lleno de matices y, por qué no decirlo, desórdenes alimenticios. No problemo. Ese extraña decadencia que atrae. Esa fatalidad. Una colección variada de fatalidades. Qué puedes esperar. Acaso no eres tú un buen fatalista y a veces fatalero. Pues entonces. Que es un poco eso a lo que voy. Y a mí la verdad con esa querencia de siempre por las minorias pues que tampoco he tenido ninguna objección nunca en la colección de caras B y rarezas, en descubrir y conocer, investigar la anomalía amorosa o emocional e indagar la psique perturbada, pero ay, caballo viejo de la sábana, porque estás viejo y cansado, que ya se hace cuesta arriba la intensidad de las intensitas. Que ha sido siempre mi campo y lo he arado con gusto pero el tiempo vuela, amigos. El drama alimenta el alma, no lo niego pero se van imponiendo las lógicas reproductivas o eso pensaba yo, que siempre he tenido como muy metido en la mente lo de tener crías humanas, con el tiempo veo que la experiencia sigue siendo la bomba pero no sé, desde que tengo gato, he madurado. Y no tenemos el timón. No quise tener gato, llegó. Pues lo mismo con las crías. Usando condón always a ser posible pero que si llegue que lleguen y tal. Que es como decir que cree que Dios existe. Tengo la casa empantanadísima que estoy por llamar a los bomberos y que me saquen con escaleras. Es tremendo lo que me para a mi lo de la mierda y lo que mal que llevo las telarañas en la casa del terror. Podría usar ahora mil excusas pero es eso, solo eso. Cuando escribo en el blog, que es cuando me da el nervio, pues casi siempre coincide que debería estar limpiando la casa. Eso es porque la casa, sí o sí, siempre está sucia. Hablamos de planes de emergencia. Y casi siempre por motivos de terceros. Me explico fatal, escribo con los pies pero vosotros me entendeis porque veis más allá del marco de la foto. Y no os importa que esté desenfocada. De hecho ni siquiera os importa que esto no sea una foto, por que? porque nada importa demasiado y eso, que podría parecer agorero o malo, es extraordinariamente bueno. Entendeis lo que quiero decir, porque para eso habéis llegado hasta aquí, para entenderlo todo. Lo que la gente quiere mostrar por lo menos te dice lo que no quieren que veas, lo que ponen delante y lo que disimulan. La parte que dejan a media luz. Y lo que ponen bajo el foco. Pasa en las redes sociales pero también en las barras de los bares. A mi ego le pido bebida propia. Vamos de dos en dos cuando salimos solos. Salgo poco. Los problemas con alcohol no se arreglan pero es ineludible que algo sí que se consiguen diluir, hasta el día siguiente al menos. El día siguiente es casi siempre distinto del que creía que iba a ser. Esto es algo que no deja de sorprenderme y me aterra. Pocas veces espero que el día siguiente sea mejor de lo que uno espera. Casi nunca pasa. Es siempre peor a peor a peor... Ahora mismo, leyendo este ladrillo de banalidades estamos mucho mejor de lo que estaremos en un par de horas. Si nos viéramos al micróscopio, se apreciaría lo realmente bien que estamos leyendo mentalmente esta frase que una vocecilla, que se parece pero no es la nuestra, la va siguiendo como un eco lento y repite en voz alta: Joder, qué bien estábamos ahí, entonces, en el blog... Allí, en el blog. Tan bien. Tan felices. Tan únicos. Porque luego pasa el tiempo y todo parece una estupidez. Hoy intenté hacer una letra. No me acuerdo de nada, lo pasamos muy bien. Así empezaba. Era medio rockera. No me acuerdo de nada, lo pasamos muy bien/Me has cambiado la vida/desde que te conoci ayer/nunca voy a olvidarte/aunque no te vuelva a ver/voy a quererte siempre.... Pero dime como te llamas, o algo así. Pero eso último no rima. Tengo que dejar esa mierda. Lo de letra irónica. No se pilla. La peña es literal. Y a quién le importa la peña... Ya. A mí, no. Me importo yo. Y pienso que me siento muy inteligentito y muy sagaz haciendo estas letras pero con el tiempo digo: bullshit. No está mal la idea primigenia. Lo de que cuando mejor te lo pasas, terminas por no acordarte de nada. Y que la gente que no conoces te encanta y te fascina. Lo nuevo. Lo desconocido. Lo imaginado. Hasta que se vuelve una mierda como todo. Me estoy plantando ultimamente con el pesimismo en las letras. Una cierta tregua. No es justo tanta negrura. Hay más. Más de lo que tirar. Más que decir o señalar. Es un poco ya de masoquismo. De llorería. De pavazo. Y ya se me ha pasado. Con el último disco se me ha pasado bastante. Es un fin de ciclo clarísimo: me cuesta sacar canciones nuevas. Salen como siempre. A chorro. Pero no tienen... Cómo decirlo. Fallan en algo. NO sé qué es. Parte de un proceso supongo. Calma. Buenos alimentos. Ladrillo de banalidades. Afterall, another ladrillo de banalidades on the wall. Antes, con el mismo fraseo de acordes, pensé otra estrofa. Dime dime dime. Copiando a los Cure con el Tell me tell me tell me.... Dime dime dime como quieres que lo arruine/dime que te iras antes del declive/antes de que sea detective/ antes de las canciones tristes/dime dime dime que te gusta y que te ries/ dime dime dime que te gusta el desafine... EN FIN no me convence tampoco na de na pero no es ritmillo The Cure es plan rollete guarrerrillo entrañable al estilo Lemonheads.... Empezando el dime en Fa .... No termino de llegar a estribillo firme, naufragando entre estrofas más bien endebles. Para qué decir otra cosa. En la letra casi todo es lo que no se dice. Pasa como en las fotos de comida de facebook. Tengo tanto que limpiar. Y tengo que ir al estanco. Montaña rusa de emociones. Agenda a tope. Tengo la zona de confort hecha unos zorros. Y en la radio está un programa aberrante, pero está en la cocina y no me levanto para cambiarla, ese podría ser el título de mi biografía y no tengo sábanas limpias, la lavadora está rota... La gente que se queja y se jacta es solo un tipo de gente. Son los mismos. Días buenos, días malos. Estoy super cansado. Me cansa escribir. Aunque es porque no duermo, claro. Eso es lo que más agota. Una noche sin pegar ojo y pegar frases sin ojearlas casi. Insomnio automático. Vigilia escritora. Pronto parlante de lunas. Está todo flotando alrededor. El aire de las fotos. En el revelado, en el proceso químico se atrapan las mota de polvo no por resolución, sino por efecto de la plata, ya hace siglos, un relámpago. Esos aires. Esas fotos. Esos daguerrotipos del alma. Algo se llamaba así, no? Qué era? Una canción? A veces me marea. Lo de no dormir y el café. Esto importa cero, señora. Soy consciente, oiga. No se cisque. Que me hago cargo del corto espectro de sus intereses ni las motivaciones por las que aquí se encuentra. Que, vamos a ver, retomando el hilo. El hilo principal porque esto está ya deshilvanado de muchas líneas atras, así que echemos pespunte. Hilos. No dormir. Café. Una canción. Tener siempre una cancion a mano. Eso es importante. Hay dolor. Hay muelles. Hay sitios a los que no volver. Gente a la que no vamos a volver a llamar. Por lo que sea. Esto no importa lo más mínimo. Estamos de acuerdo. Pero qué importa. Nada. Es todo bastante frívolo. Sí, la Historia. Sí, las historias. La gente. El corazón. Los pequeños. Los pequeños corazones que laten a pesar de los pesares. Los pesares importan. Los pesados no le importamos a nadie. Desafiamos la paciencia de cualquiera. Vamos por ahí como locos desafiando paciencia a duelo a muerte al amanecer. Y que eligen ellos modo. Florete. Pólvora. Pistolón. Trabuco. A fuerza de entradas de blog. A fuerza de bucear a pulmón. De buscar en fotos desenfocadas la verdad. De verse bien en donde no se te reconoce, esto es muy de Facebook. Ser listo y comprometido, agudo y mordaz que es más de Twitter. Ponerle el filtro Hefe o Valencia a todas tus vivencias. Pensar con el filtro Valencia. Pensar con el filtro Lo fi. O pensar no filters o no pensar en filters. Vivir con ojos de instagram. Tengo tanto que limpiar. La tentación de ponerle filtro al fregadero es enorme. No lo haré. Lo de filtrear, limpiar es obligado. No me queda otra. Mientras no empiece, será cada vez más y más grande. Estoy tan derrotado. Quiero una prórroga. Quiero un batallon de limpieza en mi puerta. Que me dejen los textos que brillen. Quiero un negro que me escriba. Un negro mudo. Con curso de mecanografía. Una negra muda que le gusten los bailes regionales. Vale todo tipo de mestizos. Quiero esclavos. Para soltarme a mí las cadenas. Quiero terminar de fregarlo todo en lo que dura un parpadeo y abrir las ventanas para que se seque rápido el suelo, eso es todo. No es tanto. Lo peor, lo de la lavadora. Lo más extremo. Debo poner otra. Con reparo. Porque suelta agua. Qué desastre. Tener toallas de reserva. No sé por qué cuento estas mierdecillas domésticas. Dónde quedó el pudor con la desgracia cotidiana que nada o casi nada aporta. Estoy acojonado con la lavadora, querido amigos del blog y me viene especialmente fatal tener que jubilarla, que ya tendra hoja de servicios de veinte años mínimo. Una movida, amigos. Una verdadera movida.

martes, 17 de mayo de 2016

si no las recuerdas, es que son demasiadas

Un blog personal se tiene, lo primero de todo, para pedir disculpas por lo poco que lo atiendes y reiterarlo, a modo de oración en el principio de cada entrada, ser insistente con ello y escribir sobre lo poco que escribes en él lo más que puedas con tono llorica y quejicoso sugiriendo que andas muy liado por esto o aquello, dejando entrever que son proyectos de fuste que te tienen excepcionalmente atareado pero que echa de menos escribir en el blog y bla bla bla y lo descuidadito que lo tienes y que si te han pasado mil cosas y bla bla bla y que poco tiempo y bla bla bla y que, en general, escribes menos y dedicas menos tiempo a internet como si fuera un pariente que has dejado de ir a ver. Así que, insisto, qué mal y qué poco escribo por aquí y qué mucho y qué bien que me viene ponerme frente a este espejo a hablar con su cristal porque es eso, en mi caso, lo que hago. Hablarle a un cristal. El cristal es la pantalla. El cristal en blanco.

En mi caso, un blog personal se tiene también para obra, para poner tus mierdas podríamos decir más técnicamente, y eso lo engloba todo: diseños del Paint, dibujillos, fotos, canciones... Sobre todo canciones porque no sé si os habéis fijado pero al lado de mi nombre en la firma al final de cada entrada pone un sobrenombre y es el nombre de mi grupo... Enrique Octavo. Así que, lo primero, es que siento de veras lo poco escribo por aquí, porque hay que ver lo poco poquísimo que escribo por aquí que no había nada nuevo desde abril y qué malamente que me sale cuando me pongo, todo hay que decirlo y que, lo mismo, es por eso la poca asiuduidad y lo segundo, pues mis mierdas, que mira en estos últimos meses, pues cómo te canto o te enlazo o te pongo el vídeo o el audio de las canciones nuevas del nuevo disco que, por cierto, tenemos nuevo disco.

Lo tercero, mi huertillo. Lo pone en la bio que tengo un huerto y bueno, ahora debería actualizarlo y poner que tengo arriates yermos o una selva de mala hierba que es más bien a lo que se parece lo que antes llamaba huerto, y que podríamos decir, para ser del todo sinceros, que a día de hoy no existe y es un jardín, muy florido eso sí, del que no hay fruto alguno al que agarrarse pero la batalla no está del todo perdida. No todo son llantos que he plantado margaritas de muchos colores y tambien caléndulas. Geranios gitanos. Un tallo agarró. Pillo menos la azada que el teclado para meterme en el blog a escribiros con la diferencia que en el jardín, de lo que no cuidas o no riegas, pues se seca. Y mira que no soy muy asesino de plantas. Solo un poco. Tengo mano. Solo se me secaron unos geranios estirados y largos que transplanté y que parecían mini antenas de alta tensión, que llegaron a florecer con unos pétalos como lágrimillas sin explotar, pero que terminaron de llorarse enteros y de secarse de tristes para finalmente, morir. Y se me murieron más matas, sobre todo en el huerto. Que muera una mata es el colmo de los colmos en el tema muerte y el tema botánica. Se aprende matando. Como los médicos.

Mi blog habla de eso: de lo mal y poco que hago, de mis canciones y de lo que planto y agarra. De lo que agarro también hablo y apostaría que es lo que os concita con más ansía, oh, oleada imparable de lectores a la lumbre de estas líneas pero hay poquico que contar. Poco poquísimo. Poco relato tengo pero ya me gustaría daros calceta. El año pasado conocí a una chica que me pregunto por mi número total de novias así de pronto. Bueno, no. Quizá era aún má general. Todas con las que has estado. Algo así. Dime todas con las que has estado. Sin venir a cuento. Interrumpiendo la conversación. Dime todas con las que has estado. Así de sopetón y uno piensa que se refiera la chica al número total de chicas con las que me había acostado a lo largo de mi vida y sonríes, qué remedio te queda. Pues no sé. Unas cuántas, la verdad. Primera cagada, amigo. Lo sueltas medio sonriendo y es una buena cagada. Lo que empezó como una broma se fue complicando hasta que me di cuenta que iba en serio, muy en serio, y que no lo decía por decir, que quería una cifra. Un puto número. Una cifra total de coitos. Me negué. Es algo íntimo, no sé. No llevo la cuenta, es lo siguiente que contesté. Con tono digno, Pues hazla ahora, me dijo ella. Por eso te lo pregunto, añadió. Joder, es la típica mierda que te atrapa y que cuando te quieres dar cuenta tienes el cepo tan clavado que asoma hueso del tobillo. Si más te mueves, más desgarro y si más hablas, más la cagas. Y era una tia que estaba realmente bien o eso pensaba yo hasta entonces. Porque hasta la preguntita de marras, todo iba viento en popa. En su casa. En la playa. Me invitó espontáneamente. La conocí por Tinder. En fin. Qué se puede esperar. Pues eso. Puto Tinder. La desconfianza. Es normal, supongo. Pero ella seguía en sus trece. Coitos, ¿cuántos? No quiero ponerme a pensar, protesté, no es una competición, no es un recuento. Pero no le convencieron nada mis alegaciones y me dijo que eran tantas que no quería ni recordarlas. Hace un año le dije a un amigo, que es también soltero por devoción que nos habíamos liado en noches locas a las que no nos alcanza la memoria con más mujeres de las que no hubiera gustado y en las futuras madrugadas que nos quedan por beber nos liaríamos con muchas menos de las que nos gustaría. Es la condición humana.

Periodismo era otro de los ejes de esto, lo de comentar titulares o programas o artículos... pero en tren en vía muerta. Contra todo pronóstico me apetece escribir ahora más que nunca y me dan arrebatos de volver a enviar artículos o hacer entrevistas. No sé, volver a la brecha. Fueron tan frustrantes y desesperandazores los últimos lances que a uno se le parte el alma de pensar en volver a pisar el albero de la comunicación y el ruedo del periodismo local, que es donde uno se movió, mal y torpemente como con casi todo. No casa demasiado lo del periodismo entre medias de lo de las conquistas, los jardines y lo que canto, y todo mezclado. No pega demasiado pero era la idea original. Por otro lado ningún artículo, ninguna portada termina por ser tan importante como para que no la cambien al día siguiente. Lo del periodismo venía al hilo de la actualidad que pasó a ser tan mosqueante que me desconecté de ella, también me servía a veces para recopilar noticias extrañas o absurdas, eso debería de haberlo continuado. Pero me mata la pereza. Con lo poco que escribo y lo mal que canto, mejor gastar horas ensayando que divagando sobre el moribundo panorama de medios nacionales y las aberraciones informativas con las que convivimos. Pero me apetece escribir.

Lo del blog debe ser sobre todo por eso, porque a veces, solo a veces, me apetece escribir. Y sin tener nada que contar en particular. No me apetece comentar puntos de vista informativos en ese momento o comparar informaciones tendenciosas. O la deriva de sociedad de espectáculo doméstica en la que se ha convertido el medio persona, la aldea global de videos de diez segundos de desgracias o de gatos haciendo monerías, que al final, son derivas o disonancias o ecos o no sé cómo demonios llamarlo, son unidades de pensamiento dispersas que colisionan sin producir energía aprovechable y lo digo así que parece más científico pero que es nada, básicamente. Los científicos se dedican a cometer errores. Lo llaman ensayos pero son errores en cadena. Es su trabajo. Avanzar es equivocarse sistemáticamente. Equivocarse mejor. Equivocarse a posta. Por un motivo. Una buena justificación del error. Que es el fin último. De la existencia, diría, explicar la anomalía en el espacio y tiempo que es nuestra propia y limitada conciencia. Y ponerlo en el blog.

 Es una pena lo poco que escribo aqui, no quería que se me pasase pediros disculpas por lo poco que actualizo, habrá algo más triste que un blog que ves que la última entrada es de hace dos años. Es como: Te cansaste. Acabó, tenía que acabarse de algún modo. Es otro de los motivos, me imagino, no dejarse vencer por el cansancio. A mí me cansa el fondo de gatitos, por ejemplo. Ahora tengo un gatito nuevo. Canelita se llama. Quizá debería poner una foto suya en algún sitio. No las comparto en facebook, quizá debería. Pero creo que no le gusta que le haga fotos. Evita la cámara. No posa. Quita la cara. Definitivamente, no le gusta que le hagan fotos. Por ese motivo, no las pongo en Facebook, porque en algunas sale realmente bien. Sería un imán de likes sin ninguna duda.

Para oirme, y reirme a veces y no precisamente cuando lo releo sino cuando me viene una tonteria a la cabeza y la suelta, vengo poco pero cuando entro me gusta que la tonteria me rebose, que no es así, a diario. Debería hacer más entradas de broma. Pero me pasa que se me va la mano, puedo contar algo que me ha pasado y si hay cierto punto, pues me recreo en detalles y la cosa coge forma y termina por ser gracioso, no sé bien por qué. La forma de contar. Es siempre eso, la forma de contar. De contar todas las chicas con las que has estado, dímelo. Así de primera me entró: Dime el número. Y no supe. Luego hice mis números a solas y no son, ni mucho menos, tantas. A uno le gusta el disfraz de Don Juan pero claramente me queda muy largo de mangas. Unas cuantas decenas, quizá pero no llegan al centenar. Eso no se lo dije a ella que automáticamente se cabreo con el argumento: si no las recuerdas, es que son demasiadas. Qué decir ante eso, joder. Si no las recuerdas es que son demasiadas. Y gesto de no me junto. De no quiero nada contigo. De no me digas nada porque estoy mosqueada ya para toda la tarde y lo que queda de día. Son demasiadas. Si no dices un número y no lo dices rápido, la has cagado. Tres. Eso es un número prudente. O cinco. Y te dirá: solo esas? Y dices, bueno, besado me he besado con más.... Con quince quizá. Y ya está. Ella, contenta y tú, resuelto. Porque en este tipo de respuestas, se te tiene que ver resuelto. Espontáneo. Rápido. Como si lo supieras de verdad. De hecho, como si fuera de verdad.


Si no lo recuerdo, es que fue demasiado. Otro de los motivos de escribir aquí, que sea demasiado. Que se pueda recordar, aunque sea con en el lejano hormigueo de las letras llenando párrafos diciendo poco pero haciendo gruta. Ser demasiado es una extraordinaria vocación. El exceso como guía. Y esa cosa romántica y excéntrica de ir siempre un poco más allá. De un tiempo a esta parte, me ha cansado eso y prefiero concursos en televisión y gachas a media tarde. Con picatostes. Exceso de picatostes. Y ajo frito. A todo lo que puedo le pongo ajo frito. Por supuesto a los huevos que deberían de llevar la cabeza cortada en láminas ya dentro de la cáscara. Ojo, oportunidad de negocio. Huevos con el ajo ya cortado dentro. Lo de los loncheados metidos en plástico tampoco parecía que fuera a pitar tanto hace una década y media. El paso del tiempo. El blog es para constatar el paso del tiempo y ojo, para que el tiempo no pase y para todo lo contrario, para pasar tiempo de las noches en las que no duermo porque si se cumple un patrón es siempre ese, el insomnio. La noche callada. La digestión del ajo frito en la madrugada serena. Y una película de fondo que la escucho como si fuera un serial radiofónico. Y sin es versión original ya ni te cuento. Tengo hambre, cuando te das cuenta son las cinco de la mañana. Y te da hambre. En fin. Me he puesto Rambo 4. No me ando con chiquitas. La oigo de fondo mientras tecleo. Y tengo pan, comprado hoy y tierno. Quizá me haga una tostada mientras Rambo se lia a tiros en Birmania.

Siempre me pasa que me quedo sin saber si he contado lo que realmente quería contar.
Pero bueno.
Para eso está también un blog personal, para quedarse con algo que contar.

Me he quitado del Tinder

























































No se vuelve a la misma ciudad dos veces

No se vuelve a la misma ciudad dos veces. No se vive dos veces el mismo lugar, porque uno se va haciendo viejo pero también y sobre todo, porque lo que nos rodea cambia y no ponderamos nunca lo rápido que se suceden esas transformaciones.  Es como el río de Heráclito pero gobernado no por la lógica de la corriente, la inercia y la gravedad sino con otros intereses nada filosóficos. No hace mucho estuve en Madrid, cuatro días de asueto, me dió tiempo a caminar mucho. No me gusta nada el metro y lo evité mientras pude. Lo de aparcar es una locura. Se parecía poco o nada a la ciudad que recordaba y en la que viví los dos últimos años del siglo pasado. Todo enlosetado, todo peatonal, todo desvirtuado. Los coches eléctricos del futuro no parece que merezcan metros de pavimento, es todo un engaño para construir párkings, eso opino y no cambia o casi no cambia en apariencia. Cuando los coches no contaminen, que es a lo que tiende la industria automovilística, no podremos circular. Me parece un despropósito. Cercar las ciudades a las cuatro ruedas es un error de proporciones históricas, se cierra el paso, el mismo paso que tenían los carros en el Imperio Romano, o sea que eso de que nada cambia, pues no. Hay cosas que cambian. Y cosas que no. Se verá, con los años, que las peatonalizaciones masivas respondían a criterios no mediambientales sino económicos. Eso cambiarán y ustedes, quizá yo no, lo verán. Y otras cosas no cambiarán. Afortunadamente. Nunca espero. No cambiaron en Madrid o al menos en apariencia la calle Pez o el Palentino, al que nunca había entrado o no lo recordaba, y esta vez almorcé un par de botellines, me andé unas cuantas manzanas, volví al Maño en la calle la Palma y es otro por el que si el tiempo pasa lo hace de puntillas, pasa algo parecido en algunos garitos nocturnos con menos luz, a los que también volví,  La Vía Lactea que no cambia ni bombillas o el Tupperware al que entré en la hora feliz y se veía como siempre pero quitando esas breves y felices rutas de madrugada, algo en la ciudad  estaba diferente y lo he notado, no era la misma y da pena, por lo que viejo que es uno sobre todo pero también porque es imposible volver a la Madrid de 1999, y es tan diferente. Madrid 1999. La oscuridad de Malasaña solo la encontré en algunas bocacalles de Lavapies, en Calvario y adyacentes, y bien entrada la noche en las que derivan hacia el rio, no lo sé, una oscuridad especial que antes reinaba en Malasaña y le daba un atractivo reconfortante mezclado con un cierto aire de amenaza, no es la palabra amenaza, probablemente no, pero es precisamente eso lo que quita la gentrificación, lo que se lleva, no sé cómo llamarlo con esta pila de palabras modernos, es el peligro que se lleva, el proceso de domesticación de los vecinos... Tendrá que ver con la renta antigua, el mercado negro, los pisos sobrehabitados y los buscavidas. Cierto aire de crepitud en los inmuebles. Un punto concreto en la especulación. La fase de dejar morir el estuco. De dejar que se deprecie y echarlo abajo. La víspera de la demolición. No es que la nostalgia nos salve de nada, más bien al contrario nos sumerge en mundos idealizados que ya no existen y que, cuando existían, eran mucho menos idílicos de lo que los recordamos. Y más si son memorias de juventud. De estudiante. De un botellón en Tribunal y sus recovecos, de los mejores del país, o de un Lavapies verdaderamente salvaje. Es un término poco dado al urbanismo, el carácter salvaje de las ciudades. Hablo del fin de siglo porque fue cuando me tocó marchar por estudios pero después he vuelto en ocasiones y seguía siendo algo loco. Embajadores y sus cundas, por ejemplo. Ese tipo de vida salvaje que es muy dificil de acotar o controlar. Campo al que no se puede poner puertas pero en vez de tierra, con sombra y asfalto. Con callejón de olor a meado y puta en esquina. Es droga. Es inmundicia. Una coqueta inmundicia. No es decoración, es justo lo contrario. Lo del botellón luego se volvió aún más salvaje en la plaza del 2 de mayo. Sin duda, no es peor que el panorama de lateros de hoy en día que te paran por la calle con la cantinela de cerveza a un euro y venden como si fueran globos. No es peor. Y cuando es nostalgia, de acuerdo. Cuando es el signo de los tiempos, pues que vas a hacer pero cuando lo que subyace es un negocio. Lo de las bicicletas me sorprendió. Un día le dedico una entrada completa a lo de las bicicletas y la puta peatonalización.
Lo peor, las losetas en la plaza de Callao.
Lo segundo peor, la calle Montera sin putas o los bancos sin chaperos y gente extraña en Sol sustituidos por una cola de turistas esperando para hacerse fotos en el oso y el madroño con sus teléfonos móviles, al que por cierto, han cambiado de sitio. A los chaperos y putas que tampoco es que hicieran bonito a decir verdad pero eran parte de esa oscuridad real, de esa amenaza, de ese mundo feo que ahora solo tiene losetas y arbolitos, y bicicletas. Y zonas peatonales.
No se vuelve a la misma ciudad dos veces pero sobre todo porque no hay dos veces para hacer nada, las ciudades solo nos lo hacen ver.
No hay segunda vez.





lunes, 25 de abril de 2016

Quitarse de la música

Quitarse de la música como el que se cura de una enfermedad. Como el que sufre la varicela y no volverá a pasarla. Como el que se quita de fumar. O de la bebida. O de las malas mujeres. El que deja atrás una etapa, eso en particular me parece lo más triste. Lo de las etapas. Se vive con tanta emoción, te ocupa tantas horas en la mente pensando en lo que va a pasar o asimilando lo que finalmente ocurre. Ese proceso entre la ilusión o la desilusión se convierte en el acicate o en el epitafio. No es fácil ni le pasa a todo el mundo igual pero te quitas como el que se quita del tabaco y le molesta el humo, no vuelves a sintonizar Radio 3 y ya está. No escuchas nuevos grupos. No vas a conciertos. Sales menos y la música, la pasión por la música, se aplaca de una forma muy natural.

Quitarse de la música pero me vale igual para los libros, los cómics o las películas. Dejar de ver cine francés para siempre. Desistir. No leer más tebeos o simplemente, comprarlos. Sé de lo que hablo porque en mi pubertad abandoné de forma totalmente consciente a los superhéroes y no me enganché al manga. Se acabaron los cómics y fue consciente. Pensé que ya era suficiente. Que no me lo podía permitir. Porque era caro. Que ya no iba a seguir buscando. Algo parecido a lo de comprar discos, que era siempre un proceso de búsqueda, de seleccionar ofertas y apostar por un nombre inspirador, o una portada sugerente. Antes se compraba a ciegas, apenas si se había escuchado. Se experimentaba. Se buscaba algo más. Los tiempos han cambiado. Eso es un hecho.

Quitarse de la música es como dar el paso de madurez. Eso me molesta. El rollo adolescente. Dejar de intentarlo. Como si lo que importasen fueran los intentos. La meta, sea la que sea. Y llegar a no sé donde. El camino. El viaje. Las pruebas. La emoción. No más intentos. porque ¿hasta cuando lo vas a seguir intentando? Eso me serviría para una letra. Para un estribillo. ¿Hasta cuándo? Recuerdo las palabras de un ex guitarrista que se preguntaba, hasta cuándo. Seguir. Intentar. Probar suerte. Esperar el gran golpe de suerte. Lo que en el gremio de la música llaman técnicamente el pelotazo. Los festivales. Los grandes aforos. El maná del cielo. La tercera venida. Por fin, a lo grande. Por fin, para todo el mundo. El éxito o lo que a los otros les parece exitoso. Probar y seguir la zanahoria. Avanzar, hacia delante siempre. Poco tramo recorrido. Pero no pararse. No desilusionarse. La zanahoria y si no, pues otra. Que no falten zanahorias. Ilusión por otro pelotazo. Por otro gran golpe. Como los atracadores que nunca se jubilan a la espera del gran botín. Y es por el mismo motivo. No es el dinero, claro. Lo que se roba es adrenalina. Lo que te llevas es esa emoción. Haberlo intentado. Algo mucho más grande. Y que no te pillen. Esperar ese gran golpe eternamente es otra forma de quitarse. Quitarse del crimen. Que no llegue nunca el gran desfalco. Que todo depende de eso, es otro modo de dejarlo, más lento pero inapelable. Uno no está nunca del todo a salvo de la desidia. Es un peligroso enemigo porque espera agazapado su oportunidad y aparece cuando menos lo esperas. Quitarse de la desidia sí que es complicado.

Quitarse de la noche. Quitarse de enmedio de los bares es también algo habitual cuando encuentras pareja estable.  Quitarse de los viernes. Admiro a todas las personas que con pareja en activo mantienen el mismo ritmo de salidas de viernes. Son los mejores. Lo habitual es no pisar la calle en cuanto se comparte cama, lo que me lleva a otro axioma que siempre he defendido, se sale para perpetuar la especie y para reirse con los amigos, pero más por lo primero. Los datos salvo honrosísimas excepciones lo confirman. Se sale para amar. Cuando el amor está en casa, se sale poco. Las parejas que salen juntas me parecen más tristonas, mira tú. Aunque es también admirable. Mantener el ritmo. NO quitarse de la calle. No quitarse de los amigos. Que es otro detalle feo y difícilmente defendible pero los amigos están para cuando hacen falta o cuando más uso se les da. Si no se le da una función pues poco a poco se apagan. Como se me apagaron los superhéroes. Se puede y se debe mantener un sitio, o un bar o una peña, o un día a la semana en el que se juega al fútbol para que se estrechen lazos por lo cotidiano. Porque nos quitamos del día a día, vernos nos seguimos viendo de hihos a brevas. En estas edades, de hijos a brevas.

Quitarse de muchas cosas por obligación, por la paternidad por ejemplo, Cambiar pañales te cambia más a ti que a nadie, o eso dicen porque yo hasta ahora no puedo hablar por experiencia propia. Es lógico pensar que con crias a tu cargo, se reduce el margen de libertades de forma drástica pero también es verdad, que traen panes bajo el brazo. Quitarse de la noche está bien claro que es obligado si tienes que mecer cunas, y pasas de ser de codo en barra a ojo en vela pendiente de si hay lágrimas. A mí me cuesta entender a mi gato cuando trasnocha y le da el nervio. No quiero imaginarme lo que debe ser lo de educar humanos, la odisea. Me llama la atención, no lo niego. Pero tendrá magia limitada, como todo. Y de eso sí que no te quitas tan fácilmente. También lo hay. Eso sí que debe ser triste. De lo más que me imagino, Quitarte o que te quiten.

Quitarse de la tristeza es una posición vital.
Quitarse de la pereza... Quitarse de la grandilocuencia. Quitarse de los quitamientos, de la energía limitada, del receso, de la parada técnica, ser libre de desánimo o estarlo, porque dura poco y hay que aprovecharlo. Como el amor o el enamoramiento. Como los buenos ratos o las noches divertidas. Como los viajes que no se olvidan o los rodeos que se disfrutan. Quitarse del autocompadecimiento. Eso es muy importante. Dejarlo para siempre. Quitarse de la melancolía y ser siempre un rehabilitado, un peligro, un gran factor de riesgo. No es fácil quitarse de la tristeza, no. Pero es lo más importante. Volveré a ello. No lo tengo nada claro. Casi nada. Quitarse de la certeza.
Le daré´una vuelta.
Cualquier día de estos.
Volveré a lo de quitarse de casi todo....

Ya tenemos el disco completo en Spotify

domingo, 10 de abril de 2016

Single San Judas


Single La vida ha sido un suspiro

El Lester Diamond de otros

Hay días de palabra fácil, en los que la idea se posa en la letra y una lleva a otra, con poco aleteo es una frase y sin darse cuenta, coge aire, sube alto, se divisa a lo lejos y es un párrafo que algo te cuenta o un par de ellos con una despejada vista. Hay días de palabras como gallinas que alborotan mucho pero por más que corran no levantan un palmo del suelo y también días de avestruz para no asomar ni la cabeza. Que aquí pasa poco o nada importa porque es casa, en el blog digo, y se puede estar a ras de la nada sin recomello. Se puede no volar sin que suponga demérito. Dedicarse solo a sonorizar el vacío y experimentar el eco. Escucharse en la nada. El infructuoso aleteo. El ruido que hace cada intento. La nada daba un severo miedo en una película mítica que impactó a toda nuestra generación. La nada.
No venia a hablar de ella. No venía a nada, es cierto. Solo por probar a ver si sale, si se me ocurre algo pero tengo poco ánimo y poca idea. No es problema, sin ellos me defiendo de cotidiano. Uno tiene a veces la sensación de que no cuenta lo mollar y lo que de verdad interesa. centrándose en detallar lo ordinario que además se hace tedioso. No contar ni ovejas. No usar el insomnio. Y está, es cierto, la tentación de dejarse impregnar de palabra andante, de un discurrir de comas y salta a otra línea. Solo saltar y coger aire. Solo aire. La nada. El aire. No es ni mucho menos poético, porque te come la ansiedad, la liberas y ya está. No sé hasta qué punto hay vocación estética. O experiencia. No sé si importa. Intuyo que no.

Hay dias de palabra difícil y vivencia honda. En el que se vadean las crecidas o se achica el pensamiento con un cubo contra el mar. Hay días para ser San Agustín y otros, para no ser santo de la devoción de nadie. Hay días que son espera. Y días que no nos pertenecen. Que regalamos. Que nos compran. Que alquilamos y que nos venden. A precio amigo. A precio descuento de domingo. A dos por uno. A precio especial por pronta caducidad.

Me acuerdo mucho de ella.
Me había prometido no escribirlo aquí y dejarlo de una vez porque realmente es bastante vergonzoso. Reconocerlo. Y escribirlo. Incluso sentirlo. Es penoso. Un poco. Tanto tiempo.
El otro día tuve un sueño. Aparecía ella. Nunca me acuerdo de los sueños. Tengo el cerebro en uso en su parte blanda no solo en vigilia y se filtra noche y días las imágenes oníricas. No era nada agradable. Estábamos en una heladería. En un paseo maritimo. Parecía una ciudad conocida. Y estabamos acompañados ambos. Se acercaba y me daba un bofetón que me pillaba desprevenido. Caía al suelo y alguna patada sin mucho acierto que conseguí esquivar haciendo la croqueta. Pero no llego a ser pesadilla, hubo algo gozoso en su rabia. Algo especial. Me gusta que me pegues, que decía la letra de Los Punsetes. Pues eso. Me pegas y al menos me haces caso en los segundos que dura el lanzamiento del golpe. El breve lapsus de bofetada vuelve a unirnos. Me pegó en sueños. No se me ocurren cosas más tristes. Es chungo. Convendremos que sí. Y fue la madrugada del viernes, que para variar, salí a tomar unos combinados y le di algo de rienda suelta al agua de fuego que no suelo hacerlo, me sentó muy bien por cierto. Sin embargo, el sueño más divertido que violento a decir verdad, me levantó como noqueado. Como mal descansado. Como víctima de un invisible zarandeo emocional.
Ya lo puedo vestir como quiera que me acuerdo mucho de ella. Mucho y mal.
Tampoco tanto, pero sí muy mal. Para nada o para casi nada.

Trato de encontrar una explicación más o menos racional cada vez que me viene a la cabeza. La explicación del suceso de pensamientos que me lleva a pensar en ella, un parecido, un recuerdo, una expresión, una palabra, un abrigo, un peinado, puede ser cualquier cosa... Y como me pasa a veces, esa suerte de serendipia que piensas en alguien por la mañana y te lo cruzas por la tarde, pues siento que de algún modo tengo que aparecer en sus pensamientos. Aunque no creo que sea para bien.
Una vez me dijo: Yo también me acuerdo mucho, pero creo que no del mismo modo.
Ese tipo de crueldad es muy sutil y era muy suya. No sé cómo será ahora.
Me intriga menos de lo que puede parecer a la luz de estas líneas.

Y ya pienso en otras y me viene a la cabeza si ellas pensarán como yo pienso.
Como Sharon Stone en Casino, con un chulo de mierda siempre apareciendo como una nube inoportuna que desencadena la tormenta. No me acuerdo como se llamaba el personaje pero el papel lo hacía James Woods y estaba de categoría. Me gustó mucho esa película. La he visto mil veces. Me la debería poner otra vez ahora. Voy a buscar una foto de James Woods en Casino para ilustrar lo que llevo de entrada. Ahora vuelvo, un segundo.



 Lester. Lester Diamond. Gran personaje. Todo tenemos un Lester Diamond a nuestras espaldas como la pobre Ginger. Alguien con el que no hay negociación posible. Que es todo o nada. Que es siempre todo. Que nos gana. Que no podemos resistirnos. Que nos viene a la cabeza con frecuencia. Que siempre es bienvenido o añorado. Que es una basura humana por lo demás y que mil veces si no dos mil ha abusado de la confianza o del amor o del mero cariño para memorables liadas que no pueden ser justificadas fácilmente. Nuestro Mr. Diamond personal que es un fantoche para el resto pero en nuestro corto imaginario es el caballero andante, el chulo que nos conquistó con 20 años... El maldito. El odiado. El querido por siempre. La causa perdida. Me he acordado de la canción de Beck, Lost cause. Muy bonita. Las causas perdidas que nos acompañan para siempre. Y que vuelven, cada cierto tiempo y sin motivo aparente, a nuestras cabezas. El Lester, mi Lester. No sé si era ella mi Lester. No sé si yo habré sido el Lester Diamond de otros. Eso lo pienso a veces. Si no han visto Casino pues no deberían andar por aqui perdiendo el tiempo en mi blog. Scorsese lo merece y los personajes también. No quiero spoliear. Uno da por hecho que todo el mundo ha visto Casino. O así debería ser.

Tiene algo del fatos y tal.
No sé, volveré sobre ello, creo.
Hoy gasté mi lengua ya.

ENRIQUE OCTAVO "La vida ha sido un suspiro" VIDEOCLIP OFICIAL

lunes, 4 de abril de 2016