miércoles, 16 de septiembre de 2026

El mal del Real Madrid

 El mal del Real Madrid es parecido al wu sufre España con toda una generación. La situación de cualquier canterano español que despunte en el Castilla, y que lidere el equipo filial, va a tener que buscarse el pan fuera del club, sobre todo si es delantero. Puede darse la carambola de una lesión o una situación obligada o qué se trate de un partido de Copa del Rey, pero no hay futuro para los jugones de la cantera en el primer equipo. Es un espacio reservado para las estrellas.

Las estrellas juegan por decreto. Es lo contrario al espíritu de equipo. Hoy no estoy, tú me vunres. Mañana flaqueas, estaré yo. En el Real Madrid hay puestos asegurados. Los ha comprado el marketing. No se premia el esfuerzo o la racha. El que vende camisetas se asegura el dorsal y el fijo en la alineación. Y ese mal es parecido a un hábito muy español, el de relajarse cuando te hacen fijo.... Y mil derivaciones... Ganarse el puesto. Los codazos por el camino. La incompetencia y el desinterés una vez se ha blindado el despacho y las cosas salen como salen. Si salen... A veces ni eso. 

La operación de recompra de Mariano es un ejemplo pero no es el paradigma cuando el apellido es García o Rodríguez. No vende lo mismo. El problema es que la estrella no tiene a nadie que le diga el día que no brilla que se tiene que sentar en el banquillo. Mou tampoco lo va a ser. Las estrellas brillan más que los que entrenan. Da igual el nombre. Qué no molesten y armen bien la zaga de atrás, porque los de arriba no defienden. Y esto pasa en todas las administraciones, los de arriba no lo defienden o no como p lean los de abajo que se bregan el cobre cada día.

Vinicius Jr. es el mejor ejemplo de una estrella que tintinea según el día y su presencia en el campo, por carácter y aplomo seguramente, le hace aún más imprevisible pero no va a ir al banquillo. Menos aun si es el cambio es García o Rodríguez. Eso no va a pasar. Puede que un central o un lateral derecho pero no el delantero. Es una fabrica de vocaciones rotas. Todos se irán. Buenas ventas seguramente pero un modelo que hace aguas y que está bendecido al azar. Al repentino fulgor.

Y ganan. O suele hacerlo y eso aplaza el cambio de modelo. No es la estrella es el equipo. Es un deporte de equipo. No es el deporte de las estrellas. Y no es el dinero, es el sentimiento. Por eso Vini se volvió el patas locas que corre la banda pero que le sale un regate o inventa un chut sorpresa y zas, repentino fulgor pero la mitad del tiempo se la pasa mandando el balón a la grada o quejándose o arengando a la grada... Y ese comportamiento infantil y llorica, arrastra la identidad del club de Juanito. Es sensible el tema de las identidades pero fiarlo todo al foco y a la foto, cuando la pelota rueda te deja en una situación un tanto ingobernable.

Hay muchas implicaciones, los egos... Lo que trasmiten en el campo. Esa lucha y rivalidad de personalidades. Parece que cada jugador está en su propia serie de Netflix. En su propia película. De protagonista siempre. En casa balón dividido. Afecta a cómo se percibe el juego o a como se vende la burra. El balón de oro parece un título más de la temporada y hay campaña previa. Le da un barniz político que ensucia un juego que se basa en dar patadas, que ya es complicado. Ojalá cambie esa concepción que por otro lado es un poco dictatorial y de otra época.

Está claro que solo los cambiarán los resultados y tendrán que ser malos por más silbidos que se escuchen en el Bernabéu y por más partidos que ganen de forma injusta. Volver a ser un equipo de verdad y ser un club más allá de una empresa. Difícil propósito en un mundo jodido por el ultra capitalismo pero ahí queda dicho.

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