jueves, 17 de septiembre de 2026

El arte de ser rechazado

 En agosto terminé mi primer cortometraje. Me llevó un mes montarlo. Y dos meses gravarlo. En abril lo hice. El Caballero de bronce se llama. Muy experimental, sencillo a la vez. Sinopsis breve. Una estatua viviente reflexiona sobre su condición de actor mientras lleva a cabo su jornada laboral junto a la Catedral. Lo hicimos en Granada. En la calle Oficios. Me quedé contento con el resultado y los actores y el doblador pues lo que me vino de vuelta fue muy positivo. Muy bonito. Mi madre hace un cameo. Y mi sobrina. Salió medio bien. Buenas criticas en el círculo íntimo y me vine arriba. Lo envié a más de cuarenta festivales. Por ahora me han dicho que no en seis o siete. Es un verdadero ejercicio de encajar negativas.

Creo que es un ensayo de ego o de deshacerse de ese peso. El ganador es... perder la necesidad de ganar. Entrenar el rechazo. Oportunidad única para trabajarme mi cuestión del reconocimiento. La necesidad de aceptación. La búsqueda de ser seleccionado. De entrar en el corte. Pasar a la final. Ensayar el discurso de agradecimiento en la ducha y ser ingenioso y agudo. 

Hacemos las cosas sobre todo para no tener que saber qué pasaría si no las hiciéramos. Estoy montando el segundo cortometraje. Es un concurso express. Lo tengo que entregar mañana. Y ya van dos. En cuestión de meses. Ahora que apunto a los cincuenta hay una voz interior que me recrimina no haberlo hecho antes. Veinte años o veinticinco. Me contesto que no. No era posible. En parte por falta de conocimiento o experiencia, por falta de ojos. Creo que es lo único que he entrenado, la mirada.

Y que hacerse viejo tiene que servir para algo. Para atreverse por lo pronto y de veinteañero no tenía nada entrenado el rechazo. Cada no era un mundo. He tardado años en entender que las negativas son parte de la aceptación. Es el prólogo del si. Qué tarda en llegar o que aparece por otro camino. Qué lleva a otro sitio. De joven no aceptaba o no entendía eso. Qué muchos no acaban por desembocar en un si.

El arte de ser rechazado

 El arte de aceptar lo que no eres. Lo que no sale. Lo que bi llega a ser lo que ponía en el papel. Esos esfuerzos perdidos en el mar de la nada. Esos esfuerzos ahogados y la desesperación íntima que se cultiva como un jardín secreto en una hendidura del pecho, en un agujero que nos hacemos a fuerza de rascarnos el ego. De discurso imaginados bajo la alcachofa de la ducha. Sinceramente pensaba que me lo iban a pillar en todos los festivales. Qué iba a ser un éxito instantáneo. Selección en todos. O en una decena... Aún me quedan treinta rechazos... Es todo un desierto por atravesar.


Pasa en todo en la vida, en las vacaciones que te imaginas o cualquier cosa, la realidad tiende a imponer su color gria. Bueno... Tengo que ponerme a montar. Llevo tres minutos... Siempre me creo que va a ser la ostia... A día de hoy. Después de tanta desilusión y tropiezos, eso lo hace especial... Creerlo de verdad. No se puede simular. No te puedes engañar con eso. . Ni con la ilusión. Ni con el tiempo. Me queda poco. Tengo que entregarlo el viernes. Siempre aplazando todo.

Voy con ello 


miércoles, 16 de septiembre de 2026

El mal del Real Madrid

 El mal del Real Madrid es parecido al wu sufre España con toda una generación. La situación de cualquier canterano español que despunte en el Castilla, y que lidere el equipo filial, va a tener que buscarse el pan fuera del club, sobre todo si es delantero. Puede darse la carambola de una lesión o una situación obligada o qué se trate de un partido de Copa del Rey, pero no hay futuro para los jugones de la cantera en el primer equipo. Es un espacio reservado para las estrellas.

Las estrellas juegan por decreto. Es lo contrario al espíritu de equipo. Hoy no estoy, tú me vunres. Mañana flaqueas, estaré yo. En el Real Madrid hay puestos asegurados. Los ha comprado el marketing. No se premia el esfuerzo o la racha. El que vende camisetas se asegura el dorsal y el fijo en la alineación. Y ese mal es parecido a un hábito muy español, el de relajarse cuando te hacen fijo.... Y mil derivaciones... Ganarse el puesto. Los codazos por el camino. La incompetencia y el desinterés una vez se ha blindado el despacho y las cosas salen como salen. Si salen... A veces ni eso. 

La operación de recompra de Mariano es un ejemplo pero no es el paradigma cuando el apellido es García o Rodríguez. No vende lo mismo. El problema es que la estrella no tiene a nadie que le diga el día que no brilla que se tiene que sentar en el banquillo. Mou tampoco lo va a ser. Las estrellas brillan más que los que entrenan. Da igual el nombre. Qué no molesten y armen bien la zaga de atrás, porque los de arriba no defienden. Y esto pasa en todas las administraciones, los de arriba no lo defienden o no como p lean los de abajo que se bregan el cobre cada día.

Vinicius Jr. es el mejor ejemplo de una estrella que tintinea según el día y su presencia en el campo, por carácter y aplomo seguramente, le hace aún más imprevisible pero no va a ir al banquillo. Menos aun si es el cambio es García o Rodríguez. Eso no va a pasar. Puede que un central o un lateral derecho pero no el delantero. Es una fabrica de vocaciones rotas. Todos se irán. Buenas ventas seguramente pero un modelo que hace aguas y que está bendecido al azar. Al repentino fulgor.

Y ganan. O suele hacerlo y eso aplaza el cambio de modelo. No es la estrella es el equipo. Es un deporte de equipo. No es el deporte de las estrellas. Y no es el dinero, es el sentimiento. Por eso Vini se volvió el patas locas que corre la banda pero que le sale un regate o inventa un chut sorpresa y zas, repentino fulgor pero la mitad del tiempo se la pasa mandando el balón a la grada o quejándose o arengando a la grada... Y ese comportamiento infantil y llorica, arrastra la identidad del club de Juanito. Es sensible el tema de las identidades pero fiarlo todo al foco y a la foto, cuando la pelota rueda te deja en una situación un tanto ingobernable.

Hay muchas implicaciones, los egos... Lo que trasmiten en el campo. Esa lucha y rivalidad de personalidades. Parece que cada jugador está en su propia serie de Netflix. En su propia película. De protagonista siempre. En casa balón dividido. Afecta a cómo se percibe el juego o a como se vende la burra. El balón de oro parece un título más de la temporada y hay campaña previa. Le da un barniz político que ensucia un juego que se basa en dar patadas, que ya es complicado. Ojalá cambie esa concepción que por otro lado es un poco dictatorial y de otra época.

Está claro que solo los cambiarán los resultados y tendrán que ser malos por más silbidos que se escuchen en el Bernabéu y por más partidos que ganen de forma injusta. Volver a ser un equipo de verdad y ser un club más allá de una empresa. Difícil propósito en un mundo jodido por el ultra capitalismo pero ahí queda dicho.