jueves, 4 de diciembre de 2025

Está bien que no sirva para nada

 Últimamente tengo ganas de escribir aquí. No sé para qué. Luego se acumulan los párrafos pórticos sin sentido de algo por llegar que no llega. No me duermo. Poker en televisión. Encima de insomnio, embidar y tirar faroles. A veces pienso en temas de actualidad y en escribir mi opinión. Es una botella al mar. Mi mensaje en esta sociedad náufraga. Parece irrelevante si lo pienso dos veces. La belleza de las palabras por si misma. Sin código. Son solo letras y líneas. Unos pasos en la arena. Me da ganas de hablar o divagar sobre dudas. Embarrarme en mis pesquisas. Tontear con algo de política. Está meneado el avispero. Da igual. Es todo tramoya. Estaremos peor en unos años. Y esa sensación reciente de que todo puede irse a la mierda en cualquier momento. Puede que solo lo sienta yo. Las ganas de escribir no van unidas a la lucidez. 


Siempre hay una excusa a mano para casi cualquier cosa. Lo importante es quedarse con un poco de certeza. Una frase que resuelva una duda. Un pequeño salvoconducto entre la confusión. Encontrar una vía de escape. A veces por nervios. Otras, la incertidumbre. Se borran los pasos. Se recuerda el camino. La luz. El tremolar de las sombras. Sus amagos. Sus imaginadas formas. Como nubes a recortar. Moldes en los que ver el mundo. Me gusta que la poesía subvierte la forma de la nuba. Te hace nubes. Te vuelve gaseoso y te eleva o se rompe en llanto y en metáfora cutre. Y qué haríamos sin eso. Sin el sentimiento manido. Sin las progresión armónica del con padecimiento. Son la reverencia a lo sonoro.ba una química de la lectura. A una empatía que crece como hiedra en la oreja y se vuelve rama en la cabeza y eres bosque si es poesía o eres hoja en un verso, o somos todos al ser el viento que todo toca y por un momento, todo es viento. Hoja. Nube. Tú.


Me suena grandioso y es pura palabrería. Y está bien. Abunda en el agasajo de adjetivo y el relleno por relleno, comas mediante y sin mucha presión, pirueta en otra pirueta mortal hacia adelante o hacia atrás, tanto da y con remate de aterrizaje sonoro a dos plantas impactadas en la lona. Un ejercicio limpio. De caos. En parte. Otro es piromania de ideas felices y una candela de imágenes breves. Un discurrir automático. Una invitación a un psicoanálisis aficionado a ver donde arriba el divagar más o menos libre y con vuelo poético, con intento de alzar un palmo, una levitación aficionada y una falta de respeto al suelo y su tangible dureza. Buscando en la ternura del asfalto. En los tópicos que suenen más estúpidos. En la música de las tildes. Buscando algo épico en lo onírico o eléctrico en la inerte. Un cierto contagio en actitudes, en ver o mirar algo. En encontrarse en miradas paralelas. Un ejercicio de palabras derramadas. Un riego de silencio al pecho del sauce llorón que ya no se agacha. El sauce llorón no llora, está con antidepresivos. Bien. A secas. Sauce funcional. Sauce perdido. Sauce que es viento cuando el viento quiere serlo. Sauce que no se encuentra las hojas.


Emana algo. La figura desgastada. Cansado de representantes mundanos. De viejos atajos. De las mismas bromas. Los mismos chistes. El mismo cansancio que fue de otros y ahora te ajusta perfecto como traje heredado. Las bolillas de los jerseys con los detalles que se hicieron bola en la memoria. Un atardecer detrás de otro. En cola para ser recordado. Un montón de erratas con déficit emocional como hijo de divorciados. Un mal que no es propio. Un dolor heredado. Constelaciones que te hace ser un sauce que no se reconoce en el espejo del río. El sauce que mató al narciso. Que son uno con el viento. La fe en la poesía que lo sabe todo como un oráculo la rima. La parte no dicha. La versión no escuchada. Nunca dicha. Siempre desdicha. Un cristal ahumado. Hecho trozos. Puntas afiladas. La posibilidad de una herida. La búsqueda de primeras veces. De últimas oportunidades. De gangas de experiencia. Y un paso en falso en la subida y vuelta al principio con la piedra a cuesta. La del sentido. La de las cuentas. La del por ciento. O la multa que te llega a los dos meses. La multa siempre llega

 

Buscar la luz en los reflejos opacos. Reconocerse en el espejo y decir: Tengo mi punto. Y ponerte un jersey que si  que tiene bolitas y no es nuevo pero es como un abrazo de la a que te conoce del barrio o del colegio y vestirte con viejos amigos que te dicen que no has cambiado nada. Y ya no fuman. O no beben o no viven pero te los encuentras igual, estando dormido por ejemplo. Forma parte del mismo cómputo. Lo que más me engancha de esto es su inutilidad

 Me atrae lo inútil que eres, le diría al blog. Que no sirves para nada. En el mejor sentido . En la mejor nada. Nada en si mismo. Para leerme a los años y avergonzado de tanto disimulo en el rimar, la paciencia que no pedimos con la misma  persona que no se puede ir al final escribes rápido por si acaso


Está bien que no sirva para nada.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Elogio de la inconstancia

 Me he propuesto acabar un relato que empecé hace tres años. Este blog siempre ha sido mi tabla de ejercicios narrativa. Mi espacio de calentamiento. Me predispone de otro modo cuando es un relato o asoma una novela. Otro tono. Me convence menos. Tenía el formato de diario. Difícil equivocarse así. Con el conteo de días. Me lo tengo que poner fácil para no dispersarme. Se me va el hilo. Me parece una mierda el borrador. Me cuesta entenderlo ahora. Es complejo. Antes lo tenía en la nuca y ahora es como si no hubiera existido. Pero me he propuesto acabarlo. Sea como sea, antes de que termine el año. Lo llevo avanzado pero es una mierda.

La perspectiva no siempre ayuda. Es preferible la confusión bien retratada. Confusión en pausa. La prosa poética no es mi idea. En lo del diario. Es sobre la gira. Y son todos desdichas. Penas con ritmo. Muchas penurias. La idea original era lo que me daba miedo antes de dar el concierto y lo que se verdad me asustó después. De eso van las canciones. Es un disco. Es una gira. El mismo título. El miedo no existe.

Debería ser: el miedo que sientes no es el mismo que acabas sintiendo. Regular redactado. Me hago cargo. Dejarlo en las ideas... Decir: pensé en esto pero no llegué a acabarlo. Casi mejor así. Estaba muy metido en el relato. Muy en lo intenso. Una lista de ideas locas. Sin verbos. Sin acción. Luego no escribo así. Intento narrar. Me queda a medio camino. No controlo lo que es divertido y lo que es miserable. O no sé el punto en el que pasa a ser uno u otro. Aquí todo es brocha gorda.


Se ha borrado dos veces. Tres párrafos en casa blancazo. Giros del guión. Se borró. Desaparecido. Y se publicó sin querer. Todo es un volver a empezar. Volver a dejarlo a mitad. No está mal dejarlo a medias. O que pasen cosas sin querer. El azar también quiere un refresco. Es una forma de librarse de morralla. No hay que acabarlo todo porque hay muchos empeños innecesarios o causas perdidas. O blogs. Hay que cansarse y echarse a un lado. Guardarlo en un cajón. Es bueno olvidar. Y ver una serie. Ir al cine. Olvidarse y seguir. Que se asiente el entusiasmo. Que se pierda y vuelva. O no vuelva nunca. Lo bueno, vuelve. Y ese era su proceso. El meandro necesario.

Se va a borrar una tercera. He bajado los libros de la mesita de noche. Había cercos de polvo. Había vida en el abandono. Volver a donde lo deje. Un par de frases o ideas que hubiera escrito de otra forma y voila. Se mete el nervio de decirlo todo por ti mismo. Y das el arreón. Luego igual no vuelves y no lo acabas. No pasa nada. Mejor sin fin. Sin fines específicos. Eso que te quitas. Eso que te ahorras. Otro final regular. Dejar la puerta abierta a una mala idea. Siempre hay tiempo para estropearlo. Tiene mala prensa la inconstancia pero nos libra de mucha idea peregrina.  

Me imaginaba un final diferente. Un final que nunca llega. Un padre ausente como final. Un adiós imaginado. Estoy con algo que deje a medias. Y entiendo perfectamente por qué. Me cuesta distinguir cuando merece la pena acabarlo y cuando no. Seguramente da lo mismo. Siempre es mejor empezar otro intento inconcluso. No llegar a ponerle titulo. Está bien no hacer porque te libra de cagarla pero aún está mejor no terminar porque te alivia del remate. De la guinda al pastel de mierda. Es excesivo. Cualquier intento es un aprendizaje. Odio lo de aprender. Es como el acomodo de la derrota. No lo consiguió pero aprendió a no conseguirlo y seguir haciéndolo. El tránsito de Venus en Sagitario tampoco ayuda. Y este maldito frío que me tira bocados en la chepa. Es como cancelar una cita. No tener que ducharte. Que peinarte. Que elegir la camisa. Preveer si hará frío. Ir muy abrigado. Pensar en temas de conversación por el camino. Por si se sienta el silencio a la mesas. Tener a mano temas de desahogo. Alguna pregunta. Alguna cuestión. Algo que nos conecte en conversación liviana e intrascendente. Y con solo una frase: al final no puedo. Lo dejamos para otro día. Es que estoy tosiendo. Como segundo apoyo a la desidia de no moverse de la manta. No tener que hablar. Librarse de los demás. Aplazar las charlas intrascendentes. Es bueno la pereza. Es un alivio. Es una forma de evitar conflictos. Es una manera de reservar energía.


La inconstancia nos libra del cliché. De querer hacernos una cabaña cuca en un lugar común. Atrincherado en el amor de la adolescencia. Parado en el primer beso que era más parecido a un mordisco. Parado en cualquier estación de autobuses de nuestra vida, quizá aquella sin remodelar aún, con todo el hollín y la negrura de la pintura descascarrilada y donde se quedó en una maleta un corazón para siempre. Como una piedra que cae de un desprendimiento y no se vuelve a mover en milenios. Un punto muerto. Un agujero negro. Un corazón roto. Toda es mierda de poesía barata está bien que se quede en cuadernos. En hojas rotas. En jirones de tiempo. Y nos libramos de palabras como jirones por ejemplo. Del tiempo es imposible librarse pero nos ahorramos el perderlo en lo que no terminamos. Lo que no fue. Lo que no nos pasó. Y menos mal. De lo que nos libramos. Un cómputo de salvadas. 


La inconstancia nos salva de acabar las cosas. De nosotros mismo. De nuestro destino. De finales sobados y oídos o leídos mil veces. Un final es un peso. Lo que no acaba siempre puede revertirse. Se podrá arreglar. Mejor no acabar las mierdas. Mejor quedar en tablas . Que no se confirme lo mediocre. Preferible a medias que entero y una mierda. Un boceto sucio. Que quizá... Que podría... Mejor puntos suspensivos a suspender y punto. No presentado. Se nos guarda convocatoria. Se aplaza la confirmación de la mediocridad. Lo que escribes te persigue. La coma que no pusiste. El punto y coma al que nunca diste trabajo. Y te pide una oportunidad.

Está ya bien de entrada de blog. Un poco de coherencia en la inconstancia.


lunes, 27 de enero de 2025

Hacerlo mal a medias con alguien

 A veces me gustaría no tener que hacerlo todo yo y tener a alguien más. Que hiciera todo lo que yo quiero hacer o algo parecido o una parte al menos y que le saliera, grosso modo, igual que a mí. Que lo hago. Con su margen de error, claro. Más error que márgen. Alguien con quien el márgen se volviera más pequeño. Mínimo a poder ser. He concluido que es un afán inútil. Es imposible que alguien lo haga igual de mal.


Lo he hecho todo mal casi siempre. A esa conclusión llegué hace un año. He hecho todo mal. A lo largo de los años y en general. No mal a conciencia. No con maldad. En ocasiones con inexperiencia y en otras, por puro entusiasmo. A veces por errores de otros, por prisa o por todo lo contrario y casi siempre, por mi culpa, mi culpa, mi gran culpa... Otras veces por no confrontar. Por no tener segunda opinión. Porque nadie nace enseñado. Y por cabezota. Sobre todo por cabezota. Por tozudo. Por cojones. Por coraje. Por rabia. Por un montón de cosas malas que si perduran lo bastante en el tiempo, se vuelven virtud.


Todo mal pero lo he hecho. Es la parte buena. La conclusión. Hacerlo es bueno. Hazlo. Va a salir mal seguro. Si tomamos mal como el rango que establece la imaginación cuando lo proyectas. Y la proyección compartida reduce el optimismo casi siempre. También el empuje. Lo vuelve más mundano. Más debatido obviamente. Un mal de más de uno. Un mal a medias o en, al menos, alguna cuota. Devengar algo del resultado final. Es imposible equivocarse siempre pero es recurrente. Me refiero a la toma de decisiones. A elegir el camino en el que perderse. Todos los caminos del laberinto. Elegir pasillo. La vuelta viene escogida por el destino. Y le llamo destino a que ese día llueva. Al laberinto mojado. Que el suelo resbale.



Todo esto viene a cuento porque el disco nuevo viene con algunos conciertos. Me encargo de todo. El disco. La parte técnica. La promoción. La nota de prensa. Los correos electrónicos. Los conciertos. Y estoy en el trazado de la gira. Llámalo gira, llámalo tocar en bares donde la gente habla. Llámalo hacerlo todo mal. Un manager. Pero claro. Un manager no hace lo que tú quieres . Y más bien al revés. Haces lo que diga. El manager. O el mercado que es peor. El dinero. Que no nos quiera el dinero. Y que no sea negocio. Nada lo es. Pero que te lo diga otro. Oye, que esto no es negocio. Pues ya. Mal. Cero. O tendente. Y que hagas lo que te diga: nada. Lo que diga otro. El mercado, amigo. Ese monstruo sin cara. No hagas nada. No merece la pena. Y que, a fin de cuentas, no lo hagas. Entre hacerlo mal o no hacerlo, la elección es clara. Vamos con todo a mal. Al bar. A cantar bajo el murmullo. A sentir el desprecio y ninguneo. A lo malo. De cabeza a por todo lo malo porque si lo aguantas lo bastante en el tiempo, acaba siendo una virtud.  Y ya van dos.


Atesorar virtudes mientras lo vas haciendo todo mal tiene un cierto merito. Y está todo lleno de la poética de lo artesanal.  Del contacto directo. Del tú a tu. Y a veces el tu a nadie. O el tú a muy poca gente. Porque encima el día que elegiste llueve. La perspectiva de la lluvia es el toque del destino. El mejor ejemplo de lo que ya nos queda a desmano. Mucho más de lo que creemos. O eso quiero creer. Hacerlo. Que haga sol. O hacerlo y hacerlo con tormenta si hay tormenta. Y todo esto lo escribo porque la teoría es muy bonita. Y la lees y es épica pero luego llega la tormenta y te mojas. Que te secas después, también es verdad pero te llevas el remojón. Te cae la nube negra. Y te sientes como una puta mierda. Y no se comparte, por tozudo y etc etc. Es difícil decidir porque camino te vas a perder. Uno no quiere perderse. Yo no quiero. Me gustaría llegar lo antes posible y vale, lo acepto que es un laberinto. Un laberinto mojado con gente hablando de sus cosas. Hablando alto. Un laberinto de gritos. Lo piensas un poco y dices: Nada. No entres. No te pierdas. No sigas. No lo hagas. No te metas en nada. No busques la salida si todavía estás en la entrada. No te pierdas o no te pierdas a posta al menos. O no te pierdas a posta tú solo, ve con alguien. Un laberinto a medias es menos laberinto. Estar perdido pero con un poco de compañía es como estar en algún sitio. Me ha sonado a matrimonio. Pero todo esto va de meterse en el bosque. De dar el paso. De irse de ruta. De meterse en problemas motu propio. Estoy en ese punto de empezar a perderme.


Contado así es todo muy dramático. Hay que añadir alguna matización. No es una ruina. A veces ganas. Casi siempre se cubre gastos si no gastas. Lo imprescindible. Bocadillos. Todo lo que puedas llevar de casa, es mejor llevarlo. Luego a veces sale bien. Y a veces, excelente. De dinero. De mercado. De respuesta comercial a la propuesta. Y puede que ese día lloviera por dar una medida de lo aleatorio que es el asunto, en mi caso por lo menos. Que son diez años de bandazos. Bandazos nunca mejor dicho. Todo esto lo he hecho con más personas. Un grupo de personas. Con sus cosas. Con sus temas de conversación. Con sus neuras. Con sus ganas de comer. De dormir. Y de todo lo demás. Con sus propias ganas de vivir. Y eso es como si les lloviera en su interior. Una furgoneta con cuatro tormentas por desencadenarse. Controlar la nube negra interna de cada uno, olvidalo. Otro imposible. Y no sé ni cuántos van. Un manager se encarga de repartir paraguas. Si da dinero, se actúa de otro modo. Cubriendo gastos, nadie siente que esté trabajando. Es todo emoción. Y siempre te dicen o te dirán: Bueno, es tu proyecto.  Y es verdad. Es mi proyecto. Es mi aventura. Es mi decisión. Es mi tozudez. Es mi laberinto. Y lo raro es que no se pierdan. Se cansan y se van . Lo dejan. Gracias por acompañarme un rato y a buscar a otro. O a otra. Y así. Que es como todo en la vida, que se va cambiando. Que se cansan. Que se aburren. Que se pasa. Lo que quiera que sea que lo motiva, se pasa. No dura siempre. No es amor incondicional.


Una de las nuevas canciones del disco se llama así: Un amor incondicional. Es el único Amor que es de verdad, dice la letra. Viene con colaboración. Cómo todas las del disco.  He hecho varios amagos de escribir sobre el grupo y la trayectoria errática. Igual no lo era, era el laberinto. No era culpa de nadie. Si lo escribo, no va a ser prosa poética. Algo más tipo reportaje. Recordando los días que hicimos comidas memorables. Que serán un par. Tengo un par de títulos pensandos. He hecho amagos porque lo que escribo me parece una mierda. Y cuando no me parece una mierda, se vuelve muy deprimente recordar la cantidad de miseria. Y la pena. La pena en general. Del paso del tiempo. De perder.fuerza para perderse. De perderse pero con achaques. Con lumbago. Con canas. No tienes edad de fracasar. La palabra fracaso siempre sobrevuela todo. La palabra éxito también. Hay una bandada de palabras que te acompañan, como buitres que se alimentan del entusiasmo cuando muere. Carroñeros del ímpetu. Te sobrevuelan a ver cuando te da la bajona gorda. Y te clavan el pico.  Cuando me he puesto a escribir y rememorar, me dolía el entusiasmo como un miembro fantasma. Echaba de menos la ilusión como a una abuela fallecida. Y eso que aún me queda algo. Que aún no he perdido del todo. Que voy a seguir haciéndolo mal. En fin.


Hay algo más.

El disfrute. Porque después de tanto tiempo, uno se olvida que lo disfrutaba. Cómo un matrimonio. Que en algún momento, disfrutó. Y pasa con escribir. Y pasa.con cantar. Y pasa con componer. Con todo. En el blog, es todo distinto, es como hablar al espejo, vengo y mira, me voy más tranquilo. Me miro en un par de párrafos y digo, pues si. Era eso. Era esto a lo que venia. Era lo que me andaba buscando. Supongo que últimamente escribiré de más seguido. O eso espero. A ver cómo se va dando el asunto.