En mi defensa argumentaré que no fue idea mía. Me han dado hora. Mandé un vídeo. Ni siquiera fotos. O una. Con el móvil. Un selfie del momento. Muy poco preparado. No es el super book que uno se podría imaginar. Estoy nervioso. En la televisión está Alguien voló sobre el nido del cuco. Ahora está la fiesta en la que se emborrachan. Es solo un casting. No tengo muy claro lo que buscan. Un personaje del siglo XX. Caras de la década de los 50 o 40 me imagino algo así. Un casting de posguerra. Igual no es lo que más me pega. Tengo cara antigua. Pero quizá no la que buscan. No fue idea mia. Puede que tampoco sea la idea que ellos tienen. No me veo en castings. La selección misma me pone nervioso como concepto. Pero está bien y en parte, me libera. Eso de que me toque tangencial. Que no sea lo mio. Perfil. Frente. Otro perfil. Ok. Hablamos de tu últimas vacaciones. Adelante. Da un paso al frente. Camina de un lado al orro. Distraido. Muy bien y ahora mira a lo lejos. Como si el sol te cegase. Muy bien. Genial. Muchas gracias. Nunca está de más ser amable.
No es el primer casting. Pero hace décadas. No fue idea mía en esta ocasión pero en otras, si. Cuando era estudiante. Un joven lleno de sueños. Hice un casting hace mucho años en Madrid. Tendría menos de veinte años. Era un chavalin. Fui a la productora de Almodovar. A visitarla. A ver si me descubrían de repente. Pero el casting era de otra cosa. No sé dónde vi la convocatoria. Pero me apunté y fui. Una movida. Lo recuerdo como una odisea. Tuve que ir a las afueras. Seis o siete paradas de metro fuera de los dominios de mi ingenua mente adolescente. Un viaje en si mismo. Ni siquiera me sonaba el nombre de la estación de metro. No había móviles ni gps. Era preguntando a la gente como se llegaba a los sitios. Estaba lindando con los poligonos. Un almacén con pinta de depósito o hangar. Un sitio raro. No recuerdo el nombre. Tampoco lo que me pidieron el nombre. Frente. Perfil. El otro perfil. Y gracias. No creo que tuviera ni que hablar y la memoria me engaña pero creo que tartamudeé.
No fue una gran experiencia y me valió por las siguientes. Pensé: No es para mí. Pero fue una renuncia precoz. Un alivio previo a las futuras negativas. Los próximos ha te llamaremos que es que no te llaman nunca. Lo debí de hacer horrible. Y justo antes pensaba, quizás es el casting que cambia mi vida. Lo hizo. No volver a hacer casting. Un final muy poco épico. Poco recorrido. Lo del cine era un sueño capitalino. De una ciudad grande que escondía mi sueño en algún suburbio. En un agujero reconstruido como estudio de casting en el culo del mundo. Mañana es en un edificio del centro. Me pone nervioso lo del aparcamiento. Y que llueva que siempre lo complica todo.
No hice muchos más. Quizás otro. O ninguno. Me volví con la sensación de fracaso absoluto. No lo era tanto. Eso lo sé ahora. Era lo lógico No estar preparado y no ser el idóneo. Dejé de buscar casting. Quizá fui a otro. No lo recuerdo. Me metí en el grupo de teatro y tuve un papel en la obra Dios. Era Dios en Dios. De Woody Allen. Era el taller de teatro universitario que se montaba entre los colegios mayores masculino y femenino que estaban enfrente y los ensayos eran en el de las chicas. Se me ocurrió que Dios tuviera un acento raro. El teatro no tiene nada que ver. Una frase dicha con gracia. En el tiempo. Con una determinada afectación o un ademán te hace conseguir una carcajada. En la pantalla es distinto. El teatro está vivi. A mí me resulta mucho más facil. Estar en el papel. Que hablase entre gangoso y con voz de pito y fue un éxito. Un pequeño logro. Mi toque. Mi aporte. Pero tampoco me llevo a mucho más. Al semestre siguiente, dejé la carrera y me volví a mí ciudad a trabajar de camarero. Una cosa muy de actor. Y estuve un mes en un restaurante de tres tenedores bastante distinguido.
Luego llegó la primavera y me metieron de camarero en bodas. La cosa se alargó hasta que me corté la rodilla con una botella de agua mineral de las antiguas de Lanjarón que tenían el grosor de un dedo. Un cristal roto con muy mala idea que me libro de tener que menear la bandeja en celebración. Me parecía decadente. Mi jefe nada más verme me dijo: Tú vas a ser escritor. Pues ya ves. Eso tampoco. Por suerte lo de camarero tampoco prosperó. Al final, eterno debutante. Un intentador de primeras veces. Requisitos varios. Más poeta pero por el lado de la vagueza o de la vaguedad. Vaguedades entre variedades mal compuesto. Con empuje y entusiasmo, eso sí. Entonces me rendí en el terreno de los castings. Fue suficiente.
Está bien lo que no te esperas. Está bien esperar. Este blog a veces es la sala de espera de ml ansiedad. Vengo aquí cuando ando revuelto. A encontrarme en los objetivos. Las ideas. De qué viene todo. Luego lo leo y me veo siempre dudando y como un flan. No siempre es así. Muchas veces no dudo y solo lo hago. Da igual pero lo hago. Con los mismo nervios. Con el mismo amor. Es siempre una búsqueda. Está bien dejarlo por un rato y luego volver. Tomar aire. Ir poco a poco. A veces tiene sentido y otras solo es cansado. Exasperante. Por momentos asoma la desesperación. Está bien dejarlo antes de que te devore. Nada es tan importante. Estoy nervioso por mañana. No tenía intención de hacerlo así que no espero nada . Es más no me viene del todo bien que me seleccionen. Estoy hasta arriba de trabajo y de proyectos. Pero estoy nervioso. No me he preparado nada. Me hubiera gustado grabarme. Siempre pienso que las gafas me distancian de los personajes que no las llevan. Distancia focal. Es importante no estar nervioso. A no ser que busquen personajes nerviosos. Quería llevar un texto de comodín. Algo resultón. Pero no. Llevo los pelos y la barba. Espero que busquen a alguien barbudo. Una cara peluda. Eso lo llevo en orden pero no sé qué querrán. No es asunto mío. Es una casualidad. Es solo una experiencia más. No es mi idea. Tengo mi idea. Mis propios planes. Viene single. Viene ep y viene gira. Hago todo. Me derrito.
Lo volvería a no hacer. Lo volvería a dejar en ese mismo punto. Abogo por la inconstancia como salvavidas de muchos marrones en los que nos metemos a lo tonto. Sin pretenderlo. Como el que no quiere la cosa. Me cansan antes ahora los suelos. Vienen a ser los mismos. Con menos escaleras. Menos saltos. Menos peldaños.. el mismo trecho. Camino de piedras. Camino cuesta arriba. Y lo mismo me sale bien. Sería una sorpresa pero me guardo esa.ilusion de alinear los astros en mi semblante. Es todo confianza. La misma para ser uno mismo. Que es un papelón muchos días por como está el mundo. Volvería a no volver y ahora volvería a apuntarme en lo de mañana aunque me salga un churro y me miren raro. Voy a hacer de mi mismo como Antonio Resines que es siempre un calvo con bigote que se parece mucho a Antonio Resines. Siempre es lo mismo. Voy a parecerme a un calvo con bigote. Estoy clareando. Y clarificando. Hacer como de hombre corriente enfadado o contrariado. Hombre corriente contrariado que es lo que más abunda en los guiones malos. Que sea un buen guión es una quimera. Y un consuelo si no me pillan. Hay que tener los pies en el suelo pero con lo que está lloviendo, es más honesto decir, tener los pies en el charco. Hay que ser el charco. Calar. Hacerle un agujero al suelo con el peso de nuestras miradas. Hay que soñar.
La luna me acompaña. Luego me voy a ir de cervezas. A ver si con ánimo de celebrar o de olvidar. Sea como sea, cae un par. Ojalá que no llueva. Estoy durmiendo poco. Vamos a ir yo y mis ojeras. Espero que si no les gustó yo, le gusten ellas. Es lo que ellos vean. Ser yo y que me salga bien. Que hay días que soy otro. Y eso es una jodienda que les guste el otro que solo sale a veces. A ver cómo lo dominas. Cómo lo sacas a antojo. Mejor ser corriente y contrariado. Ser un interrogante con cara de esto a cuento de qué. Pero con distancia. Con mirada perdida. De no entender pero tampoco agobiarse. La mayor parte del tiempo no nos estamos enterando de lo que pasa alrededor. Brindamos los sentidos con un aire de despreocupado y eso es lo que quiero trasmitir. La memoria no me suele fallar. Los textos se me quedan rápido. El tono me cuesta más. No ser ceremonioso o exagerado. Eso es lo peor. De ahí no se vuelve.
Lo voy a dejar aquí y volveré. Para contar qué tal. Deseadme suerte 🍀